Capítulo Catorce: Lobos y Demonios, enfrentados

Posted on 29 abril, 2011

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Para el momento en que regresamos al campamento ya todos dormían en sus tiendas, todos menos Danilo. Él nos estaba esperando, desde hacía mucho rato, según parecía.

-Espero que hayan tenido una fructífera noche –dijo mirándonos con recatada picardía.

Elena y yo nos miramos atónitos. Ambos estábamos colorados, como dos niños atrapados en una travesura. Sencillamente abochornados hasta la medula, cos que se le hizo muy graciosa a Danilo, puesto que se esforzaba en disimular sus risas.

-Pues claro, con mi ayuda hasta un tonto como este es capaz de aprender a transformarse –contestó Elena cruzándose de brazos. Puso la mirada a un lado. Se veía tan linda con su cara de molesta para ocultar su vergüenza y timidez.

Danilo debió darse cuenta lo que pasó entre Elena y yo, o al menos intuía que ocurrió algo. No por nada nos miraba con esa disimulada mirada escrutadora. Si, aunque fuera imposible el debía saberlo, lo sabía todo.

-Excelente, eso significa que al fin podremos usar los talentos del joven Héctor en beneficio del clan –dijo de pronto Danilo rompiendo de lleno la atmosfera de tensión que se había formado en el silencio–. Mañana será luna llena, ¿acaso sabes lo qué eso significa?

El semblante de Elena cambió, se ensombreció. Como, al escuchar hablar a Danilo, recordó algo que nunca debería olvidársele. Por mi parte no supe que pensar ni hacer.

-Pero, ¿no es muy pronto para él? –preguntó Elena agitada, encaró a Danilo sin miramientos para el líder del clan—. Esto puede ser demasiado para Héctor, aún no tiene experiencia ni entrenamiento en el combate. El solo pensar usarlo es algo…

-Está decidido, Héctor ira con nosotros. Lo lamento Elena, pero no hay nada que puedas hacer para hacerme cambiar de opinión.

La respuesta silenció a Elena en el acto. Pero la conversación pasó a ser un intercambio de miradas desafiantes.

-¡Bien! –dijo al cabo de un minuto lanzando lenguas de fuego por los ojos a Danilo.

Y sin más se fue, claramente resentida y perturbada. La seguí con la mirada hasta que se perdió entre la multitud de tiendas. Confundido. Volteé hacia Danilo. Su rostro repleto por cicatrices pasó de una mueca de jocosidad a una de absoluta seriedad. De la noche a la mañana me parecía una persona por completo desfigurada, como si la verdadera naturaleza de sus facciones se revelara de pronto.

-Te espera un largo día, así que mejor descansa un poco y reúne todo el valor que puedas –comentó Danilo secamente.

Le miré sin saber que contestarle.

¿Qué significaba todo aquello?, pensé. Danilo no se quedó para escuchar mi respuesta, mi dio la espalda y se fue hacia cualquier otra parte del campamente, quizás a dormir. Pero yo le detuve en seco, si no hablaba ahora sentía que entraría a ciegas en terreno borrascoso.

-Qué va a pasar mañana –dije al fin.

-Iremos a cazar Demonios dela Luna, así que estate preparado –contestó. Se fue.

Con semejante noticia me tumbé en mi lecho sin la menor intención de dormir, pero el cansancio pudo más. Habían pasado muchas cosas, algunas que ya he mencionado y otras que me llevaré a la tumba. Caí rendido a los pocos minutos de acostado. Tan agotado estaba que mis horas de sueño se diluyeron en una sola imagen negruzca, sin sueños ni pesadillas. Justo lo que necesitaba.

Para cuando desperté me encontraba a las mil maravillas, todo el cansancio se había ido; la desesperanza, esfumada. Como augurio de buena suerte, el precioso sol de la mañana hacía relucir el campamente y el bosque más allá de este, la escena llenaba el corazón de optimismo.

Desde muy temprano los engranes comenzaron a moverse. Manos a la obra, los miembros del clan desmontaban el campamento, al poco tiempo Danilo me hizo ayudar en el trabajo. Luego de un desayuno frugal me la pase de labor en labor. Ordenes por allá, ordenes por acá, ordenes por acullá.

Los licántropos son una cosa seria. Era medio día y todavía seguían cargando, acarreando, moviendo y empacando; cuando ya hacía rato que me había rendido, ¿Cómo eran capaces de hacer tanto sin cansarse?, debí ser un pésimo hombre lobo. Tal vez no haya cambiado muchos desde entonces, nunca he sido bueno en cuanto a tareas físicas se refiere. El desarrollo de los eventos así lo indican.

Pero estoy divagando, no adelantaré la historia más de lo debido.

-¡Esto está tardando demasiado! –se quejó un miembro cualquiera del clan, cuyo nombre nunca me molesté en aprender—, ¡no estaremos listos a tiempo!

– Héctor, ya que no estas haciendo nada útil, ve a buscar a Elena –ordenó Danilo con tono autoritario—, muévete, muchacho, deja de disfrutar el paisaje y muévete.

Ojala fuera tan fácil. Mientras caminaba, tambalearme o cojear serian palabras más precisas para describir mi andar, los músculos de mis piernas se debatían entre sostener mi peso o desplomarse, ¿así esperaban que matará a un enorme lobo fuera de control y el doble de fuerte que yo?

Si se preguntan cómo llegué a la tienda de Elena, la respuesta es “que no tengo idea”. Cuando entré me topé con ella perdida en sus pensamientos, sus ojos tenían un brillo opaco y triste. Entre sus manos sostenía un viejo pedazo de tela negra y raída. Resultaba fascinante y sombrío a la vez encontrármela de esa manera.

-Elena, necesitamos ayuda aquí afuera –susurré, algo me impedía alzarle la voz; la expresión de Elena, tan lejos de su habitual semblante, se imponía ante mí.

Me acerqué a ella, todavía no se dignaba a mirarme. Se hallaba turbada en medio de sus reflexiones secretas, a las que no yo tendría acceso nunca. Sus ojos escrutando aquel guantecito negro, sus dedos firmemente apretados en él. Me hacía daño verla así. Me acerqué otro poco. Sin saber qué más hacer, la estreché entre mis brazos. Por su parte, Elena dejó caer su cabeza sobre mis hombros.

 -¿Me contaras un cuento mañana, mami? –preguntó Elena con un hilo de voz sin emoción.

Intenté separarme de ella, pero se apretó a mí con fuerza, no quería dejarme ir. Pude sentir como sus lágrimas se deslizabas por mi espalda. Tan vulnerable, tan triste, tan adorada y yo sin poder hacer nada para consolarla. La impotencia  era insoportable.

-¿Me contaras un cuento, mami?

-Si, te contaré un cuento mañana y todos los días.

No sé por qué dije eso, pero lo hice.

Se acercaba la noche. El campamento estaba desmontado y todos nosotros, listos para la batalla. Antes de comenzar la faena, Danilo nos reunió. La atmosfera a mi alrededor era tensa, a la expectativa, y me hacía revolver el estomago. Se podría decir que era miedo. Se, justamente miedo.

-Mis hermanos –comenzó con su discurso Danilo—. No lo olviden jamás; somos guerreros, paladines nobles dispuestos a dar su vida por la justicia. Nuestro enemigo nos espera, un demonio creado por nuestra propia negligencia.

>>¿Acaso debemos dejar a semejante bestialidad manchar este mundo?

>>¡No!, nuestro deber es acabar con la miseria de los malditos. No lo olviden, ellos están a la merced de una carga que nos pertenece solo a nosotros.

Mis alrededores se excitaban conforme las palabras de Danilo seguían saliendo de lo profundo de su pecho.

-Les ruego que cumplan con su deber –prosiguió, cada vez mayor emotividad y fuerza–, perderemos lo poco que nos queda de humanidad si no le damos paz a los desdichados.

>>¡Esta noche, cuando la luna esta llena, en la batalla que nos aguarda hoy, será una HORA DE LOBOS!

El rugido de mis compañeros no se hizo esperar, un grito de guerra, cargado de valor y excitación. Me les uní, me sentía, por primera vez desde que llegué, parte del clan. Elena tomó mi mano. Ambos aullamos a todo pulmón, sin necesidad de palabras fuimos más unidos desde entonces.

En menos de lo que canta un gallo estuvimos listos para salir.

-¿Estas listo para esto? –me preguntó Elena mirándome a la cara. Sus ojos brillaban tanto, parecían hechos de polvo de estrellas.

-Sin ti, quizá no lo estaría –contesté, puede sonar cursi, pero en realidad sentía que era así. Fue gracias a Elena que soy lo que les enseñó en estas páginas.

La besé en la frente. En esas se apareció Danilo. No se los negaré, me dio un susto de muerte, esa y todas las otras veces que salé de la nada cual fantasma. Elena, por su parte, se quedó paralizada, las mejillas se le llenaron de color en un segundo. Cada vez que se ponía así se me hacía adorable, so sé por qué y no me intensa meditar sobre ello.

-Héctor, muchacho, justo a quién estaba buscando –dijo, apartándome de Elena—- Necesito hablarte antes de que nos vayamos. Elena, diles a todos que saldremos en cinco minutos.

A una hora antes del ocaso nos lanzamos a la cacería. Una manada de fieras al combate.

“Creo que todavía no te he contado sobre la naturaleza de nuestro objetivo”, recordaba las palabras de Danilo mientras recorríamos el bosque, “buscamos a un hombre, posiblemente un granjero o pastor en el momento y lugar equivocado, el pobre debió de ser mordido hace mucho tiempo atrás, años tal vez, y ahora tenemos que poner fin a su larga agonía. Y a ti, mi buen amigo, te toca un papel muy importante a desempeñar.”

Los sentidos refinados de mi cuerpo de lobo detectaron el rastro de la presa, se movía erráticamente, perdía y recuperaba la pista a intervalos, pero estaba cerca. Me podía mover con sigilo y velocidad. Era fabuloso, me encantaba.

Atravesamos una cerca, brinqué algo así como tres metros de altura, solo para saber hasta dónde era capaz de llegar. Elena, también transformada en lobo, me miró con tono de reproche. Por supuesto, cuando se es un animal sin cuerdas vocales desarrolladas no se puede presumir intentar tener una conversación muy nutrida, pero en su lugar teníamos algo para reemplazarlo.

No, paren sus caballos ahí.

Es una ridiculez pensar que somos capaces de leernos las mentes los unos a los otros. Podemos expresarnos más allá de las miradas como el que giña un ojo por coquetería o frunce el ceño para mostrarse molesto, ahora imagínense eso multiplicado por cien, si no más. Lenguaje corporal, así de sencillo. Aunque Danilo haya explicado que podemos proyectar nuestras emociones, inclusive recuerdos de forma involuntaria. Pero como yo nunca entendí bien eso, mejo lo dejo de ese tamaño.

El olor de la presa no llevaba hacia el norte, alejándonos de las luces de una casa a la distancia. Debía de tener bien planeado sus cambios, como también tenía que ser consciente de que cualquier cosa alrededor suyo era propensa a ser destruida en sus ataques de locura. Seguimos el rastro sin vacilar.

Danilo se adelantó, de forma instintiva nos agrupamos detrás de él en una especie de formación. El palpitar de mi corazón se aceleró al notar cómo nos acercábamos, no sabía que esperar, sería la primera vez que vería a un Demonio dela Luna. Aquellosmordidos por un licántropo que deben enfrentar nuestro mismo destino. Podía escuchar un lejano murmullo.

El aroma del engendro –olor perfectamente claro, y que me permitía saber el estado de agitación en que se encontraba el pobre–se fue mezclando con el olor a humedad del bosque y de un riachuelo más adelante.

Desesperación. Miedo. Frustración. Desdicha. Dolor. Todo se dejaba en claro por medio de mi nariz. Las palabras podían mentirnos, pero el olfato no.

Al sentir la grava bajo mis patas me agazapé, era la hora de usar la cautela al máximo. Casi a ras de suelo, y en completo silencio, pude percibir hasta el último de los movimientos a mí alrededor. El lecho del rio, el agua corriendo y…

Mis sentidos en su conjunto de pronto se enfocaron en un hombre arrastrándose en el suelo penosamente, víctima de un aparente e insoportable dolor. Iba hacia un ancho tronco, en el cual había unas cadenas y grilletes amarrados. Lo rodeamos en pocos segundos, sin que él se diera cuenta, su agonía acaparaba su atención.

“Debes saber que, antes de combatir contra un Demonio ya transformado, siempre es mejor acabarlo antes, eso hará las cosas más fáciles para ambos”, recordé la recomendación de Danilo mientras tomaba mi posición. Era sencillo darse cuenta que al atacar antes de que cambiará le estaríamos ahorrando mucho dolor.

Los gritos, canticos de dolor indescriptible, rasgabas el aire cual si fueran cuchillos. Debíamos actuar rápido, el sol caía en el horizonte. El acelerado latir de mi corazón era el redoble de tambores previo al comienzo del acto.

Danilo se adelantó por segunda vez, nosotros le imitamos luego. Nos lanzamos contra nuestra presa, cualquier de nosotros podía ser quien arremetiera primero. No se los puedo negar, deseaba no ser yo quien lo matara, tenía miedo de volver a hacerlo.

Todo pasó demasiado rápido.

Al parecer el hombre reaccionó, se irguió de golpe. No sé cómo, pero de él se desprendió una repentina ventisca de aire caliente  que nos detuvo en el acto. Ramas, grava, polvo y demás volaron en todas direcciones. Nublándome a vista a mí y a los demás. Sin embargo, seguí con mi carga, atravesé la cortina de humo y terminé encarando a mi presa.

Ante mis ojos el hombre se arrancó las ropas. La luna, brillante y redonda como pocas veces, se mostraba por encima de los árboles, estampada en el cielo nocturno. Éramos él y yo. El resto del clan se encontraba muy lejos como para socorrerme a tiempo, reagrupándose. Lo que decían los libros que me hizo leer mi padre sobre los Demonios dela Lunaera poco en comparación con lo tuve que presenciar.

Como si estuviera viendo mi propia transformación en los ojos de alguien más, vi como aquel hombre sufría una asquerosa metamorfosis de humano a lobo. Pero este era muy diferente a todo los demás que había visto antes. Los Demonios son seres verdaderamente monstruosos, del doble del tamaño y fuerza que un licántropo corriente. Solo no podría enfrentarlo.

La bestia, cuyos ojos irradiaban una sed de sangre temible, empezó a moverse; su objetivo estaba claro. Ahora me tocaba a mí ser la presa. A pesar de, o precisamente de saber eso, me quedé petrificado, inmóvil, hipnotizado por el vacio inmenso de aquello ojos dorados e idénticos a los míos.

A partir de entonces el tiempo me pareció ir en cámara lenta. Las imponentes mandíbulas de la criatura se abalanzaron contra mía. Sin previo aviso. Danilo me atrapó entre sus poderosos brazos, brazos humanos, apartándome del alcance de la bestia. A la vez, pude notar como otra de las mujeres licántropo del clan se encaramaba sobre la espalda del Demonio. De un movimiento ajustó el grillete, atado por cadenas en el tronco, en el cuello del engendro justo antes de ser derribada por este. Inconsciente.

Dejé de pensar en ese instante. Me solté del agarré de Danilo de alguna manera y fui al rescate de mi compañera mientras es resto intentaba distraer o inmovilizar al Demonio, pero ninguno parecía poder contenerlo por mucho tiempo.

Cuando hube llegado a donde esta tirada la joven el Demonio se agitaba y retorcía, lanzando zarpazos a diestra y siniestra con sus patas delanteras. Entre cuatro hombres lobo apenas eran capaces de mantenerlo a raya. Los rugidos de los lobos eran algo ensordecedor.

Intentaron atacarle, sin embargo, eran repelidos de un solo manotón. Antes de que pudiera poner a la muchacha a salvo, el Demonio volvió a arremeter contra m, agitando la cadena de arriaba hacia abajo. Hasta que al final consiguió romperla.

-¡Héctor! –escuché el grito de Elena.

La bestia se arrojó sobre mí. Llevé todo mi fuego interno a mis piernas y brazos. Evité el golpe de mi adversario y lo inmovilicé al mismo tiempo al trabarme alrededor de su cuello. Pude sentir como la tierra se agitaba y hundía bajos mis pies descalzos. Retener a aquella monstruosidad era como tener que cargar una montaña completa, pero una montaña no se agitaría en un estado casi convulsivo entre mis brazos. El miasma volvió a desprenderse de él, finos soplidos de aire capaz de cortar mi piel.

La fuerza de la criatura era sorprendente, sus garras se movían anárquicamente. Una que otra vez consiguió rasguñarme. Empecé a temblar bajo su peso, no resistiría mucho más.

-¡Elena! –grite en un intento de conseguir ayuda. Mira por sobre mi hombre, la muchacha ya estaba fuera de peligro.

Al escuchar mi voz la jauría entera se puso manos a la obra, puesto que se limitaban a mirar con asombro mi enfrentamiento con el Demonio.

Elena se lanzó contra mi espalda, se ayudó a saltar apoyándose en mi hombro para terminar sobre el lomo de la criatura. Un lobo sobre otro lobo. El final fue abrupto y seco. Una sola mordida en la columna vertebral acabó con el Demonio. Tras saltar Elena al suelo, cargaba peso muerto. Lo solté al fin.

Helo allí. Un otrora Demonio aparecido a la luz de la luna llena estaba desparramado en piso. Como prueba definitiva de su muerte, volvió a su forma humana, ya no estaría nunca más a merced de aquel peso que solo a nosotros nos corresponde cargar.

Vítores llegaron desde todas partes.

-¡Excelente trabajo, Héctor! –conseguí escuchar la voz de Danilo entre la multitud.

No podía acompañarle en su felicidad, aunque quisiera hacerlo de todo corazón, puesto que yo no sentía haber ganado nada. Me sentía vacio, y Elena se dio cuenta de ello.

Me abrazó, su calor me reconfortaba por más que no cambiara nada.

Matar es matar, sin importar lo motivos.

NOTAS:

Me disculpo por este pequeño atraso, aunque tampoco fue tanto. E tenido una semana muy movida y no saben lo que tuve que pasar para entregarle este capítulo. Pero en compensación les traigo uno de los más largos en Diario del Licántropo.

Algunos se habrán dado cuenta que mi imagen en PERPETRADOR cambió. Bueno, eso se debe a que, como tenía esa imagen de Kaname –el vampiro del anime más aguado pero genial que hay— desde hacía bastante tiempo, creo que desde que creé el blog, y como este es el año de Héctor, decidí cambiar a la imagen del Hombre Lobo que mejor me cae. Ósea, Akira de Dance in the Vampire Bund. Tiene una historia bien oscura.

Posiblemente, cosa que espero sinceramente que no pase, este lunes no habrá cuentos de lo grotesco, por el mismo motivo que me retrase en este capítulo… lo lamento mucho, veremos si eso se queda así o puedo acelerar la marcha.

Faltan, sin contar este, tres capítulos antes de que terminela PARTE II: LOS PERROS DE DANILO, a partir de ese momento comenzará la cuenta regresiva para el cruce de la historia de Héctor con la de Isabel. Así que les recomiendo leer el último capítulo final deLa Maldicióndela Sangre.

Los eventos de este capítulo se dejan entre ver en el capítulo tres.

¡Y NO SE OLVIDEN DE RESPONDERLA ESTUPIDA ENCUESTA!

Cierto… ahora que recuerdo. Señores, sé que les puede resultar muy molesto dejar un comentario, hasta a mi me lo parece a veces, pero al menos, se los suplico, tengan la delicadeza de calificarlos. Solo tienen que hacer clic en la barra de estrellas dependiendo de lo mucho o poco que les gustó el post. SI quieren pónganme cero, pero pongan algo.

Siguiente Capítulo

Ahora si es todo. Los dejo con la estúpida encuesta.

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