Camino a la Nuevas Crónicas Nocturnas

Posted on 9 enero, 2015

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Un día cualquiera. William e Isabel volvieron a su casa. Por más lejos que vuele, el ave siempre regresa al nido.

Isabel: Te dije que pidieras indicaciones, si no sabes leer los mapas, no es nada para avergonzarse. Por tu culpa nos echamos un perdida que no tienen nombre.

William: ¿Cuándo vas a parar de reprocharme? Llevas el último año y medio en lo mismo. Por qué no tratas de verlo por el lado positivo: con la excusa de otros proyectos, pudimos tomarnos unas buenas vacaciones.

Isabel: En eso tienes razón. Pero qué tal si les hicimos falta o nos extrañaron mientras nos estábamos dando la buena vida. Los niños, ¿acaso nadie piensa en los niños?… quise decir nuestros lectores… si, lectores. ¿no sé de dónde vino eso?

William: Contrólate, mujer, te apuesto a que no nos han echado en falta en lo más mínimo, seamos sinceros, no éramos los más populares del Internet, de todas formas. Hay que reconocer que hasta nuestro creador nos ha olvidado…

Un movimiento suave y el brazo de William rodea la cintura de Isabel. La abraza desde atrás. Lentamente se acerca a la base de su oreja. Ella se sonroja, baja la mirada, de pronto sus ademanes se hacen tímidos. A él se le eriza la piel con la sensación de la sangre tibia subiendo a las mejillas de Isabel. Trata de controlar sus movimientos, habla en susurros.

William: Ahora, ¿qué tal si terminamos lo que dejamos pendiente en el Capítulo 50?

Una mueca de dolor. Otro movimiento e Isabel se libera de los brazos de William. Aún así ella no suelta su mano: la tiene atenaza con un pellizco sobre la palma.

Isabel: No te pongas creativo. Hasta donde me acuerdo, fuiste tú el que dejó el negoció a la mitad, y ya la oferta está vencida.

William: No seas así… año nuevo…

Deja la frase a la mitad.

Y es en ese momento en que se dan cuenta del caos armado a su alrededor: muebles volteados, la sala patas arriba, varios vidrios rotos, las paredes sin yeso, el suelo infestado de polvo y alimañas. Dejan caer su equipaje, atónitos.

Isabel: Esto, esto es terrible, ¿qué ha pasado?

William: Parece que dejamos las cosas en mal recaudo. Luís Guillermo me convenció de dejar todo a cargo del pulgoso y mira lo que pasa, le salió el tiro por la culata. A todas estas, donde está Luís Guillermo, o Guillermo, o Ferry, o cómo sea que le dio por llamarse ahora. ¿O quién más se va a hacer responsable de haber dejado a cargo a Héctor?

Un sonido, pero menos, una pretensión de sonido. De entre un montón de escombros se medio asoma Héctor, el licántropo. Se refuerce para hacerse visible: está amordazado y está atado de brazos y piernas. Hace contacto visual con ellos se empieza trata de modular algún mensaje ininteligible por la mordaza.

Isabel da un paso al frente para ayudarlo, pero William la detiene. Se le queda mirando a Héctor fijamente mientras se agita y balbucea palabras que de todas formas es mejor no entender.

Luego de varios segundos, es que William suelta a Isabel. Ella desata a Héctor, quien de inmediato se lanza contra el vampiro.

Héctor: ¿Qué problema tiene esta @#%$& sanguijuela? ¿Sabes cuánto tiempo he estado allí atado? ¿Por qué no dejaste que me soltara antes?

William: Disculpa, es que no quería que a Isabel se le pegara el olor a perro mojado. Pero dejemos eso en el pasado. Lo que me llama la atención en este momento es que lo siguiente: ¡Que carajos le pasó a mi casa!

Todos en la habitación se intimidan por un instante, luego William recupera la compostura y la atmósfera vuelve a ser respirable.

Héctor: Fue… parecía loco. Estábamos jugando domino como todos los jueves, esperando a que por fin volvieran. La primera semana no fue nada del otro mundo, pero luego fueron dos y después tres. Ya para el primer mes de estaba mosqueado con ustedes… y no lo culpo. Ya para cuando pasó un año y no teníamos noticias terminó de perder los papeles y empezó a destruirlo todo. Me atacó a traición y me dejo tirado en el piso.

Isabel: ¿Quién?

Héctor trata de empujarlos fuera de la casa.

Héctor: Apúrense, no tenemos mucho tiempo antes de que regrese. Acaba de salir, pero volverá y no sé de lo que será capaz cuando los vea. Ya de por sí nunca se ha destacado por ser estable. Dejemos que el vampiro se encargue del desastre, al menos tú debes ponerte a resguardo.

Se oye un estruendo.

Isabel se sobresalta, se coloca tras la espada de William, quien la cubré con su cuerpo. Héctor se cuadra, no lo tomarán por sorpresa de nuevo. Entonces entra.

Seth: Miren quienes se dignan a codearse con los de clase inferior: a la señorita Isabel Mendoza y a William Knight. Debería meterles un pedazo de plomo entre ceja y ceja por abandonarnos en este cuchitril mientras se daban la buena vida.

Isabel: Seth, cálmate, no hace falta ponerse drástico.

Seth: ¿Drástico?

Con un rápido movimiento, saca su pistola encantada, Bloddy Rose, y le apunta a Isabel, a pesar de los intentos de William por cubrirla, sabe que al menor movimiento en falso disparará.

Seth: ¿Drástico? Primero vienen a mí y me prometen que tendré un rol importante que desempeñar en su historia, que sería el mejor Cazador de todos, incluso mejor que Slade; solo para luego nos abandonan a nuestra suerte, nos olvidan sin el menor miramiento, no solo a mí, sino a personajes que tenían tanto para dar como Jane y Alanegra. ¿Es qué valemos tan poco? ¿Acaso no somos nada para ustedes? ¡Respondan!

Silencio. Culpa. Remordimiento.

Isabel: Pero eso no te da derecho a amordazar al pobre Héctor.

Silencio otra vez, ahora por confusión.

Seth: Esto no tienen nada que ver con Héctor. A él le di su merecido porque me enteré lo que tenía planeado hacerle a Yuki.

Otra vez silencio, aún más confusión. Todos se le quedan viendo a Héctor, retrocede un poco, se ruboriza.

Isabel: Me da miedo preguntar, pero que tenía planeado.

Seth: Él iba a…

Héctor: No seas spoliador…

William: Estamos perdiendo el rumbo de la conversación. Entiendo el enojo de Seth, pero tenemos que conformarnos. Tratar de reconstruir las cosas donde las habíamos dejado sería una labor titánica. No es como si pudiéramos echar todo abajo y empezar de cero.

Héctor: No estoy de acuerdo. Yo soy relativamente nuevo, peor llevamos aquí 6 años. Y mi novela va justamente por la mitad. Sería una patada para nuestros lectores no continuar con lo que empezamos.

Isabel: Puede que tengas razón, pero Seth tambien: ya muchos de los nuestros nos han olvidado. Y hay que admitirlo, nuestras primeras apariciones no fueron las más acertadas. Ahora que estamos todos los que somos, tenemos la oportunidad de relanzar la esencia de lo que somos, y esta vez hacerlo bien: más enfocados en nuestros propósitos.

Silencio. Reflexión. Consideraciones. Aceptación.

William: Por mi está bien. La cuestión ahora es ponernos a trabajar. En nuestra ausencia Héctor y Seth han tenido que lidiar con mucho. Es nuestro turno de ponernos a la cabeza, a fin de cuentas, somos Isabel y yo quienes empezamos con todo esto.

Seth: ¿Y esta vez si tendré un rol importante?

Wiliam: Claro.

Seth: ¿Lo prometes?

William: Por el meñique.

Seth: No hace falta, te creo…

Silencio una última vez. Todos conformes.

Ahora solo queda esperar qué de nuevo tienen para ofrecernos esta casa de locos que será destruida y vuelta a construir.

Ahora solo queda esperar a las Nuevas Crónicas Nocturnas.

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