La Muerte y el Vampiro

Posted on 29 agosto, 2011

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—Muchacho William, ¿cuánto tiempo más piensas seguir ignorándome? —preguntó la muerte—. Tenemos aquí al hijo predilecto de Gabriel, uno de los vampiros más poderosos que existieron, el gran William Knight Valerius.

La muerte rondaba al vampiro, quien estaba acurrucado en el callejón oscuro.

    —No te parece triste, muchacho William —prosiguió la muerte—: Luego de dejarte llevar por al tentación de tu amada Isabel la has perdido a manos de un hombre lobo justo, noble, honesto y valiente. Dime, William, ¿cómo se siente?

—Cállate.

—Dímelo, por favor, ¿Qué sientes al ser arrancado de la única cosa que te mantenía alejado de la demencia?…

—Cállate…

—Y ser asediado noche tras noche por esa terrible sed de sangre. Cómo evitarlo, eres un monstruo después de todo; vamos, hazlo, atrapa bajo tu hechizo a cualquier alma abandonada del Señor y satisface esos deseos irrefrenables por devorarla…

— ¡Cállate!

Gritó el vampiro levantándose de golpe. El vampiro y la muerte se miraron fijamente.

—¡Sólo cállate, no quiero escucharte más!—soltó el vampiro desviando la mirada de la muerte— Déjame en paz, Alanegra.

Apenas el vampiro dijo eso, la muerte empezó a reír a carcajadas.

—¿En paz?— se preguntó la muerte con sorna—, no creo que seas capaz de entender la verdadera naturaleza de nuestra relación ¿o sí, William?

Los ojos rojos del vampiro se encontraron con los negros de la muerte.

—Ya nada de esto me interesa. No tengo nada que ver  contigo —soltó el vampiro.

Entonces la muerte perdió la paciencia. Haciendo uso de su descomunal fuerza lanzó al vampiro contra la pared, apoyando el antebrazo a su cuello.

—He tratado de llevar esto de la mejor manera posible—aseveró con el rostro a centímetros del vampiro, su expresión era fría e indiferente—, pero me has obligado a ponerte en tú lugar. No creo que lo comprendas por tu propia idiotez inherente, pero te diré cómo son las cosas y con quién estas hablando: Si por mí fuera ahora mismo estarías muerto, pero eres la única persona a la cual puedo recurrir en este momento y ya no me queda tiempo para perder en necedades. Así que hazme el favor de dejar las estupideces y ve por lo que es tuyo.

—¿De qué hablas? —preguntó el vampiro sofocándose, trataba de soltarse pero los brazos de la muerte parecían hechos de acero.

La muerte hizo un ademán de flojera. Como si fuera un pedazo de papel, lanzó al vampiro, quien cayó de bruces, tosiendo.

  —Si mal no recuerdo, ya tuvimos ésta conversación en París—comentó la muerte con desgana, se peinó un mechón de cabello negro que le cayó en la cara en el forcejeo—. Soy el ángel de la muerte, como mi existencia se halla en un plano diferente a la tierra, no me es permitido interferir directamente sobre los mortales.

La muerte se acercó al vampiro que permanecía tirado en el suelo.

—Tanto es así que mis jefes de “arriba” me han revocado buena parte de mis poderes por la pequeña advertencia que te hice en nuestro primer encuentro. Ahora estoy varado en la tierra hasta que recuperé cierto objeto, pero adivina, sigo sin poder intervenir. Por lo cual debo persuadir a alguien para que encuentre ese objeto y me lo dé a mí. Así es donde entras tú, William.

—¿Qué clase de objeto es ese del que hablas?

—Detalles más, detalles menos: no necesitas esa información de momento —aseguró la muerte en tono misterioso—. Lo único que necesitas es saber que muy posiblemente tengamos un enemigo en común, o tal vez no. Veremos como se desarrollan los hechos.

Sin esperar contestación del vampiro, el ángel de la muerte lo agarró por el cuello de la camisa del vampiro y se lo acercó a la garganta.

—Vamos, date prisa. No creo que hayas olvidado como se hace —dijo la muerte.

—Si hago esto, ¿en qué me convertiré?

—En lo único capaz de matar a un monstruo terrible: un monstruo aún más terrible.

El vampiro se separó de la muerte.

—¡Nunca!, nunca me convertiré en un monstruo. Y no hay nada que puedas hacer  para convencerme.

La muerte sonrió.

—Como si tuvieras opción, William —corrigió, en un movimiento invisible, el ángel de la muerte le atravesó el estómago al vampiro—. Con una herida tan grave no creo que seas capaz de continuar con aquel acto de altruismo, ¡ahora bebe!

Esta vez no dudó, el vampiro clavó sus colmillos en el cuello de la muerte. Al empezar a tomar de su sangre sintió como si una andanada de energía pura cargaba hasta la última célula de su ser. Nunca había experimentado algo semejante.

Su herida sanó el doble de rápido.

El vampiro soltó a la muerte. Un hilo de sangre se deslizaba por la comisura de sus labios.

—Ahora, no te atrevas a olvidar quién fue él que te otorgó este poder —dijo la muerte apartándose del vampiro, quien se estremecía con violencia—. Recuérdalo bien, a partir de este momento serás mi espada en la tierra. Tengo grandes expectativas en ti, William.

Tras decir eso, el ángel de la muerte se esfumó como por arte de magia. Un torbellino de plumas negras se lo llevó a destino desconocido. El vampiro ni se dio cuenta de eso. Una enorme y aplastante presión en su pecho lo sofocaba, cayó de rodillas agarrándose el corazón, casi pareciera querer arrancárselo.

Veneno, la muerte lo había engañado para envenenarlo.

— ¡Oh, mi Dios!—gritó una mujer al ver a aquel pobre hombre tirado en el suelo tosiendo con violencia.

—Váyanse—se las arregló para decir el vampiro.

—Ernesto, haz algo—ordenó la mujer a su acompañante, de seguro era su novio.

—No, estoy bien.

—Claro que no lo estas, amigo—se apresuró a decir el hombre llamado Ernesto.

Tomó al vampiro por el brazo, el cual se puso alrededor de los hombros. Con algo de esfuerzo consiguió levantarlo.

—Por favor, váyanse.  Déjenme solo.

—¿Porqué?, ¿Quién te ha hecho esto? —preguntó la mujer al borde de las lágrimas.

Para sus ojos, el vampiro era un pobre drogadicto que había sido golpeado por algún maleante de poca monta.

—¿Acaso tienes miedo de que  quién te haya atacado nos haga daño a nosotros? —preguntó.

—No…tengo miedo a lo que yo podría hacer —contestó el vampiro mostrando sus filosos colmillos y sus ojos rojos, más brillantes y deshumanizados que nunca. Un relámpago carmesí y dos cadáveres desangrados fue lo único que quedo en la escena del vampiro.

NOTAS:

Cronológicamente, este cuento ocurre varias semanas luego del capítulo final de La Maldición de la Sangre y del cuento,La Caída del Maestro, de la semana pasada, como también es posterior al cuento de El Castigo de Amél.

Por si alguno tiene dudas, aquí esta un par de factores vitales para la trama central. Ya lo verán, entre ellas están los objetivos de Alanegra y de los nuevos corruptos poderes de William; para quien allá visto Code Geass quizá se pueda dar una idea de la naturaleza de estos poderes.

Nos vemos pronto.

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