La Sangre nos Delata

Posted on 10 junio, 2011

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Pueden creer que estoy loco, puede que no estén del todo equivocados, pero les aseguró la veracidad de lo que he de contarles. Presten atención los interesados, los demás son libres de irse.

Con los años que he pasado sobre esta tierra sólo he tenido una cosa clara: En cada una y todas las cosas hay tanto luz como oscuridad, bien y mal, caos y orden. Por eso existe una realidad donde el brillo del sol lo abarca todo, al igual que hay en algún rincón arropado por el manto de las sombras.

Los azares del destino me han hecho transitar por los senderos de la noche. Es mi mundo, mi realidad. Es un lugar donde los espectros son el pan de cada día, donde la maldad es el amo y señor de cuanto se retuerce por sus dominios.

Y entre todas las criaturas existe una que representa lo más terrible de las tentaciones humanas y hasta donde nos pueden llevar. Un ser cuyo nombre va cambiando con las eras y culturas. Lo que nosotros conocemos como vampiros. Oh, terrible atormentador de la historia, ¿Qué clase de pacto infernal desató tus males sobre la tierra?

Todo comenzó con un rey, un hombre poderoso y omnipotente. Con una orden suya miles se disponían, sin vacilar, morir por la gloria de su monarca. Pero, como muchos hombres poderosos, antes y después de él, sentía un petrificante miedo de perderlo todo ante el enemigo final y definitivo de todos los que nacen entre el cielo y la tierra: El infranqueable pasó del tiempo que nos arrastra al frío umbral de la muerte.

Pocas personas no le temen a esa hora definitiva en donde seremos juzgados, pero son muy pocos los que la desafían abiertamente. Y nuestro rey fue uno de ellos.

Teniéndolo todo menos el tiempo para disfrutar los frutos de una vida luchando a capa y espada, nuestro rey emprendió la búsqueda por las cuatros esquinas del mundo conocido alguna forma de detener el reloj de una vez y por todas. Por cerca de veinte años su único objetivo fue alcanzar su última ambición, no existían artes ocultas o puertas cerradas a nuestro rey. Pero nada, la respuesta por tanto tiempo anhelado seguía eludiéndole.

Para cuando el rey ya podía escuchar el imperceptible susurró de la muerte, apareció un anciano. Sabio en la más nueva de las artes mágicas, la alquimia. Llegó hasta el rey con una propuesta: Si le daban un castillo lleno de oro hasta la torre más alta, él doblegaría a la mismísima Parca. El rey acepto y puso a todo su reino al a disposición del anciano, y esté le prometió tener el hechizo listo para dentro de un año.

Las obras empezaron de inmediato. La primera orden fue colocar inmenso bloques de cuarzo en puntos específicos del reino. Entre bosques, debajo mares, en carreteras rurales, todas colocadas con la máxima precisión, con tal de crear un patrón que, según las palabras del alquimista, de nombre Fausto, permitirían quebrar el dominio de la muerte. Así se hizo, en pocos meses se movieron los bloques. La segunda orden fue construir un altar en el centro mismo del país. Tal cuál como se especifico, fue construido. Luego se mandó traer una inmensa jaula de acero por barco. Sin chistar se cumplió la orden. Y por último se mandó a traer al Rey y su corte el día pautado para realizar el ritual.

Debatiéndose entre la vida y la muerte el Rey fue, si no funcionaba el conjuro del alquimista, todo estaría perdido para él.

Pero, por desgracia de la humanidad, si funcionó.

A la hora predicha por el alquimista, el disco negro de la luna ocultó el sol. Se accionó la magia, de un sacrificio humano se creó una posa de sangre a pocos metros donde estaba el rey. Una luz lo envolvió todo.

Se dice que, en ese momento, todas los pilares de piedra colocados a lo largo del reino, ocultas por la sombra de la luna, se encendieron lanzando rayos las unas a las otras hasta que, desde el cielo, se pudo contemplar el diseño de un heptágono de luz y fuego.

Como hojas que se las lleva el viento, una nación entera se esfumó en el aire. En menos de lo que dura un parpadeo cerca de doscientas mil vidas se usaron y sacrificaron con tan nefasto propósito. Cuantas almas vendidas al Diablo. Pero no se quedaría así —oh, no, claro que no—, luego de tanta muerte, obligatoriamente, se obtendría algo a cambio. En este caso, la tan esperada solución del Rey.

Antes de salir el sol; cada grieta, cueva, caverna y rincón oscuro fue ocupado por las nuevas entidades malignas que habrían de infectar el planeta con su monstruosidad, traídas del infierno por medio de la más terrible de las magias.

Un país muere cuando lo hace su gente. Fronteras vacías, campos sin que nadie los cultive y hogares desprovistos por siempre de ese reconfortante calor familiar. Saberes, amores, historias, tristezas, vivencias y anécdotas; penas y glorias idas, no volverían. No hay nada peor para el espíritu que ver a la decadencia acabar lentamente con lo tan querido en otros tiempos.

Llegó la noche en medio de un silencio absoluto. Sólo al desvanecerse hasta el menor rayo de sol se descubrió la verdadera naturaleza del hechizo del alquimista.

Una noche de monstruos.

Terror. Miedo. Confusión. Odio. Resentimiento. Desesperación. En el centro del vórtice de emociones encontradas se hallaba el Rey el alquimista.

El rey había conseguido lo que quería: Viviría por siempre, siempre y cuando, le arrebatará la vida a los inocentes para perpetuar la suya. De ahora en más estaría poseído por la infinita necesidad de sangre.

Ahora, con la ayuda de su inmortalidad y fuerza de acero, sería capaza de conquistar cada uno de los pueblos del mundo. Un imperio eterno. Pero había algo con lo que no contabas; oh, pobre e ignorante rey. No pensaste que la ambición, que te carcomió por dentro hasta hacerte cometer las más atroces transgresiones contra la humanidad, radica en todas las personas y que espera el momento idóneo para salir a la luz.

Fausto, el malvado Alquimista, tejió una telaraña de intrigas alrededor del rey sin que este se diera cuenta antes de caer atrapado en los hilos pegajosos.

Una maldición. O un pacto entre maldito, para ser más exactos. A partir de ese momento, cada uno y todos los vampiros, estarían atados a su creador maligno por medio de un pacto hacho con sangre, el cual los obligaba a obedecer y proteger a su amo y señor: El Alquimista, el primero de todos los vampiros.

Estarían marcados. Ojos de color rojo, su tentación suprema.

Tendrían prohibido ingerir cualquier otro alimento, puesto que este se haría cenizas en su boca. Y, al haber sido creados en la oscuridad, el sol sería su mayor enemigo.

El rey, al ver las verdaderas intenciones del alquimista, entró en cólera. Pero el pacto de sangre que habían hecho le impidió a los soldados del rey matar al alquimista, ni siquiera podían acercársele para herirle. Aunque le salvó la vida, la carga de estar conectado con todos los vampiros del mundo fue demasiado para Fausto, quien enseguida enloqueció.

No se pudo hacer otra cosa que encerrar a Fausto en la más impenetrable de las prisiones hasta el día del juicio, o hasta que se encontrará una manera de matar a algo que había burlado a la Muerte y al Tiempo.

Esa es la historia. El nacimiento de la Primera Generación de vampiros, los señores de la gran bóveda de la noche. Una plaga que fue liberada sobre la tierra. Tristes de aquellos atrapados en las tinieblas por su culpa. Podres de los que murieron en su abrazo final. Y compasión a los que recibieron el Bautizo de Sangre.

Terminamos con un país perdido, miles de almas lanzadas al fuego eterno y una legión de demonios prestos a esparcir muerte a los cuatro vientos.

Se pueden preguntar cómo es que sé todo lo que acabo de contarles.

Pues verán, uno de los miles de secretos que esconde el mundo luego de que el sol se pone es, precisamente, el origen de los vampiros. Con los cuales también se dio inicio a las Guerras de la Noche. Pero no se crean que es el último, cuando sólo hay sombras y la luz es algo raro, es más fácil poder esconder las cosas.

La caída del Rey del Terror, los flujos de Gaia, el nacimiento de la Hermandad de los Paladines Nocturnos, los conflictos entre Hechiceros y Alquimistas y muchos otros secretos están a la vuelta de la esquina. A la espera de algún incauto se tropiece con ellos.

Como pueden ver, lo más posible es que este más loco que un sombrerero. Pero, para aquellos que crean lo contrario debo de advertirles: Estén preparados, nunca se sabe lo que se pueden encontrar cuando apaguen la luz.

NOTAS:

Al fin conseguí hacer un escrito en narrativa sin ningún dialogo, un URRA para mí. Gracias, lo merezco.

Ahora bien. Si bien entiendo que me he atrasado de forma aberrante en los Cuentos de lo Grotesco, lo hice para no perjudicar a los Capítulos de El Diario del Licántropo. Pero eso no es excusa.

Este es el origen de mis vampiros, muy posiblemente lo vuelva a mencionar a lo largo de Crónicas Nocturnas, pero no de forma tan explícita como aquí.

Aquí intento hacer una mezcla entre los mitos de Underworld y Full Metal Alchemist, pero agregándole algo de mi propia cosecha. No les adelantaré nada, pero tiene que ver con Alanegra. Claro, el es la Muerte.

Si no me vuelvo a atrasar el siguiente cuento vendrá la semana que viene y tendrá como protagonistas, por así decirlo, a Seth y Marina.

No se olviden comentar.