Crónica de mi Primera Pelea

Posted on 15 junio, 2010

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La mañana de aquel día – no diré fatídico, pues no fue para tanto. Mas si fue un mal día –, la última cosa en que pensé fue el resultado final, pero que se puede esperar de alguien de diez años para entonces.

Sin miedo a ser por completo sincero con quien sea que tenga la dicha, aunque para ser más realista debería decir desgracia de leer esta crónica un tanto improvisada debo agregar que no recuerdo la totalidad de los hechos de ese día supongo, o adivino, que de mayo o abril… aunque no creo que venga al caso, ni al desenvolvimiento de los actos que hoy recupero de lo más profundo de mi memoria.

Como todas las mañanas me desperté a eso de las seis, moribundo de sueño, la rutina, en mi defensa tengo que decir que era un niño. Siguiendo con el relato de mis actos…

Luego de vestirme, el típico uniforme de primaria, y tomar mi acostumbrado desayuno con cereal y leche me toco la rutina de esperar a mi transporte. Cuando este hubo llegado me senté en la  vieja camioneta cuyo modela nunca me detuve a averiguar y charle con viejos amigos de la infancia, de rostros de los que apenas recuerdo un esbozo y nombres que hace mucho he olvidado. Tras recoger a otros niños que, como yo, estudiaban en la Unidad Educativa Ciudad Casarapa en ese entonces llegamos a la escuelita… ¿Qué habrá sido de ellos?, creo que esta es la primera vez que me lo pregunto.

Muy pocas veces recuerdo que hayan suspendido las clases. Tan tercos eran a la hora de dar días libres que recuerdo claramente como un día no pudimos ver clases y hasta se tuvo que llamar a los bomberos por una colmena de abejas o avispas, no sabría decir que eran en realidad, sólo sé que eran negras grandes y fastidiosas. Pero aún así, con los bomberos en el patio y los bichos rondando hasta en mis favoritas donas de arequipe la directora no quiso llamar a nuestros padres.

El día que nos preocupa, un año o varios meses antes, es el de mi primera pelea. Recuerdo que fue un día cualquiera. Pequeñas almohadas de algodón deshilachado como nubes en un azul manto celeste y con el sol brillante como sólo lo hace en el Caribe.

Como era de costumbre, en esa época estaba terminando el lapso, tuvimos mucho tiempo libre… tiempo que, como buenos niños, supimos desperdiciar en cierto juego de cartas japonesas que prefiero no mencionar. No por no acordarme de ese motor de tantas horas de diversión, sino para evitar sonar, digamos algo tonto. Y fue precisamente eso lo que inició todo. No puedo dejar de sorprenderme como un objeto que se supone es para divertir a la juventud sea capaz de provocar tantas rencillas entre los que se suponen los seres más humildes e inocentes de Dios: los niños.

Para que mi lector tenga un mejor entendimiento de lo que vino después, puesto que todo esto lo tengo grabado en mi memoria, deben saber que la historia comienza una semana antes. Ahorrando mis pocos churupitos le pedí el favor a un amigo que me comparara cinco mil bolívares de los viejos en el juego de cartas al que mencione con anterioridad. Cantidad, que para ese entonces y muy en especial para un niño, era mucho real.

Mientras jugábamos una partida un niñito, que para peor estaba en el mismo transporte que yo, y utilizando la típica malicia de la niñez fue en búsqueda de armar pleito. Como era de esperar me levanté a buscar lo mío, pues ese ridículo me arrebato un puñado de mis cartas.

Lo que luego pasó no lo puedo recordar con exactitud, supongo que la exaltación  no me permitió enterarme de lo que pasó, además que fue hace ya mucho tiempo, pero de alguna manera logre rodear su cuello con el brazo y mientras apretaba le di un par de golde en la oreja… suena tan torpe al contarlo, estando escrito suena tan absurdo.

Así nos quedamos varios segundos hasta que la profesora y un amigo nos separaron. El resto del día cargue la rabia hasta como a las once, la hora de salida. Tuvimos otro pequeño altercado al llegar hacia donde estaba esperando el transporte, pero a al día siguiente – una de las cualidades más cautivantes y curiosas de los niños –, nos volvimos a tratar de amigos, como si nada hubiera pasado.

Algo me dice que hay mucho más sobre ese fortuito evento que contar, pero la verdad no encuentro qué, por lo que me despido a sabiendas de que no tengo nada más sobre lo que hablar sobre mi primera pelea.

Notas:

Esta es una tarea que me mandaron para mi clase de Informativo I y no pude dejar de publicarlo… ¿Qué nota le darian?

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Posted in: Divagaciones