El Secreto del Orgullo

Posted on 19 abril, 2011

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Mientras recorría el África salvaje los recuerdos hacían eco en su mente.

Hubo un tiempo en el que fue humana, hace ya más de diez siglos. Los años de gran Carlomagno y su imperio.

A diferencia de las otras dos terceras partes de la sociedad, ella sabía leer y escribir, además de poder tocar el laúd y la guitarra, un dulce instrumento traído de la España musulmana.

Todo gracias al trabajo de su hermano Samuel como ayudante de un renombrado alquimista comisionado por el mismísimo emperador. Ella tendría su futuro resuelto sin tener que ser forzada a casarse.

Sin embargo contaba con una dote considerable y, a sus veinte años, ya empezaba a sentir el irrefrenable deseo de traer una nueva vida. Al poco tiempo el alquimista para el cual trabajaba su hermano le pidió su mano. Allí fue el punto exacto en que comenzó su historia, o al menos eso pensó.

Bajo la bóveda estrellada de la noche ella siguió avanzando. Ante ella, y hasta donde alcanzaba la vista, se extendía un mar de dunas y arena. Un desierto durmiente bajo el suave arrullo del sereno.

Los días pasados volvían para atormentarle.

Los dolores del parto la despertaron a mitad de la noche. Entre las nauseas, contracciones y los esfuerzos para dar a luz su conciencia se diluyó en un imágenes borrosas y sensaciones entremezcladas. En un delirio continuo se esfumaron horas enteras. Hata que por fin terminó.

La fiebre y el agotamiento apenas le permitía estar conciente a su alrededor.

– ¿Cómo está el bebé?

– Murió, era prematuro – carraspeó una mujer de voz ronca, seguro debía ser la partera.

– ¿Y qué hay de Marie?

– Tiene enclencia, no nada que podamos hacer por ella.

Una tormenta de arena azoté de repente, ella se tapó los ojos con los brazos siguió andando. Algo así no podía detenerla.

Sin previo aviso apareció un hombre alto, de piel blanca como el papel, cabello rubio platinado y ojos intensamente rojos. Vino y se fue en el vendaval en menos de un parpadeo.

Sentía el olor húmedo y sucio de las catacumbas, le impregnaba la nariz con su pestilencia. Era llevada en los brazos de su amado alquimista; su rostro se mostraba inescrutable, era el rasgo que más le atraía de él. Eso y sus ojos azules, casi plateados, siempre aparentando indiferencia, pero para ella mostraban una inteligencia sobrecogedora y digna solo para aquello capaces de reconocerla.

El alquimista abrió una puerta y, junto con su moribunda esposa, entró a una mazmorra sin más puertas ni ventanas. El único objeto en el lugar era un lúgubre ataúd reforzado con tiras de hierro y cadenas; alrededor del cual estaba dibujado un gran círculo repleto de un lenguaje ininteligible para la mayoría.

Al acercarse la pareja el ataúd empezó a agitarse.

Ella se paralizó de miedo. Una figura alta y rubia, el mismo sujeto que creyó ver antes, se apareció por detrás de ella. Con sus dedos largos, pálidos y ásperos tomó un mechón del cabello negro azulado de ella en un gesto que podría considerarse como tierno.

– ¿Acaso pensaste que podías esconderte de Baphomet? – preguntó el hombre con superioridad y desprecio hacia la joven a su lado –, que niña más tonta.

>> Todavía no entiendes la magnitud de mi poder, Marie. Soy el señor de todos lo vampiros, el líder de los Príncipes Infernales; contra mí, el Rey del Terror, heredero de Fontis, no hay nadie que pueda oponérseme.

En eso el Rey del Terror le apartó el cabello de los hombros a Marie. Con fría lentitud acercó sus filosos colmillos a la vena de la joven, quien no parecía reaccionar.

– Se te olvida que yo estuve allí, esa noche – susurró Marie haciendo que Baphomet se detuviera en seco –. Vi lo que esa cosa nos hizo a ambos.

>> Todos y cada uno de nosotros no somos otra cosa que manifestaciones de los pecados de las personas. Y tú eres el peor de todos los pecados, eres el Orgullo.

Una explosión azotó el lugar justo donde estaba Marie, quien salió despedida varios metros lejos de Baphomet. Marie esquivó el primer, segundo y tercer golpe haciendo uso de su gran agilidad.

Al concentrarse en sus ojos mera capaz de verlos. Largos tentáculos casi invisibles provenían de la inerte figura de Baphomet y se lanzaban en violentas arremetidas hacia ella. Se lanzó a la derecha, a tiempo para evadir el ataque.

El Rey del Terror apareció frente a Marie, le conectó un puñetazo en la mandíbula que la mandó a volar. Rebotó un par de veces antes de hundirse en una de las muchas dunas en el desierto.

Las cadenas de aquel ataúd de hace mil años se soltaron, la tapa se corrió cayendo en el suelo con su solo y veloz movimiento, un estruendo retumbó en la catacumba. El círculo dibujado en el suelo empezó a brillar en una extraña luz carmesí. Una mano negra y demacrada se dejó mirar.

– Ella no es parte de nuestro acuerdo – carraspeó una voz fría y metálica.

– Lo sé, ¡pero por favor, sálvala!

Marie volvió a la realidad de la batalla.

Alguna especie de fuerza sobrenatural brotó de su interior. Mientras se incorporaba, el aire a su alrededor se arremolinó, un tornado que arrastraba dunas enteras creados por el incontrolable poder de un vampiro.

– Elune, Mistral, Ariadna, Shiva, Pandora; nombres que te has dado para ocultarte de los tuyos y mostrarles a los mortales una imagen bondadosa de ti – dijo Baphomet al tiempo que se acercaba al vértice, que crecía con cada segundo –, ¿Y todo para qué?

>> Suplantar a una diosa pagana en el rincón más recóndito de la tierra con el propósito de servirte de la sangre de los tontos ignorantes al tiempo que los haces adorarte, ¿acaso eso no es más cruel que solo matarlo?, los haces vivir para satisfacer tu hipócrita moralidad. Felicidades, eres toda una vampira.

Entonces Baphomet entró en el torbellino.

– Eres terrible, Marie. Los manipulas y usas a tu conveniencia; todo con la excusas de buscar una forma de vivir como lo que eres sin matar. Que engaño tan descardado.

La Diosa Elune se tapó los oídos con las manos, agachada en un infantil intento de hacerse la que no escuchaba las palabras de Baphomet. No quería escuchar porque sabía que estaba en lo correcto. Nunca intentó salvar a nadie, ni en su vida mortal y mucho menos en la inmortal, solo buscaba una forma de existir sin sentir culpa, sin importar a cuanta gente tuviera que manipular para conseguirlo.

La atmosfera se calentaba cada vez más hasta que de improvisto el aire y la arena fueron envueltos por un tornado de fuego.

“Es mentira, mentira, mentira”. Se decía Marie un y otra vez. De verdad quería creerlo, de verdad, pero le resultaba imposible.

La arena se calentaba tanto que terminaba fundiéndose en hilos de vidrio arrastrados por el viento. Ella ya no controlaba sus poderes. Baphomet seguía caminando indiferente hacia Marie, parecía no notar como el calor, la arena y cristal laceraban su cuerpo y ropa, que sanaban a los pocos segundo.

– De acuerdo – dijo aquella criatura chamuscada al salir de su ataúd.

Estiró su mano desfigurada, le arrancó de los brazos a Marie al alquimista.

– Oh, querida mía – continuó apartándole un mechón de cabello de los ojos –, pobres de aquellos que son obligados a partir antes de tiempo.

>> Pero no te acongojes, cuando el ritual terminé, ya la oscuridad no te guardará ningún secreto.

Baphomet obligó a incorporarse a Marie, ambos quedaron frente a frente, mirándose a los ojos. De alguna forma eso calmó a la diosa lo suficiente como para que el torbellino de arena se detuviera.

– Termina con esto – susurró Elune, la diosa de la luna; conocida en otro tiempo como Marie.

Sin chistar, Baphomet clavó los colmillos en la yugular de la vampira, quien no hizo nada para defenderse. Todo lo contrario, ella se aferro a él, cual si fuera un abrazó entre amantes.

Cuando se hubo saciado de sangre la soltó, ella retrocedió un par de pasos. A pesar de todo se veía apacible, su rostro mostraba una serenidad digan de admirar, miraba a Baphomet con una sonrisa indescifrable.

En la mano del Rey del Terror estaba el corazón de Marie, arrancado de su pecho con las manos desnudas y llenas de sangre.

– Yo te amo, Andrei.

Entonces Marie se desperdigó en cientos de copos blancos, parecía nieve, que fueron arrastrados por la brisa del desierto. Hasta que no que quedó nada de la otrora diosa.

– A partir de hoy ya no serás conocido como Andrei, el alquimista carolingio – declaró aquel vampiro moribundo, dañado de forma irreparable por el sol –. Eres el Rey del Terror, el Orgullo entre los seres de la noche. A partir de ahora tu nombre es Lucifer. Y tu deber es restituir nuestra raza caída en desgracia.

>> ¿Jurar resucitar a nuestro señor, a la fuente, a Baphomet?

– Lo juro, maestro.

Al recordar aquella escena de su pasado tan distante ya, el nuevo Baphomet, amo y señor de los vampiros ni se inmuto.

Tantas veces hubo cambiado de nombre en su larga vida que ya no sabía quien era: Ahora era el Rey del Terror, Baphomet, pero antes de eso su coronado como Lucifer, creador de los Príncipes Infernales y antes de eso fue Andrei, alquimista del emperador y esposo de la mujer que acababa de morir.

Un copo de ceniza cayó en su mano, la cual se cerró en él.

– Yo también, yo también.

NOTAS:

Para los que no lo sepan, el nombre Andrei fue el primero que tuvo Armand, personaje de los libros de Anne Rice. Por otro lado, que Marie se haya llamado Pandora alguna vez, es sólo porque me encanta la fonética de ese nombre tiene un misterio exótico que me encanta.

Fontis, es una palabra en Latín que significa fuente. Ósea que, más allá de Baphomet o Lucifer, hay una historia sobre como se inició el mundo vampiro. Ellos son la segunda generación, por así decirlo.

Según la teología, el peor de los Siete Pecados Capitales es el orgullo o la soberbia. Eso se debe a que el orgullo te hace creerte más grande que Dios o a pensar en que no lo necesitas. En lo personal me parecen fruslerías, pero yo no soy nadie para contradecir eso tratados medievales. Por eso es que Lucifer, el demonio del orgullo, es el nombre que elegí para nombrar al Rey del Terror.

Otra vez la pelea no me dejó del todo satisfecho.

Como estoy, al mejor estilo de los países del medio oriente, en una ola reformadora con este, y el cuento anterior, empiezo a crear las bases que darán a luz el origen de los vampiros según mi forma de pensar.

Estoy, aunque todavía es algo my vago, creando una historia mucho antes de la aparición de nuestro estimado William. Veremos como termina todo este proyecto.

 

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