Capítulo XXXV: El Alquimista

Posted on 7 mayo, 2010

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Cuando seamos capases de manipular la creación, la vida misma, solo Dios y Satanás saben con exactitud lo qué puede pasar…

Luego de tantas cosas vividas, tras pelear contra lobos, descubrir la verdad tras la magia, iniciar el fin de una guerra milenaria y entender los secretos tras del alma y esencia de todas las cosas; al fin, sintiendo que ha pasado toda un eternidad desde aquella noche en que abandonaron Paris, tanto William como Isabel se sienten con nuevas esperanzas al cruzar el Canal de la Mancha: Tras vivir un verdadero infierno se encuentran por fin en la aparente seguridad de las Islas Británicas.

Llegar a Londres fue tarea fácil, solo esperar en la comodidad del vagón mientras que afuera había un sol radiante y un cielo azul veteado por las blancas y esponjosas nubes, es casi como si la misma madre naturaleza les diera la bienvenida a la joven y al vampiro. Estar en la que, hace poco menos de cien años, fue la capital del mundo y del imperio más extenso jamás visto es para Isabel una experiencia única. El lugar que vio nacer a algunas de las más grandes mentes de la humanidad, tales como Shakespeare o Darwin era el principal atractivo para ella. Mientras que William ocultaba toda su emoción mirando fijamente a la ventana, absorto en todo sentido.

Ella fue la primera en salir de tren al llegar a la estación. Todo cuanto veía se le hacia más increíble y maravilloso de lo que se lo imaginaba. Dio vueltas sobre sus talones, girando y mirando, dándose el tiempo suficiente como para escrutar con la mirada hasta el menor detalle de la esplendida arquitectura moderna combinada con la victoriana y se principios de siglo. A los pocos segundos se dio cuenta de la ausencia del vampiro. Se giro hacia el tren.

Lo encuentra apenas saliendo del tren parado en medio del amplio salón lleno de ajetreo, él lleva todo el equipaje de Isabel, solo un par de maletas y el bolso lleno de cosas extrañas y místicas que este le obsequio. El vampiro la estaba mirando de forma casi paternal, pero al ella notarlo cambio la expresión por completo. Respiró una bocanada de aire que luego exhaló con un extraño brillo en los ojos que a Isabel le dio mucho gusto en ver. Caminó hacia ella.

– ¿Feliz de estar de nuevo en casa? – pregunta Isabel sonriéndole abiertamente a William, sus ojos ya dejaron de ser rojo sangre, la luz del sol cumplía con su cometido. Ocultar la monstruosa verdad de William al precio de quitarle a la vez sus poderes oscuros.

– Más de lo que te puedas imaginar – responde este sonando optimista –, será mejor darnos prisa: Nos quedaremos hasta mañana por la tarde, hay que encontrar un hotel e ir a visitar a mí querido amigo Nick…

– Pero primero – le interrumpe Isabel tomando el brazo de William cariñosamente, cualquiera que los viera pasar diría que es una joven pareja vacacionando en Europa… nada más cerca de la realidad –, me llevarás al mejor lugar donde se pueda conseguir las famosos pescado y papas fritas, servidas sobre un periódico, eso si que es muy británico.

– Yo creo que no – contesta William,  salen de los andenes y llegan a la monumental sala de espera, el ajetreo y la multitud se mueven de un lado para otro, cada quien a su propio destino y sin percatarse de la presencia de William o Isabel. El sol entra por las muchas ventanas produciendo un efecto indescriptible, el día esta esplendido – el verte disfrutar de mi comida favorita mientras que yo no pueda hacerlo, a no ser que pescado sabor ceniza sea una nueva presentación… en todo caso seria como arrancarme una muela con una sierra eléctrica… pero, si quieres podemos ir a una casa de té, eso si es muy británico.

En menos de quince minutos dejaron su equipaje en un bonito hotel de fachada Victoriana, donde se quedaran a dormir en la noche. Luego de deambular por entre las ajetreadas calles de Londres encontraron un pequeño local en el que aun se puede sentir la paz del siglo pasado: Una elegantemente decorada casa de té.

– ¿Qué esperabas descubrir visitando a ese amigo tuyo, William? – pregunta Isabel luego de sentarse en una de las mesas del salón, cubierta por un delicado mantel blanco que a los pocos minutos estuvo llena de una hermosa bajilla, algunos pasteles y una tetera con dos tasas.

– No lo sé, por lo pronto saber como esta todo por aquí… algo me dice que nos han estado siguiendo – contesta William sonando tan serio que casi no parece al William que Isabel conoce.

– ¿Quieres decir que Blade…?

– No, esto es algo más… algo tenebroso – dice William por lo bajo – sea lo que sea se acerca y me hace estremecer… pero no es nada que no pueda resolver – agrega volviendo a ser como siempre –, ¿Qué ocurre?, bebe tu té, es de los mejores en todo el reino… eran una de mis adicciones cuando era humano, ahora solo me causan asco.

Isabel no tuvo que escuchar más para saber que William estaba mintiendo. De seguro el ya no poder comer ni beber nada más que sangre debe ser un gran peso para él, en especial tomando en cuenta de donde la consigue… ahora que lo piensa, esta es la primera que vez que Isabel medita acerca de lo que debe ser para William el ser un vampiro, ¿Cuánto tiene que soportar William en secreto?

– ¿Solo UNO de tus vicios? – pregunta Isabel, el tema de los sacrificios que ha hecho William por sus poderes y de la carga que pesa sobre sus hombros son temas de los que ella realmente no quiere ni pensar.

– Claro, las mujeres no eran un vicio, si no una necesidad… creo que no debí decir eso – agrega William poniendo la cara como la de un niño que acaba de romper la ventana del vecino – supongo que no te pondrás celosa, ¿o si?

– ¿Yo?, ¿celosa?, ¿Cómo es que se te puede ocurrir? – pregunta Isabel algo nerviosa y con las mejillas algo ruborizadas. Hace un ademan con la mano como diciendo que lo que le acaban de decir es de poca importancia para ella, mientras, William le veía con cierta sonrisa indescifrable que la hizo sentir un tanto más incomoda de lo que ya se sentía.

El resto de la tarde fue mucho más amena y casi  parecieron unas verdaderas vacaciones, unas muy merecidas vacaciones. Durante esas pocas horas donde no hubieron monstruos y criaturas asechando ni nada tenebroso en las sombras Isabel y William pasearon por los lugares más pintorescos y bellos de Londres: La rueda del Milenio, el Palacio de Buckingham y el Edificio del Congreso – el conocido Big Bam. Pero todo terminó cuando William los llevó a una solitaria calle en el centro de la ciudad, cerca de la famosa abadía de Westminster. Al parecer una especie de vieja biblioteca del siglo ante pasado.

William e Isabel llegan a una solitaria puerta cuya pintura verde original en su mayoría se ha caído, dejando solo la madera. El vampiro entra sin tocar seguido por Isabel que no puede evitar sentir cierto resquemor de todo el asunto, aun no se puede acostumbrar del todo con estos lugares tan siniestros.

Como si fuera una copia de la tienda de Aramis, Isabel entra en una oscura sala llena de estantes de madera en línea que terminan donde hay un mostrador desvencijado. Pero, a diferencia del negocio de antigüedades del difunto cazador los anaqueles en este lugar tienen otro tipo de artefactos e instrumentos, muchos de los cuales le causaron a Isabel una fuerte impresión.

En una esquina cientos de libros viejos y todos de tapa dura y de tamaños irrisorios. Un los estantes del medio envases de vidrio, botellas, frascos, probetas y cualquier otro tipo de objeto que encontrarías en un laboratorio de química, muchos de los cuales emiten un delicado humo que envicia la atmosfera del lugar. Y en el lado derecho de la larga habitación los anaqueles están repletos de todo tipo de sustancias; ya sean liquidas, en frascos, disueltas o espesas o en toda variedad de polvos de mil colores posibles y en enormes frascos, que de seguro aguantan varios kilos de cada cosa. Los diferentes compuestos e instrumentos de cobre, bronce y tantos otros metales crean un aura mística y esotérica en el lugar, mientras que la variedad de olores de toda clase, desde huevos podridos a oxido le provocan cierta molestia en la nariz que apenas le permite respirar.

William, que no parece perturbarse en lo más mínimo por este extraño lugar, camina por entre los estantes dirigiéndose directamente hacia el mostrador al fondo. Isabel lo sigue un par de pasos atrás, tomándose el tiempo de mirar aquí y allá, cada cosa que ve le causa una intriga mayor que la anterior.

¿Para qué serán todas estas cosas?, se pregunta al tiempo que William llega al mostrador en la que puede ver a alguien de reojo.

– ¿Pero miren quien tenemos aquí?, el famoso William Knight Valerius – dice un voz incrédula desde aquella repisa a la que la joven se acerca con cautela – déjame decirte una cosa amigo todos están hablando de ti en estos últimos meses y conociéndote como te conozco puedo decir que debo tomar como cierto lo que dicen.

– Por supuesto que sí, Nick – agrega el vampiro con algo de orgullo, Isabel decide mantenerse oculta del extraño hasta que William se lo pidiese – solo por curiosidad, ¿Qué están diciendo sobre mí?

– Que te dieron una paliza en Paris y que dos clanes de hombres lobo también te dejaron como una piltrafa humana… aunque en tu caso, es solo un decir – contesta la voz con un tono sarcástico que Isabel no pudo identificar si le causó gracia o no a William – pero, lo más interesante que he escuchado sobre tu persona es que lo único que te salvó fue cierta humana que viaja contigo… humana que por cierto debería ser más cortes, venir a saludar y< alejarse de esos frascos de nitrato… son muy inflamables.

Mirando con susto y sorpresa un enorme frasco de un metal plateado que flota en una especie de sustancia traslucida Isabel se deja ver, muerta de la vergüenza. Del otro lado del mostrador sale un hombre alto, cabello color arena y con ojos azul grisáceo tomando una copa que antes estaba sobre un extraño circulo dibujado en la madera.

– El es mi amigo Nick… – dice William poniendo el hombro sobre el muchacho, que, como si no se hubiera percatado de ello sigue caminando al encuentro con Isabel.

– Déjame presentarme – dice el hombre con un tono encantador que ha Isabel se le hizo algo trillado y meloso – Nicolas, a tus servicios – agrega tomando con sutileza la mano de la joven, se la acerca a los labios al tiempo que hace una reverencia y la besa.

La mente de Isabel no tardó ni dos segundos en atar cabos antes suelto y llegar en un aparentemente razonable deducción – tomando en cuenta que lo que es normal en el mundo de William sería completamente imposible e irracional en el suyo – de para qué son todos esos extraños objetos y quien o que es el hombre que la saluda con tanta caballerosidad.

– Yo te conozco – espeta Isabel suavemente, casi un susurro que Nick pudo apenas escuchar – eres Nicolas Flamel y este es el laboratorio de un Alquimista, ¿verdad?

El muchacho soltó la mano de Isabel con sumo cuidado y manteniendo una media sonrisa misteriosa.

– Veo que eres muy perceptiva, pero solo dijiste una verdad a medias – dice por fin Nick mirando directamente a los ojos de Isabel que hace lo propio.

– ¿A qué te refieres?

– A que, aunque esto si es la guarida de un Alquimista Nicolas Flamel lleva muerto más de 600 años de haber muerto – responde Nicolas extendiéndole el vaso a la joven que piensa un instante antes de tomarlo – mi nombre es Nicolas Elrik, un placer.

– … Isabel Mendoza, igualmente – susurra Isabel sin saber que decir o hacer – disculpa por haberte confundido con otra persona… es que…

– No tienes que decir nada, me alaga que me confundas con uno de los padres de la Alquimia moderna, aunque el único proyecto en el que falló es precisamente el que le da tanta trascendencia en estos días – dice Nick dándole la espalda a Isabel, camina hacia su lugar tras del mostrador. No sin antes sacar de una de las repisas un grueso libro cuya portada es la de un niño con una cicatriz en la frente mirando junto con un viejo de larga barba blanca a un caldero que los ilumina con una luz verdosa.

– ¿Y cuál vendría a ser ese proyecto? – pregunta la joven.

– La Piedra Filosofal o la Piedra del Sabio como le llamamos ahora para evitar los equívocos y malas interpretaciones – contesta Nicolas lanzando el libro hacia una esquina donde nadie más lo viera – y antes de que preguntes, la verdadera Piedra Filosofal es capaz de transmutar cualquier objeto no solo en oro, la verdadera piedra puede cambiar cualquier cosa que deseemos… incluso la muerte.

>> Maldita y afortunadamente ese tipo de alquimia es aun inalcanzable para nosotros.

– ¿Por qué maldita y afortunadamente? – pregunta Isabel, haciendo una de esas interrogantes que le causan miedo conocer la respuesta.

– Porque cuando seamos capases de manipular la creación, la vida misma, solo Dios y Satanás saben con exactitud lo qué puede pasar… pero llegan en un momento más que adecuado, estoy a punto de realizar un experimento algo divertido.

– ¿De qué se trata esta vez Nick? – pregunta William que hasta entonces se había mantenido en silencio.

– Nada del otro mundo, solo un repaso de tres simples pasos que cualquier novato podría realizar – explica entusiasmado Nicolas – PASO UNO: Mi querida asistente, en este caso Isabel, podrías beber un sorbo del vaso que acabo de darte – agrega mirando a la joven que le mira con desconfianza – descuida, es solo agua, compruébalo si quieres.

Aun con sus dudas la joven accede y toma y único trago. Solo agua.

– Excelente. PASO DOS: Mi querida asistente sería tan amable de darme el vaso.

Sin vacilar ella obedece. Nicolas toma el recipiente y lo coloca nuevamente sobre el círculo dibujado en el mostrador, luego el joven coloca las manos sobre dicho círculo que brilla por un instante antes de apagarse. El alquimista toma la copa otra vez y se la extiende a Isabel que si antes tenía sus dudas ahora está completamente segura que no va a siquiera tocar esa cosa.

– PASO TRES: El Gran Truco – agrega el joven antes de sacar una copa de cristal de debajo de la mesa y verter el contenido del vaso en esta. Un liquido carmesí lleno la copa hasta el borde y Nicolas lo bebió ante la mirada horrorizada de Isabel.

– Concha y Toro… cosecha del 99, fuerte pero sutil – sentencia Nick haciendo un burda imitación de un chef – ¿Quieres algo de vino Isabel?, te ofrecería Will pero sé que prefieres solo la sangría fresca – agrega sin hacerle la menor gracia al vampiro que en silencio observó este fenómeno que raya en un milagro.

– Imposible – espeta la joven tomando la copa y bebiendo por pura inercia… aunque no lo pueda creer lo que antes era agua ahora es vino – ¿Cómo?

– Se llama Transmutación, la base de la alquimia – explica orgullosamente Nicolas – usamos la energía del aura para intercambiar, transformar y cambiar las propiedades, tanto físicas como químicas, de cualquier objeto. Todo usando el Principio de Intercambio Equivalente.

– Asombroso… – susurra Isabel mirando la copa de vino sin casi prestar atención a lo que dijo Nick.

– Gracias por el truco de magia, me quedaría a ver sacar el conejo de tu sombrero pero no vinimos precisamente a ver el futuro Houdini – dice William haciéndole recordar repentinamente a Isabel el propósito de estar donde están – necesitamos tu ojo de mago loco para que nos digas la procedencia de cierto artículo, articulo que de seguro te parecerá interesante.

Sin más Isabel saca la carta de titulo EL PORTAL y se la entrega a Nick que la observa completamente extrañado.

– Solo te puedo decir que parece ser una simple carta de Tarot, una carta muy vieja – dice al cabo de unos minutos – aunque en todos los mazos de tarot los Arcanos terminan en el XXI… no te podría decir más.

– ¿Entonces este viaje fue para nada? – se pregunta Isabel desanimada. De verdad deseaba saber que era esa cosa.

– Omitiré el insulto a mi truco – dice Nick fingiendo estar molesto e indignado – pero si quieren saber más sobre esta cosa – agrega devolviéndole la carta a Isabel – pueden preguntárselo a mi tío Ed. Debe estar en la biblioteca, por esa puerta de allá llegan – apunta a una puerta del lado derecho de la sala que ambos habían pasado por desapercibidos – él es un verdadero Alquimista, mientras que yo solo un aprendiz.

– Gracias Nick, eres el mejor – dice William repentinamente animado.

– Espero que recuerdes eso a la hora de cobrarte este favor que me debes – dice Nick en respuesta.

– Muchas gracias Nicolas – espeta Isabel.

– Solo llámame Nick, todos lo hacen… y por cierto, pase lo que pase no hablen nada sobre su estatura… es un tema algo sensible.

– Lo haremos, gracias de nuevo Nick – repite Isabel encaminándose a la puerta que William justo está abriendo.

Notas: El tema de la alquimia, como otros que con el tiempo enumerare, es algo que los libros de Harry Potter deja inconcluso… por lo que yo decidí agregarlo casi de improviso.

En el siguiente capi ondeare más sobre este tema que se me hace en extremo interesante.

La imagen de arriba es de la estación en la que William e Isabel arribaron, llamada estación de St. Pancras. La frase es de mi única y completamente enajenada creación.

El nombre de Nicolas no lleva acentos de forma premeditada… ese nombre se pronuncia Nicolas no Nicolás

Concha y Toro es una de las marcas más prestigiosas de vino del mundo y el cual se cosecha en Chile.

Busque algo más de comedia en este capi y aunque creo que no lo logre a cabalidad si hice algunas frases que me parecieron algo graciosas… ¿lo hice o es solo percepción mía?

El libro al que se refiere Nicolas lo pueden ver en este enlace

Creo que eso es todo por ahora, nos vemos y los que estén en mi grupo de Face solo les pido una cosa… RECOMIENDEN EL GRUPO A TODOS SUS CONTACTO!!!!… gracias.

Siguiente Capítulo

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