Capítulo Veintres: Lobos de Guerra

Posted on 9 septiembre, 2011

3


A los pocos días Vanesa y Felipe se toparon con un vampiro, hubo una pelea y un tremendo ajetreo dentro del clan. De todo esto me enteré mucho después, en aquel momento estaba en medio de  mis rondas de vigilancia como parte de los lobos de Horacio. Regresé cerca de las de la mañana. Para ese entonces el vampiro ya se había ido.

“No lo hubiera creído si no lo hubiera visto como mis propios ojos”, aseguró Felipe al contarme como el vampiro, por ordenes de Horacio, fue escoltado por él mismo hacia la estación de trenes del canal de la mancha, al parecer se dirigía a Inglaterra. Lo que lo sorprendió, más de todo lo ocurrido, fue el hecho de que el vampiro era inmune al efecto nocivo que tiene el sol en los de su especie. “Se apareció de repente, se enfrascó en un pelea con Horacio y parecía que iba a ganar, pero se desmayó de la nada”. Comentó Vanesa al calor de la hoguera. Miraba el crepitar del fuego medio distraída mientras contaba como fue mandado adonde habían apresado al vampiro, debía mantenerlo distraído y averiguar cualquier cosa que pudiera dar una pista de las intenciones del Baphomet, rey y creador de los vampiros. Y eso fue precisamente lo que obtuvo. Al parecer algo muy grande estaba pasando bajo nuestras narices, tanto así que, apartándose del resto de los suyos, Horacio se fue a meditar a su tienda luego de recibir la información de boca del propio vampiro.

Así estaba é, enclaustrado, absorbido, por sus pensamientos, cuando por fin regresé de mi vigilancia más tarde esa mañana. Fue durante la hora del almuerzo cuando nos dio a conocer los resultados de sus dilucidaciones.

—Lanzaremos un ataque a gran escala sobre el nido de los vampiros —dijo con total determinación.

No se hizo esperar muestras de nuestro asombro, aunque mantuvimos calladas nuestras dudas sobre la sensatez de su plan. Y no era para menos: desde el regreso dela PlagaVampiranadie —ni cazadores, ni hechiceros, ni licántropos— había sido capaz de encontrar la localización de la cuna que vio a nacer a esos demonios, hasta el punto que hacía siglos se dudaba de la existencia de un lugar semejante. Por lo que no era de extrañarse que pusiéramos el grito en el cielo ante la repentina idea de Horacio de ir allí de buena a primeras.

—¿Acaso el prisionero reveló la ubicación de la cuna? —preguntó alguien del grupo.

—No, pero si seguimos el rastro dejado por los erráticos movimientos de los tropeles de vampiros en estos últimos meses estoy seguro de que encontraremos el camino hasta la puerta de su casa.

Después de decir esto desplegó un mapa en el suelo y, con un lápiz muy usado, trazó en él una serie de puntos y líneas que lo cubrieron casi todos los lugares de este y que partían de los alrededores de la esquina inferimos derecha del continente europeo. En lo personal quedé confundido por ese alboroto de garabatos sin sentido, pero a los demás, incluyendo a Vanesa, se les iluminó la mirada como si hubieran descubierto el santo grial o las ruinas dela Atlántida.

—Como podrán ver —agregó Horacio, explicando lo que acababa de hacer. No sé por qué, pero esto me hizo sentir como un estúpido—, estos son los movimientos realizados por las hordas de vampiros por los últimos seis meses. La mayoría fueron reportados al mismo tiempo y provinieron, hasta donde se tiene registro, de la zona de los Montes Cárpatos.

Y rodeo con el dedo el área vacía en el mapa.

—Por lo que podemos deducir que aquí debe haber una gran concentración de enemigos, por lo cual este es el lugar donde debemos empezar la búsqueda —concluyo—. La cuna de los vampiros esta en Hungría.

No había forma de rebatir una teoría tan plausible y bien cimentada, todo; todos mis argumentos posibles en contra de la expedición se vieron destruidos. Solo quedaba una duda.

—¿Cuándo partimos?

—Lo antes posible —contestó Horacio—. Debemos ponernos en contacto con el resto del clan, necesitaremos refuerzos, Marcharemos apenas lleguen, mientras que hacemos contacto con el Ferrocarril Nocturno.

Las órdenes se pusieron en marcha apenas salían de la boca del líder. De inmediato un grupo de lobos partió, unos hacia la finca del clan y los demás a contactar al Ferrocarril Nocturno. El Ferrocarril Nocturno es una red de comunicación y mensajería global y secreta que conecta a todos los clanes de hombres lobo. Una serie de refugios y bases —construidas en las fronteras de cada uno de los “reinos”— se conectaban entre sí con servidores en las casas principales mediante una señal satelital privada. De esta forma contábamos con una forma de comunicarnos rápida y segura.

—Es algo así como el Internet de los licántropos —simplificó Felipe.

En menos de veinticuatro horas regresaron los lobos, aunque ahora era diez más. Nos pusimos en marcha. Hacia el este, hacia los vampiro.

Nadie se atrevió a cuestionar las ordenes de Horacio, aunque ser respiraba en el aire cierta duda albergada en los corazones de mis compañeros; algo en todo esto no parecía estar del todo bien, parecía ser demasiado fácil cómo encontramos ese lugar, perdido por los últimos mil años. De alguna forma sentía que estábamos yendo hacia una trampa.

Después de un par de días de marcha empezaron a llegar más tropas a unírsenos desde distinto clanes a lo largo de Europa. Todos lo días a partir de entonces llegaba nueva gente; al cabo de una semana superamos los mil, rondábamos los dos mil la noche previa a la batalla. Apoyados por semejante nuecero, ya no había lugar para dudar ni para ningún otro sentimiento que no fuera el del que íbamos a una verdadera guerra, y que podíamos ganarla. Inclusive mis profundos resquemores fueron superados, cómo podíamos perder cualquier batalla con un ejército tan grande, ¿cómo?

Tardamos más de lo esperado en llegar a nuestro destino. Al ser tanto lobos debíamos movernos solamente de noche con tal de no llamar una atención innecesaria; usamos las vías del tren y las carreteras antiguas para compensar el retraso, de los contrario hubiéramos tardado meses cruzar la selva negra y las enormes distancias que nos separaban de lo que hay más allá de los Montes Cárpatos.

Entre la marea de lobos, cualquier pasaría por desapercibido. Pero aún así deseaba encontrarme con el clan de Danilo, al menos con uno de ellos que me diera noticias de sus vidas luego de mi partida. Era claro que de quien quería saber era de Elena. No encontré a nadie, porque nadie del clan de Danilo atendió al llamado de Horacio.

Al llegar a la zona donde se suponía estaba la base principal de los vampiros, Horacio detuvo a sus tropas y mandó a los exploradores. Mientras los demás nos quedamos acampando, kilómetros y kilómetros de bosque eran peinados hasta la última piedra suelta. Fue así durante tres días con sus noches, hasta que la persistencia dio sus frutos. Los encontraron a la mañana del cuarto día, encontraron el castillo de los vampiros.

Atacaríamos mañana, pero ahora debíamos descansar.

Parecíamos estar en una fiesta y no a la víspera de una cruenta batalla. A pesar de no tener nada que celebras actuamos como si así fuera, cantamos y bailamos como locos. Cualquier cosa con tal de irnos sin arrepentimientos y calmar la ansiedad que nos atacaba.

Había caído una ligera llovizna la horas anteriores, por lo que todo estaba cubierto por una delgada capa de humedad, la cual se iba evaporando con lentitud en nubes blanquecinas y frescas al ras del suelo. Me separé del resto para pensar con tranquilidad. Luego de tanto tiempo siendo un excluido me había acostumbrado al silencio de la soledad. Al llegar a un claro, alcé la mirada. Miles de puntadas de planta se distribuían sin orden aparente en la gran sabana oscura del cielo.

—Hermoso, ¿no te parece?

En una gran piedra en medio del lugar estaba Vanesa, también con la vista en el despejado firmamento.

—¿Es idea mía o siempre aparecer en el momento y lugar más oportuno? —pregunté.

—De hecho, esta vez, tú eres el que sale de la nada —entonces me miro—. Si me lo preguntas esto es cosa del destino: Cada uno aparece en el momento justo para el otro; siempre dispuesto a rescatarnos, mi caballero de brillante armadura. Cursi, ¿no?

Sonreí.

—Si, y mucho —dije, ella se paró frente a mi—. De caballero tengo lo mismo que tu de doncella en apuros; en todo caso, eres siempre la que termina salvándome a mí. Solo soy un inútil que pudo aguantar lo suficiente. Solo eso.

Un breve silencio. Vanesa me acunó las mejillas entre sus manos y me obligó así a mirarle, puesto que por la vergüenza estaba cabizbajo. Algo en ella había cambiado, y posiblemente también cambié yo.

—No digas eso —dijo con dulzura. Algo en su voz me dejó atónito—. Haz hecho mucho más de lo crees. Fue gracias a ti que pude sobrevivir. Fue gracias a ti que por fin pude escapar de ese horrible lugar. Fue gracias a ti que puedo vivir ahora. Si dices que salvarme ha sido poca cosa…

Se acercó más.

—¿Acaso no entiendes que abandoné todo lo que conocía por miedo a perder algo aun más valioso?

Nuestros labios quedaron a segundos de encontrarse.

—Espera —susurré.

Mis manos se pusieron sobre los hombros de Vanesa. No podía hacer esto. Cerré los ojos, un respiro del delicioso perfume desconocido, y volví a la realidad.

—No puedo hacer esto —dije. Separé a Vanesa para verla a los ojos—. Es muy pronto… esto es… estoy confundido. Necesito tiempo para pensar.

Ella sonrió.

—Tiempo, eso es lo único que puedo dar, ¿verdad? —dijo. Sus ojos empezaron a aguarse—. Ya van cinco años, ¿qué son cinco minutos más?

Tomo mi ser se estremeció. Sobrecogido por mis sentimientos contradictorios apreté a Vanesa entre mis brazos con firmeza y cariño, hundí el rostro en su largo cabello castillo. Respirar ese enigmático aroma ayudaba a reprimir mis lágrimas. ¿Qué significaba todo esto?

—¿Qué hacer, Héctor? —se preguntó Vanesa conmovida— ¿Acaso intentas seducirme?

—Tal vez.

NOTAS:

Otro capítulo a la bolsa, por fin consigo terminar a tiempo.

Aunque, para mi sorpresa fue más corto de lo planeado. Sin embargo, esto satisfecho, no del todo claro esta, con la conversación final entre Vanesa y Héctor.

Para el día del segundo aniversario de este blog, su amado servidor y líder supremo, publicará al fin la lista de los diez personajes más populares de Crónicas Nocturnas. Estuve muy atrasado con eso, ¿verdad?

La línea temporal de este capítulo se conecta con lo ocurrido desde el capítulo Desde el Infierno hasta la llegada de William e Isabel a la mansión de Gabriel.

Faltan algo así como tres capítulos antes de la reaparición de la adorada Isabel y dos para el enfrentamiento de Héctor con William.


 

Anuncios