Capítulo XXXIX: La Habitación de los Espejos

Posted on 2 junio, 2010

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“Las noches pasan como si fueran segundos ante mis ojos… el tiempo es algo efímero y sin ningún valor para mí. Nada puede matarme y nadie puede escapar  de mi voluntad. Algunas veces pienso si en verdad lo que soy, esta cosa enla que he sido convertido, es de una bendición o un castigo y si es por parte del Diablo o de Dios.”

“No sé quién soy, qué soy, o a donde voy… solo soy un diminuto grano de arena arrastrado por la voluntad del seco viento del desierto de la existencia inmortal.

No recuerdo nada de mi vida pasada, es como si hubiera nacido siendo este monstruo que soy ahora. Como si, con esa horrible maldición que me pesa, aquella gitana me hubiera dado a luz en este mundo de muerte y barbarie… ¿Cuánto tiempo he sido un monstruo?, ¿Cuántas personas he arrancado de la luz de la vida para hundirlos en el abismo de los tormentos?, ¿Alguna vez fui otra cosa que un acolito de Satanás?, dispuesto a matar, beber y destruir el alma misma de los puros y pecadores por igual.

Tengo que descubrir la verdad, debo saberlo. Averiguare quien me ha hecho esto y prometo que será la última víctima que sucumbirá a estas manos de monstruo, etas manos de espectro.

Deambulé así por toda la Europa civilizada aprendiendo, buscando, indagando y encontrando más sobre mi raza y muchos otros como yo… ¡oh!, cuantos pobres y muertos corazones han caído bajo el hechizo del no-muerto. Lo que vi, cada vez que me encontré de otro consorte del Diablo, apenas si lo puedo describir y solo lo confieso para poder al fin deslindarme de este horror que me oprime el pecho.

He conocido historias de bestias de la noche que irrumpen en los senos, desprotegidos de la gracia de Dios, para saciarse de los niños, descuartizar con grotesco placer a los hombre y, luego de abusar a voluntad con la pobres doncellas atrapadas por la telaraña de ilusiones, son desangradas lenta y dolorosamente… siempre dándole, antes de que la vida se le termine de escapar de las manos, de ser convertida en el mismo ser tenebroso que le arrancó, no solo la vida, sino también las razones por las que vivir. Algunas aceptan, pero démosles gracias al Señor que la mayoría decide la morir antes de ser convertidas en una criatura tan terrible y sacrílega.

Las noches pasan como si fueran segundos ante mis ojos… el tiempo es algo efímero y sin ningún valor para mí. Nada puede matarme y nadie puede escapar  de mi voluntad. Algunas veces pienso si en verdad lo que soy, esta cosa en la que he sido convertido, es una bendición o un castigo y si es por parte del Diablo o de Dios.

Puede que suene una respuesta simple, pero las cosas nunca son tan simples. Si es un castigo de Dios ¿Por qué me castiga a mí?, si es una bendición del Diablo, ¿acaso fui una persona tan ruin en mi vida anterior como para recibir tal premio del señor de abismo?… lo mismo ocurre si Dios es mi mecenas y el Diablo me ha hecho su penitente… ¿Quién es de verdad Dios y quién es de verdad el Diablo?, el bien y el mal, qué son en realidad. Cómo poder discernir entre una y la otra, en qué se diferencia… cuando uno deja de ser villano para convertirse en héroe.

¿Acaso realizar una sola buena acción te hace un héroe?, o es que sólo se necesita cometer un trasgresión para ser un villano… cuál, cuál, ¿Cuál es la verdad? ”

– ¿Isabel, estas allí? – pregunta la voz de William desde el otro lado de la puerta de la habitación de ella, quien apresuradamente cierra el diario de Altaír y lo esconde debajo del colchón rociado con unas gotas de perfume de flor silvestre, por si a cierto vampiro le da curiosidad y empieza a husmear donde no debe – ya es hora de nuestra clase.

– De acuerdo, solo dame un segundo – contesta ella bajando de su enorme y cómoda cama. Al tener tantos cuartos hermosos le fue muy difícil a ella elegir en cual se quedaría, pero al final se decidió por uno que da hacia el bello lago y bosque que lindan con la mansión.

Se pone unos zapatos deportivos y ropa como para correr una maratón, se arregla lo más rápido que puede su rebelde cabello en una práctica cola de caballo, siempre con el amuleto de grifo en el cuello, y, antes de salir, toma el sable que le dio Aramis.

– Ya estoy lista. – asevera ella al abrir la puerta y ver a William, con los ojos cerrados y con la espalda apoyada en la pared.

– Menos mal – agrega el vampiro irguiéndose y mirando con sus ojos carmesí a la joven – si te tardas más envejecería esperándote… y eso que siendo vampiro no puede envejecer.

– Como digas – soltó Isabel sonando con que ya había escuchado eso y que le aburría, razón la cual William dibujo media sonrisa en la comisura de sus labios.

Ambos se encaminaron en un silencio de todo menos incomodo hacia una de las muchas salas de la casa que alguna vez fue de Gabriel, pero a diferencia de las otras esta está por completo despejada.

– Recuerda, sólo hay tres formas de matar a un vampiro – dice William esquivando con ridícula facilidad los ataques que Isabel, ella utiliza el sable para intentar herir a William, pero es por completo inútil, él le lleva de ventaja dos movimientos y puede leerla como si fuera un libro abierto y escrito con letras resplandecientes – la primera es atravesar nuestro corazón con cualquier cosa, pero de preferencia una estaca de madera.

– ¿Por qué? – pregunta Isabel, entrecortada por su respiración cansada. Apenas puede mantener el ritmo.

– Porque es un clásico – contesta William en tono de aclarar lo obvio – nada mejor que la antigua y practica estaca de madera, tu cruz y tu frasco de agua bendita… nada más necesitas eso para ser un Van Helsing.

– Tengo que recordar eso – dice Isabel lanzando un tajo que pudo jurar que esta vez y le daría a William, pero no solo que no es así, sino que ni siquiera se le acerca, él es demasiado veloz para ella. Pero de pronto, en un instante de inspiración tiene una idea – ya sé la primera forma de matarte, si es que te logro siquiera alcanzar, ¿Cuál es la segunda?

– Gracias por hacerme recuperar el hilo de lo que decía – agradece William deteniéndose en un punto fijo y a su vez esquivando todas las arremetidas de Isabel sin el menor de los problemas, ya cruzando la línea del fanfarroneo – la segunda manera es cortándome la cabeza, en un sentido por completo literal y hasta que se me desprenda del resto del cuerpo… esa es la forma más fácil si me lo preguntas…

– Bien, ahora te tengo – agrega la joven llevando su sable en una limpia estocada al vientre de William. Pero este solo se echa a un lado y vuelve a encararla sin chistar.

– Tendrás que hacer mucho más que eso si quieres sobrevivir – suelta William evitando ataque tras a taque de Isabel que empieza a frustrarse – ya te hubiera podido haber matado tantas veces que… el punto es que se te arrumaría toda la tarde.

– Entendido, qué tal con esto – e Isabel propina una serie de golpes que hacen por primera vez retroceder al vampiro que termina chocando la espalda contra la pared – ha puesto a que no te esperabas eso. – agrega sintiendo que por fin tiene acorralado a William.

– La verdad que no, pero tú tampoco te esperabas esto – y sin más el vampiro salta y vuela por encima de la joven que sonríe, al fin lo tiene. Con un movimiento veloz junta las manos, se agacha y las coloca en el suelo.

De inmediato el collar comienza a brillar y del techo aparecen pesadas cadenas que aprisionan a William en el aire. Cosa que le trajo my malos recuerdos a William, pero que, al ver la cara de Isabel se esfumaron.

– Al parecer hiciste tú tarea…

– Ahora vamos a comprobar si la forma numero uno para matar vampiros funciona – dice de forma muy lenta y misteriosa Isabel al incorporarse y apuntar la punta de su sable al desprotegido pecho del vampiro.

– Me encantaría complacer tus caprichos pero necesito estar no vivo para ser un… lo qué sea que sea yo – dice de pronto William apareciendo al lado de Isabel. Con un movimiento sutil pero firme le arrebata el sable  y la derriba sin causarle el menor daño… excepto a su orgullo –, pero como premio de consuelo te diré una tercera forma de matarme… aunque no creo que sea muy útil en mi caso.

– Muero de ganas por saber – susurra Isabel extendiendo la mano.

William le ayuda a levantarse.

– En realidad es la más evidente de todas para serte franco – confiesa William regresándole a Isabel el sable, esté, al ser de plata le empezaba a quemar – es el sol: todo vampiro muere en el sol… menos yo, cosa de la que me disculpe… por mentirte, no porque no me mate el sol… pero tampoco sabemos porque ocurre, así que lo dejaremos en un quién sabe.

– ¿Qué tal si sabes y no me quieres decir?

– ¿Qué tal si no sé y te digo la verdad?

Y así continuaron en ese inofensivo coqueteo por varios minutos. Ha pasado casi un mes desde que llegaron a la casa y el mismo tiempo desde que vieron aquella bella y perfecta luna, y desde entonces no han tocado más el tema. Quizás por vergüenza o porque simplemente es una experiencia nueva para ambos. Luego de practicar un par de veces más se fueron, la pobre Isabel apenas podía mantenerse sobre su propio peso.

– ¿Cómo hiciste eso? – pregunta William mientras caminan por el corredor decorado de forma inmejorable –, ya sabes lo de las cadenas y todo eso.

– Es que me leí de cabo a rabo un libro que me regalo Edward, hay aprendí todo lo necesario para poder hacer lo que llaman magia. Se llama: Introducción a las Artes Arcanas.

– Suena muy interesante… creo que te lo pediré prestado uno de estos días – comenta William mirando al frente – así podre darle una cucharada de su propia medicina a ese maldito enano…

– ¿Qué?

– Nada…

– De todas formas de nada te serviría el libro – agrega Isabel mirando el perfil de William – se supone que los vampiros no pueden hacer ningún tipo de magia… en lugar de eso tiene algo llamado “Nexo de Muerte”.

– No llevas ni medio año en el negocio y ya te crees capaz de darme lecciones, niña – contesta William parándose en seco y mirando de forma desafiante y a la vez divertida a la joven, que hace lo propio – haber, ¿Qué es ese nexo del que hablas?

– El acto del vampirismo no es solo beber sangre – comienza su explicación Isabel – es también tomar una pequeña parte del alma del que se alimenta el vampiro.

– ¿Cómo? – pregunta William sombríamente, pero Isabel estaba tan ensimismada en lo que decía que no se dio cuenta de eso.

-El vampiro, al no poseer un alma propia, y ser básicamente lo que nos mantiene en este plano – continua Isabel como si nada – debe tomarla de sus víctimas. No por algo todas las culturas antiguas consideraron la sangre la fuerza vital y la esencia de las personas. La sangre es el alma. Al beber sangre, lo que hace el vampiro es tomar un fragmento pequeño del alma de su víctima y la almacena en su interior, esa es la verdadera fuente de energía del vampiro.

>> Por eso los vampiros obtienen nuevas habilidades con el paso del tiempo. Porque contiene más fragmentos de almas y eso les ayuda a hacer una especie de aura negativa… un nexo de muerte. No es como la magia real, pero te da habilidades como tu fuerza, velocidad, la capacidad de transformarte en niebla y esos súper sentidos que tienes; eso es también lo que te mantiene vivo e inmortal, todo es por la sangre… ¡William!

El vampiro se deja caer de rodillas y manos, su cabello siempre peinado hacia atrás le oculta el rostro. Sus brazos y dedos tiemblan como si fueran de gelatina. Isabel se lleva las manos a la boca de horror y mira impotente como William hace espantoso sonidos guturales, como si estuviera vomitando, pero lo único que salió de su boca fue ese triste lamento y  un delgado hilo de saliva, nada más.

– ¿William, estas bien?

– Si… mejor que nunca. Creo que me hizo daño la comida…

– No digas incoherencias, tú no comes…

– Y menos mal – agrega William levantándose con la ayuda de Isabel, sus piernas, las de William, todavía tiemblan –, porque no creo que seas lo que se diga un chef.

– Por favor William, tenemos que ponerte en una cama, por aquí –  insiste Isabel abriendo una puerta por la que nunca antes había pasado.

Llegan a una habitación particularmente amplia y decorada. Pero todos los muebles están cubiertos por un manto blanco, como todo el resto de la mansión antes de que ambos, William e Isabel, la acondicionaran para se habitable, las ventanas están obstruidas por unas pesadas cortinas. La joven lleva al vampiro a la cama, toda tallada en madera perfectamente barnizada, pero por la poca luz y la preocupación apenas se da cuenta de la magnificencia de no solo la cama, sino del lugar en su conjunto.

– Déjame traerte un vaso de agua – dice Isabel, acalorada.

– Sabes que yo no bebo ni como nada aparte de sangre – le responde William recuperando de a poco la compostura.

– Entonces… – pensó en voz alta y mirando su muñeca, el ya no necesitaba en llevar vendaje, la herida que ella misma se hizo ya había sanado y solo quedaba un, algo chueca pero fina cicatriz.

– ¡Ni lo pienses! – declaró William poniendo su mano en la muñeca de la joven – ya casi te mate una vez y no pienso volver a hacerlo, además, estoy bien, solo pedí las fuerzas por unos instantes, ¿en ese libro no hay algo como anemia para vampiros? – pregunta, a lo que Isabel responde negando con la cabeza – entonces se cae mi teoría – intenta bromear para tapar un sentimiento de asco y repugnancia hacia sí que le crece en el pecho, pero que por nada del mundo quiere compartir con Isabel.

– ¿Estas seguro que estas bien? – le cuestiona Isabel, serenándose.

Sin que saliera palabra alguna de sus labios William se levanta, sus pies le sostienen sin problema.

– Creo que este es el cuarto de Gabriel – dice William en tono ahora más formal, el drama ya ha pasado.

– ¿Quieres decir que no estas seguro? – suelta Isabel extrañada.

– Algo así.

– ¿Acaso nunca antes viste esta habitación? – pregunta Isabel ahora confundida –, luego de vivir en esta casa por quién sabe cuanto tiempo.

– Por más vampiro que sea no voy a entrar en la habitación de otro hombre – se excusó William.

– ¿Qué es eso? – suelta de repente Isabel mirando a una puerta, dando a la cama y mirando tanto a William como a Isabel.

Ella camina, casi mecánicamente hacia la puerta y la abre…

– Esto es increíble – susurra la joven mirando la inmensa habitación que se abre ante ella al abrir la puerta – una sala de espejos.

Y en efecto. Una enorme habitación recubierta por lustrosos espejos, el sol se filtra por las ventanas abiertas en doradas cortinas de luz que se refleja creando una atmosfera impactante e hipnótica, una belleza en todos los sentidos. Isabel entra sin mayor ceremonia en la sala y se deja atrapar por la delicada y cálida luz ámbar que baña todo su cuerpo, su imagen se ve reflejada en todas direcciones y de todos ángulos.

– ¿Qué pasa William? – pregunta musitando Isabel al ver que William se ve indeciso al entrar en el cuarto, solo está parado en el marco de la puerta y con una mirada temerosa.

– No puedo reflejarme en los espejos – contesta William – y aunque pudiera hacerlo sería una persona muy diferente a la que recuerdo la que vería reflejada.

Isabel se queda en silencio por un instante, luego camina hacia donde esta William y, tomando sus manos, lo lleva con calma y despacio hacia  el interior de la habitación. La luz toca con su infinita tibieza el frío rostro de William provocando que sus ojos vuelvan a ser negros, ya nada le hace ver como un vampiro.

– Ahora quiero que te conozcas de nuevo – agrega por fin Isabel haciendo que William, que parece tan rígido como una tabla se de media vuelta y encare a los espejos.

Allí esta, del otro lado del vidrio, un joven que no pasa de los veinte años, alto, de cabello negro azabache  algo despeinado y igualmente oscuros. Es él, es él William que recuerda alguna vez haber sido. Sin poder decir nada, la emoción no se lo permite, William camina hacia la pared de cristal, la toca con la punta de los dedos y por primera vez desde que se convirtió en uno de los hijos de la noche William se puede ver, tal cual es.

– Soy yo… es imposible – musita el vampiro mirando, analizando su reflejo, es tal cual recuerda – podrías…

– Claro – le contesta Isabel saliendo de la habitación, dejando solo consigo mismo a William.

El sol se escondió más allá de las copas de los árboles, las lechuzas y animales nocturnos regresaron a la vida y la oscura capa estrellada desterró al astro rey hasta el próximo día, todo eso pasó y William no abandonó la sala de los espejos.

Él esta sentado en el suelo, solo mirándose en uno de los muchos vidrios. Cuando el último rayo de sol moribundo se escapó de la habitación él, William, vio como sus ojos volvían a ser rojos y sangrientos… sus ojos otra vez son los de un vampiro.

Entonces una fuerza aparentemente invisible lo levantó del suelo y le aplastó la espalda contra una pared de espejos que se desintegraron al contacto.

– Espero que me hayas extrañado William – le dice una voz fría pero seductora.

Una mujer voluptuosa, pálida, de largo y rulado cabello rojizo, al igual que sus labios y ojos se apoya en el pecho de William que apenas puede moverse. Los colmillos de la vampira sobresalen en una sonrisa con una inocencia hipócrita. Él mira tras del hombro de la mujer y solo se ve a él reflejado, pegado a la pared como si fuera parte de ella.

¿Cómo es posible que si él se refleja, ella no lo haga?

– Tú sabes que si, Elizabeth.

NOTAS: Estoy en cierto sentido algo decepcionado… en cada capi doy pistas, indicios y temas de suma importancia y en efecto muy interesantes, ¿o no?, y me gustaría debatir un tanto más sobre eso…

La reacción de William creo que es más que razonable, ta de por si matar para vivir y vivir para matar es lo bastante malo, para también agregarle robar almas.

La explicación de Isabel de cómo obtiene los vampiros sus poderes lo invente yo… y creo que me quedo muy bien, por cierto, esta basada en un 100% en tradiciones y mitos antiguos que yo moldee en un chispazo de inspiración.

Pronto sabremos más de Elizabeth, creo que dentro de poco se hará uno de mis personajes favoritos… espero que también el suyo.

Y para que tenga un preámbulo de lo que vendrá en el siguiente capi les dejo el titulo, que puede cambiar, aunque es una posibilidad mínima… Capítulo XL: La Doncella Sangrienta

El pasaje de Altair lo puse para dar a entender un mensaje muy claro y consicco, que parece que a la mayoria se les ha olvidado: LOS VAMPIROS SON MONSTRUOS

Los veo en los comentarios…

Siguiente Capítulo

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