Capítulo XXXII: Desde el Infierno

Posted on 15 abril, 2010

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Preludio: En esta ocasión entraremos en la mente de William, creo que este será el último capítulo en primera persona hasta el final… recuerden votar por el mejor titulo para el tercer libro y suscríbanse al blog… aunque trato de publicar todas las semanas estos día se me hará muy difíciles para mantenerme al día… espero que lo disfruten y nos vemos en los comentarios.

Para dejarlos con el capi les digo como ya pudieron ver que a partir de ahora, y emulando la ediccion al español de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte habra una imagen al inicio de cada capítulo.

Salir de Paris entre tanta anarquía fue relativamente fácil, lo complicado es lo que viene.

Lo más seguro es que el Rey del Terror haya puesto custodios en cada salida de la ciudad o rastreadores para  experimentados para perseguirme… ese ser… ese vampiro hace que mi cuerpo se estremezca de miedo cada vez que solo pienso en ese encuentro de tan solo segundos. Ahora todo el mundo vampiro, del que Gabriel tanto intentó alejarme ahora me esta persiguiendo, cazando… por más que lo intente ellos me encontraran… y a Isabel, a ellas es a quien en realidad están buscando.

Lo he meditado, pensado, analizado… he mirado de arriba abajo este problema y aun me tiene desconcertado, desde que me entere de las verdaderas intenciones de Baphomet he buscado una respuesta que me elude. No hay ninguna razón o motivo coherente para que él o cualquier otro vampiro quiera algo de ella… ¿Qué quiere de Isabel?

Este nuevo factor lo hace todo más complicado y peligroso, lo que también me hace sentir más frustrado por tener que recorrer esta arboleda, solo espero que el manto de la noche me de suficiente sigilo como para que pierdan el rastro. Algo me persigue, no sé que o quien, pero esta lo suficientemente cerca como para sentir su presencia pero lo bastante lejos como para no tener la menor idea de donde esta. Mantenerme oculto, eso es lo que me dice mi lado racional mas mi parte más ilógica, mi corazón me grita una y mil veces que me deje de idioteces y vaya a buscar a Isabel.

¿Pero donde?

¿Dónde esta ella?, es más, ¿puedo estar seguro que ella no esta en las garras del Rey Vampiro o al menos con vida?

¡No, eso es imposible!

Debo alejarme de eses pensamientos negativos. Ella esta con Aramis, el es o al menos era un Paladín Nocturno, él debe saber como defenderse de cualquier cosa que le lance Baphomet. Ellos están bien… o al menos eso espero.

Tengo que dejar de pensar en esos pensamientos negativos, alejarlos de mi mente y enfocarme en llegar al canal de la mancha lo antes posible… cruzo los dedos con la esperanza de allí también allá ido Isabel.

Escucho un murmullo a lo lejos, poco más que una ramita rompiéndose pero es más que suficiente para saber que alguien se acerca y para poner todos mis sentidos en alerta máxima. A doscientos metros de distancia veo al que provoco ese ruido, una figura de apariencia humana corre hacia mi dirección con increíble velocidad, un vampiro. Su abismal velocidad y sus pupilas color rojo sangre lo delatan.

De un solo brinco llegue a la copa de uno de los muchos árboles, parece que el vampiro no se ha dado cuenta de mi presencia, eso es muy bueno. Ahora me dejo caer y me convierto en niebla… esa sensación de letargo  y de estar flotando en agua es indescriptible en muchos aspectos se adueña de mi al ser uno solo con el frío viento de la noche.

En un abrir y cerrar de ojos reaparezco mi cuerpo interceptando a mi oponente, lo atrapo por el cuello y lo azoto contra el suelo, este vibra.

– ¡Suéltame idiota, ellos se acercan! – es lo único que le permito decir al vampiro. Con mis manos que ahora emulan a unas terribles garras atraviesan el pecho de este.

La sensación de su corazón desgarrándose y saliendo de su pecho es sobrecogedora, lo quito de su cuerpo, él ya ha muerto. El suelo se llena de cenizas grises, rastro del fin de su existencia. Veo el corazón que aun palpita en mi mano con macabra fascinación, lo acerco a pocos centímetros de mi rostro, este se detuvo. En pocos segundos se vuelve gris y quebradizo, se ha vuelto cenizas, el polvo se mezcla con la sangre en mi mano haciendo un barro café.

Sangre… no puedo recordar la última vez que me alimente… una incomoda tibieza se adueña de mi garganta.

Muchas cosas asan sin que pueda evitarlo.

Me vi rodeado en menos de la fracción de un segundo por varios e inmensos lobos, más de diez. Sin poder defenderme o siquiera anticiparme otros dos lobos me atacan por la espalda, caigo de boca, aplastado por las patas de ellos. Estoy por completo atrapado… esto se ve muy mal.

– ¡Héctor, Manuel! – grita una voz masculina y llena de autoridad, los licántropos que me atraparon me sueltan… pero no me atrevo a incorporarme, los otros lobos se ven más cautelosos, listo para saltar sobre mi en cualquier minuto.

No puede ser posible que estos malditos perro me hayan vuelto a acorralar… y esta vez no esta Isabel para salvarme, que patético suena que yo, un ser en teoría inmortal y con poderes que sobrepasan lo humanamente posible tenga que depender de las acciones de una mujer… ¿acaso puedo caer más bajo?

Escucho unos pasos que se acercan, no me atrevo a levantarme… así esos malditos puñales que ellos llaman dientes no podrán tocar mi cuello. Tengo suerte que esta vez no están mordiendo, eso si que duele.

Dos pies desnudos se posan frente a mi rostro. Levanto la mirada y lo que veo es a un hombre mayor, de unos sesenta años, de barba y cabello blanco, piel morena. Un licántropo, sus dorados y brillantes ojos me lo dicen… también el hecho de que tiene el torso desnudo y viste un piel de lobo, llevando una capa y unos pantalones que le llegan a las rodillas.

– Dime una buena razón por la cual no debería asesinarte, bestia degenerada – dice el hombre acercando la cara al suelo para mirarme con superioridad y petulancia, ¡maldita sea, una y mil veces maldita seas!, estoy en sus garras.

– Por que no quiero hacerles daño – conteste, hablo muy despacio y sin mostrar el miedo que me causa toda esta situación… hasta a mí me sorprende lo frío que puedo ser a veces. Lo peor del caso es que soy sincero con ellos, lo que más me preocupa ahora es proteger es a Isabel, lo último que quiero es más violencia sin sentido.

– ¿No quieres?, querrás decir que no puedes hacernos daño, parasito – me corrigió el hombre, lo lobos a su espalda empezaron a chillar tal hienas, si fueran humanos estarían riéndose con sorna.

Me quede en silencio… tengo que pensar muy bien lo que digo, si lo que me dijo Gabriel es cierto no puedo decir nada que los moleste, eso si quiero conservar todas mis extremidades.

– Tienes razón, no puedo, ni quiero hacerles daño. ¿Entonces por qué ensuciarse las manos conmigo? – pregunte usando toda mi astucia. Intentando ganar más tiempo. Miro hacia todas partes, necesito algún recoveco, un espacio, por más pequeño que sea para escabullirme pero nada… estoy completamente rodeado. Aunque lograra escapar ellos son más veloz y con sentidos más sutiles que los míos, estaría atrapado de nuevo en menos que lo que canta un gallo. Son sin duda más fuertes y ágiles que lo que yo nunca será, solo hay un resultado posible… estoy muerto.

El licántropo no tarda ni dos segundos en responder.

– Te matare por que eres un maldito lacayo de Baphomet, tú y los de tu especie solo quieren acabarnos con sadismo y crueldad, ¿Por qué no pagarles con la misma moneda? – pregunta el hombre lobo de forma vengativa y espeluznante. A no ser que se me ocurra algo y rápido este puede ser mi fin.

– Yo no estoy del lado de Baphomet, él esta persiguiéndome, por eso mate al vampiro que me estaba persiguiendo, él me perseguía para matarme… yo no quiero problemas – dije, no lo quiero admitir pero me estoy empezando a desesperar… debo mantener la calma… si no fuera por esta sed… debo controlarme, ellos pueden oler mi miedo – solo quiero llegar al canal de la mancha.

Ambos nos quedamos en silencio. Todo el bosque se sumerge en un concierto de silencio… por varios segundos todo pareció detenerse en el tiempo. Él debe de estar pensando en lo que dije, esta de ser una buena señal.

– Dime tu nombre, a no ser que quieras morir – exige el líder licántropo, estoy a salvo, ¿Por qué otra razón él quería saber mi nombre si me va a matar?

Esta puede ser mi oportunidad. Me levanto con calma y muy lentamente, no le quito los ojos de encima de los lobos, parece que se estuvieran alistándose para atacarme pero están dudando… bien. Por los gruñidos y el rasposo sonido de su respiración puedo deducir que los lobos que me tumbaron contra el suelo están muy cerca… estoy muy lejos de poder decir que estoy fuera de peligro.

Me incorporo, estoy a metro y medio del líder de los licántropos, es apenas un par de centímetros más alto que yo.

– Soy William Knight Valerius – por fin conteste.

– Mi nombre es Horacio Sforza, soy el líder del clan de los “Whirlwind” – dice el hombre llamado Horacio. Como todo caballero Inglés yo le extendí mi mano en señal de buena voluntad. Él solo se dio la vuelta tras mirar con desdén mi gesto – que no planee matarte todavía no quiere decir que te creas mi igual, monstruo.

Esa es la gota que rebosó el vaso.

– ¿Cuál es tu problema? – pregunté molesto, el fuego que crece en mi pecho se hace más intenso y me obliga a decir estupideces… sé que no debí decir eso. Apenas termino la oración los lobos se acercan de forma intimidante y mostrando sus enorme colmillos, sedientos de cortar mi carne.

– “¿Cuál es mi problema?” – repite con una incredulidad rabiosa Horacio, repito, no debí decir eso. Sabía que los licántropos son impulsivos… pero nunca pensé que Gabriel tuviera razón, logre sacarlo de sí con solo un comentario.

El líder licántropo se da la vuelta y me encara. Sus ojos brillan enloquecidos, se acerca hacia mí y me mira con un odio y desprecio que no le deseo a nadie.

– Mi problema son ustedes, bestias – contestó Horacio con el rostro crispado y los músculos tensos, estoy en serios problemas – mi problemas son los malditos monstruos como tú… no esperaba otra cosa de un vampiro.

Un dolor inconmensurable, como si mi estomago fuera  a explotar. Siento que floto, estoy volando, mis pies se despegan del suelo. Mi visión se nubla, mi cuerpo arde y mi corazón muerto empieza a latir a un ritmo increíble, todo se aletarga, el tiempo es más lento… estoy en el vació del espacio.

Por fin logró reaccionar de manera coherente. Doy media vuelta en el aire y caigo de pie, más bien en cuclillas, mis pies se arrastran un poco pero consigo mantenerme en pie… aunque por poco. Me cubro las costillas con mi brazo, si no fuera por mis poderes de seguro me las habría roto, en el mejor de los estría agonizando… debería estar muerto, es increíble la fuerza de estos seres.

Un hilo de mi propia sangre se desliza perezosamente por la comisura de mis labios, un fuerte dolor que me quema se adueña de mi vientre… esto… imposible.

– ¿Qué pasa?, ¿ya no puedes continuar? – pregunta el líder licántropo, sabe que ya estoy derrotado, también debe saber que si recibo otro golpe como el anterior estaré frito… tengo que hacer algo… tengo una idea, espero que funcione.

– Eso nunca… hagamos una cosa, ¿quieres? – dije fanfarroneando. Si juego bien mis cartas y oculto el hecho que estoy a punto de desmayarme puede que consiga salir bien librado de esta – ¿Qué te parece si hacemos una pequeña apuesta? – enderezándome, escupo algo de sangre… el hambre esta empezando a hacer mella en mí, los demos me tiritan pero puedo controlarme – tengamos una pelea, uno a uno, sin trampas y de un solo asalto, ¿Qué me dices?

Trato de parecer confiado y calmado cuando la verdad estoy a punto de salir corriendo como una niñita que va al dentista, al menos él si se come mi anzuelo.

En al cara de Horacio se estampa una sonrisa siniestra… entró por completo a mi trampa, tengo la mitad de la pelea ganada. El licántropo se truena los nudillos tal cualquier bravucón de barrio.

– Como quieras – contesta el líder licántropo, suelta sus músculos como si fuera un boxeador antes de un combate – si yo gano… no creo que veas un mañana.

Otra vez lo lobos, que antes se mantenían al marguen vuelven a chillar en un intento muy espeluznante de reír, no puedo negar que sus gritos y sonidos guturales me causan cierto resquemor pero a la vez… no sé como explicarlo, me hace sentir un extraño valor, incitándome para lanzarme a la batalla.

– Pero si yo gano me dejaran ir sin más, y todos felices – dije haciendo una finta, apenas me puedo mover por el dolor retorcido que tengo en el estomago pero debo encarar al licántropo – ¿Qué me dices?

– Me parece bien, si puedes mantener la verticalidad y caminar con los pies te puedes ir – dice Horacio con sarcasmo al tiempo que se pone en guardia – cosa que dudo mucho.

Sin decir otra cosa él se proyecta contra mí, apenas tengo tiempo de reaccionar, me hecho para atrás en el momento justo, por solo milímetros el enorme puño de Horacio impacta en el mero centro de mi mandíbula, seguro me la hubiera fracturado. Doy media vuelta en el aire cayendo a varios metros lejos del licántropo que me mira confiado, como si ya hubiera ganado… le demostrare que se equivoca.

– ¡Vamos, ataca, sanguijuela! – grita el licántropo con teatralidad, me esta empezando a molestar.

Con todo placer cumpliré su deseo. Con toda mi velocidad llego hacia donde esta él, no puede eludirme, mi puño va directo hacia su quijada… ¡maldita sea!

El licántropo con una facilidad descaradamente ridícula intercepta mi golpe con una sola mano, como si fuera un trapo sucio le arroja por los aires. Esto esta peor de lo que había calculado, me va a costar más de lo que pensé… ahora no sé si tengo las fuerzas suficientes para ganarle.

Aterrizo en el suelo lejos de Horacio como si fuera un gato, siempre de pie, es lo bueno de ser un vampiro. Me deslizo un par de centímetros antes de caer del todo, mis dedos ahora tiemblan, por el hambre y la excitación de este combate… es extraño sentir el miedo que tengo por este licántropo pero a la vez ese deseo igual o mayor por enfrentarlo y ganarle. Lo que viene después es el cálculo mutuo de fuerzas, como si fuéramos gladiadores en la Antigua Roma damos pasos alrededor de una circulo imaginario, nuestra arena, con suma cautela ambos esperamos un momento en el que el oponente tenga la guardia baja.

Los lobos a mí alrededor aúllan y gritan en una desaforada y excitante canción de guerra.

Solo me queda una oportunidad para vencerle, solo un intento… ¡esta es mi oportunidad!

Entre las muchas fintas y amagues que ambos hacíamos el licántropo perdió el equilibrio. Sin pensarlo dos veces, y sabiendo que esta puede ser mi única oportunidad llego hacia donde esta Horacio, con todas mis fuerzas restantes y mucha suerte logre asestarle un buen golpe en la boca del estomago… antes de que pudiera responder a mi arremetida  también le di una patada que lo proyectó en el aire.

El licántropo sale volando por los aires… le gane, debí por lo menos fracturarle una costilla… no puede ser.

Con tremenda ligereza Horacio da un giro de espaldas. Todo su cuerpo se cubre del mismo tipo de piel de lobo que viste… no solo su piel cambia, todo su cuerpo de transforma y muta, deja de ser humano.

El licántropo cae al suelo en cuatro patas, cuatro partas de un enorme lobo de piel gris. Si antes era difícil mantenerme a su nivel ahora se me hace casi imposible… tengo que hacer algo para cambiar la jugada a mi favor.

El nuevo lobo gruñe y muestra sus enormes dientes, puedo oír el sin fin de gritos de los demás lobos altamente excitados. El líder de la jauría esta parado sobre un tronco caído, en un abrir y cerrar de ojos este explota al brincar hacia mí… ahora esta luchando para matar, esto dejo de ser un juego para él.

Aunque sea más fuerte y veloz que yo en todos los sentidos los licántropos transformados, como me dijo Gabriel sumamente predecibles, esa es mi as bajo la manga.

Usando la tremenda ventaja de poder leer todos sus movimientos como si fuera un libro me preparo para su arremetida, comillos y garras por delante. Instantes antes de que el lobo llegue hacia donde estoy yo el tiempo se hace lento, todo lo veo en cámara lenta… apenas soy lo bastante rápido como para evitar su ataque, por muy poco. Saltando por sobre él doy una voltereta y caigo sobre su espalda, me aferro sobre su cuello, su único punto ciego y empiezo a apretar.

Él cae al suelo, asfixiado. Lo estoy doblegando, el silencio de los demás lobos me regocija, aunque solo por un instante…

Mis colmillos sobresalen, mis garras se afianzan en el lobo con fuerza de acero. Puedo sentir como el animal se hace otra vez humano… mi vientre me quema, la sed es insoportable… debo resistir… no puedo. El fuego de mi garganta y pecho es más fuerte que yo.

Mis largos colmillos solo llegan a desgarrar la piel del licántropo antes de perder todas mis fuerzas y la movilidad de mis brazos y piernas.

Caigo al suelo como una piedra. Soy poco más que un despojo… siete días, ese es el mayor tiempo que un vampiro puede soportar sin alimentarse, tiempo que llevo sin probar la sangre… cada parte de mi cuerpo, de la punta del cabello hasta las uñas de mis pies arden en intensa agonía… estoy inmerso en el fuego eterno, este debe ser el tormento que sufren los penitentes.

Mi visión se hace nebulosa. Voy a morir…

¡Mátenme, mátenme de una buena vez!, para acabar por fin con este sufrimiento.

Trato de gritar, hablar, suplicar pero soy un prisionero en mi cuerpo inutilizado.

Convulsiono de forma atroz.

Estoy en el infierno… y nunca podré decirle a Isabel que…

Notas: Este capítulo se llama desde el infierno para recordar la carta que le envió el asesino más famoso de la historia y posiblemente el más monstruoso de todos: Jack, el destripador.

Carta el la que sea hace llamar como todos los conocemos ahora.

Como siempre  los espero en los comentarios, espero que les hay gustado mi trabajo y tratare de publicar todas las semanas un capi nuevo lo viernes. Por lo pronto quisiera saber su opinión de mis escritos y también sus sugerencias.

Cada mente es un universo de posibilidades y lo más seguro es que alguno de ustedes tengan una idea, una imagen, u pensamiento que a mi me elude y que puede servir de forma magistral para las Crónicas Noctunas.

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