Capítulo Ocho: Lobos y Recuerdos

Posted on 18 marzo, 2011

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Desperté con la agradable sensación de que había dormido bien y mucho. Sin embargo sudaba frío. Era otra vez esa pesadilla, el mismo sueño que tenía desde que regresé del infierno de aquel sótano abandonado, mi guarida en la que protegería al exterior de mi monstruosidad.

Mi cama, tal como la recordaba; al igual que mi habitación, mi casa y mi vida. En definitiva, el único que ha cambiado he sido yo.

Me arreglé sin prisa, deseaba disfrutar de las pequeñas cosas.

Para cuando bajé al comedor me encontré con la familia completa en la mesa.

El recuerdo de mi regresó a casa me seguía cada vez que miraba a Mina. Si, todavía esa escena sigue clara como el cristal en mi mente. Caminaba por la esquina que daba a mi casa, acompañado de cerca de mi padre, quien me ayudaba a no caer. Pude ver dos siluetas dibujadas a la perfección contra las luces de una puerta abierta. Ellas me estaban esperando. Una pequeña niña fue corriendo hacia mí, lloraba al verme de regreso, y sin vacilar me envolvió en un abrazo firme pero delicado por la cintura. Se hundió en mi vientre, no me quería dejar ir. La miré con los ojos vidriosos, respondí a su abrazo. Yo también la extrañaba demasiado.

– ¡No te vuelvas a ir así, hermano! – gritó la pequeña llorando, más que una petición fue una orden que no podía, ni quería, desobedecer. Ella me abrazó con más fuerza aun.

– No, no lo haré, Mina – contesté conteniendo las lagrimas. Mi madre corrió a besar a mi padre, era la primera vez que la veía flaquear de tal forma, se veía desolada –. No me iré, es una promesa.

Pasé algo así como tres o cuatro días dormido, con uno que otro lapsus para ir al baño. Por eso me sorprendí mucho al ver que cuando yo, preguntando qué habría para el desayuno, me encontré que era de noche y estaban en medio de la cena. Pero con el hambre endemoniada que tenía, ese tipo de pequeñeces no me molestarían.

– Por cierto, ayer llamó una tal Alex preguntando por ti – dijo Mina cuando todos hubimos terminado de comer.

Todos, en especial yo, miramos a Mina con ojos de sorpresa, y en mi caso, con algo de vergüenza.

– ¿Alex? – pregunté haciéndome el que no sabía nada, pero el rubor debió delatarme. Aparté los ojos de todos en la habitación, algo que siempre hago cuando trato de ocultar algo o no quiero que lean mi expresión.

Alex era la chicha con la que salí el día que fui atacado por el vampiro, y con todo el circo que se armó luego se me había borrado por completo de la memoria todo lo relacionado a ella. En especial la parte en la que prometí que la llamaría, o algo por el estilo.

– ¿Y qué quería? – pregunté fingiendo poco interés. Podía sentir la mirada de mis padres mirando, escrutando y analizando cada uno de mis gestos y reacciones. Que bochorno tan horrible. Terminé pasándome los dedos por la sien, cosa que sólo hacía al encontrarme, o muy nervioso o muy apenado.

¿No les parece irónica toda esta escena?, porque a mí si. Es decir, nada más imagínenselo, luego pelear con monstruos, sobrevivir apenas, ser encerrado en un calabozo, sufrir una imposible transformación y permanecer setenta y dos horas tumbado en una cama; luego de todo eso me seguía dando pena hablar de mi primera novia. Ser joven es una cosa seria. Francamente… de nos es por el hecho que me tocó vivirlo, les podría asegurar que un guión semejante sólo podría provenir de una novelita rosa de cuarta categoría.

Pero ya ven, la realidad supera a la ficción.

– Bueno, ella quería saber por qué habías faltado estos días a la escuela – dijo Mina.

Escuché cada palabra como si fuera preciosa, qué tan infantil pudo parecerles mi actitud a mis padres. Casi podía escuchar los pensamientos de mi madre: MI NIÑO ESTÁ CRECIENDO TAN RÁPIDO, o algo por el estilo. O mi padre diciéndose con orgullo: ¡ESE ES MI MUCHACHO; GALÁN COMO SU VIEJO! El solo pensar en eso… no, da de retroceso cerebro, debo reprimir ese recuerdo.

– ¡Qué más te dijo! – grité exasperado, le estaba empezando a perder la paciencia a Mina.

– No me dijo nada más. Pero yo supe de inmediato las oscuras intenciones que tenía esa mujer para contigo, hermano. Y como yo tengo que cuidarte de todo lo malo en el mundo. Por eso le dije que ya no se atreviera a molestarte más y que no lo querías ver más nunca, pero eres demasiado bueno para ser tan sincero. Ahora esa loca dejará a mi hermano en paz.

Esa sonrisa despreocupada de mina de dejó literalmente helado, no pude hacer o decir nada en lo absoluto. Y el comedor se impregnó de un silencio calmado, a la expectativa.

– ¿Qué hiciste qué? – grité con toda la fuerza de mis pulmones, al tiempo que apuntaba con el dedo a esa pequeña revoltosa.

Estaba por convertirme en una horrible bestia a punto de desatar mi ira, de no ser…

– No es para que sobreactúes, hijo – comentó mi padre, muy sobrio, como siempre, tal vez demasiado para la situación –. Ese tipo de celo no se puede evitar, esta en nuestra sangre. Debiste oír lo que me dijo tu abuela el día que me fui a presentármele cuando estaba de novio de tu madre, ¡fue un tanto desagradable!

– No hables así, querido, sabes que esos eran otros tiempos – dijo mi madre sonando divertida, haciendo un ademán.

– Cierto, por suerte ahora nos llevamos mejor: mientras más lejos estamos, mejor nos llevamos – comentó mi padre, como si fuera una anécdota de tiempo pasado –. Aunque me sigue enviando para navidad esos suéteres, uno creería que en veinte años se aprendería mi talla. Por alguna razón parecen camisas de fuerza, curioso, ¿no les parece?

Eso calmó un poco los ánimos, pero aun quería darle una buena surra a esa ingrata de Mina. Deseo que mi padre debió adivinar, puesto que me llevó a su estudio casi a la fuerza.

– Creo que ya es hora de que sepas la última pieza del rompecabezas – dijo, sentándose en su escritorio –. Vivimos en un lugar muy curioso, ¿sabes?

>> Este mundo no es otra cosa que una colosal moneda. Una cara de la misma es lo que podemos ver ahora, el lugar en el cual vivimos ahora; pero la otra esta oculta por las sombras de la noche y el misterio, y lamentablemente es el lugar en el que nacimos y al cual pertenecemos.

>> Cuando el sol se pone y las sombras se apoderan de todo es cuando nuestra verdadera naturaleza se hace presente. No creas que nada más hay vampiros y hombres lobo en el nido de la luna, hay muchos más misterios de los que te puedas imaginar. Todos se debaten por sobrevivir, nadie es amigo de nadie. Por eso decidí escapar cuanto antes, pero no fue por mucho tiempo, y esta vez te llevé conmigo.

Al decir esto, la tristeza invadió los ojos de mi padre. No me atreví a contradecirle, porque en el fondo sabía que tenía razón.

– Nuestro lugar se encuentra más allá de un lugar al que no tienen permitido entrar los humanos. Un lugar del cual debemos mantener el secreto, sin importar el costo.

>> En ese lugar tenebroso todos matamos y morimos. Pero no te creas que sea algo muy diferente al lugar en el que vivimos. Las dos caras de esa moneda son más parecidos de lo que crees: ambos tienen sus conflictos, y son por la misma razón: para decidir quién oprime a quién.

>> Sin embargo, en la guerra de los monstruos y en todo su mundo, los humanos nunca han sido del todo indiferentes. Ellos tienen sus propios guardianes, defensores del secreto de nuestra existencia, sólo para mantener seguros a la humanidad por medio de la ignorancia. Un ejercito de paladines de la noche, más de veinte generaciones de cazadores implacables de cualquiera que busqué perturbar ese balance.

Entonces él se cayó. Desvió la mirada, pero llegué a distinguir un destello de dolor reprimido.

– ¿Cómo sabes todo eso? – pregunté sin saber las consecuencias de lo que decía.

– Cuando era joven, creo que no era mayor que tú – comenzó a explicar mi padre sin mostrar emoción alguna, pero aun así, al observarle, me llenaba un sentimiento de lastima que nunca antes le tuve o podría tenerle a mi padre – mi clan estaba a la cacería de un grupo de vampiros nómadas, acabar con cinco o diez de ellos no sería nada. Sería mi primera misión.

>> Deseaba demasiado matar a cuanto vampiro hubiera en mi camino, quería enorgullecer a tu abuelo. Pero algo ocurrió.

>> Llegamos a un pueblo rural, gente honesta y trabajadora. Los vampiros… ellos, ellos habían masacrado a toda esa pobre gente. Hombres y mujeres desparramados en el suelo, sobre charcos de su propia sangre, la cual los vampiros no se dignaron a devorar. Niños, Héctor; niños, pálidos como fantasma, asesinados por esas, esas cosas.

>> De aquel pueblo casi nada quedaba, y los vampiros que perseguíamos, se habían ido hace mucho tiempo. Recuerdo que vomite apenas el olor de la sangre me llegó a la nariz. Luego perdí el control de mí mismo. Me lancé sin pensar a buscar algún sobreviviente, alguien que estuviera escondido, alguien que no estuviera muerto. Fui el único que lo hizo.

>> Me tire de lleno, sin importarme nada ya, en un montaña de escombros y cadáveres. Pude sentir las miradas de mis compañeros y familia, veían como malos ojos lo que estuviera escarbando en la ruinas de las casas de las victimas.

>> Por fin, cuando ya no me quedaban casi ninguna fuerza o voluntad para seguir, escuché una respiración entre los destrozos. Era apenas un susurro agonizante.

>> – ¡Aquí a alguien, alguien con vida! – grite hinchado por la felicidad, que medio apenas las fuerzas suficientes para alzar una gran viga caída.

>> Entonces, como si hubiera vuelto a nacer, saqué a una niña de poco menos que cuatro años, pequeña, menuda y delicada, de entre los escombros. SE encontraba inconciente pero bien, ilesa por alguna providencia del destino, de las garras sedientas de muerte de los vampiros.

>> Lo que ocurrió después pasó tan rápido, y aún así creo que, hasta que me llegué mi hora, no lo podré olvidar.

>> El líder de mi clan, sin pronunciar palabra alguna, hizo que me inmovilizaran y tiraran al suelo, al tiempo que me arrancaba a la niña de las manos. Miraba con horror y confusión a mí alrededor. Nadie fue a ayudarme, y posiblemente nadie quería hacerlo. Humillado, no pude hacer otra cosa que observar.

>> El líder sostuvo a la pequeña por el cuello con una sola mano. El dolor y la falta de aire hicieron que se despertara y empezara a llorar y forcejear. Pataleaba, daba golpecitos con los puños cerrados e intentaba desesperadamente de liberarse de la enorme mano que la estrangulaba.

>> – No lo hagas, aún esta con vida – grite, las lágrimas brotaban de mis ojos. Miré a mi madre, buscando su ayuda, que hiciera que se detuvieran. Pero ella me miró con despreció, lo mismo ocurrió al ver a los ojos a mi padre. Pareciera que no me reconocieran, ya no era su hijo.

¡Deténganse, por favor, deténganse; es sólo una niña!, repetía una y otra vez. Pero todos se hicieron de oídos sordos.

>> Ante mis ojos, los pies de esa niña dejaron de moverse. Entonces el líder de mi clan apretó con más fuerza la mano y algo crujió. El ruido más horrible que me ha tocado escuchar. AL final tiraron el cadáver de la pequeña junto con los demás. Pudieron ser sus padres, que murieron defendiéndola de los vampiros sólo para caer en nuestras garras, o unos completos desconocidos. Nunca lo sabré.

>> Con el tiempo, conseguí escapar.

En todo el tiempo que me estuvo contando esa historia, mi padre no dejó de mirar a la ventana. El horror de recordar algo semejante era indescriptible, lo sé, porque sus ojos me lo decían.

>> Y así es como continuamos, en este preciso momento, nada ha cambiado. Dos razas de monstruos matándose entre si por lo que queda de la eternidad, sin tregua ni piedad, un ejercito de humanos dispuestos a dar su vida por ocultarle la verdad al mundo y una guerra que lleva más de mil años. Incontables vidas perdidas, y para qué, para nada.

>> Pasé la mayor parte de mi vida viviendo esa verdad y viéndola consumarse una, y otra, y otra, y otra vez. Un ciclo sin fin de muerte. Y no quiero eso para ti, Héctor.

>> Por favor, prométemelo, no dejes tu vida en el olvido por una batalla que no acabará jamás. No lo vale, y te lo dice alguien que ya ha visto esos horrores.

No recuerdo qué pensé luego de semejante revelación, pero si que me fui a mi habitación. Pasé las siguientes dos o tres horas mirando al vacío, acostado en mi cama. Inmóvil, sin pensar en nada, digiriendo una verdad que era más de lo que cualquiera pudiera soportar.

Si hay algo de lo que realmente estoy arrepentido es en el que no pude cumplirle aquella promesa a mi padre.

Ese día llegué a puerta de aquel oscuro abismo que era la otra cara de la moneda. Aún había muchas sombras por delante. Y a la primera brisa que llegó, me sumergí en ellas.

Pero ya habrá tiempo para contar eso.

 

NOTAS:

Uno se queda loco, porque no hay otra mejor palabra, cuando uno escribe un relato, lo deja olvidado por un rato, para leerlo y editarlo. Lo que antes te parecía genial, ahora es una tontería, y lo que era una tontería ahora es genial.

Se te ocurren nuevas cosas y encuentras explicaciones para escenas sin sentido.

Por eso es que este capítulo, como el anterior, dista mucho del original. En especial en lo que refiere a la historia de la guerra de los vampiros y hombres lobo y la vida del padre de Héctor. Como también hubo cambios en la estructura de presentación de los hechos y las historias secundarias.

Últimamente he recibido muchos mensajes; innecesaria, injusta y peligrosamente halagadores. De los cuales no me creo digno. Pero si quieren comentar lo genial que soy, no los culpo por hacerlo, están en su derecho. En el Internet la libertad de expresión es tan absoluta que casi da asco.

Gracias a todos por su apoyo, y, cada vez con más ganas, trato de mejorar mi estilo de escruta para ser digno de semejantes seguidores como ustedes.

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