Capítulo XXXI: El Oscuro Destino

Posted on 4 abril, 2010

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Notas: Por la ilógica, complicada y, por fortuna y desgracia, incurable necesidad de ser innovador, en cierta medida original y de mejorar mis formas y maneras de escribir en esta ocasión les traigo una narración en primera persona de mi personaje femenino principal, Isabel Mendoza.

Me encuentro en medio de una extraña ciudad desconocida, pues mi camino he perdido. Lo único que veo es oscuridad y destrucción, destrucción y oscuridad. Los edificios están totalmente destruidos, estructuras derribadas, muerte, dolor, caos, eso es todo lo que veo.

El cielo esta saturado de nubes rojas y centellantes, intensos relámpagos  surcan el cielo y poderosos truenos desgarran el aire. Cenizas caen de todas direcciones, cubriéndolo todo con una delgada capa gris. No hay nadie, estoy sola. Ni en las peores pesadillas del mismísimo Dante alguien pudiera descubrir el horror que en el aire se percibe.

Gritos ahogados en el tiempo, ríos de sangre, cadáveres por todos lados. Camino sin un camino fijo por entre toda la desolación, las calles están desiertas, mis pies se arrastran y descubren las agrietadas calles cubiertas de cenizas. Sobre mí cuervos y otras criaturas voladoras revolotean en espirales, y buscan de huir de este infierno. Cada parte de mí cuerpo se atormentada por escalofríos y temblores, el miedo se puede respirar en el aire, mis pasos son erráticos.

No sabría explicar cuando o como llegue a aquella tenebrosa palaza, el punto es que hay encontré a la única persona con vida en toda la ciudad. Un hombre, de cabello negro, con una gabardina de cuero puesta, dándome la espalda. Esta solo y alrededor suyo se puede percibir un aura de malignidad que cala hasta los huesos y me hace sentir rasea a acercármele, no puedo flaquear, debo saber que a ocurrido toda esta desgracia.

El miedo me impide acercarme, pero estoy lo suficiente cerca para que me escuche.

– Oiga, disculpe – le dije, él no se movió en lo absoluto – ¿Qué ha ocurrido?

– El fin de los tiempos – contesta el hombre, su voz llena la derruida plaza, es fría, inhumana, la voz más terrible que he escuchado. No puedo moverme, mis pies se han petrificado por el terror, intento controlar el incontenible deseo de gritar con desesperación.

– ¿Cómo ocurrió? – las palabras salieron solas de mis labios.

– Como debía de ocurrir – respondió con su siniestra voz el hombre, haciendo un pesado eco por todo el lugar.

– ¿Quién provoco todo esto? – volví a preguntar, con cada pregunto siento como, casi en sentido literal, la soga se aprieta más en mi cuello, pero no puedo detenerme. Soy como una mosca y ese sujeto es el fuego que me atrae, la pregunta es, ¿cuanto tiempo pasara antes que me queme?

– Yo.

– ¿Quién eres? – pregunte. Tiemblo sin control, la respiración se me dificulta, mi corazón late ansiosamente, el peligro se puede percibir en la atmosfera enrarecida y sofocante.

–  Fui conocido como Samael, la estrella más brillante llegue a ser – contestó el hombre – hasta que fui traicionado, destronado y castigado… ahora soy el fuego eterno, el tormento y tempestad, soy el amo y señor de las tinieblas.

>> Yo soy el amo y señor del abismo, me llamó Belial.

– ¿Qué…? – susurre, unas enormes alas de murciélago o dragón, feas y desfiguradas brotaron de su espalda y atravesaron sus ropas extendiéndose de lado a lado de la representación y origen mismo de toda la maldad.

– Mi poder lo destruirá todo y creara un nuevo mundo, mi mundo – agregó el ser más terrible que he visto y que veré en mi existencia. Miró tras de su hombro y pude ver el horror en persona.

Por fin el deseo de gritar me ganó y apelando a toda la fuerza de mis pulmones lance un grito desgarrador al aire, tan fuerte que creí que destruiría mi garganta y quemaría mis pulmones.

– Isabel por favor despierta – grita una voz familiar, no sé como y cuando aparecí acostada en una cama en una habitación oscura. Puedo distinguir que a mi lado esta Sophie, su cara muestra consternación y miedo.

¿Acaso fue todo un sueño?, no, no fue un sueño, ni siquiera fue una pesadilla, fue algo más.

– ¿Estas bien? – volvió a preguntar Sophie, mi cuerpo se estremece sin control, mis manos tiritan. Una pesadilla no pudo causarme semejante impresión. Algo horrible esta por ocurrir, lo sé, y por alguna razón yo lo tuve que saber antes que los demás, ¿Por qué?, ¿Por qué yo? – Por favor Isabel contéstame, ¿estas bien?

– No, no estoy bien – logre por fin contestar, mi garganta me arde, era de esperarse luego de semejante aullido. Sophie se sienta en su cama, por suerte habían cuartos disponibles en la posada que encontramos esta misma tarde. Lo último que recuerdo es que luego de una muy buena cena me fui a dormir, completamente fatigada.

Que contraste con este momento, no podría cerrar los ojos aunque mi vida dependiera de ello.

– ¿Qué ocurrió? – me pregunta Sophie, ya más relajada pero se nota en su expresión que esta algo preocupada – ¿una pesadilla?

– No lo sé – respondí, me acomodo en mi cama para poder ver a Sophie mejor – desde hace algunos días he tenido extraños sueños, cada uno es más… o se ve y siente más real que el anterior, no sé, creo que me estoy volviendo loca… a no ser que resulte que ahora tengo poderes mágicos o quien sabe que.

– Bueno, si ese es el caso hay una forma muy fácil de saberlo – espeta Sophie volviendo a ser tan alegre y chispeante como siempre, a veces resulta molesta su actitud… pero en otras, como justo ahora se me hace reconfortante.

Sophie se acerca a mí, sentándose a mi lado y moviendo los dedos, preparándolos para algo, algo extraño si es que tengo una buena impresión de ella.

– No me digas que me arrancaras los recuerdos de la cabeza o alguna otra locura – exclame sonando, no puedo evitar ser tan recelosa con un tema como este.

– Si quisiera dejarte como un vegetal haría eso, pero esta vez sol quiero echar un vistazo – comenta Sophie, coloca las manos a cada lado de mi cabeza , hundiendo sus dedos entre mi cabello, y con ambos pulgares presiona mi frente no muy fuerte pero si con firmeza – ahora, por favor cierra los ojos – agrega cerrando ella los suyos – necesito enfocarme en el recuerdo exacto.

Sin ganas de refutar lo que decía le obedecí, el efecto fue casi instantáneo.

Las terribles imágenes volvieron a mí, la ciudad destruida, los muertos esparcidos por doquier, el caos y la destrucción, todo se hizo otra vez presente. Pero en esta ocasión no siento aquel frío espectral que me paralizaba, el dolor que impregna el lugar se me hace por completo indiferente, es como si todos los sentimientos que sentí antes hubieran sido apagados. Las visiones que antes pude apreciar con lujo de detalles ahora se hacen más nebulosas y veloces, como si el tiempo se hubiera acelerado.

En un abrir y cerrar de ojos estuve otra vez frente a aquella figura, otra vez sus enormes alas se abrieron con su espeluznante esplendor y de nuevo volví a la seguridad de la habitación.

Al abrir los ojos lo primer que vi fue a Sophie levantándose muy agitada, enciende la luz del cuarto y comienza a cambiarse de ropa.

– Tenemos que irnos ya – me dijo al ver mi estado incomprensión – espero que no te moleste que use algo de tu ropa, creo que tenemos la misma talla.

– Claro que no, pero – respondí, me levante medio confusa y busque mi equipaje – ¿Qué ocurre?

– No tengo la menor idea, lo único que sé es que si lo que viste no fue una pesadilla tendremos mucho sobre que hablar y muy poco tiempo – contesta Sophie poniéndose a toda prisa uno de mis jeans y una camisa – creo que acabas de tener una visión del futuro… ahora vístete o tendrás que ir en pijamas a Londres.

Mientras que me arreglaba las dudas e interrogantes no paran de dar vueltas en mi cabeza. A toda prisa y apenas estuvimos al menos presentables salimos de la posada, menos mal había pagado de ante mano. Sophie fue la primera en llegar al auto, por lo que tomó el volante.

– ¿No se suponía que la predicción del futuro eran puras mentiras? – por fin pregunte cuando estuvimos ya devuelta en el camino. Son las tres de la mañana y aun falta mucho para llegar al canal de la mancha.

– Lo que tienes que entender es que no es lo mismo una visión, clara y concisa de lo que puede ser un evento futuro a intentar buscar tener una premonición analizando la suciedad en una tasa de té – explica Sophie con completa calma pero algo alterada, si ella, que posee poderes que yo no me puedo ni imaginar esta en ese estado cómo me debería poner yo – todas las cosas que fueron y serán están escritas en el Libro de la Vida, dicho libro es escrito por ángeles en persona desde que existen la humanidad.

>> Cada uno de nosotros tiene una pagina en ese libro, donde escriben todo lo que hemos hecho y haremos. De vez en cuando, y en muy contadas ocasiones, se pueden ver vestigios o sombras de lo que esta escrito en las próximas paginas. Le puedes llamar destino, el plan de Dios o como sea, el punto es que si el sueño que tuviste es una posibilidad o un hecho para el futuro tendremos un destino muy oscuro en ciernes.

– ¿Quieres decir que todo lo que decimos, lo que hacemos esta predispuesto por un guión universal? – pregunta Isabel confundida e indignada – ¿eso significa que  el famoso libre albedrío no es más que un engaño para hacernos sentir mejor con el hecho de que no somos libres de tomar nuestras propias decisiones y que nunca los estaremos?

– Muy por el contrario, esa es la prueba suprema de que nosotros controlamos nuestro propio camino – contesta Sophie, seguro intentando hacerme sentir menos insignificante ante la enormidad abrumadora de la creación – el libro no es más que la compilación de los eventos que podrían ocurrir en el futuro juzgando como son y como han sido las cosas desde que ser formó la vida, por desgracia no se ha progresado mucho desde los tiempos de la Atlántida.

>> Somos los mismos, solo que ahora contamos con juguetes más complicados. Pero solo se necesita a una persona, alguien extraordinario, una persona que desafíe a los ángeles y demonios para escribir a su imagen y semejanza el porvenir de toda la humanidad.

Por alguna razón que no logró comprender todavía esas palabras me hicieron sentir esperanza de nuevo.

Antes de que me pudiera dar cuenta – gracias a que dejamos a un lado las conversaciones siniestras y de carácter tan imperante – llegamos a la ciudad de Lille. Se podría decir que entre todo lo malo estas horas de charla casual y llena de risas fueron las mejores desde hace mucho tiempo, no puedo decir con exactitud cuando fue la última vez que reí tanto, pero tampoco podría contar cuanto tiempo pasó antes de que Sophie estacionara enfrente de la estación de “Lille-Europe”.

Baje con mi equipaje y Sophie también salió para despedirse.

– Misión cumplida, ya estas aquí, a un viaje en tren de Londres… luego, quien sabe que aventuras vivirás – comenta Sophie cerrando la puerta, camina hacia mí y agrega con esa brillante sonrisa que me llena de optimismo – por lo pronto estas a salvo.

– ¿Sabias que el tren transeuropeo hacia Londres también sale de Paris? – pregunté con media sonrisa grabada en el rostro.

– Si, lo sé, pero no creo que quisieras viajar con zombies por todo el continente – comenta Sophie y por la cara que puso luego supe que se le salió algo que no debería saber.

– ¿Zombies?

– Como te iba diciendo, el próximo tren hacia Londres llegará en treinta minutos – habla Sophie, evadiendo mi pregunta con torpeza – espero que no olvides llevar esta cosita en todo momento – agrega sacando de su bolsillo el relicario con sangre de grifo que me obsequio William.

Mientras me entrega e dije y me lo pongo alrededor del cuello pienso en que habrá sido de William, escaparía de Paris o estaría esperándome como lo prometió… sin William, ¿Qué será de mí, sin su protección cuanto tiempo podré eludir a Baphomet y sus vampiros?

No puedo negar que el panorama en que me encuentro me causa algo de miedo, lo único que me consuela es que ahora no estoy tan sola e ignorante como cuando empecé este extraño viaje. Ahora tengo a Jane y a Sophie, y, aunque suene tonto, aun tengo una remota esperanza que Aramis siga con vida, sé que es casi imposible, pero quiero creer que si.

– No pongas esa cara, nos veremos luego – comenta Sophie haciendo que me salga de mis pensamientos – te lo prometo, por ahora es una despedida. Ahora se una buena chica y toma ese tren.

>> Yo tengo otras cosas en las que ocuparme y sitios a los que ir.

– ¿No me digas que ahora vas al Aden nueve y tres cuartos? – pregunté en broma, pero por su cara pude deducir o que me estas tomando el pelo o que si existe ese lugar.

– No… claro que no existe… seria una tontería pensar que en realidad existe un lugar así – contesta Sophie riendo y sonando nerviosa, con una mano se rasca la nuca como diciendo “so hace falta que pienses en eso”, será mejor que no le busque las cinco patas al gato – bueno, creo que eso es todo por ahora, me despido.

Sophie saca de su bolsillo un larga ramita…

– ¿Una varita? – espete sin poder creerlo, aunque es algo previsible, ¿no?, que es una hechicera sin su varita – ¿ahora que falta?, ¿las ranas de chocolate o la lechuza nevada?

– Hablando de ranas de chocolate se me esta antojando una… es broma – se corrige Sophie al ver mi expresión de fastidio – no somos tan arcaicos como dicen los libros… pero de eso hablaremos en otra ocasión.

Antes de que pudiera decirle algo o de siquiera despedirme Sophie había desaparecido. Sin nada más que hacer fui hacia la estación, equipaje en mano y lista para lo que vendrá… no tengo de otra, ¿o si?

No me debería sorprender que falten treinta minutos para que arribe el siguiente tren a Londres, justo como dijo Sophie. Pero luego de comprar un pasaje directo a la capital de Inglaterra me toca esperar. Me senté en una banca en la terminal, ahora soy presa del tiempo ahora.

Una idea recurrente se aprisiona de mi mente, cada vez con más fuerza.

¿Qué me oculta William?

Si bien me permitió hacerle una entrevista el día luego de tener nuestro primer encuentro, donde me contó tantas cosas y tan intimas que pensé… pero ahora. El nunca me hablo de la Guerra que hay en su mundo, ni de la existencia de los magos y de tantas otras cosas que me hacen dudar sobre él y sus verdaderas intenciones cuando entró por primera vez en mi vida. Hay tantas cosas sobre el mundo en el que me vi introducida a la fuerza, muchas de las cuales tuve que aprender de la manera más difícil.

¿Por qué?

¿Qué trata de ocultarme William?, ¿Cuál secreto esconde?

Suenan las doce campanadas, es medio día, lo que significa que mi tren a llegado y no hay pista ni rastro del vampiro que me hizo conocer a cazadores, hombres-lobos, magos y un inminente Apocalipsis… del cual por alguna razón también estoy involucrada.

Me senté en un solitario vagón al final del tren, no me tope con ninguna cara conocida, nadie ni remotamente parecido a las únicas dos personas que con desesperación quiero ver, ver que están vivos, saber de ellos. Busco entre el interminable aluvión de rostros y caras extrañas, ni William ni Aramis están en el tren… por lo pronto no puedo hacer otra cosa que ir sola a Londres y ver si William me dejo alguna pista o vestigio para saber donde queda la casa de Gabriel o a donde quería que fuéramos.

Sé que suena triste y trillado pero no estoy bien si no escucho su risa… el tren se mueve, ya no hay vuelta atrás. Presione la frente contra el vidrio.

Estoy sola, solo es cuestión de tiempo para que me encuentre Baphomet, lo sé, no es posible que eluda por mucho más al vampiro más poderoso y longevo del mundo. Sentí que la puerta de mi cabina se abrió, ya entregue mi ticket, por lo que no me moleste en voltear a ver quien era, ni lo que quería.

– Disculpe señorita, ¿esta ocupado este asiento? – preguntó un hombre, su voz me resulta familiar pero no logró identificarla, no me quise voltear, con algo de suerte el señor entenderá mi indirecta y se ira sin tener que ser descortés.

– Sabes, esperaba más de ti – agregó el hombre sonando molesto, que le pasa a este loco. Me voltee para decirle lo que se merece, pero apenas le mire a los ojos enmudecí, es él – al menos algo de gentileza de tu parte luego de arriesgar el pellejo y recibir muchas heridas por ti… eres mala.

No lo puedo creer, esta aquí. Con sus ropas tan galantes, su porte ridículamente petulante pero elegante y con sus ojos carmesí ocultos por unos lente oscuros. Es él.

– ¡William! – exclamé, no pude contenerme. De inmediato fui y lo abrace. Debería suponer que ese vampiro sería lo suficiente obstinado como para llegar a este tren auque tuviera que mover cielo y tierra.

Notas finales:

Como ya saben las Crónicas Nocturnas son una serie de libros, cuanto hasta donde tengo pensado hasta ahora, de los cuales los dos primeros ya tengo algo de avance. La cuestión es los siguientes dos, de los cuales ya tengo una idea clara, obviamente no les dirá la trama ni les arruinare la fiesta cuando empiece a publicar.

Pero si puedo hacer un intento de concurso. Es de suponer que como La Maldición de la Sangre se centra el los vampiros y El Diario del Licántropo en los hombres-lobo las siguiente entrega de la Saga sería o estaría centrado en los magos y hechiceras, ¿Quién será el que invente el mejor nombre para la tercera entrega de Crónicas Nocturnas?

Lo del tren que pasa por Paris es cierto, lastima que lo descubrí hace dos días… esa el razón por la cual tuve que inventar la excusa de los zombies…

Para concluir debo agregar que por un lado me alegra ser tan perfecto que nadie tiene que decir sobre mis escritos, pero por otro me entristece por el hecho que parece que mi trabajo es intrascendente… ¿mi trabajo es intrascendente?, solo ustedes pueden darme la respuesta.

Por cierto, quiero dejar claro que cada uno y todos… o al menos casi todos los lugares que pongo en mis escritos son reales y si viajan por Europa pondrán ver muchos de los lugares de los que hablo.

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