Episodio Dos: El Nimbus

Posted on 3 abril, 2010

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Notas

Como creo que ya sabrán, y si no entérense, como un favor que le hago a mi primer, más grande e irremplazable colaboradora, admiradora y amiga, Arwen Hp (Danitza Salinas), yo he leído y dado mi opinión sobre uno de sus escritos. Y como también deberían de suponer, cosa que veo es cosa en la que me meto, por lo que estoy editando y publicando su historia.

Pero, como yo también tengo que encargarme de mis escritos y de inventar monstruos los edito y publico en cómodos formatos de 1000 palabras y no tan regularmente como mis propios capis. Aun así espero que lo disfruten y les puedo asegurar que, luego de mí, podríamos estar viendo libros de Danitza Salinas en las librerías del mundo… aunque prefiero sus pasajes – de los cuales también hay en este blog – que su narrativa.

– ¿Estas lista? – pregunta el Coronel. Danny sale de su habitación con un pequeño bolso, solo algunos libros para leer y otras posesiones de gran valor sentimental, como una foto de sus ella y sus padres. El coronel le dijo que no era necesario empacar ropa o cualquier otro objeto, todo se lo proveerían hacia donde se dirigían.

– No, pero no tengo, ¿o si? – comenta Danny mirando con aburrimiento al coronel y su secuaz. Sus padres siguen sentados sobre el sillón, su madre llora inconteniblemente, mientras que su papá intenta, sin éxito de consolarla.

– Y pensar que yo esperaba que dijeran… o al menos hacer algo más… no sé, memorable para despedirnos antes de ir a quien sabe donde – dice Atzuya, el lado opuesto de la conciencia de Danny, y como tal solo ella escucho ese acido comentario – creí que serían más fuertes, por nosotras… al menos para darnos confianza para nuestra aventura que podría termina con resultados mortales.

– Por favor… solo cállate – le grita Danny, aunque solo en sus pensamientos, claro – ¿ya nos podemos ir? – pregunta, esta vez en voz alta y dirigiéndose al coronel.

– Ahora mismo, los dejaremos solos para que se despidan – respondió este. Sin dirigirle palabra alguna a los padres de Danny tanto el coronel como el soldado salieron de la casa. Los dos adultos so se movieron en lo más mínimo, no dijeron nada, si siquiera le dirigieron la mirada a su hija. Solo una frase, un abrazo, una simple mirada, eso hubiera sido suficiente para Danny, para no sentirse tan sola, pero no hubo nada.

Danny se quedo parada a la expectativa, hasta que el dolor o el resentimiento le impidieron permanecer en esa sala. Al salir de su casa cerró la puerta tras de sí.

– No me importa, no me interesa que no me hayan dirigido la palabra… ¿Quién los necesita? – ese pensamiento recorrió su mente mientras camina hacia donde están el coronel y el soldad. Y hasta la fecha de hoy no ha podido descubrí si fue ella o Atzuya la que hizo ese comentario.

– No quiero sonar pesimista ni nada, pero… ¿Dónde vamos?… o mejor dicho ¿Cómo nos vamos? – pregunta Danny quedándose a varios pasos de los dos militares – no sé ustedes, pero no creo que entren en mi bicicleta.

– No será necesario mi niña – dice el coronel mirando tras su hombro, desde donde esta la joven puede distinguir que el hombre esta sonriendo – a nosotros en el ejercito nos gusta a viajar con estilo – y en ese momento un poderoso vendaval despeina a la joven que no puede evitar mirar hacia arriba, a la fuente del repentino viento.

Una nave espacial, como las describen en las películas desciende ha al calle, los pocos transeúntes que pasan miran la escena completamente anonadados, a uno incluso se le escapa el periódico de las manos sin que el se diera cuenta.

– ¿Vienes? – pregunta el coronel, la nave aterriza, deja caer una rampa que lleva al interior de la misma, por donde pasan el coronel y el soldado. Danny toma aire, no puede evitar que todo esto le de algo de miedo.

– No me digas que ya te acobardaste – comenta ácidamente Atzuya – por que yo no te lo perdonare si no entramos en esa nave, ahora mueve esos miedosos pies y a la aventura.

– Sé que tienes razón… pero… – se contradice Danny, sabe bien que esta oportunidad es única, es lo que siempre soñó y más, el miedo a lo desconocido parece ser lo único que le manteniente reacia a quedarse, ¿o será algo más? – solo… de acuerdo vámonos. – agrega y sin mirar atrás se adentrar en la nave, se gira para ver por última vez la misma calle que recorrió todos los días y lo que vio le hizo más feliz de lo que pudo imaginar.

Entre la multitud de personas atónitas mirando como la nave despega están sus padres, ambos le saludan con la mano y los ojos llorosos. No hacen falta palabras para que Danny sintiera sus buenos deseos y lo mucho que la extrañarían.

Sin más las puertas se cerraron y con un leve toque en el hombro el coronel le pidió a Danny que se sentara. Desde una pequeña ventana ella pudo ver como los edificios y personas se encogían hasta ser solo borrosas imágenes parecidas a un mapa, la nave atravesó varias nubes y cuando las hubo pasado Danny y Atzuya tuvieron lo que seguro fue uno de los momentos más sublimes de sus vidas. Llegaron a la inmensidad del espacio.

Ya no hay intriga, tristeza, alegría, remordimiento, furia, no hay nada salvo la simple fascinación por el inmenso vacío del espacio del espacio, las estrellas ahora se ven más hermosas que nuca y el monumental sol muestra todo su poder. Todo es perfecto, solo por el hecho de ver, de sentir, de vivir ese momento cualquier sacrifico hubiera valido la pena… hasta que.

– Ya nos acercamos al Nimbus, coronel – explica el piloto desde un altoparlante.

Una sobra cubre la nave y desde la reducida ventana Danny solo puede ver como se acerca una enorme nasa de metal blanca, luego un hangar ocupado por varias naves de distintas formas, tamaños y colores. Por lo que se puede ver hay mucho ajetreo, la nave aterriza con ridícula suavidad, se abre la puerta y Danny es la última es salir, solo Dios y el coronel que le extiende la mano de forma gentil saben que le espera, pero ahora la voz de Atzuya no esta sola en sus deseos por salir y explorar este nuevo universo que se abre. Con algo de vacilación ella toma la mano del coronel y juntos salen de la nave.

– ¡Hacia la aventura! – gritan en pensamientos tanto Danny como Atzuya.



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