Capítulo XXXIII: Coincidencias

Posted on 23 abril, 2010

11


¿Eres consiente que deberías estar muerto? – pregunta una voz familiar en cierto sentido para William pero que a la vez no puede reconocer a ciencia cierta.

Lo único que ve, siente e incluso respira el vampiro es la más pesada y siniestra oscuridad, no puede ver, hablar o sentir nada en lo absoluto. Esta a la completa merced de los licántropos y de quien le habla, no parece querer hacerle daño… buenas noticias para variar.

Aquel fuego volcánico que antes le quemaba las entrañas ahora se ha apaciguado. Al saber esta realidad completamente contraria a la de hace lo que le parecen años atrás el cuerpo de William empieza a reaccionar.

La fría brisa de la noche, encerrada y que circula por entre los árboles acarician su piel desnuda que se eriza, puede escuchar el calmado baile de las copas de los árboles mecidos por la brisa. Esta es ahora su sinfonía favorita por encima de todos los otros cantos y melodías: el simple concierto que proporciona la naturaleza en todo su esplendor.

La sensación que ahora experimenta William es de redescubrir el mundo que lo rodea en su totalidad; es como si hubiera muerto, caído a lo más terrible y profundo del abismo eterno y regresado sin un rasguño. Es sobrecogedor, maravilloso, único… nunca antes en sus dos vidas se había sentido tan verdaderamente vivo.

Sus parpados son dos cortinas de hierro pero el vampiro tiene que ver con sus propios ojos este mundo que ahora se muestra con más color y matiz que nunca, aunque eso le cueste el tormento eterno.

Por fin consigue abrir los ojos… y lo que ve le parece tan maravilloso y trascendental para él que le parece increíble e irreal que tanta belleza se hallara tan a la vista, cubriendo algo que hasta hace pocas horas él daba por sentado. William, quien miles de veces ha visto y vivido bajo el cielo nocturno por primera vez en sus dos vidas lo esta observando.

En un infinito lienzo negro hay salpicados tantos puntos de luz plateada como arena en los mares, un cielo sin luna. Las estrellas, diamantes en el firmamento se despliegan en una sola franja de fragmentos de plata y marfil.

El vampiro esta tan absorto que no se percata que no esta del todo solo.

– Al parecer el trauma que has sufrido te ha hecho perder la capacidad del habla – dice la misma voz que lo despertó, mira para todos lados y se topa con dos brillantes y dorados ojos de ámbar, ojos que le pertenecen a una mujer.

– ¿Cómo… quien eres? – pregunta William sorprendido y muy confundido de encontrar un rostro tan gentil y amable por parte de una licántropo.

– Al parecer si puedes hablar… es una lastima – repone la joven fingiendo una cara de sorprendida, su voz es suave y calmada, casi apática. Sin vacilar ni un milímetro pone el dorso de su mano sobre la frente de William, quien por lo extraño y confuso que se le hace toda la situación no hace nada por evitarlo – frío, nada nuevo- agrega con un sutil sarcasmo.

Ahora la joven que no debe pasar de os veinte años coloca los dedos en la muñeca del vampiro, quien sigue todos sus actos con la mirada… cuando se enfoca en sus brazos se da cuenta que esta esposado de manos y al mirar más abajo descubre que también lo esta de pies.

– Sin pulso, poco original – sentencia la mujer sin mirar a los ojos a William que intenta descifrar su expresión.

– ¿Cómo…?

– Lo creas o no yo estudie medicina – interrumpe la licántropo. Para concluir con su rudimentario examen presiona la palma de la mano sobre el lado izquierdo el pecho de William que mira con una peculiar fascinación los delicados dedos de la muchacha – sin palpitaciones… sin contar por los ojos color sangre mi veredicto es que estas medicamente muerto… la única teoría verosímil es que eres un maldito y degenerado vampiro.

– Aunque te cueste creerlo, ya sabía todo eso… en especial lo de degenerado – contesta William mirando de pies a cabeza a la joven – no todos tenemos la suerte de tener unos preciosos ojos de oro.

– Los halagos no te ayudaran a salir con vida de esta, vampiro… si es que se puede decir que lo que tienes es vida – contesta la joven, con la expresión le dice a William “si te sobrepasas de la raya te ira muy mal”… y él no quiere saber cual es el limite.

– No pierdo nada con intentarlo, ¿o si? – comenta William con media sonrisa estampada en el rostro – ¿te puedo hacer una pregunta?

– Siempre y cuando no sea una estúpida broma de vampiros  un sinsentido.

– ¿Cómo es que yo…?

– Solo atrapamos a un desafortunado conejo y te lo servimos… podría decirse que en bandeja de plata – le interrumpe la joven.

– Bien, ¿Cómo es que supieron…?

– Hemos combatido más que lo suficiente contra los de tu especie como para saber cuando tienen los síntomas cuando están a punto de morir de sed – interrumpe otra vez la mujer-lobo.

– ¿Cuál es tu nombre? – pregunta William tan deprisa que no le da tiempo de interrumpirle.

– Vanesa.

– Bien, Vanesa, ¿podrías dejarme terminar lo que voy a decir?

– Claro, lo siento – responder sin ser del todo o nada sincera.

– Así esta mejor – agrega William algo más relajado – ¿Porqué me salvaron la vida?

Vanesa se queda en silencio, pensativamente se levanta por sobre la cabeza del vampiro que esta arrodillado en el frío suelo del bosque y por primera vez se digna a mirarle a los ojos.

– Eso deberías preguntárselo a Horacio.

Es en este preciso momento en que William se percata de la apariencia de Vanesa. Ella es alta, de corto cabello color chocolate, sus ojos ámbar característicos en todos los licántropos resalta más su piel clara y tersa, como hecha de seda y porcelana, haciendo juego perfecto con su nariz delicadamente perfilada. Debajo de de la piel de lobo que viste ella tiene un cuerpo voluptuoso y algo descubierto.

– De acuerdo, hablaré con él – dice William. Ya no siente ese odio intrínseco y tensión que existe entre sus especies, al menos para él ya no son vampiro y licántropo – ¿Dónde puedo encontrarlo?

– No tienes que hacer mucho, no tendrás que hacer nada, cuando tenga tiempo él vendrá a verte… tienen mucho que discutir – si bien por un lado las palabras de Vanesa le dan cierto seguridad, significa que no lo mataran por ahora… pero, ¿Qué querrá saber el líder de un clan licántropo? – por cierto hay guardias en todas direcciones… seria muy poco inteligente de tu parte intentar escapar.

– Descuida, no lo hare – responde William al comentario de la joven, mira analíticamente sus esposas y unidos por cadenas, las mismas que a su vez están unidas  a otras más grandes atadas a un enorme árbol.

Vanesa se va y deja al vampiro solo, a la distancia puede distinguir las siluetas ridículamente grandes de lobos rondando por doquier, patrullando, vigilándolo y preparados para arremeter contra él en un parpadeo y con violencia brutal.

Los segundos se hacen minutos, y los minutos horas. El amanecer se acerca y William en consciente de eso. Si él llega efectivamente a perder sus poderes estará por completo a la merced de Horacio y sus licántropos. Faltan solo dos horas para que el sol salga por el horizonte arrebatándole en el proceso su inmortalidad y fuerza sobrenatural al vampiro, es cuando por fin el líder del clan Whirlwind, Horacio Sforza.

William se levanta airadamente, sin miedo ni vacilación de ninguna especie, si bien puede estar atado y acorralado, pero un vampiro nunca esta derrotado.

– Vaya… luego de tremenda paliza que has recibido todavía puedes mantenerte en pie, me sorprende viniendo de un vampiro – dice con omnipotencia el líder licántropo – me parece que tienes muchas cosas que explicarme si quieres vivir, soy todo oídos.

– De acuerdo, la interrogante ahora sería, ¿por dónde empezar? – se cuestiona a sí mismo en voz alta William mientras juega con las cadenas, haciendo que traqueteen sin un ritmo marcado – nací en Londres… de ahí no recuerdo mucho, mi primer recuerdo consiente fue a los cinco años… vaya, si que quería un perrito.

– ¡No te hagas el gracioso conmigo, garrapata súper desarrollada! – reclama gritando Horacio, de dos largas zancadas llega a donde esta William y lo levanta del suelo con una sola mano y agarrándolo de las ropas. En vez de asustarse o molestarse William lo que hace es esbozar media sonrisa confiada, este licántropo es tan fácil de manipular cono la plastilina – quiero que me digas todo lo que saber acerca de Baphomtet y sus planes y lo quiero saber, ¡AHORA!

– ¿Qué puedo saber yo que ya no han descubierto en los 2500 años que llevan luchando contra él? – pregunta William, molestando hasta un punto muy peligroso a Horacio que hecha hacia atrás el puño, apuntando directo a la nariz del vampiro que agrega – ¡de acuerdo, de acuerdo!, te diré lo que quieras… pero con una condición.

– ¡Bien! – gruñe Horacio soltando a William y alejándose de él, para evitar la tentación de atacarlo – ¿Qué quieres?

– Necesito llegar lo antes posible a la estación del tren transeuropeo, creo que la ciudad más cercana es Lille – exige William – y si no es mucha molestia me gustaría que me quitaran estas molestas cadenas, gracias.

El cuerpo del licántropo se tense y se crispa, lucha contra el incontenible deseo de despedazar a aquel vampiro tan presumido y confiado. Truena los dedos y de las copas de los árboles caen dos corpulentos y semidesnudos hombres, llevan las llaves de las esposas, en pocos segundos William es libre de sus ataduras y los dos licántropos lo dejan solo de nuevo con Horacio. Se escabullen en las pocas sombras que quedan, el alba se acerca con premura.

– Ahora dime lo que quiero saber.

– Por lo visto lo tienes todo pensado – espeta William mirando sobre sus cabezas para ver si aun quedan más centinelas ocultos, luego observa los arbustos y maleza que los rodea – si intentase escapar por arriba ellos me atraparían, corriendo me morderían los lobos que vi en un abrir y cerrar de ojos y si… – agrega mirando el suelo – mejor dejémoslo así, estoy divagando… supongo que sabes de los terribles eventos que ocurrieron en París.

– Por supuesto que sé lo que ocurrió – contesta el líder licántropo –, todo fue obra de Octavio, el jefe del aquelarre de los Brunuir.

– En eso te equivocas, toda esta telaraña de caos y destrucción sin límites ni lógica alguna fue tejida por el mismísimo Baphomet en persona…

Durante los siguientes diez minutos William le narró con mucho detalle todo lo que le aconteció en su visita a la hasta ahora llamada “Ciudad Luz” al licántropo, pero siendo lo bastante prudente como para no contarle nada relacionado con su encuentro con el Ángel de la Muerte y las verdaderas intenciones del rey del terror, capturar a Isabel. Tema que todavía  no lograr comprender William ni remotamente, ¿Qué querrá Baphomet de Isabel?

– ¿Para que Baphomet ha hecho tan visible la existencia de nuestro mundo? – se pregunta Horacio en voz alta dando vuelta alrededor de William, pensando, todo esto le da mala espina – se supone que los humanos deben estar fuera de este conflicto… pero ahora los vampiros quieren meterlos a la lucha, ¿Por qué?

– No tengo la menor idea – contesta William, el licántropo se detiene y mira con detenimiento a su prisionero, casi como si, al estar tan metido en sus propios pensamientos no se hubiera percatado que aun estaba ahí – pero seguro no es para algo bueno. Tienen que detenerlo, ustedes son los últimos que pueden hacerlo, los Paladines Nocturnos ya no están para mantenerlos a raya, ahora son los únicos tan fuertes como él.

Horacio se queda en silencio, le evita la mirada a William.

– ¡Héctor! – grita de repente el hombre-lobo. De entre los arbustos salta un enorme lobos de pelaje café, llega cabalgando hacia donde están los dos monstruos, su tamaño es del doble del de un lobo normal, evidentemente un licántropo – él te llevara hacia donde quieres ir, somos más veloces que muchos autos.

– ¿Haras o no lago para detener al Rey del Terror? – pregunta William, la esperanza de poder salvar a Isabel y algo más, puede acabarse una guerra milenaria, el conflicto esta llegando a su fin y si no se hace algo pronto el mundo le pertenecerá a los malditos. Nunca antes William pensó siquiera en que algún día tendría estos sentimientos y la sensación es confusa pero inevitable y cada vez gana más fuerza.

– Nunca pensé que vería con mis propios ojos el fin de esta maldita guerra – dice seriamente Horacio – solo sé que lo único que quiero es tener el corazón negro y putrefacto de ese monstruo, mis lobos están listos para la batalla y tienen sed de sangre vampira.

William, satisfecho con lo que acaba de escuchar sube al lomo del enorme lobo que más bien parece un oso disfrazado, este le gruñe un poco pero deja que William se suba en su lomo. Horacio se acerca y dice para despedirse.

– El mundo esta lleno de sorpresas, aun para los que como yo lo han visto todo. Nunca creí conseguir un vampiro tan diferente… adiós. – termina Horacio y William se va, sabiendo que él tenia algo más que decir, pero también sabe, que luego de tanta crueldad y violencia entre sus especies no le permite ser otra cosa que enemigos mortales, pero aun entre enemigos puede haber treguas y esta será la única que obtendrá de Horacio.

El lobo en el que ahora esta sentado corre con una velocidad asombrosa, William tiene que aferrarse en el cuello del lobo para no caerse. Los paisajes, el bosque, todo el entorno se mueve y desplaza, es difuso e irreconocible para el vampiro que intenta por todos los medios no caer del lomo del licántropo.

Los rayos del sol del amanecer tocan el rostro de William a los pocos minutos, el miedo por caerse lo hace sujetarse con más fuerza del lobo que casi se ahoga. El resto del trayecto, sin sus poderes, William se mantuvo resistiendo el violento trotar del lobo con los ojos cerrados y al borde de caerse en cualquier segundo.

Antes de que pudiera darse cuenta ya no se movía, abrió los ojos y se encontró en un llano que termina en una calle que se adentra en una ciudad en pleno inicio de sus actividades. William se bajo del lomo del licántropo que se va sin mirarlo.

Por fin algo de paz, William fue hacia la estación del metro sintiendo que ya nada podía salirle mal… pero como ya era costumbre nunca puede ser tan optimista como quisiera. Solo hay un viaje hacia Londres y es en mediodía, por un lado eso lo frustro, pero por otro le dio un tiempo preciado para descansar, y si que lo necesitaba. Apenas logro sentarse en un banco en el lobby de la estación se quedo profundamente dormido.

Un aroma fue lo que despertó al vampiro, un aroma irresistiblemente dulce y atrayente, la esencia de los dioses en persona. Abre los ojos de forma automática, la sed ya no lo atormenta como antes, pero ese olor le atrae, no como la sangre pero con un efecto igual o más seductor que el de ese fluido de vida. Faltan pocos minutos para que el tren arribe, de no ser por ese cautivante perfume él se hubiera quedado dormido y el tren se iría sin él.

Llega al tren guiado en su mayor parte por el aroma que se hace cada vez más intenso y embriagador, se le hace tan familiar y a la vez desconocido hasta ahora al William que le causa aun mayor interés y deseo de encontrar la fuente de tan enigmática fragancia.

Abre una puerta de las muchas puertas que llevan a los vagones del tren y allí estaba ella.

– Disculpe señorita, ¿esta ocupado este asiento? – pregunta el vampiro feliz como no se tienen una idea de por fin encontrarla san y salva, pero no esta Aramis con ella, debe regresar dentro de poco, quiza fue a comprar algo de comer. Ella no se voltea, a William se le dibuja media sonrisa – sabes, esperaba más de ti, al menos algo de gentileza de tu parte luego de arriesgar el pellejo y recibir muchas heridas por ti… eres mala.

En ese momento ella se voltea y lo primero que mira son esos cautivantes ojos castaños, es ella, sin duda es ella.

– ¡William! – grita Isabel, se levanta de su asiento y corre hacia él.

– Al parecer si te agrado al menos un poquito – espeta William en el oído de la joven.

NOTAS: Todo, absolutamente todo lo que ocurrió en el final de este capi fue por completo una coincidencia, William no sabia nada en absoluto de que allí encontraría a Isabel… para que vean que aun para los monstruos existen coincidencias.

El Lunes se conmemoro el momento que dio inicio a lo que hoy llamamos la Independencia Latinoamericana. Recordemos a los héroes conocidos y no tan conocidos que dieron sus vidas por la cosa que el humano más ansia y defiende: Su Libertad.

Siguiente Capítulo

Anuncios