Capítulo XLII: Los Sabuesos del Diablo

Posted on 6 julio, 2010

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Son los sabuesos del diablo… los Dips. Son perros convertidos en monstruos por un vampiro y que sólo le obedecerán a él. Una de las peores bestias arrojadas del infierno. Su sed es incontenible, su fuerza despiadada, un demonio de sangre y muerte.

– ¿Cómo hiciste eso? – insistió Blade. Isabel se estremece al ver la cara descoyuntada y estigmatizada por la furia del cazador. Él se acerca, su ve como la sangre recorre su puño firmemente cerrado – ¡responde! – grita fuera de sí, toma con desprecio a Isabel y la levanta por los hombros. Sus rostros están tan cercas que el aliento que suspira uno lo respira el otro – ¡cómo entraste en mi mente!

– ¡Ya te dije que no lo sé! – grita Isabel aterrada, dudando. A pesar de estar diciendo la verdad – sólo ocurre y ya…

Al parece accionar el cuerpo del cazador. Sus ojos cambian de pronto, la rabia pasa a la frialdad. Con las manos pesadas suelta a Isabel. Se hecha para atrás y vuelve a cerrar los puños. Ambos se encuentran la mirada, se hablan por medio de los ojos.

– Nada ocurre sólo porque si – dijo secamente el cazador, como si todo lo que acababa de pasar nunca hubiera pasado. Este se de la vuelta, indaga de nuevo en la oscuridad más allá de la cueva.

El silencio los cobija con su pesado velo. Las nubes, un manto gris, ocultan las estrellas y los truenos anuncian la llegada pronta de la tempestad. Respirando el olor de la lluvia futura el cazador rompe el velo.

– Sabía la existencia de persona como tú, pero eres la primera que he visto hacer una cosa semejante. No leíste mi mente, eso lo puedo manejar… no, tu hiciste algo completamente diferente. Te fundiste en mis memorias, lo que vi, lo que sentí; lo viste y los sentiste. Eres una oráculo, una vidente… alguien que ve más allá de sus propios ojos.

Oráculo.

Esa palabra, a pesar de haberla oído antes, esa palabra intrigó a Isabel. No, no era la palabra en sí… más bien el nuevo, misterioso y terrible significado que ahora tiene esta palabra, oráculo, lo que desgarra su espíritu con la incertidumbre y el oscuro destino que trae consigo.

Ella abre la boca para decir algo, pero de inmediato se callado. La mano del cazador le tapa los labios y, mirando con los ojos entrecerrados hacia el bosque fuera de la cueva, le susurra a Isabel en la oreja.

– No hables… algo se acerca.

De inmediato el cazador le soltó. Fue directo hacia su morral. Mientras, Isabel se quedó mirando a la cueva. Blade busca y saca armas, municiones de todos tipos y formas, una especie de puñal y un chaleco de cuero. Isabel siente un leve escalofrío mirando los preparativos para lo que avecina.

– ¿Qué ocurre?

– Algo se acerca, no son pocos – contestó el cazador por lo bajo. A Isabel se le erizan los bellitos de la nuca al ver, una y otra vez, como el cazador carga sus armas… todo un ejercito en una persona – lo que sean son rápidos, tienen garras y colmitos como navajas y están sedientos de sangre.

Un alarido corta el aire, cual puñal de hielo. Un chirrido metálico, penetrante, terrible y desgarrador. Una sinfonía de animales agonizando al compás de uñas rasgando pizarras. Un sonido horrible que hace que Isabel se tape los oídos con las manos. Dolor, la orquesta monstruosa se acerca. Por fortuna, tan pronto cómo vino, aquel grito se fue.

– Ten… lo necesitaras – afirmó de repente el cazador, le arroja el collar de grifo a Isabel. Sin decir palabra se lo coloca en el cuello y se queda mirando al silencio asesino que se prepara para encarar a este nuevo enemigo – son los sabuesos del diablo… los Dips – agregó mirando por un brevísimo instante a Isabel – son perros convertidos en monstruos por un vampiro y que sólo le obedecerán a él. Una de las peores bestias arrojadas del infierno. Su sed es incontenible, su fuerza despiadada, un demonio de sangre y muerte.

Luego el silencio. La tormenta se avecina.

– Esperó que sepas usar una de estas – insistió Blade levantándose. Se acerca a Isabel y le pone una pistola entre las manos –. Nada más sujétala con firmeza, apunta y dispara. Si tienes suerte necesitaras más de una bala para detener una de esas cosas.

Blade se de la vuelta. Isabel mira el arma con miedo e inseguridad.

– No la necesito.

– Esa cosita que tienes en el cuello no te protegerá, si es lo que me tratas de decir – contestó el cazador quitándose la camisa de espaldas a de Isabel. Ella se estremece al ver como la curtida piel del cazador esta surcada por tantos tipos diferentes de heridas y cicatrices como saltan al imaginario. Pequeños rasguños, una mordida profunda en el hombro. Zarpas y colmillos dejaron su huella como una larga quemadura en una de sus brazos. ¿Eso es lo que ganas al pasar toda una vida batallando contra las bestias de la noche?

Isabel, sin valor para preguntar por los estragos en el cazador, se queda en silencio mientras este se pone el chaleco de cuero negro y enfunda en el un par de pistolas, un puñal. Algo, dentro de su bolso, atrapa su atención.

Con la mano temblorosa y vacilante saca un cilindro de metal brillante, el cual contiene una sustancia rojo oscuro y de apariencia asquerosa, como de pantano rojizo. Isabel se siente extrañamente atraída por ese curioso frasco y su aún más curioso contenido. Ni cuenta se dio cuando se acercó un par de pasos al cazador, quien parecía extasiado, atrapado en aquel líquido asqueroso.

– ¿Qué es eso?

El cazador da un respingo, como si hubiera olvidado del todo la presencia de Isabel, se incorpora con el rostro inmutable y guarda, sin pronunciar palabra alguna, el recipiente en su bolsillo. Toma su escopeta y camina hacia la salida de la cueva, mas se detiene a poco más de un metro de salir.

– ¿Vienes o qué? – preguntó.

– Si… pero, ¿Qué hay de las trampas o lo que sea que sean?

– ¿Enserio te lo creíste? – agregó secamente el cazador mirando tras de su hombro. Luego se encamina fuera de la cueva – nunca creas en todo lo que escuchas.

– ¡OYE! – grita Isabel trotando hacia donde va el cazador – eso no me hizo la menor gracia. – agregó hinchando las mejillas, como los niños pequeños a la hora de hacer un berrinche, siguiendo a Blade, quien no le presta la menor atención.

– No lo dije para que te hiciera gracia – fue lo único que dijo. Ella dio un par de pasos más, sin darse cuenta que él se había detenido, por lo que se tropezó con la firme espalda de este – mantente en silencio – susurró el mirando con tal intensidad a Isabel, que esta no pudo decir nada.

Blade se puso de cuclillas, Isabel hizo lo mismo al volver a escuchar aquel espantoso aullido.

– ¿Cuántos crees que sean? – preguntó Isabel.

Un borrón de negro, un chirrido escalofriante, sangre y un grito.

Isabel se hecha para atrás dando tumbos, aterrada, hasta que se topa con la fría piedra. Blade empuña su cuchillo, mancho de escarlata, su cuerpo tenso, listo para el combate. Y a varios metros, entre Isabel y el cazador, el cuerpo inanimado y destrozado de un horrible monstruo gris. A Isabel se le revuelve el estomago sólo con ver esa despreciable criatura. Su piel parece muerta o enferma, su apariencia es de reptil y su cabeza recuerda la de un dragón o un dinosaurio. Casi ningún rastro queda de que alguna vez fuera un perro.

– Eso… eso es… – tartamudea Isabel luchando contra el reflejo de vomitar.

– Si… ahora vámonos, este maldito bosque esta lleno de esas cosas.

Y si más Blade se da vuelta y corre hacia el bosque. Isabel no tiene otra opción que reaccionar, levantarse y seguir al cazador por entre los oscuros y tenebrosos árboles. Más de esos monstruosos gritos llegan de todas partes. El pecho le arde, al tiempo que el corazón pareciera que le fuera a reventar en miles de fragmentos temeroso y agotados. Isabel corre, corre y corre siguiendo tan cerca como puede al cazador. El sudor le llena la frente. El esfuerzo empieza a cansarla, pero los gritos parecen tan cercanos como antes. Ahora se vuelven más terribles.

Se pueden escuchar las ramas rompiéndose, las garras arrancado trozos de todo lo que se encuentran a su paso. Casi se puede escuchar el espantoso sonido de su respiración agitada, oler su putrefacto aliento es una posibilidad repugnante.

Las ramas, parecen látigos, azotan los brazos y mejillas de Isabel mientras corre. Pequeños cortes, heridas diminutas que ni siquiera siente, comienza a sangrar. Pequeños hilos de sangre. Los pulmones le están por colapsar a Isabel. Le arde el pecho, el miedo es lo que la mantiene en pie, todo es confuso.

A su alrededor nada más ve borrones y manchas siempre cambiantes. Lo único fijo ante sus ojos es la espalda del cazador, quien parece inamovible, como si no diera un paso. Una meta inalcanzable. Pero Isabel corre, corre y corre.

Los rumores de las criaturas acercándose se vuelven de a poco en campanadas del infierno. Los gritos y alaridos son más fuertes y la pestilencia llega a la nariz de Isabel. La curiosidad por fin la vence, mira tras de su hombro. Una inmensa mandíbula abierta, enorme dientes amarillos. Su acercan, su objetivo: el cuello desprotegido de Isabel.

Movido por algún instinto, un presentimiento o cómo se que se llame,  el cazador se dio la vuelta. Sus ojos se ubicaron de inmediato, firmes y penetrantes, sobre aquella bestia a la cual descargo un par de disparos.  Isabel cayó por un traspié sobre los pies inmóviles de Balde, como si fuera una estatua. Uno, dos, tres, cuatro disparos y los gruñidos dejaron de escucharse.

Pero de inmediato los alaridos, esta vez más lejanos, llenaron el aire.

– No bajes la guardia – suelta toscamente el cazador.

Desde los árboles otras dos de esas bestias  se lanzan contra el punto ciego del cazador. Isabel mira como las enormes zarpas de las criaturas por delante, para atrapar en su agarre mortal. Blade se da la vuelta, pero no tiene tiempo de nada más. La sangre, negra y repugnante corre por la cara del cazador. Un hilo de saliva rancia le cae en la frente.

Y enseguida el silencio.

– ¿Qué dijiste sobre mantenerse en guardia? – pregunta Isabel tratando de fingir desinterés, cuando esta al borde de un ataque cardiaco. El medallón con sangre de grifo brilla en escarlata; su mano, temblorosa, en el suelo. Dos enormes estacas, aparecidas como por arte de magia, atravesaron a las dos bestias, quienes murieron en el instante.

Los truenos se hacen más fuertes y la luz repentina de los relámpagos permite ver, para el horror de Isabel, como más de aquellos sabuesos del diablo se acercan con actitud desafiante. Sus enormes dientes centellan con lo destellos y sus lentos pasos hielan la sangre de Isabel. Con cada paso, los cuales parecen seguir el ritmo del corazón de Isabel, aquellos seres se hacen más numerosos. La cortina de silencio lo hace todo aún más insoportable y enloquecedor.

– ¡Corre! – grita el cazador desquebrajando el silencio. Con firmeza toma el brazo de Isabel y lo fuerza a incorporarse y correr a su lado.

Los dips lanzan otro grito desgarrador y emprenden la persecución. Truenos y gruñidos, es todo lo que se puede escuchar. La parpadeante luz de los relámpagos guía su camino. Y gracias a esa intermitente luz pudieron ver el precipicio justo a tiempo.

– ¡Crea un puente! – gritó de inmediato Blade dándose la vuelta y arremetiendo contra los demonios.

Isabel, rogando en silencio, junta las manos, se pone de cuclillas y apoya las palmas en el suelo. Y, como si de ramas se trataran, la piedra se amoldó y creó un estrecho camino entre ambos lado de la grieta. Isabel corre y llega hacia el otro lado, el puente es endeble y quebradizo, pero aguantó su peso.

Se da la vuelta y mira como Blade descarga su escopeta contra el tumulto de monstruos. Su corazón da un vuelco cuando uno de ellos alcanza a arremeter contra el cazador, pero este logra interceptarlo con la escopeta y lo lanza al vacío. Más de esos rugidos espantosos. De un golpe de garra logran despojarle de su arma, mas en su lugar enfunda el cuchillo. Las bestias mueren tan pronto como atacan al cazador este les da muerte. La sangre brota y macha por todos lados, más criaturas aparecen.

Isabel lanza un grito agudo. El cazador es mordido en el antebrazo, suelta el cuchillo y ruge por el dolor. En un acto de fuerza sobre y volunta logra sacar, con su mano una pistola y le descarga una ráfaga de tiros a poca distancia, las mandíbulas muertas le sueltan en brazo prácticamente inutilizado. La sangre mana sin cesar por las profundas heridas. Isabel, al borde de las lágrimas, mira con los ojos trovados. Impotente.

Por su parte los dips se mantienen a una cierta distancia, pero se cierran en un compacto círculo, dejando al cazador entre ellos y el precipicio. Sus cabezas se agitan con violencia y sus garras escarban la tierra. La sangre los excita y hace incluso más peligrosos.

– ¡Cruza de una buena vez! – gritó Isabel a todo pulmón, sin saber si aquel frágil camino permanecería así por mucho tiempo más.

El cazador sabe lo que tiene que hacer. Lleva su pistola a un lado y dispara, y el puente se desmorona. Esta atrapado.

– ¿Qué hiciste? – vuelve a gritar Isabel, por fin las lágrimas brotaron y la impotencia se acrecentó.

– Corre.

Al comienzo era sólo un leve murmullo.

– ¡Corre! – gritó el cazador por segunda vez, sin poder mirar a Isabel.

– ¡Que corras te he dicho! – esta vez se miro tras de su hombro. Isabel se quedo atrapada de inmediato por la intensidad de la mirada del cazador. No pudo desobedecerle. Sin mirar dos veces se dio la vuelta y se alejó del lugar tan pronto como podía.

Acto seguido el cazador dejo caer su pistola, ahora desarmado los monstruos se vuelven todavía más erráticos y agresivos, pero siempre manteniendo un espacio entre ellos y el cazador. Este último saca de su bolsillo un cilindro de metal lustroso, afinca uno de los extremos a su muslo y acciona un botón. La dosis entra en su sistema.

De inmediato las pupilas se dilatan, la herida cierra por completo y es inundado por una terrible pero intensa fuerza, llegando hasta lo más profundo de su ser…

Se lanza contra las bestias, sin más armas que sus manos… que ahora parecen más garras de oso que manos humanas.

Notas: De ante mano me disculpo por este pequeño atraso en el capítulo y por ser un tanto más corto que los que acostumbró.

Balde llama a Isabel Oráculo porque, para ser franco, so se me ocurrió un mejor nombre para ponerle.

Estoy intentando hacer algunos cambios en la estructura del mi blog y otras cositas… por lo que no se alarmen.

Como siempre las sugerencias, comentarios y demás son más que bienvenidos… y recuerden…

Un Blog se alimenta de sus comentarios…

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