Capítulo XXVIII: La Cripta

Posted on 24 marzo, 2010

25


Prefacio: En mi patológico y completamente innecesario complejo por intentar ser cada vez que pueda innovador y original (eso tomando en cuenta que aunque no es un fanfic mi historia es algo cliché en ciertos sentidos) este capítulo, que estará completamente centrado en el personaje de Blade desde la muerte de Aramis en adelante estará dividido como en el Aro o la llamada… ósea se “siete días”… o más bien “cinco días”, por imaginativo que pueda ser no puedo llenar toda un semana de acción, intrigas y muerte sin control… bueno si podía pero me atrasaría con mis lectores que es peor que ser devorado por caníbales reductores de cabezas.

No hay comentarios buenos o malos, así que no se acomplejen y dejen plasmadas en mi humilde blog… no todo lo que hago puede estar perfecto y sin ningún tipo de corrección o en todo caso solo digan lo grandioso que soy…

Día Uno

“Necesito que me prometas algo Blade, ¿lo harás?” dice un Aramis diez años más joven que el que tiene enfrente en los recuerdos más recónditos del cazador “si muero antes que tú quiero que en persona me hagas un funeral como los antiguos griegos”.

Sin mostrar emoción alguna Blade le quita las pesadas ataduras del cadáver de Aramis, todo para intentar disimular el desgarrador dolor que le punza el pecho.

“Claro, ¿pero no que eres árabe?” respondió él en esa ocasión “además como sabes que tu morirás antes que yo”. En esa ocasión era un simple juego antes de una misión para la Hermandad, era de noche cuando llevaron a cabo esa conversación la luz de una buena fogata, la luna y las estrellas.

“Solo mitad árabe, mi madre era Musulmán y mi padre un soldado Israelita… pero es no es el punto, lo que quiera hacer con mi cuerpo cuando solo sirva como banco de órganos y alimento para los gusanos no tiene nada que ver con mi etnia”. Dice Aramis mirando fijamente a Blade, la fogata es los separa el uno del otro. “no sé si morirás antes que yo… pero por tu actitud estúpida ante el peligro creo que caerás devorado por un hipopótamo poseído antes que yo, pero en el supuesto caso que yo muera antes quiero que cumplas mi último deseo…”

“Gracias por el voto de confianza”, recuerda haber respondido mirando el fuego que chispeaba y acariciaba el aire nocturno.

“Es que no tengo más amigos… es algo deprimente” espeta de repente Aramis haciendo que una mueca apareciera en el rostro del cazador que a los segundos fue reemplazada por risas, risas que acompaño Aramis, la primera vez desde que murieron los padres de Blade que se reía tanto.

Una media sonrisa de nostalgia se adueña de la comisura de los labios de cazador al recostar con cuidado el cuerpo de su amigo en la mesa más firme que pudo encontrar, lo coloco con las manos sobre el pecho del cadáver. De entre los escombros de la tienda encuentra dos antiguas monedas de plata, dos Denarios, los coloca sobre cada uno de los parpados cerrados de Aramis.

Luego Blade hace una pila de escombros y pedazos de madera debajo de la mesa sobre la que yace Aramis. Años de experiencia le ayudaron de sobremanera para preparar una bomba incendiaria que colocó debajo del cuerpo del árabe.

Antes de irse buscó cualquier cosa que le fuera útil, y por útil entra cualquier objeto que sea lo más destructivo y ligero posible.

Blade entra en su auto, arranca el motor y cuando llega a una esquina acciona la bomba con un pequeño control remoto que luego lanza hacia la calle. Una tormenta de fuego se desata por todo el lugar, cubriendo de inmediato el cuerpo de Aramis y todo lo que estuviera en el interior de su tienda.

– Hasta nuestra próxima vida Aramis – espeta para si el cazador mirando todo el espectacular despliegue gracias al espejo retrovisor.

Pensando en como reencontrar el rastro de William Blade se da cuenta que las calles se ven extrañamente vacías, baja la velocidad del auto y dobla a la izquierda. A la distancia se puede ver el majestuoso “Arco del triunfo”… pero algo anda mal.

– ¿Qué significa esto? – se pregunta Blade. Sale del auto para contemplar mejor la extraña escena, los cientos de vehículos que siempre transitan por la carretera que va por debajo del glorioso arco mando a construir por Napoleón en persona están todos vacíos y con las puertas abiertas de par en par. Muchos de los cuales están agolpados y puestos de formas inapropiadas para el buen transito.

Sea lo que sea que haya pasado eso debió asustar mucho todas las personas en este lugar, se debe necesitar un evento de verdad catastrófico para que dejaran sus autos de esa manera tan precipitada. Los caminos en las cercanías están también bloqueados, con un mal presentimiento y de muy mala manera Blade saca un morral parecido al que usan en el ejército y sale de su auto.

Por un lado un escalofrió en la espalda le dice que esta en peligro pero el saber que les ha pasado a todas esas personas lo mueve más allá del miedo.

Las luces de todo el lugar de repente se pagan y una extraña y repentina niebla oscura cubre todo hasta donde alcanza la vista del cazador. La noche de repente se hace más tenebrosa, fría y salvaje; algo completamente impensable en una de las ciudades más majestuosas de la historia.

Un susurro a la lejanía, un llanto desesperado, un clamor para que apenas lo perciba Balde actué. El cazador corre con todas sus fuerzas hacia la fuente del ruido, en algún lugar entre la multitud de autos. De un brinco el cazador escala por la cajuela de uno de los muchos carros para acabar sobre el techo del mismo.

Cuando localiza mejor el susurro que ahora es un llanto nítido pero distante Blade brinca entre los techos de los vehículos para ahorrar tiempo. Con cada paso que da el ruido se hace cada vez más claro, una camioneta a lo lejos esta encendida una camioneta, la misma se mece delicadamente. El cazador corre con todas sus fuerzas hacia allá, a pocos metros mira la monstruosa escena: un vampiro en pleno acto de robarle la vida a una pobre mujer indefensa.

Con un veloz movimiento saca un revolver y con tres secos disparos le vuela la tapa de los sesos al monstruo que nunca se dio por enterado, se da la vuelta y dispara los cuatro tiros que le quedan, justo a tiempo para acertarle los cuatro disparos en el pecho de un segundo vampiro que aparentemente apareció de la nada.

– Yo, El Rey del Terror Baphomet he lanzado toda mi furia contra ustedes, los mortales – dice una aterradora voz que parece venir de la nada – durante los próximos 5 días, incluyendo este, todos ustedes conocerán de primer mano el infierno en que pronto sucumbirá la humanidad de una vez por todas… nada ni nadie podrá evitarlo.

>> Nuestra raza ya no estará oculta entre las tinieblas nunca más – agrega, el discurso se vuelva algo confuso debido a decenas de balbuceos y sonido guturales que se hacen cada vez más y más fuertes.

Blade baja la mirada y lo que ve lo deja sin aliento. De entre la oscuridad aparecen cientos y cientos de personas palidez y de apariencia aberrante, sin alma ni voluntad. No son vampiros, son algo muchos más monstruoso son…

– ¡Inferius! – espeta el cazador corriendo hacia un lugar donde defenderse de la horda de marionetas que eran hace poco personas.

Día Dos

– ¡Es el fin del mundo!… o al menos el de Paris como se le conoce – habla con suma preocupación un comentarista por la radio. Es mediodía y alrededor del Arco del Triunfo no hay ni un alma… o al menos no ninguna persona viva – ayer, a avanzadas horas de la noche ocurrió el primer gran apagón en Paris desde los tiempos de la post-guerra lo que ha provocado el caos, saqueos y protestas por toda la ciudad. Muchos han desaparecido y los daños materiales hasta la fecha son incalculables, mientras…

– Aquí va otro – suelta Blade accionando el gatillo de su rifle Magnun apuntando con la mira telescópica a la cabeza de otro de los zombis que rondan por la calle, la bala le destroza la cabeza al Inferius que cae al suelo junto con los centenares de otros títeres malditos que Blade ha estado matando… si es que se puede matar a un muerto, desde horas de la noche pasada – creo que con eso es todo.

Blade hace un último rayón en el suelo, ya son más de trescientas marcas, cada una por un Inferius muerto. El cazador guarda todo su equipo, come con rapidez y fue en búsqueda de sobrevivientes, si es que hay sobrevivientes.

Si bien con tantas personas muertas y transformadas en monstruos sin conciencia ese no es ni una milésima de la población de toda la población en Paris, aun debe quedar mucha gente viva, agrupándose y sumidas en el miedo, sobreviviendo como pueden… o al menos en eso quiere creer Blade.

Durante el resto del día hasta que llega el ocaso Blade busca por todos lados algún sobreviviente, alguien que este buscando a sus familiares o saqueando… pero no hay nadie con vida; hay cadáveres regados en todos lado, en las aceras, dentro de los autos, incluso enganchados en los postes de alumbrad publico cuando saltaron desde los edificios.

La escena es simplemente repugnante en tantas formas que ni se imaginan… y que yo no estoy dispuesto, ni en alma y espíritu como en estomago para describir, pero al parecer esto no hace la menor mella en el cazador que siempre se mantiene con la mirada fría y calculadora y con su arma cargada, atenta y lista para cualquier cosa.

La luz del sol se desvanece entre los edificios, haciendo que por breves instantes a sombra de Blade se alargue y estire hasta dejando luego solo oscuridad.

Y como cabe de esperarse, es durante la noche cuando el infierno se desata.

De todas direcciones, de los techos, de las cloacas, de cada lugar imaginable salen cientos de cadáveres andantes, un verdadero ejercito de Inferius. Con sus cuerpos pálidos, en muchos casos desfigurados y con movimientos torpes y erráticos los no-muertos rodean a Blade que no puede, ni intenta escapar debido a la férrea barrera de carne muerta que obstruye cualquier vía de escape que pudiera haber conseguido.

La maza firme y aberrante de los Inferius rodean al cazador en un círculo casi perfecto alrededor del hombre que no hace nada por evitarlo. El cazador suelta un morral, desenfunda otra arma… ridículamente grande y por ende destructiva, y espera, a cualquier movimiento por parte de la multitud de zombis, pero nada ocurre.

Los Inferius se mantienen a buena distancia de Blade hacen sonidos guturales que rayan en los gruñidos que hacen los animales agonizantes o rabiosos mientras que sus cuerpos se contorsionan y mueven fuera por completo del control de las tristes marionetas.

Perdiendo por completo la paciencia luego de varios minutos en esa agónica espera Blade descarga sus armas sobre el muro de cuerpos muertos que caen contra el suelo y sobre los cuerpos de otros haciendo por breves instantes una brecha por la que Blade puede intentar pasar.

A toda velocidad el cazador busca de pasar por entre la muchedumbre de cadáveres, animado e inanimados, pero pronto es rebasado por la gran cantidad de brazos que intentan a toda costa atraparlo para devorarlo aun estando vivo.

El peso de tantas personas hace que Blade suelte sus armas, la atracción es demasiada, él cae, arrastrado por la marejada de Inferius que se agolpa sobre de él.

Las fuerzas se le escapan y antes de caer desmayado puede ver por único recoveco que deja la maza en movimiento de los Inferius una enorme ala pasar por encima, un ala color negro azabache.

Día Tres

El cazador se despierta al cabo de varias horas.

Esta solo, una enorme cantidad de cenizas esta esparcida por todo el lugar, lo primero que hace aun algo desorientado es buscar su arma y sus cosas.

Es el ocaso, eso significa que ha estado desmayado todo el día hasta estas horas…

– ¿Qué me ha pasado? – se pregunta el cazador con un terrible dolor en todo el cuerpo, pero mucho más fuerte en la cabeza, como si tuviera un clavo atrapado en el cerebro.

Justo cuando toma su morral los últimos rayos del agonizante sol caen en el horizonte. Sin un rumbo fijo, es mas, sin saber siquiera  hacia donde ir el cazador deambula por entre las completamente oscuras y solitarias calles de un Paris que parece haber retrocedido doscientos años en el tiempo.

De pronto, al doblar en una esquina una intensa luz lo enceguece.

– ¡Ríndase, con las manos arriba! – grita una voz amplificada por un megáfono. Blade no puede ver quien es el que habla, ni si esta solo, pero si puede oír el sonido de varias armas cargando y de pisadas acercándosele – ¡Suélete sus armas! – sin poder ver nada Blade no tiene otra opción que aceptar de mala manera, deja caer al suelo sus armas y no hace ningún intento por defenderse cuando lo esposan.

– ¡Esta arrestado bajo la autoridad y el peso de La Ley Marcial de Francia! – vuelve a gritar el hombre por medio del megáfono.

– Lo preguntare por última vez, ¿Dónde conseguiste todo ese armamento? – le grita el jefe del destacamento a Blade durante un interrogatorio.

– Ya se lo he dicho una y mil veces, las robe de una armería – contesta Blade que no se intimida ni un poco por el soldado que lleva varias horas intentando sacarle información – acaso cree que con todo lo que esta pasando en estos días una persona no quiere tener una buena escopeta.

– ¿Acaso cree que soy idiota o que me chupo el dedo? – pregunta con rabia el hombre dándole una buena azotada a la mesa que lo separa de Blade con las palmas abiertas – ¡para que usted sepa no somos tan idiotas como usted cree, mi estimado caballero!, hemos buscado los números de serie de todo el arsenal que le incautamos… suficientes armas para hacer que el Führer siguiera mandando en Francia.

– ¿Y qué fue lo que descubrió el comandante? – pregunta Blade usando el más áspero de los sarcasmos.

– Que los seriales no concuerdan con los de ninguna de las armas que se venden en Paris, ni siquiera en el resto de Francia – exclama el soldado perdiendo la paciencia – todos los seriales están a nombre de una compañía fantasma o que se yo del que al parecer el gobierno es subsidiario… ¿más te vales que tengas una muy buena explicación para todo esto?

Ambos se quedan en un pesado silencio que se mantiene por varios segundos, ambos hombres se miran de forma intensa, una lucha para ver quien se quiebra primero. El primer en desviar la mirada es Blade que se apoya sobre el respaldo de su silla, coloca las manos sobre la mesa y es cuando por fin dice:

– ¿Cuál es su nombre?

– Perdón… ¿para que quiere saber mi nombre? – pregunta el soldado sorprendido.

– Solo responda, ¿quiere?

– Soy el teniente coronel Dominique Sant Clair – responde el hombre.

– Ahora, por favor, siéntese – vuelve a pedir el cazador. Esta vez Dominique no protesta, sin pronunciar palabra alguna se sienta en una silla desocupada cerca de el y se sienta del otro lado de la mesa, mirando fijamente a Blade que hace lo propio.

– Ya esta, ¿ahora que me tiene que decir seigneur? – pregunta Dominique.

El cazador guarda segundo por algunos segundos, organizando bien sus ideas y, aun más importante sus opciones, las cuales por desgracia no son muchas, y es cuando dice, lo que de seguro seria la revelación que cambiaria la vida de Dominique para siempre.

– Soy… o era parte de una asociación internacional, secreta y ancestral de personas llamaba “Hermandad de los Paladines Nocturnos”; es secta ha sido financiada desde su fundación por los países del mundo de manera tan secreta que es completamente indetectable dicha colaboración. Durante los últimos novecientos años nos hemos encargado de mantener a raya todo lo que hoy se conocen como “monstruos” o “criaturas fantásticas”, casi las mismas criaturas de las que de seguro leen sus hijos… ¿quiere saber más?

– ¡Guardias! – grita Dominique varios minutos después, de inmediato dos soldados aparecen en la carpa en la que tan solo hace pocos minutos estaban solo él y el cazador – ¡llévense a este maldito enfermo de mi presencia!

Sin perder el tiempo los hombres obedecen: vuelven a esposar al cazador y se lo llevan, sin que este hiciera ni el menor esfuerzo por evitarlo.

Lo arrastran hacia un camión de campaña, el cazador es forzado a entrar en la parte trasera del mismo junto con uno de los soldados que lo acompaña, mientas que el otro se queda y da unos golpecitos en el costado del vehiculo. El camión comienza  a moverse.

Durante varios minutos Blade y su escolta se quedan en completo silencio, pasan por muchos puntos de custodia hechos por más soldados, cada vez que llegan a uno se tienen que detener y en cada ocasión veían a los pasajeros de la parte trasera, solo el Blade y el soldado.

– ¿Me puedes decir que hora es? – pregunta el cazador rompiendo con el silencio al pasar por al cuarta o quinta atalaya custodiada.

– Son… faltan dos minutos para la medianoche – contesta el soldado con frialdad, apoyando sus manos sobre su rifle de asalto – ¡que ocurre! – grita perdiendo el equilibrio en su asciendo, haciendo que caiga de bruces al suelo.

El camión gira de un lado a otro en completo descontrol, cosa que hace muy difícil que Blade no se caiga, como le pasó al soldado que ahora se tambalea hacia una rejilla que lleva hacia la cabina del conductor.

– ¿Qué demonios ocurre? – pregón un muy exaltado soldado.

La única respuesta que consigue es un grito de tremendo horro y bañarse en la sangre del conductor que ha muerto. Con suma violencia el vehiculo pierde el equilibrio, dos de sus ruedas dejan de tocar el suelo y comienza  a girar como si fuera un enorme rodillo.

El metal se retuerce, partes del camión salen despedidas hacia todas direcciones y chipas se disparan mientras la enorme maquina de tres toneladas se revuelca sobre la carretera que queda destruida hasta que a la quinta o sexta rotación del mismo este por fin se detiene, quedando de costado.

Una figura sale del interior del camión, es increíble que alguien haya sobrevivido a semejante castigo. Blade cae al suelo, todo su cuerpo esta magullado, sangre brota por cada uno de los múltiples cortes que tiene en cada lugar donde la piel estuvo expuesta y en otros que no, pero al menos esta con vida. Con mucho esfuerzo se recuesta contra el cuarteado pavimento, respira ruidosamente.

– ¡Auxilio! – grita la voz agonizante del soldado desde el interior del vehiculo, desde un boquete en la tela puede ver el muslo del soldado atravesado por una larga y punzante pieza de metal y su rostro bañado en sangre, su rostro ha sido severamente lesionado – por favor… ayúdenme – continua suplicando el hombre, su voz es casi imperceptible.

El cazador se levanta, haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedan. Sus piernas tiemblan y su movilidad es reducida aun más al llevar las esposas que ahora parecieran pesar diez veces más. A los lejos, mas allá del camión destrozado Blade divisa un cadáver con el cuerpo completamente retorcido y dislocado, de seguro el conductor que salio despedido por el para brisa… pero no, para trastorno del cazador el cuerpo comenzó a moverse, pequeños espasmos en una pierna y brazo, intentos para que volvieran a su lugar.

– ¡Por favor, no te quedes ahí parado, ayúdame! – grita con renovadas energías el soldado, él también ha visto como el cadáver recobra vida de forma tan aberrante.

Ahora Blade esta en un dilema: Irse y dejar a aquel pobre hombre morir por causa de aquel monstruo o por la gravedad de sus heridas o quedarse lo cual significaría en el escenario más probable la muerte de ambos.

Tiene que tomar una decisión rápido, factor que hace más feroz la lucha en su interior entre el lado que desea ayudar al soldado y su parte human que desea huir, los gritos del pobre hombre que ve como el desencajado cuerpo vuelve a parecer humano y intenta incorporar solo hacen que Blade sienta más desesperación.

La impotencia y vergüenza invaden cada parte de su ser. Blade corre hacia un callejón particularmente oscuro con toda la velocidad de la que son capaces sus magulladas piernas con la única esperanza que la cosa que la cosa que los haya atacado no se hubiera percatado de su presencia.

– ¡Nooo, no te vayas maldito…MALDITO! – es lo último que el cazador le escucha decir a ese soldado en su vida.

Cuando estuvo a varias cuadras de distancia y, estando en una callejuela que nadie que estuviera en las calles principales pudiera verlo es cuando el cazador se rindió ante el inmenso cansancio y al dolor de su cuerpo maltratado. Se recuesta contra una pared cualquiera y se deja caer.

Una rabia que le quema las entrañas se adueña de él, para desquitarse comienza a darle golpes al suelo, primero con el pie y luego con su puño aun amarrado al otro, pero es no le importa, tampoco el dolor que se auto propina; solo quiere dejar de sentirse tan miserable, tan cobarde, tan débil, sin importar que sus nudillos comiencen a sangrar o que sus muñecas se lastimen por el roce con as esposas. Así continua hasta que por fin se cansa luego de haber transcurrido cinco minutos.

– No quisiera interrumpir lo que de seguro es una muy entretenida actividad para ti, pero… ¿te puedo interrogar el que hace un “Paladín Nocturno” como tú solo y desamparado en una ciudad como esta? – pregunta una voz que parece venir de la nada. Blade se levanta con premura y mira para todas direcciones, lo único que pueden ver sus ojos cansados es la oscuridad, oscuridad y nada más.

– ¿Quién esta ahí? – grita el cazador buscando la fuente de aquella voz – muéstrate cobarde.

– Como gustes – contesta la misteriosa voz. Una pluma negra azabache cae del cielo, seguido de otra y otra, pareciera que tuvieran vida propia al agruparse donde el cazador pudiera verlas, hacen una torbellino que se esfuma de inmediato dejando ver a un hombre alto, de cabello y ojos negro y una corta barba solo en la barbilla y bigotes que flota y que cae con delicadeza hasta que las puntas de sus zapatos tocan el suelo.

El cazador se queda con la boca abierta y los ojos mirando con nada más que asombro a la persona o criatura que acaba de manifestarse frente a él.

– ¿Qué pasa? – pregunta el hombre – ¿acaso le temes a la muerte?

Día Cuatro

– ¿Quién… qué eres? – pregunta Blade, sus piernas casi no aguantan su peso y su cuerpo llora angustiosamente por un descanso, un respiro de tanto esfuerzo que raya en el limite de la resistencia del hombre.

– Oh… mis modales, que pena – dice el hombre haciendo una reverencia en extremo pomposa e innecesaria – puedes decirme Alanegra, pero todo el mundo me conoce como el ángel de la muerte. – agrega, y entonces de su espalda se despliegan dos enormes y majestuosas alas color negro azabache, como las de un cuervo, alas que Blade reconoce enseguida.

– Fuiste tu… el que me salvo de los Inferius – musita el exhausto cazador envolviendo con el brazo sus magulladas costillas, el simple acto de respirar es un esfuerzo excesivo para él.

– Debo declararme culpable, muy a mi pesar por ese acto – contesta el ángel incorporándose nuevamente, con lo cual oculta buena parte de sus alas – debo admitir que no estaba entre mis planes convertirlos en polvo… vaya, tras 10.000 años aun no controlo mi propia fuerza… ¿Qué te hiciste que te ves tan decadente? – pregunta Alanegra percatándose de la apariencia lastimosa del cazador que ya no puede aguantar más.

Sus piernas ceden al paso del resto de su cuerpo, dejándose caer. Con una asombrosa velocidad Alanegra llega hasta el cazador, coloca su hombro alrededor del cuello de este y lo ayuda a no caer.

– Al parecer has tenido una noche muy agitada – espeta el ángel, como si estuviera refiriéndose a una noche de excesos y placer y no a lo que ahora es la realidad; múltiples intentos de asesinato, muertes incontables y un escenario que si no es apocalíptico esta muy cerca de serlo.

El cazador esta a punto de desmayarse, sus ojos son dos pesadas cortinas de hierro que intenta mantener abiertas a toda costa, sus pies son arrastrados por el suelo. Alanegra lleva a Blade hasta el interior de un edificio de apartamentos cualquiera, sube con ligereza unas escaleras que los lleva a un primer piso y un pasillo que lleva a una única puerta por la cual el ángel entra.

Ahora están en un apartamento en completa oscuridad, desde la sala se escucha un horrible ruido de un animal masticando con fuerza y de huesos rompiéndose. Alanegra y Blade miran como un Inferius devora a un hombre muerto, ya sin las dos terceras partes de su cuerpo y con todos los órganos esparcidos en el suelo. Haciendo una mueca de sentir asco el ángel extiende su mano libre y tanto el Inferius como su desafortunada victima salen despedidas por la ventana hacia la calle.

– ¿No te parece mucha coincidencia que justo cuando los vampiros intentan una rebelión contra los humanos aparecen los Inferius?, algo muy oscuro esta pasando en esta ciudad, como van la cosas nada será como antes – protesta Alanegra colocando con cuidado al débil cazador en un mueble – mi alma… bueno, la tuviera lloraría por saber como evitar todo esta desgracia, una respuesta, contestación, una sola frase gentil que me enrumbe a la solución de esta calamidad.

– ¿Para que me salvaste? – pregunta Blade mirando como Alanegra mira por las ventanas.

– Por que ya han muerto suficientes estupídos por hoy – contesta el ángel posando los ojos en el cazador – pero… a diferencia de los demás tu tienes un talento, una habilidad… no llega a un don pero si resulta muy practico y útil para una entidad sobrenatural como yo.

– ¿Y cual seria ese no-don? – pregunta Blade acomodándose en el sofa en el que esta recostado.

– Ya tendremos tiempo para discutir sobre esos detalles, te sugiero que te quedes aquí… eso si no quieres sufrir una muerte aterradora – dice Alanegra cruzando la sala para ir a la puerta – afuera hay muchas almas que cosechar y otros designios que realizar… pero descuida te traeré algunos de tus juguetes.

– Espera… – pero de nada le serviría terminar la frase, Alanegra ya se había ido, azotando la puerta tras de sí.

Si bien el cansancio es más que suficiente para dormirse casi de inmediato Blade no puede conciliar el sueño, al menos por cinco minutos. Minutos en los que pensó intensamente sobre como, a pesar de haber visto y vivido tantas cosas extraordinarias, peligrosas y que en ese entonces le parecieron simplemente asombrosas, pero nada de eso se puede comparar con lo que esta viviendo ahora, esta tiene que ser la primera vez desde la creación de “La Hermandad de los Paladines Nocturnos” en que verdaderamente la existencia de la especie humana esta en riesgo de desaparecer.

A la mañana siguiente Blade se despertó sintiéndose mejor, pero todavía inmensamente cansado y adolorido. Eso no lo detiene en lo más mínimo.

Todavía pensando en todo lo que ha pasado y que sigue pasando Blade logra desayunar bien, bañarse, incluso, gracias al anterior dueño de este apartamento que casualmente es de la misma talla de cazador puede cambiarse su ropa al borde de ser harapos y manchadas con sangre.

Desde las ventanas se pueden ver cada vez más Inferius recorriendo erráticamente las calles, por suerte ya no hay más victimas con las cuales saciar su hambre eterna por lo que vagan sin rumbo fijos, sin voluntad ni decisión, solo caparazones vacíos bajo el mando de un nigromante perverso.

Con un sentimiento de impotencia y molestia sin límites Blade espera prácticamente recluido en el apartamento que comienza  a oler a descomposición, sin una nevera que sirva los alimentos no precederos se empiezan a hechas a perder, además la sangre que dejo a su paso el Inferius regada por toda la sala están apestando el lugar. Cuando el sol comienza a deslizarse entre los edificios la desesperación por hacer algo se adueña de Blade, esta es por mucho su hora más activa y ahora que tiene que esperar siente tanta impotencia que comienza a golpear una pared, con tal de despejar su mente y librarse de algo de la tensión que siente.

– ¿Sabes que estas dañando propiedad privada? – pregunta Alanegra apareciendo de la nada.

Aunque Blade se sorprende ante la repentina llegada del ángel no se asusta, lo más que quiere ahora es una buena explicación, si tiene que sacársela por las malas tanto mejor.

– Espero que te mejore el animo tener tus juguetes – agrega Alanegra lanzándole a Blade el pesado bulto con las armas que dejo en su auto hace tres días – espero que estés listo para la misión que la muerte te ha asignado.

– ¿Por que tengo que hacer algo por ti?, ¿Qué gano yo? – pregunta Blade dejando en el suelo su morral y mirando directamente a los oscuros ojos de Alanegra.

– Lo que más deseas, eso es lo que te daré, la posibilidad de vengarte de tu querido Aramis – contesta el ángel dándose la vuelta, camina hacia la mesa, saca de su abrigo una hoja de papel que extiende sobre la mesa y agrega – si sales con vida te diré a donde se dirige William Knight… a no ser que quieras a alguien más.

El corazón del cazador da un vuelco, con la ayuda de este individuo puede encontrar por fin a la maldita bestia que mató a sus padres hace ya 13 años, pero…

– Quiero a William, le debo a Aramis matar a ese maldito vampiro – contesta finalmente el cazador acercándose para mirar el papel que Alanegra sacó, un mapa de Paris – ¿Qué tengo que hacer?

– En una cripta hace cuatro días se erigió un altar arcano, luego de un ritual de infinita perversidad del que no voy a hondar en detalles todos los que murieron por parte de los vampiros se transformaron como por arte de magia en Inferius – comienza  a explicar el ángel de la muerte – tenemos dos opciones: vas destruyes el altar o matar a cada uno de los Parisinos que aun quedan en esta ciudad con vida y también a los Inferius… no sé tu pero yo me voy por la primera opción.

>> Sin el altar todos los Inferius volverán a ser cuerpos inertes y en descomposición, además que los vampiros no creo que puedan intentar más ataques sin sus queridos zombis que lso respalden… son más cobardes de lo que aparentan.

– Eso ya lo sé, ¿Dónde esta ese altar? – preugunta Blade. Alanegra apuntan en más o menos el centro del mapa.

– Les Carrières de Paris – contesta el ángel en un perfecto francés.

– Las catacumbas – espeta el cazador, ¿Cómo es que no lo vi antes? Piensa reprochándose inmensamente, de seguro no debe existir mejor lugar donde refugiarse un vampiro en todo el mundo que el complejo sistema de catacumbas y túneles que atraviesan toda la ciudad, con sus cientos de accesos y entradas secretas prácticamente en cada calle.

– La única entrada que no esta custodiada esta en  la Plaza Denfert-Rochereau – dice Alanegra haciendo volver a la realidad al cazador. El ángel dibuja círculos en una plaza junto a lo que parece ser una estación del metro – cuando entres encontraras dos túneles hacia el sur, ambos están fuera de todos los recorridos por las catacumbas, el que tiene tomar es el que se llama Avenu Rene Coty, luego de trescientos metros aproximadamente llegara al túnel Rue d’ Alesia, tienes que seguir por Avenu Rene Coty, de ahí el trayecto es recto hacia la cripta.

>> Te advierto que estará muy bien vigilada, posiblemente no solo por vampiros e Inferius… aunque no creo que sean mucho desafió para ti.

– Bien – dice Blade busca su bolso y sale del apartamento, apenas pasó por el arco de la puerta la voz de ángel.

– Necesitaras una de estas – peseta Alanegra lanzándole a Blade unas llaves.

– Gracias.

– Siempre es un placer conspirar para evitar el “Final de lo Tiempos” – dice Alanegra dándole la espalda al cazador que se va sin cerrar la puerta.

Llegar a la Plaza Denfert-Rochereau no fue mayor trabajo para Blade que amarrarse los zapatos, en parte por que al no haber la menor forma de tráfico hace más rápido y por toro lado el poderoso motor de la motocicleta que Alanegra le consiguió hace que todo se haga un paseo.

Antes de que el cazador se diera cuenta llega ha la plaza circular completamente a oscuras. Blade camina en las tinieblas, llega a una estación del metro, justo a su lado hay un pasadizo, que de seguro pasaría desapercibido. Balde salta una simple vaya de metal para caer en una escalinata de piedra que baja, hacia quien sabe donde.

Al bajar el último escalón llega hacia un largo pasillo que termina en un arco de piedra cuadrado, el cazador camina con cautela hacia lo que parece ser la entrada misma a las catacumbas.

Alto esta entrando al imperio de la muerte

– “¡Alto!, esta entrando al imperio de la Muerte” – musita Blade leyendo un letrero que hay sobre la entrada – ¡fruslerías! – agrega entrando como si nada.

Luego de encontrar el pasadizo por el cual llegar a la cripta y al altar lo más interesante del oscuro y tenebroso pasillo fue la curiosa decoración. Sobre las paredes hay cientos, miles, decenas de miles de huesos humanos. Cráneos, tibias, costillas y cualquier o que existe y que se puede ver a simple vista esta pegado en las paredes, adornando de forma lúgubre los muros de las catacumbas y con tan baja luz es más que claro que cualquier persona normal estaría al borde de un ataque de nervios… pero Blade no es una persona del todo normal.

 Huesos en las Catacumbas de París

Sin preocuparse por la tenebrosa apariencia de las catacumbas el cazador camina produciendo u ligero eco con cada pisada, el suelo esta algo húmedo, cosa que hace más fuerte el ruido del andar de Blade. Luego de varios minutos caminando por el solitario túnel llegó a una pesada puerta de madera asegurada con un pesado y muy antiguo candado. Esta tiene que ser la parte más fácil, saco de su abrigo una pistola, disparó repetidas veces contra la cerradura hasta que esta termino cediendo. La puerta tenía tiempo sin abrirse, el horrible rechinido de las bisagras es prueba de eso.

Al cruzar la catacumba se encontró con que la otra puerta ya esta abierta… más bies destrozada y astillada por todo el piso. Esto es una señal buena y mala.

Con más cautela todavía el cazador se adentra en el túnel que lleva  ala cripta, es tan oscuro como una noche sin estrellas, pero a lo lejos, a varios cientos de metros devisa una extraña y opaca luz verdosa.

Al acercarse cada vez más puede ver con más detalles la cripta, varios guardias que no se percatan de la llegada del cazador y una figura encapuchada que le da la espalda. Esta parado frente a un pedestal de piedra coronado por una vasija de piedra del cual emanan unas extrañas llamas verde esmeralda.

Archivo:Catacombs-700px.jpg

La persona encapuchada, que no parece ser un vampiro declama cánticos en una lengua ininteligible para Blade con una voz fría, áspera y metálica, nada que se pueda describir como humano salen de esas palabras arcanas.

A sabiendas que tiene el elemento sorpresa de su parte el cazador no pierde más tiempo. Sale de entre las sombras a toda velocidad sacando de base a dos de los guardias que caen muertos antes de caer al suelo hechos cenizas. Los otros tres centinelas arremeten contra el intruso, pero ya es muy tarde, las balas ya les han perforado el pecho, la atmosfera se llena de las cenizas de los cadáveres vampiros. Solo quedan Blade y la extraña entidad encapuchada.

La oscura figura se da vuelta, lo único del rostro que puede ver Blade es una tez blanca nieve, una nariz que parece de serpiente y unos ojos rojo sangre, no son ojos de vampiro… esto es otra cosa… algo más siniestro. La extraña creatura hace una mueca parecida a una sonrisa, una sonrisa completamente siniestra y mueve de un lado a otro su lengua viperina antes de desaparecer como por arte de magia.

Blade se queda petrificado, de todos los monstruos y criaturas que ha tenido que enfrentar esta es por mucho la que más lo ha atemorizado… ¿Qué cosa era eso?

Las llamas se apagan en el altar. Blade saca de su bolsillo una granda que deja sobre el caliz de piedra. Luego de alejarse varios metros esta estalla, el altar ha sido destruido.

– Misión cumplida – espeta el cazador regresando a la superficie con una sensación agridulce encima. Si bien logró evitar que siguieran usando a los muertos como peones de Baphomet ese ser nuevo que esta aliado al señor de todos los vampiros de seguro será un enemigo para temer.

 

Día Cinco

– ¿Entonces hay algo más que vampiros en este ataque? – se cuestiona a si mismo Alanegra sentado cómodamente en el sillón del apartamento al que llevó a Blade. Son más de la medianoche y el cazador le acaba de contar todo lo que sucedió en la cripta hace pocos minutos – no me esperaba que Baphomet contactara a otras monstruosidades para pelar juntos… lo importante es que lo prometido es deuda y ahora te diré hacia donde se dirige William.

– Eso es lo único que me ha hecho volver a este lugar – dice Blade de malhumor, en parte por la arrogancia de Alanegra y por otra por el nauseabundo olor a descomposición en el apartamento.

No hace falta que te pongas exigente mi querido muchacho – dice el ángel con lo ojos cerrados, cosa que le impide ver el feo ceño fruncido de Blade – William se dirige al canal de la mancha… pero – agrega al abrir los ojos y ver como Blade se precipita hacia la puerta – no creo que lo alcances, tendrás que ir directo al otro lado del charco… para resumirte el cuento quieres ir a Escocia, ha una vieja mansión para ser precisos… si no es mucho pedir, me gustaría que me trajeras uno de esos famosos Kirk… – pero eso no lo escuchó Blade quien ya iba escaleras abajo, al encuentro con el segundo vampiros que más odia – espero que no causes mucho problemas antes de que te des cuentas de lo importante que eres para todos… pobre William.

Y sin decir más el ángel de la muerte se esfumó en un torbellino de plumas negras.

Notas: Este capi lo intente hacer la mas históricamente correcto, pero me salió en un 80 u 85%, para que vean donde se trazan las catacumbas les deje Este Mapa y varias imagenes.

Para la gente que leyó Harry Potter lo más posibles es que se den cuenta que deje una serie de pistas y otros mensajes secretos, con malos cuales creo que podrán adivinar algunos puntos y temas que vendrán dentro de un futuro no sé que tan lejanos en el futuro.

La referencia al segundo vampiro que más odia es por el hecho que Blade detesta más al vampiro que mató a sus padre que ha William.

Y para concluir he puesto el la pagina “Capítulos” imágenes que yo creo que servirían de portadas, eso si consiguiera a alguien que me publicara… soñar no cuesta nada y espero que no me demanden.

Y antes de decir “nos vemos en los comentarios” debo agregar que el Kira es la famosa falda que usan los Escoceses… nos vemos en los comentarios.

Siguiente Capítulo

Anuncios