Capítulo XXXIV: El Portal

Posted on 29 abril, 2010

11


“Este monstruoso mundo cuyo monstruo es el mismo…”

Es de noche en los campos de Francia.

La naturaleza se revela, lejos de los furtivos ojos de la gente. Todo es apacible en un pequeño riachuelo donde los indefensos animales beben bajo la protección de la luna. Una escena idílica sin lugar a dudas.

Y es evidente que tanta paz no duraría mucho.  El suelo tiembla en un disonante compás y lo conejos y gatos y zorros se ocultan. Un tren se desliza con fastuosa velocidad, el suelo esta rasgado con los rieles del progreso industrial, los mismos por los que pasa el vagón en el que Isabel y William aguardan hasta llegar a su próximo destino: Londres.

En horas de la tarde y mientras Isabel comía un misero almuerzo – lo único que venden en el tren – ambos contaron como y que hicieron desde el momento en que se separaron en Paris hasta este momento. El primero en hablar fue William, y no puedo decir que todo lo que dijo fue del todo cierto o si lo dijo todo. En primer lugar obvio la presencia de Alanegra en su relato como también el ataque de los licántropos, mismo que lo aprisionaron y casi muerte por la sed… en pocas palabras una agónico y casi falta viaje se transformo en el épico triunfo de un solo vampiro contra una jauría de licántropos rabiosos.

Luego le tocó a Isabel contar su pequeña gran aventura. Y como desde el principio se dio cuenta que William le ocultó algunos asuntos ella decido hace lo mismo… pero realmente estaba buscando una excusa para no contarle sobre las pesadillas que ha tenido, lo vivida que son le asustan lo suficiente como para no querer hablar al respecto. Por lo que también omitió contarle al vampiro su encuentro con Jane y Sophia… así que ella tampoco tuvo mucho que contar en realidad.

Ahora, Isabel, valiéndose de una pequeña luz amarilla sobre su cabeza registra su propio equipaje con algo de dificultad, mientras que William se encuentra recostado del otro lado del vagón dormido como una piedra y hablando dormido… algo que seria muy cómico para Isabel de no ser por lo que dice, cosas que será mejor no repetir para evitarnos todos un bochorno ajeno.

El punto es que mientras Isabel busca entre su equipaje se encuentra con su diario de anotaciones, el mismo usado y viejo cuaderno en el que escribió su primera novela. Pero cuando ve más de cerca el libro de tapa dura y adornada con piezas de metal en las esquinas de la portada blanquecina se da cuenta de algo.

– Este no es mi diario – dice ella entre susurros y para sí.

Picada por el pánico comienza a buscar frenéticamente por entre todas sus cosas hasta que por fin, luego de varios minutos de angustia y entre los muchos objetos raros que le dio William, ella encuentra su diario. Con un problema resuelto ahora viene una interrogante: ¿de quién o qué es este nuevo cuaderno?

– William, despierta – le musita tiernamente Isabel intentando despertar a un William que parece más un tronco caído que una persona.

– Si Vanesa, sabes que eso me va a gustar – dice babeando y sonando como una mezcla de retrasado mental con un simple idiota el vampiro, todavía dormido – si… transfórmate en un fiera…

Molesta y frustrada la joven se deja caer en su asiento y mira fijamente el cuaderno por varios minutos. Algo recelosa llega a la conclusión de que solo hay una forma de saber que y de quien es la propiedad del cuaderno: y esa es leyéndolo.

Con sumo cuidado abre la tapa del libro, con todo lo que le ha pasado no es mucha precaución el pensar que un libro desconocido pueda, de alguna retorcida manera que Isabel no quiso ni imaginar, tener una trampa para quien lo abra. Por suerte este no fue el caso, solo se encontró con que la primera pagina tenia únicamente la siguiente frase en el mero centro de la hoja algo amarillenta pero en perfecto estado.

LAS CONFESIONES

Intriga por este extraño comienzo para un texto no puede evitar pasar a la siguiente página. La siguiente hoja es todo lo contrario a la que la antecedió: esta por completo repleto de una compacta y elegante letra, para su propia sorpresa esta en español.

Así comienzan “Las Confesiones”.

Llámenme Altair…

… Soy Altair y para cualquiera que sea la persona que lea estas confesiones deben saber que ya habré muerto cuando abra por primera vez este libro y más importante aun será, que mi hijo estará un paso más cerca de cumplir con su destino, mismo destino que solo se le revelara en el momento en que este listo.

Creo conveniente, tanto para que entienda mi misión como la de mi hijo, iniciar este recuento de mi existencia desde el punto donde fui marcado por el signo de Caín por los últimos 900 años.

Mi segunda existencia abrió los ojos, a pesar de llevar más de dos siglos deambulando por la tierra, en una inmunda callejuela de la Florencia Renacentista. Era de noche y yo, con las ropas bañadas en sangre aun fresca me encontraba de rodillas, frente a una extraña mujer cuyo rimel negro se le escurría junto con las lágrimas. La imagen de esa mujer me asecha todas las noches sin luna, como el de aquella ocasión.

“¿Qué pasó?”, pregunté mirando mis manos temblorosas y ensangrentadas, el horror, oh el horror, el mismo horror petrificante que siento cada vez que recuerdo aquel evento.

“Ahora la monstruosidad de tus actos, antes y después de esta noche te perseguirán hasta el final de tus días o del tiempo mismo”, me contestó la mujer. Su espeso cabello era negro como la noche en la que me encontraba, su piel morena era perfectamente adornada por sus ojos verdes y radiantes, ojos que ahora destellan con una mezcla terrible de dolor, odio y la satisfacción que produce una venganza consumada. “te he castigado con lo único que es peor que la muerta para los de tu especie”.

Esas palabras me estremecieron, no lo puedo negar ni quiero hacerlo. Mis ojos lo pueden ver todo, a mis ojos no se le escapa nada y mi nariz cual sabueso detecta hasta la más sutil fragancia. Estos sentidos, nuevos y poderosos me confundían y asustaban, solo había una pregunta que quería hacerle a esa mujer… ahora, tanto tiempo después, hay cientos, quizás miles de interrogantes que hacerle pero nadie quien las conteste.

“¿Qué soy?”, pregunté. Ahora que lo pienso esa es una pregunta más que lógica… es decir esa es una de las necesidades fundamentales del hombre: el saber qué es, de dónde viene y cuál es su propósito.

“Eres un Nosferatu, un vampyr, una aberración a la naturaleza, un espectro que viaja entre las sombras más oscuras por toda la eternidad arrancándole la vida a los justos de corazón… ¡Como a mí hijo!”.

Fue en ese preciso momento que me di cuenta de toca cosa cuanto pasaba. Caí de espaldas al ver el cadáver blanco como las hojas del cuaderno en el que escribo, como un fantasma penitente, sin el menor rastro de vida. Era su sangre, lo que manchaba mis manos era su sangre, yo lo mate y esa mujer, esa bruja… esa gitana me había maldito, si es que eso se lo puede hacer a alguien que de antemano ya lo estaba… aun ahora, luego de 500 años esa noche fatídica me sigue regresando al mismo horror, miedo, confusión… y tantas otras emociones tan diferentes y mezcladas que exprimen mi corazón como la primera vez, exprimen mi corazón muerto.

Lo siguiente que recuerdo era el frío viento que acariciaba mi rostro sin que me produjera ninguna molestia. Estaba huyendo y de cierto modo lo sigo haciendo todavía, sin rumbo fijo. Solo quería escapar, desvanecerme, irme de este monstruoso mundo cuyo monstruo es el mismo; dejar de existir, lejos de este remordimiento, lejos de mis posibles víctimas, lejos de la realidad, lejos del ser extraño en que me había convertido y cuya sola presencia me envenena…

Y así fue como inicio mi viaje por el mundo que ya no era mi mundo y por la tierra que ya no me aceptaba… tengo la marca de Caín y esa es mi única verdad.

Creo que con esto sabes lo suficiente de mí por ahora. Con el transcurrir de las futuras páginas entenderás el por qué mi necesidad de escribirte… y aun más importante, sabrás sobre la misión que mi hijo tiene que cumplir para que la pequeña gran historia de todos los días no deje de escribirse en los libros que custodian los mismísimos ángeles…

Espero que estés lista para acompañarme…”águila que vuela, el hijo de nadie”.

Por un breve, brevísimo instante Isabel tuvo la extraña sensación que el libro se estuviera, pero descarto esa teoría por lo ilógico de la mima. Luego de releer la última línea de este primer, se podría decir, capítulo centra toda su atención a la frase con que Altair cierra su presentación: “águila que vuela, el hijo de nadie”.

¿Qué significara?, se pregunta ella mientras busca entre los muchos libros que ha tenido el placer y gusto de leer alguna expresión o pasaje que se le pareciera a la que acaba de leer, pero por más que lo intentase solo encuentra una respuesta: la nada.

Con la curiosidad a flor de piel Isabel no puede evitar la tentación de pasar a la siguiente página y se encuentra, haciendo las veces de marca pagina, una vieja carta con el dibujo de una puerta de metal entreabierta, rodeada por un marco blanco, con un numero 22 en la parte superior y en números romanos y con una inscripción en la base de la carta.

LE PORTAIL

Dice o es el nombre de la extraña carta. Isabel identifica el idioma con que esta escrita como francés. Por suerte la joven escritora y periodista habla con fluidez en Ingles, sabe algo de Francés y domina una que otra frase el Italiano, por lo que no le tomo ni mucho tiempo ni esfuerzo traducir esas únicas dos palabras.

EL PORTAL

La carta se llama “EL PORTAL”. Aunque suene ridículo hay algo en esa desvencijada y vieja carta de quien sabe cuántos años de antigüedad que la llama, la tienta, le grita de una forma sutil que la tome y eso es justamente lo que ella hace. Apenas la punta de sus dedos roza la carta una poderosa luz azulada la enceguece, cierra sus ojos pero la luz atraviesa sus parpados.

– ¡William! – grita desesperadamente y el vampiro reacciona de inmediato.

– ¿Qué cara…? – protesta William sorprendió y exaltado.

Tan pronto como llegó la luz se fue, y no se fue sola. Las lámparas se apagaron, el tren quedó a oscuras y por último este se detuvo del todo.  Tanto Isabel como William cayeron al suelo por el bamboleo del tren antes de pararse. William cayó de espaldas contra el suelo mientras que Isabel lo hizo de frente y sobre el frío pecho del vampiro. Quedando uno encima del otro y mirándose mutuamente los ojos, un instante que ninguno pudo calificar como intenso o vergonzoso… supongo que tiene un poco de ambos.

– Per…

– No digas nada – le cerro los labios con delicadeza el vampiro, le habla en susurro, como si cualquier ruido muy fuerte acabara con este fascinante suspiro que ambos comparten. William puede sentir la tibia y acelerada respiración de Isabel, un aura de querubines. Mientras que ella mira con fascinación esos ojos rojos que a primera vista su muestran fríos y amenazantes, como el dueño de los mismo, pero que en el fondo muestran un ser, una persona que es todo menos un vampiro.

Él, con un toque en extremo suave le retira del rostro un par de mechones de cabello a Isabel, ahora nada se interpone entre sus miradas. Luego los fríos y reconfortantes dedos de William acarician su tibia mejilla.

– ¿Están todos bien? – vocifera la alarmada voz de una mujer del otro lado de la puerta que separa el vagón en el que están con el resto del tren, en la cual hay una ventana por donde ellos pueden ver una mujer con uniforme azul marino, de seguro parte del personal del tren.

Ambos asienten mecánicamente mirando con ojos de adolescente atrapados haciendo lo que no debían.

– Bien… bueno… en pocos minutos arreglaremos este pequeño desperfecto… ustedes no se preocupen – y sin decir más se fue la mujer, notoriamente incomoda con todo la situación.

– No creas que no estoy disfrutando estar en esta posición contigo, porque lo estoy – dice William sonriendo –, pero no crees que sería mejor volver a nuestros asientos, no queremos que más señoronas se perturben, ¿o si?

Como si con sus palabras William hubiera accionado un interruptor en Isabel esta se puso roja como un tomate al instante, tanto por enojo como por vergüenza. Ella se levanta lo más rápido que puede y William. Con una sonrisa de satisfacción en el rostro, que casi deja al descubierto sus colmillos, espera que ella se siente para el levantarse del suelo. Por unos instantes Isabel no le da la cara al vampiro por la rabia hasta que él le pregunto ya más serio.

– ¿Qué pasó?

– No lo sé… solo – contesta Isabel pensativamente. Tantea todo el vagón con la mirada, en el suelo encuentra lo que estaba buscando, a centímetros de los pies de William, Isabel recoge la extraña carta a la espera de que otro evento insólito pasara al tocarla, pero no ocurrió nada –, solo tome esta carta, y ya.

– ¿Lo qué me intentas decir es que esta carta vieja fue la que descompuso el tren? – pregunta William sonando ridículamente escéptico.

– Si más o menos – responde Isabel con el ceño fruncido.

– Solo quería verificarlo – agrega William como si nada y suavizando la expresión – en todo caso es más lógico que todo lo que nos ha pasado en los últimos meses… ahora, la pregunta es, ¿de dónde sacaste esa carta?

– No lo sé… pudo venir de muchas partes – contesta la joven sin saber con exactitud por que no le habla a William sobre el Diario y de Altair. Una parte de ella quiere ser honesta con él, mientras que otra desea poder guardar el secreto, descubrir por si misma este misterio… además, aunque trate de ocultarlo, a William ya se le está empezando a hacer cuesta arriba toda esta aventura. Isabel lo puede ver es sus ojos, en su andar e incluso en como habla. Se fuerza hasta el límite.

– Pudo dármela Aramis por equivocación o a tú – responde por fin Isabel, ha decidido que por ahora Altair será única y exclusivamente su problema. Formula teorías que podrían ser no del todo falsas, una no se sabe – hasta has admitido que no sabes con exactitud lo que me diste en ese bolso. Una carta pasa fácilmente desapercibida entre una mano de oro mutante y un frasco con dedos de chimpancé.

– En eso tienes razón – dice William ya más relajado, se vuelve a sentar en su asiento – me convenciste con los dedos de chimpancé – agrega siguiéndole el juego a Isabel, quien esboza una débil sonrisa – por lo pronto sabemos que no es peligrosa.

>> Por suerte conozco a alguien, o más bien Gabriel me presentó a alguien que nos puede ayudar a descubrir con exactitud que es esta… carta embrujada. Se llama Nick y si no ha pasado nada siniestro en la isla debe de estar en Londres, ¿te parece bien?

Isabel se queda un instante en silencio. Mirando la carta fijamente y pensando en que poderes ocultos se esconden y qué papel tendrán en esta hora de oscuridad que se hace cada vez más profunda.

– Hagámoslo.

Notas: Estamos en el comienzo del final mis adorados lectores, a partir de este punto se puede decir que estamos en la recta final hacia la conclusión del primer libro de Crónicas Nocturnas… ahora faltan 16 capítulos por aparecer a la luz… las sombras se hacen cada vez más oscuras, pronto el legado y el portal se mostraran.

La frase que antecede al capítulo es de uno de los libros más geniales que hayan existido: 1984, de Geoge Orwell… el que no lea este libro es que no tiene futuro en muchas ramas de la vida.

Perdón por el atraso Arwen, cuando pueda publicare tu capi y para despedirme quiero decir que la imagen de hoy es del mal conocido Codigo del Diablo o Biblia de Satanas , para más informació consultar aquí.

Siguiente Capítulo

Anuncios