Eterna Ventisca: Témpanos

Posted on 17 septiembre, 2010

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– Para poder iniciar este largo proceso en el cual conseguiremos controlar tus habilidades como Yuki-onna primero tengo que saber si ya puedes controlarlos, al menos en parte, así lo usaremos como punto de partida – explicaba Edward, apenas le prestaba atención. Estaba demasiado cansada como para hacer cualquier cosa, pero él había insistido tanto en comenzar mi entrenamiento lo más pronto posible, por lo que al final no pude negarme, ese sujeto podía ser muy necio si se lo proponía.

– Entendido – musité cansinamente.

– Ahora la pregunta sería, ¿puedes manipular a voluntad alguna de esas habilidades?

Me quedé en silencio, pensando o divagando era la misma cosa. Trataba de recordar algo parecido al control sobre mis poderes.

– Creo que si, puedo hacer esto – dije.

Me levanté, nos encontrábamos en el preciosos jardín de rose, lindante con el oscuro bosque. Extendí la mano a la altura de mi pecho, me concentré todo lo que pude en ella, la cual casi al instante fue envuelta en un refrescante frío antinatural.

– ¿Qué fue lo que hiciste? – preguntó Edward mirando mi mano como diciendo: “¿Eso es todo?”

– Espera y veras.

Sin mayores diálogos use mi mano para empujarlo, pero en vez de eso esta le atravesó el pecho. Era como si fuera un fantasma, porque ahora era uno.

– ¡Sorprendente!, nunca había visto algo parecido en toda mi vida – masculló sorprendido Edward cuando saqué la mano de su interior. Debió de resultarle incomodo hablar siendo atravesado por una especie de espectro –. Puedes hacerte intangible con solo desearlo. Simplemente increíble.

– También soy capaz de hacer a otra persona fantasma si la tocó – agregué orgullosa, tomé un caramelo de mi bolsillo y me lo metí a  la boca –, aunque solo pueda hacerlo por pocos segundos.

– Aún así es increíble, tendré que investigar más sobre el tema, debo decir que no estoy familiarizado con la criptozoología del Asia Oriental. Lo que se puede hacer es…

Y así siguió parloteando cosas que apenas tenían sentido para mí por un buen rato hasta que no pude sopórtalo más y le interrumpí.

– Edward, sé que estas pensando en lo mejor para mí y todo eso, pero en realidad que estoy muerta, ¿te molesta si tomo un baño mientras continúas con tus planes de investigar al yeti o lo qué sea que estas haciendo? – pregunté, y hasta yo noté que mi voz sonaba muy cansada. Me pasaba los nudillos por las cuencas de los ojos, estos me escocían.

No había podido dormir bien la noche anterior, ¿qué más se podía esperar de alguien que se queda en un rinconcito durante toda la noche?

– Claro, eso me dará tiempo para una investigación rápida en la biblioteca – se apresuró a contestar Edward, muy entusiasmado, antes de salir corriendo como alma que lleva el diablo hacia la casa.

Para ser un adulto, Edward se comporta como un niño.

Da igual. Un buen baño es justo lo que necesito. Dejé llenar la bañera con abundante agua caliente, el solo vapor que despedía me ayudaba a relajarme como solo ella podía. A los pocos segundos se empaño el espejo, por lo cual lo limpié con el puño de mi camisa. Y así me encontré reflejada.

Una joven de diecisiete años, con los ojos de un color gris intenso, el cabello oscuro corto hasta los hombros, cejas finas y piel muy blanca, casi como la porcelana, casi como la nieve…

Tu nombre es Yuki porque cuando naciste tu piel era tan blanca y brillante como la nieve. Ese es el porque de tu nombre, yuki en japonés significa nieve… además, aquí entre nosotras, no iba a permitir que te pusieran un nombre tan feo como el que pensaba tu madre.

¿Cuál era abuela?, recuerdo haber preguntado. Recuerdo estar sentada en las piernas de mi abuela cuando me contó por primera vez esa historia, tenía como siete u ocho años.

Ella quería ponerte Alexis, tenía que ser española esa mujer, pero por suerte no fue así. Antes de cometer una locura mi hijo recapacito y te puso Yuki, Yuki Okami.

El vapor volvió a empañar el vidrio, la tina se había llenado. Me desvestí algo distraída y entré en el agua. Nunca pensé que pudiera hacer tanta falta algo tan simple como un baño de tina. Me recosté la más cómoda que pude y cerré los ojos, a ver si ahora si podía conciliar el sueño. Si, eso era lo que necesitaba.

Eran precisamente estos momentos de calma y paz los que me ayudaban a asentar bien las ideas y pensar mejor las cosas. La tibieza del agua me hacía olvidar todo lo malo y lo ponía en su justo lugar.

¿Qué pasará de ahora en adelante?

¿Cómo podré solucionar todo esto?

¿Este entrenamiento funcionará?

Crujido, algo esta tronando… no, eso sólo mi imaginación. Mi única verdad ahora estaba sumergida en el agua tibia, el mundo se terminaba más allá de esta bañera.

Frío…

A mí alrededor hacía mucho frío…

Abrí los ojos, apenas podía respirar. Nieve por todas partes, viento, árboles desnudos, montañas blancas difuminadas por la ventisca. Algo me había sacado desnuda de la tina para arrojarme en medio de una tormenta de nieve que calaba hasta en los huesos.

Apenas podía sentir los pies bajo el manto blanco que los cubría, pero aún así se esforzaban en buscar un escape de este infierno congelado… caminaba sin rumbo fijo intentando encontrar algún lugar para refugiarme, no sobreviviría mucho tiempo en la intemperie y con este clima. Cientos de agujas de hielo punzaban mi piel de forma inclemente.

No quería morir de esta manera… no quería morir así.

Trastabillé con una piedra, caí al suelo lleno de nieve. Sólo podía ver la inmensa blancura de las ráfagas de viento invernal que no paraban de soplar en todas direcciones. Este era mi fin, lo sabía perfectamente, no había forma de burla a la fría muerte, era imposible escapar.

– Déjame ayudarte – esa voz…

La nevada se detuvo de repente. Una mano apareció de la nada, justo frente de mí. Alcé la mirada para verla mejor, sabía quien era esa mujer. Usa un quimono estampado con flores de cerezo, llevaba su largo cabello azabache suelto, sus ojos eran grises, sus labios rojos y su piel blanquísima. Otra vez ella, ¡No podía ser ella otra vez!

-¡Aléjate de mí! – grite una y otra vez.

– No puedes seguir huyendo, Yuki, ya es hora de reconocer quien eres en verdad…

Entonces desperté.

¿Por qué me pasaba esto a mí?

– ¡ALGUIEN QUE ME AYUDE! – grité a los cuatro vientos, no podía moverme.

– Aun no entiendo porqué no dejas que Edward te saqué con alquimia – murmuraba Rose mientras despedaza con un pica hielo el enorme témpano en el que terminó la bañera, con todo y una yuki incluida. Malditos poderes incapaces de no estorbarme ni por un solo memento.

– ¡No te volveré a repetir que no voy a dejar que él me vea desnuda! – repuse con cara malhumorada. El frío no me molestaba en lo absoluto, lo irritante era estar atrapada como una sardina en conserva. Y para colmo de males no tenía una chupeta para calmar mis nervios.

– Como digas, para ser tan joven eres bastante muy gruñona – susurró Rose encendiendo el agua caliente en un intento de descongelarme más rápido.

Eso era el colmo.

– ¡Tú no entiendes! – grite sin pensar en nada – si tuvieras que pasar por lo que yo he pasado… así que no me hables sobre las cosas de las que no sabes nada.

Sobre nosotras se interpuso un silencio espectral. Cuando miré a los ojos de ella supe que la había herido con mis palabras. Ella no se merecía esto, ser la persona con quien yo me desquite. Me arrepentí enseguida, que vergüenza.

– Rose, yo…

– No, no digas nada – me interrumpió dejando el pica hielo a un lado –. Tienes razón, no puedo ni imaginar por lo que estas pasando, pero puedo entender como sufres por todo esto, sé que debe de ser una enorme carga para alguien tan joven como tu… pero no estas sola en esto.

>> Ni Edward ni yo podemos hacer nada para quitarte ese peso de encima, pero queremos ayudarte. Pero para hacerlo tienes que confiar en nosotros y permitirnos entenderte.

– Ella fue quien causó la avalancha – dije mirando a la nada, si le iba a contar todo no podía verle a la cara; no resistiría su expresión de piedad –. La misma yuki-onna que me encontró en el auto fue quien lo sacó del camino. Pudo matarme en ese mismo instante, como había hecho ya con mis padres, como había hecho muchas veces antes. Pero algo en mí se le hizo irresistible…

>> De alguna forma entró en mi cuerpo, me poseyó. Aun sigue dentro de mí. Me advirtieron que ella se ha fundido con mi alma, por lo que si ella se va yo moriría. Somos una. Una vez pude llegar a verla…

– Yuki.

– ¡Tenía mis ojos, Rose! – continué, llorando –. Al estar ella en mi interior cambió tantas cosas… no puedo decirte sin dudar al menos un poco en donde termina Yuki y comienza ese monstruo.

Tuvieron que pasar dos horas más y mucha agua caliente para al fin poder salir de esa asquerosa tina. Esto era lo último, ahora también había fastidiado mi hábito de bañarme en tina… ¿ahora que más iba a quitarme?, ¿Y si algo me pasa al comer mis chupetas?

Es todo, si eso llega a pasar me voy a suicidar, como que me llamo Yuki Okami.

A quién engaño. No tengo ni el valor de cortarme las uñas muy cortas, mucho menos el suficiente para quitarme la vida…

Y así pasaron los días, pronto terminó la semana y el mes entre ese eterno tira y encoje de mis poderes saliéndoseme de las manos, a veces manifestándose de formas indeseadas. Y por “a veces” me refiero a un eufemismo de “me tiene harta esta asquerosidad que aparece a cada momento del día”. Aunque debo decir que no es tan deprimente como las rondas interminables de entrenamientos que me obligaba a realizar Edward, los cuales nunca llegaban a nada.

Al menos la esplendida comida de Rose me ayudaba a mitigar al menos un poco me creciente frustración.

– ¿Acaso no hay una forma mejor de hacer esto? – pregunté cuando ya no pude soportar más esta rutina sin sentido. El invierno se acercaba, por lo que hace ya unos días antes empezamos a reunirnos en la biblioteca. Estábamos ya por el intento cuarenta y tres, otro entrenamiento infructuoso –, debe haber otro método para entrenar mis poderes, me conformó uno que funcione, solo eso.

– Puede que haya uno que funcione, pero sería un tratamiento muy invasivo por no decir peligroso – respondió Edward.

>> Nunca e intentado hacer una cosa así, por lo que no estoy seguro de que funcione. Hay un diseño de círculo de transmutación con el cual podremos adentrarnos en lo más profundo de tu alma y de tu mente. Si ves a lo que te enfrentas posiblemente puedas derrotarlo con más facilidad y desde adentro. Eso es lo bueno.

– ¿Entonces qué sería lo malo?

Edward me miró muy seriamente. Al verle así me dio franco miedo de saber la respuesta.

– Si no consigues imponerte a la yuki-onna o cualquier otra cosa que no te permita controlar tus poderes lo más posible es que eso terminé por doblegarte. Por lo que Yuki Okami podría dejar de existir para siempre.

El silencio de Edward me indicó que esta decisión era sólo mía y que tendría el tiempo más que necesario para sopesar bien los riegos antes de elegir cualquier cosa. Pero no quería esperar más, ya le he dado diecisiete años a ese espíritu para vivir en mí. Era hora de confrontarlo de una vez por todas. Solo había una cosa por hacer.

– Empecemos de una vez.

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