El Retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde

Posted on 25 mayo, 2011

10


La inmortalidad, por más que sea una de las cosas que deseamos con mayor fervor, resultar ser una de las peores maldiciones.

Ese es el mensaje, o al menos lo es para mí, que nos da la obra maestra de Oscar Wilde: Su única novela escrita —una verdadera lástima y un desperdicio de talento el no haber escrito más — El Retrato de Dorian Gray.

Cuando leo libros como estos, o cualquiera de los escritos de Lev Tolstoi, me cuestionó seriamente la verdadera envergadura de mi talento como escritor. ¿Cómo no hacerlo cuando te encuentras algo tan absolutamente bien hecho, tan alejado de cualquier cosa que yo pudiera hacer en mi vida?

Pero esos resquemores se difuminan al instante siguiente: “Debo ser mejor, debo aprender a superar a los más grandes, debo emular su luz”, cuando me digo esas mentiras para darme valor de inmediato continuo con el desafío de la hoja en blanco.

Ya fue mucha cursilería por esta reseña. Volvamos con algo que SI es importante.

Nuestro libro de hoy nos sumerge en la vida de un muchacho arrastrado por culpa de su mentor, en una vida de placer y decadencia que este último no tiene el valor de vivir en carne propia.

Todo comienza con el pacto que hace nuestro protagonista, Dorian Gray, con algún espíritu desconocido que le hace mantener su juventud mientras que un retrato suyo envejece por él. El mayor sueño de cualquier persona: Vencer a la muerte y al inclemente paso del tiempo.

Esta novele, más que uno, tiene tres protagonistas, cada uno de ellos es una representación diferente del propio Wilde: Basilio, el Wilde artista, amante de la belleza, Lord Henry, el Wilde artista que es su propia obra, aunque solo ser una obra en teoría, teoría que termina fascinando a Dorian, el hombre que Wilde hubiera querido ser.

La vida es eso, vida. Y no puede ser considerada vida sin la muerte. Por lo que sólo nos queda hacer lo mejor que podamos con el tiempo que tenemos.

El estilo de la narración en glorioso, lo más cerca a la perfección que he leído. Diría perfecto de no ser por un capítulo poco relevante y que se me hizo muy molesto de leer. Tuve que luchar con la tentación de saltarme esa parte.

Los personajes, historia y mensaje están en una liga muy superior a la de muchos libros de igual o mayor renombre. Injusticias de la vida, pero que se le va a hacer, es una novela de cerca de cien años.

Los más sorprendente de todo es que no es una novela larga. Es increíble como en tan pocas páginas se cuentan una de las más grandes historias de la narrativa universal.

Esa es, precisamente, uno de los rasgos que caracterizan a los verdaderos maestros de las letras: La habilidad de decir mucho con pocas palabras.