Capítulo XXIX: Las Dos Hechiceras

Posted on 29 marzo, 2010

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Preludio: Este capi se lo debo… excepto el escribirlo, por supuesto… a mi primer fan y colaboradora Arwen Hp (conocida en el bajo mundo como Danitza Salinas) por su muy buena sugerencia y otras cosas más que se irán develando al tiempo que la historia avance…

Un auto recorre de forma solitaria una carretera olvidada entre las inmensas, tanto en extensión como en belleza, campiñas de Francia surcadas por laberintos de arbustos igual de extensos y tan altos como dos metros o dos metros y medio. El poderoso Cobra negro recorre el camino, muy lejos de cualquier autopista o sendero principal, quien sea que conduzca quiere pasar desapercibido o disfrutar el verdor de los paisajes Franceses.

El carro acelera por la irregular calzada de tiempos del apogeo del Imperio Romanos, brincando cada vez que cae en uno de los muchos baches de esta antigua y rudimentaria carretera. El estruendoso ruido del motor solo es acallado por una voz emotiva.

– “… No puedo describir el horror que hay en cada una de las calles que recorremos” – dice un locutor muy alterado desde el radio del auto, que la única pasajera del mismo escucha con todo detenimiento, eso si, sin quitarle ni por un momento los ojos del camino – “esto es simplemente una escena aberrante. Hay… cientos de cadáveres esparcidos, en formas tan horribles que nadie con el menor uso de cordura pudiera hacer”.

– “En estos momento tenemos la información que la Asamblea General de la ONU se esta reunión de manera extraordinaria con motivo de los eventos de la última semana en Paris, ya contabilizan doscientas mil victimas mortales o desaparecidas debido a este extraño brote virulento que por los momentos parece haberse extinguido, provocando histeria colectiva y disturbios en toda la ciudad… como recordaremos el gobierno de Francia hace dos días aproximadamente declaró Ley marcial y Estado de Excepción en toda el área de Paris y en un cero de cien kilómetros a la redonda de la misma”.

– “En otras noticias sobre el tema… el Coronel Dominique Sant Clair y un grupo de numeroso de su batallón…”.

– ¡Mierda! – grita la conductora bajándole todo el volumen a la radio, completamente frustrada. Ella debe de ser una de las pocas personas vivas que sabe con completa certeza lo que ha pasado en esa ciudad y como, por poco, ella entra en esos doscientos mil muertos… de no ser por la ayuda de un árabe al que conoció como su secuestrador.

Desde hace varios días ella no puede dormir bien, siempre despierta a mitad de la noche con la misma pesadilla.

Un inmenso torbellino de fuego y tempestad, el cielo desgarrado por cientos de relámpagos que chocan por todos lados de la ruinosa plaza, ella no puede desviar la mirada ni mover ninguna parte de su cuerpo, esta impotente y aletargada.

– ¡Si, ahora reinaran la Malditos… nuestro tiempo al fin ha llegado! – grita completamente fuera de sí un hombre parado enfrente del portal del que sale una enorme mano envuelta en un guante de metal oscuro… y es cuando se despierta. El solo recordar esa terrible escena le provoca escalofríos, de forma que no se dio cuenta del enorme boquete en la carretera que terminó por comerse las cuatro ruedas, haciendo que el auto diera un gran brinco que saca por completo a la joven de sus pensamientos.

– ¡Con un demonio, ten más cuidado… me hiciste perder una vida! – grita una voz que parece venir de ninguna parte.

La joven mira tras de su hombro y se encuentra que; sentada de la forma más cómoda posible esta recostada una joven que no supera los veinte años, con el cabello corto y rojizo, de ojos verdes y jugando con una PSP. Al ver semejante aparición pisa el freno a fondo, los neumáticos chillan hasta que el carro se detiene a pocos metros dejando tras de sí las marcas negras por donde pasaron lo cauchos y una fina estela de humo.

– Justo a tiempo… como siempre Isabel – dice una mujer parada al lado de la puerta del pasajero. Con ojos y cabello castaño claro, alta y de piel blanca. Podría ser la hermana gemela de Isabel que la mira primero con sorpresa y luego con extrañes.

– ¿Jane? – pregunta Isabel mirando atónita a su copia casi exacta, apenas recuerda aquel primer encuentro con ella en esa extraña tienda hace ya casi un mes.

– Espero que Sophia no te haya asustado – agrega la mujer mirando a la joven jugando alegremente con su PSP – suele ser algo… a veces se excede en su despliegue.

– No… es un placer Sophia – espeta Isabel mirando de Jane a la joven que parece que no le presta la menor atención, no tiene la menor idea que hacer en un momento tan raro como este.

– Dime Sophie… solo mi prima… y mi mamá cuando esta molesta me llaman por mi nombre completo – contesta la joven ojos verdes, un verde tan bello que no puedes dejar de mirar. La joven deja su juego, se incorpora y agrega mirando a Isabel con una intensidad que sorprendería a más de uno – es un gusto también Isabel… espero que estés feliz prima, ya estamos aquí, ¿ahora que?

– Usaremos los modales… ¿puedo entrar? – pregunta Jane repentinamente a una fuera de base Isabel que se limita solamente a asentir – por favor conduce, tenemos mucho camino que recorrer antes de llegar a nuestro destino – agrega la mujer al sentarse en el asiento del copiloto.

– ¿Qué significa todo esto? – pregunta Isabel al cabo de un rato.

– Lo mismo me pregunto yo, ¿sabes en los problemas en los que nos meteremos cuando se enteren de los que estamos haciendo?, ¿lo sabes Jane? – reclama Sophie dejando a un lado su juego.

– Claro que lo sé, pero tú sabes tan bien como yo que no podemos mantenernos sin hacer nada… no luego de lo que esta haciendo James por nosotras – contesta airadamente Jane mirando tras su hombro con el ceño fruncido.

– ¡Ahora díganme que carajos esta pasando! – grita Isabel muy molesta, haciendo que las otras dos mujeres se quedaran calladas.

– ¡Wow!… mira esto prima, un medallón de Sangre de Grifo – dice Sophie mostrando el hermoso relicario escarlata meciéndose al compás del movimiento del carro.

– Al parecer eres más de lo que se percibe a simple vista – dice Jane tomado el amuleto que de inmediato comienza de brillar en un rojo intenso, cosa que obliga a Isabel a detenerse.

– Es tan hermoso… – musita Isabel mirando el fulgor del medallón.

– Si eso te parece bello tienes que ver a los grifos reales, son lo más increíble que existe si los ves volar… una vez el novio de Jane voló sobre uno – dice Sophie mirando a su prima de forma acusadora.

– Primero: no fue un grifo, fue un hipogrifo – le corrige Jane pareciendo calmada, aunque el amuleto deja de emanar su luz como antes – y ¡él no es mi novio!

– Pues debería… en vez de a él escogiste al tonto del grupo con el cual no duraste ni dos meses – espeta Sophie apoyando la espalda en su asiento sin mirar a su prima.

– ¿Qué quieres que te diga?, era joven e inconsciente – dice Jane molesta por haber tenido que tocar ese tema, ahora el talismán  expulsa una luz oscura, púrpura, casi negra – además tu no me puedes reprochar sobre elegir mal…

– Eh, disculpen – interrumpe con la mayor cortesía Isabel, sintiéndose de lo m{as incomoda en esta situación – ¿podemos hablar sobre que hacen aquí?

– Tienes razón… perdón por todo lo que tuviste que escuchar – se disculpa Jane devolviéndoles el relicario a su prima para que lo guardara justo donde lo encontró. Apenas Sophie toma el amuleto este empieza a brillar, pero esta vez con una luz azul intenso, como un zafiro mezclado con el cielo y el mar en un solo, hermoso y amalgamado color.

– Bien… ¿Cómo es que hacen eso? – pregunta Isabel viendo cautivada como el amuleto se mece en la mano de Sophie.

– En realidad es muy sencillo… el relicario reacciona a nuestra… – comienza a decir Sophie.

– A nuestras habilidades especial… – le interrumpe Jane quitándole el relicario de las manos a Sophie – creo que nuestra querida Isabel ya ha tenido mucha información por el día de hoy.

>> Lo único que debes saber es que vinimos para protegerte, te ayudaremos en todo lo que podamos para que llegues sana y salva a Inglaterra.

– ¿Cómo saben que me dirijo hacia allá? – pregunta Isabel verdaderamente preocupada, si ellas, dos completas desconocidas saben su destino, ¿Quién más podría saberlo?, ¿Blade, Baphomet, otras criaturas de los cuales ella desconoce?

– Eso no viene al caso, lo importante es que ya estamos aquí y que estamos para protegerte – contesta Sophie antes de que Jane pudiera decir cualquier otra cosa – te llevaremos al canal de la mancha tomaras el tren hacia Inglaterra y ahí termina nuestra misión, ¿te parece?

– ¿Qué?… si, ¿pero?, ¿de que me van a proteger? – pregunta Isabel, diciendo la primera cosa que se la pasaba por la mente, esto es tan confuso, misterioso y… a falta de una mejor palabra, extraño.

– ¿Acaso crees que no sabemos lo que esta ocurriendo en Paris? – pregunta Jane mirando con fascinación el amuleto que vuelve a destellar en rojo, aunque con menos intensidad que la vez anterior, sus ojos brillan por un aprecio hacia las cualidades peculiares de ese objeto – mi querida Isabel nosotras… y muchas otras personas sabemos lo monstruosos planes del Rey del Terror.

>> Estamos para mostrarte que en la guerra que esta por llegar a nuestras puertas no estas del todo sola – agrega la mujer extendiéndole el amuleto a Isabel, ella tarda unos segundos en contestar, por lo abrumada que se encuentra, pero al final estira la mano y toma el relicario, al rozarse la piel de las dos jóvenes Isabel fue transportada a una realidad completamente diferente.

Luego de superar una poderosa luz blanca que la encegueció lo siguiente que pudo distinguir Isabel fue la imagen de un rostro.

Sus sentidos son sobrepasados por el aroma del aire fresco, de un bosque, a lo lejos distingue la copas de los árboles, el sonido del cantar de los pájaros inunda sus oídos. La imagen se hace cada vez más clara… esta parada cerca de varios pilares antiguos, al lado de ella están los que parecen ser sus amigos… pero, ¿los de quien?

Al frente suyo esta un muchacho alto, de cabello rubio platinado, su expresión es de completa prepotencia, cinismo y victoria, se ve tan irritante. Una extraña ira se apodera de ella, una como nunca la había sentido, es algo tan confuso pero a la vez familiar. Su cuerpo se mueve por si solo, aunque hace lo que ella desea.

En pocos pasos llega hacia donde esta ese muchacho rubio, no debe de pasar de los catorce años, eso no evita que le lance un puñetazo en el mero centro de la nariz.

En vez de responder el golpe o decir cualquier otra cosa el muchacho sale corriendo con sus amigos de cara despistada, que Isabel no había percatado antes. Ella se voltea y mira a sus dos compañeros, sus dos amigos, su familia.

– ¿Lo hice bien? – pregunta ella, pero esa no es su voz, no son sus amigos… ¿Quiénes son esos dos muchachos que no conoce que la hacen sentir a Isabel tan en casa?

– No bien… brillante – dice uno de los muchachos.

Otra vez la luz blanca lo envuelve todo y como si nada hubiera pasado Isabel aparece de nuevo en el asiento del conductor del auto del difunto Aramis y en el mismo lugar perdido entre la campiña francesa. Mira a jane, ella también tiene una expresión de completa sorpresa, digo también por el hecho de que Isabel tiene los ojos y la boca abierta en señal de asombro.

– ¿Qué les pasa?, no me asusten – espeta Sophie mirando de su prima a Isabel con consternación.

– Me tengo que ir – dice Jane de repente, saliendo de su trance. Abre la puerta del auto y sale sin mirar ni a su prima, ni a Isabel que mira en su mano, el amuleto de sangre de grifo esta en medio de su palma y brillando en un opaco blanco, apenas perceptible. Desde aquel día en la biblioteca de Ruan el amuleto no había reaccionado de manera alguna al contacto con Isabel, ¿pero que significa todo esto?

– ¡Jane, espera! – grita Sophie sacando a Isabel de sus interrogantes sobre la reacción del relicario. La joven sale del auto, mientras, Isabel guarda en su bolsillo el dije y también sale, quedando como una observadora silenciosa, lo menos que quiere es ser parte de una discusión en la que no tiene voz ni opinión – ¿adonde vas?

– Tengo que ir… debo investigar, no hay tiempo, si estoy en lo correcto… – Jane detiene su frase para mirar a los ojos a Isabel, quien hace lo propio. Algo la mirada de Jane le causa un mala presentimiento y un leve escalofrío que le recorre la espalda – te tienes que quedar Sophia, mira que Isabel llegue a Inglaterra, no puedo hablar más… suerte.

– ¡Espera! – grita Sophie, pero ya es tarde, como si nunca hubiera estado Jane se desvanece, se esfuma, desaparece antes de que Isabel se pudiera dar cuenta – no me dejes… ¡maldición!

– ¿Creo que será mejor que nos vayamos? – espeta Isabel luego de un largo silencio en el que Sophie se quedó mirando el punto exacto en el cual su prima desapareció – en el camino me podrías explicar mejor lo que esta pasando, ¿te parece?

– Al parecer no tengo de otra, ¿o si? – comenta Sophie mirando a Isabel con una cara de angustia, pero optimista.

– Al parecer no las tienes – comenta agudamente Isabel. Sin pronunciar otra palabra ambas jóvenes entran en el auto que al poco tiempo sigue su rumbo  por entre los solitarios senderos.

– Para que puedas entender en lo que te has metido tengo que comenzar con que somos – comienza a explicar Sophie mirando al frente.

– Creo que tengo una idea de lo que son tú y Jane – comenta Isabel mirando de Sophie al camino un par de veces – son brujas, ¿verdad?, no como los de Harry Potter o de otros cuentos, pero hace magia.

– Preferimos el termino Hechiceras al de Bruja, pero si, tanto Jane y yo hacemos lo que podrías definir como magia – contesta Sophie ahora brindándole toda su atención a Isabel – quiero que comprendas que a partir del momento en que te explique todo lo que voy a decirte tu vida no será igual, ¿estas preparada para eso?

– Llevo meses viajando con un vampiro, he peleado con un caza-vampiros y escapado de hombres lobo, creo que podré soportar lo que sea que me digas – contesta Isabel mirando directamente a los ojos verdes y hermosos de Sophie – no creo que tengas un secreto tan macabro y terrible como el que me contó William.

– No tienes no la menor idea, ni la menor idea – espeta Sophie medio misteriosa, se apoya en el asiento de copiloto y vuelve a mirar la carretera.

Notas de por ahora: Quiero informarles que para mi propio regocijo he roto mi propio record de extensión de un escrito (llegando esta historia a las 99.000 palabras y las 212 páginas a espacio y medio).

Les ruego, les suplico e imploro que si de verdad les gusta mi historia voten por mí en el recuadro que dice TUTOP.

Este capi no fue tan largo como hubiera querido, pero creo que mis próximas entregas el largo de los capis no superaran las 5000 palabras o menos, tratare de hacerlos de mínimo 3000 palabras, para que sean largos, pero no tanto.

Aqui les traigo algunas imagenes de como me imagino a Sophie con el timepo ire buscando imagenes de como veo a mis otros personajes.

Nos vemos en los comentarios.

Siguiente Capítulo

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