Episodio Cinco: La Carrera

Posted on 2 julio, 2010

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– Ustedes, los portadores del gen pasaran en estas instalaciones los siguientes tres a cinco mese – explica una oficial mientras que daba un recorrido por la base Prometeus a los reclutas. Y al parecer Danny era la única que prestaba atención a lo que decía. Todos los demás estaban extasiados y absortos ante todas las maravillas y cosas nuevas que en cada esquina se encuentran –. Ahora, lo que por los momentos les debe de importar son las dos siguientes pruebas, ¿cierto? – agregó la mujer dándose la vuelta, con lo que logró que todos, a parte de Danny que escucha con suma atención, se quedaran en silencio.

Todos los demás jóvenes se detuvieron y, por primera vez desde que salieron de las naves de abordaje, se concentraron en escuchar lo que la oficial tenía para decirle.

– Primero tendrán que ir y acomodarse en sus nuevas habitaciones, donde estarán todos lo que han de necesitar para las pruebas – dijo la oficial –. Sus uniformes son obligatorios y si no los tienen les puedo asegurar que podrían lastimarse mucho. Las dos últimas pruebas serán consecutivas y se llevaran a cabo dentro de un par de horas… por los momentos descansen y dentro de un par de minutos les dirán los números de sus habitaciones.

Entonces se abrió en dos una maciza puerta de metal que dio paso a los emocionados muchachos, entre ellos la propia Danny, a una enorme estancia coronada de una cúpula de cristal que deja ver el espacio y la tierra oculta por las sombras de la noche… sólo se puede ver el lado oscuro. Es una enorme sala comedor. Llena de pulcras mesas y muebles blancos. Los jóvenes se sientan a charlar, y mientras, Danny se sienta sola a contemplar la enorme esfera azul y verde que es la tierra… es tan hermoso, tan cercano y tan único. Siente como si con estirar la mano pudiera tomar a la tierra y acercarla, contemplarla y mirarla como nadie nunca lo había hecho nadie.

Pudieron haber pasado minutos, horas o siglos enteros, pero cuando Danny sintió una palmadita en el hombro ya todos los demás se habían ido. Ella, sorprendida de no haberse dado cuenta de lo que pasó, se dio la vuelta. Aquel muchacho que se encontró en el comedor del Nimbus le miraba con una chispa de diversión en los ojos. Giaccomo según recordaba ella.

– Si no vas a tu recamara deprisa se te va a hacer muy – dijo Giaccomo sonriendo, de inmediato ella se sonrojo.

– Giaccomo… creo que se me olvido la cámara – fue lo único que pudo decir Danny. De a poco, y para aliviar un poco su bochorno, las mejillas empezaron a recuperar su tono natural.

– No importa… por suerte yo siempre estoy preparado – dijo el joven sacando una cámara de su mameluco azul, cosa que le da una apariencia de mecánico cualquiera, y la dejó en la mesa – ten, ahora si me disculpas tengo que preparar el “círculo de la muerte” y tu tienes que ir a tu alcoba. – agregó con una sonrisa picara que por poco hace que Danny se volviera a ruborizar.

– Pero… no me dijeron dónde estaba – se disculpó ella, avergonzada sin ninguna razón.

– ¿Tenían que hacerlo? – preguntó el muchacho –…, parece que no leíste el manual del reloj, ¿o si?

Y sin más Giaccomo le tomó la muñeca en la que Danny tenía puesto el reloj y empezó a presionar con el índice la pantalla del mismo, por suerte ignorante de las mejillas rojísimas de Danny. La pantalla explotó en luz y una imagen tridimensional apareció a pocos centímetros sobre la muñeca de la joven asombrada: un holograma.

– Agenda, reproductor MP´3, televisión por cable, rastreador satelital, comunicador – comenzó a explicar Giaccomo mientras mostraba las diferentes aplicaciones en el holograma como si fuera una pantalla táctil – aquí esta… un mensaje con un mapa con la ubicación exacta de tu alcoba… ahora, sólo tienes que seguir la flecha para encontrarla.

Concluyó Giaccomo soltando a Danny y corriendo hacia la salida más cercana, no sin antes concederle a ella otra sonrisa. Danny se le quedó mirando hasta salir, luego, con un leve sonrosado se fue a buscar su habitación… ¿Qué era esa extraña sensación?, se preguntaba.

En poco menos de diez minutos llegó a un ala del al estación por completo apartada del comedor y repleta de esas puertas automáticas con lo que parece ser una cerradura electrónica. Detalle que Danny notó por las muchas, demasiadas para alguien de su edad, películas de ciencia ficción que había visto. Cuando encontró su cuarto, el numero 502, se detuvo a ver la puerta pulcra, blanca y con su número como única característica. Con curiosidad colocó la palma extendida en una pantalla a la diestra de la puerta, ésta chillo y la puerta se abrió asustando a Danny quien quitó la mano.

– A mi también me asustó cuando me tocó entrar – dijo una jovencita no mayor a los quince acostada y mirando a un extraño traje, mitad parecido a una traje de buzo y a uno de astronauta. La joven deja a un lado el extraño traje y se levanta, de la parte baja de una litera, para extenderle la mano a Danny –. Mucho gusto, soy Elisa, ¿y tú?

Danny mira con detenimiento a la joven. Ella se bajita, no mucho pero ni poco, de cabello ondulado y castaño claro que le llega hasta el cuello y ojos expresivos y castaños. Elisa, le concedió a Elisa una sonrisa gentil y Danny se sintió verdaderamente en confianza.

– Soy Daniela, pero todo me dice Danny – contestó por fin –, parece que seremos compañeras de cuarto.

– Es parece, aquí entre nos – susurró Elisa guiñando el ojo, lo que hizo a Danny perfilar una leve pero divertida sonrisa –, me asustaría tener que dormir sola en este enorme lugar… vi a un monstruo peludo viniendo para acá… se parecia a pie grande.

– Eso no es nada, yo me encontré con R2D2 hace un par de días.

Y ambas, sin razón aparente empezaron a reírse, como si se conocieran de toda la vida.  Mientras Danny se limpiaba las lágrimas de los ojos Elisa le lanzó uno de esos feos uniformes, que le cayó a Danny tapándole la cara.

– ¿Y esto? – preguntó Danny sin quitarse de encima el trajo. Le causaba demasiada gracia para hacerlo.

– Tienes que ponértelo, yo también tengo uno, mira – dijo Elisa. Danny se quito el traje de una sola pieza de la cara para mirar a su compañera de cuarto. Al fondo esta un baño con puerta, donde Elisa de fue a cambiar saliendo radiante con el traje azul y negro puesto. Le cubría los brazos hasta la muñeca y las piernas hasta los tobillos, ceñido al cuerpo con lo que se mostraban a la perfección su cuerpo juvenil, esbelto y curvilíneo –. Es cómodo… es como si no llevará nada puesto.

– Ya me di cuenta – comentó Danny – ni creas que me voy a poner esto.

– Tienes que – contestó Elisa –, la guía nos dijo que estos trajes evitaban los estragos de la poca gravedad y de morir por los estragos del espacio… como que te explote la cabeza o algo parecido – agregó la joven.

– Bien, pero no digas nada…

Tras un par de minutos en el baño con la puerta cerrada, claro esta, Danny salió roja como un tomate y con el uniforme puesto. Elisa la miró de pies a cabeza y francamente no vio razones para que estuviera avergonzada.

– También necesitaras uno de estos. – agregó la joven riendo por la cara de pena de Danny. Le lanzó un casco en nada parecido a cualquier otro que Danny hubiera visto y que cubriría todo el rostro de quien lo llevará puesto – si no quieres pasar tanto bochorno yo me lo pondría.

Sin pensarlo dos veces Danny se puso el casco y se sintió un poco más segura aunque un poco ridícula, pero las risas incontenibles de Elisa le hicieron sentir algo mejor.

Cuando salieron, ambas con los uniformes puestos, Elisa brincaba de un lado a otro y probando la movilidad con el traje puesto mientras lleva el casco en la mano. Mientras Danny camina con la cabeza gacha, con las mejillas rojas debajo del casco. En pocos minutos llegaron a una estancia donde los demás muchachos también esperaban, todos con el mismo uniforme puesto. La mayoría parecía algo incomoda con los uniformes mientras que otros veían entre risas como aquel joven que Danny vio en la capsula baila y se retuerce, payaseando con su nuevo traje.

“Puede que no sea muy brillante, pero debes admitir que le queda muy bien el traje”, comentó Atzuya. Y Danny no pudo dejar de darle la razón, sólo por esta vez.

– ¿Qué crees que nos toque hacer ahora? – preguntó Elisa regresando a la realidad a Danny.

– No tengo la menor idea… – respondió esta, sorprendiéndose de lo rara que suena su voz con el casco puesto. Casi parece la voz de Robocop.

A los pocos segundos llegó la misma oficial que les dio el paseo por la base.

– Ahora se llevará a cabo la segunda prueba para seleccionar a los miembros del Proyecto Nashira – comentó la mujer con un tono seco y que captó de inmediato la atención de los muchachos de la sala –. Ahora sus relojes les indicaran una de las tres puertas a mi espalda, vayan a esa puerta para que se lleve a cabo la segunda prueba. Es todo.

Cuando hubo terminado de hablar tres enormes portales se abrieron dejando entrar en la habitación un fulgor blanquecino y cegador. Los relojes, como el de Danny, titilaron al mismo instante, y tal como le dijo la mujer, les indicaron cual puerta tomar.

– Me tocó la puerta número… 3, supongo que es mi número de la suerte – comentó Elisa antes de desearle suerte a Danny y partir por caminos separados.

– Me dieron una paliza… – dijo Danny, completamente agotada y desparramada en la cama de su cuarto mientras Elisa la miradaza medio divertida y medio preocupada – nadie me dijo que tendría que pelear en una arena con poca gravedad como segunda prueba…

– Creo que exageras, fue divertido – dijo Elisa minimizando las palabras de Danny que oculta el rostro contra su almohada. Lo peor es que no exagera… de estar entre los primeros en la tabla ahora quedaba en el puesto 40 ó 50, casi entre los últimos. Aunque se avergonzaba por el bochorno que tuvo que pasar en la arena lo que en realidad le preocupaba era la posibilidad de estar a punto de ser expulsada del programa. No sabía como reaccionaria si no pudiera quedarse en este lugar… ¿Y si su aventura terminara antes de comenzar?

– Vamos, alégrate ahora viene la tercera prueba, con eso creo que puedes remontar el puntaje… no creo que te eliminen.

Luego de un rápido almuerzo llamaron aspirantes a uno de los hangares de la base. Donde les esperaban cientos de…

– ¿No son bellísimas? – preguntó de pronto Elisa de lo más candida. Llegó hasta una de las maquinas que un mecánico estaba preparando – ¿Cómo se llaman?

– Son turbo deslizadores… la cosa más rápida que se puede conseguir sin que sea ilegal y peligroso – comentó el mecánico, quien se mantenía oculto bajo la enorme maquina, que atrajo por completo la atención de Danny.

Es lo que parece ser una motocicleta unida a dos enormes turbinas cilíndricas. Tendrían que estar locos para intentar manejar una cosa como esa. El mecánico, con el mismo tipo de mameluco que Giaccomo salió de debajo de la nave y Elisa pego un grito que le taladró los oídos a Danny.

– ¡Eres pie grande! – gritó Elisa apuntando el dedo tembloroso al hombre que no es hombre. Danny no sabía si gritar o reírse. La cara del mecánico se veía molesta, seguro no era la primera vez que le pasaba esto, y su cara por completo llena de bello café le daba una apariencia de uno de esos monstruos de la Guerra de las Galaxias.

– No soy pie grande, soy lo que ustedes conocen como un alienígena… aunque ustedes también lo son para mí, mi nombre es Vulcan. – dijo con una voz calmada y paciente, mucho más de lo que se merecían, pensó Danny.

– Lo siento señor… le pido que me perdone – dijo luego de un corto silencio Elisa muy apenada, lo que se notaba por sus mejillas sonrosadas. Vulcan lanzó una carcajada poderosa y que no parecía en nada humana.

– No hay problema jovencita – agregó el Alien estrujando con fuerza a Elisa y luego parando donde estaba – aquí entre nos todos en esta nave me han confundido con un bicho diferente, cada semana… y luego de diez años aquí ya me resbala… si quieren pueden llamarme…

– ¡HEY!, ¡Pulgoso! – gritó de pronto un muchacho del otro lado del puerto. Fue corriendo hacia ellos, era Giaccomo – la carrera esta por comenzar. Ustedes dos busquen sus deslizadores, tienen cinco minutos. – agregó fijándose más de la cuenta en Danny, de no ser por el casco todos se hubieran dado cuenta como se sonrojaba.

En poco tiempo los participantes en la carrera se subieron, cada uno, en una de esas extrañas motos frente a una enorme puerta de metal. Danny estaba asustada, cómo no estarlo, pero se mantenía firme en el volante. Esperando, esperando a que comience la carrera. Una enorme pantalla apareció de la nada con la imagen de la oficial que antes vieron.

– Las reglas de la carrera son simples: el primero en llegar gana la carrera, las maquinas sólo pueden cruzar por los caminos delimitados, por lo que nadie podrá buscar atajos ni ventajas injustas… y los últimos diez en cruzar la meta serán eliminados del programa.

Y tras hablar la mujer desapareció dejando a su paso un enorme semáforo en rojo. Danny sintió como un puño en la boca del estomago, era todo o nada, y sus manos vacilaron en los controles. La luz pasó a amarillo y mil y un motores se encendieron y rugieron en una sinfonía del caos. Si no conseguía una buena posición la expulsarían y…

“No podemos perder”, gritó Atzuya y Danny por primera vez la escuchó. Cerró el puño en el volante.

La puerta frente a ellos se abría y deja entre ver la plateada superficie desierta de la luna surcada por senderos de metal brillante, ese sería el camino a seguir. Danny experimento una extraña sensación desde la punta de los pies hasta su último cabello. Era un leve hormigueo que le gritaba acelerar. Lo hizo.

La luz pasó a rojo y las decenas de motos se proyectaron hacia delante, disparadas a toda velocidad. Y en medio de ellos estaba Danny.

La carrera ha comenzado.

Notas: le prometí este capi a mi queridísima colaboradora y amiga para el domingo pasado, pero eventos fuera de mi alcance me impidieron terminar a tiempo.

Por cierto… esté es oficialmente el capi más largo que he escrito para Arwen en lo que va de fecha…

Por lo pronto les digo que me imagino los uniformes que tuvieron que usa como los que aparecen en Evangelion. Se me cuidan y que lo disfruten.

 

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