Capítulo XXVII: Estela de Desesperanza

Posted on 18 marzo, 2010

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Parte I: Isabel Mendoza

– No pongas esa cara, nos veremos más pronto de lo que piensas – dice William abrazando a la joven.

– Necesitaras esto, William – dice Aramis mostrándole al vampiro media docena de esferas pequeñas de metal plateado que él toma – son capsulas de ajo, oprime el botón, las lanzas y sueltan una cantidad de esencia de ajo letal si compromete algún órgano importante, por lo general solo hacen que pierdan sus poderes por varios segundos, lo suficiente para que escapes.

– Gracias – dice William solando a Isabel y mirando con culpa a Aramis – perdón por todo, no fue… me extralimite.

– No hay problema… solo que apretaste muy fuerte – responde el árabe acariciando sonriente su cuello todavía algo adolorido – cuídate muchacho.

Sin decir nada William se evapora en una espesa niebla blanquecina que se evapora al poco tiempo. Isabel y Aramis se miran por varios segundos hasta que este último desvía la mirada para ir hacia uno de sus múltiples estantes llenos de armas y objetos especialmente hechos para matar cualquier tipo de monstruo o criatura que se arrastre, vuele o camine por las sombras.

– ¿Enserio crees que pueda volver sano salvo? – pregunta Isabel mirando la espalda de Aramis, el hombre busca entre las muchas cosas algo en particular que hasta ahora lo elude.

– ¿Volver?… no estoy muy seguro, pero sé que si logra regresar por su propio pie no creo que este en muy buen estado – responde Aramis lanzando por todas partes diversos objetos y artículos, de los cuales muchos de ellos se rompen, quiebran o abollan – ¿pero que podemos hacer nosotros dos contra un vampiro cabeza dura como William?

– ¿Eso es todo lo que tienes que decir cuando William se encamina hacia su muerte? – pregunta Isabel más que molesta, al borde de la histeria.

– ¿Qué quieres que haga entonces? – pregunta Aramis repentinamente exaltado, el hombre se voltea y mira con ojos para nada molestos, más bien impotentes – ¡si William que es un vampiro tiene muy poca oportunidad de salir con vida de ese aquelarre nosotros no tenemos mi la menor probabilidad de siquiera acercarnos sin ser victimas de una muerte horrible y lenta por desangramiento!, ¿puedes entender eso?

Isabel se queda callada por un segundo, ella sabe que tiene razón pero simplemente no puede tolerar la idea de dejar a William correr semejante peligro por su cuenta. Aramis se da vuelta para continuar su búsqueda en algunos escaparates más al fondo de su propia trastienda.

– ¿Entonces lo dejaremos morir solo? – pregunta Isabel buscando con desesperación cualquier argumente que haga que Aramis se lance en ayuda del vampiro.

– Aunque vallamos con todas las armas que están en este lugar en el mejor de los casos le seremos un estorbo a William, entiéndelo él se puede cuidar contra esos monstruos, pero tú no – dice Aramis sacando de entre unas cuantas cajas viejas de municiones un largo sable al estilo del siglo XVIII – la responsabilidad que William me dio y que yo con gusto acepte fue sacarte de Paris a salvo. Atrápalo. – agrega lanzándole a la joven la espada que ella atrapa con algo de esfuerzo.

– No pensaras que use una de estas cosas, ¿es una hoja de plata? – pregunta sacando parte de la brillante y plateada hoja de su funda para examinarla.

– Claro que no es de plata… al menos no toda, es una aleación de plata y titanio… te sugiero que no tengas muy lejos esa cosa, te puede salvar la vida en cualquier momento – explica Aramis cargando una pistola de tamaño exageradamente grande, guarda varios cargadores llenos de balas y toma una ametralladora compacta la cual también carga con un extraño cargado que brilla con una luz azulada – balas ultravioletas, lo mejor para matar vampiros sin lugar a dudas – agrega Aramis mirando sus armas – contiene un isótopo irradiado para que despidan la onda de luz que afecta a los vampiros. Una buena ráfaga de estas bellezas y ningún vampiro vive para contarlo.

Aunque ella sabe que no esta hablando sobre William, a Isabel se le hace algo incomodo hablar sobre matar vampiros o municiones de alta tecnología que sirven para eso.

– Necesitaremos comida o dinero para el viaje – agrega Isabel dando a conocer lo obvio – tengo que volver al hotel del que me… tu sabes – tartamudea, se le complica decir “secuestraste” a una persona que ahora esta protegiéndola contra monstruos más terribles de los que puede comprender – ahí tengo todas mis cosas y ahorros.

– Supongo que ya no deben estar buscando por esos sitios – dice Aramis pensando con seriedad sobre el tema – no tenemos mucho tiempo en todo caso. Si vamos a hacerlo tiene que ser ya.

– ¿Entonces que esperamos? – pregunta Isabel guardando la mano de misterios y los demás objetos en el bolso donde estaban en principio.

– Solo… nada – se corrige Aramis pasando la mano con cariño por entre uno de los muchos estantes – creo que esta será la última vez que este en esta tienda… en fin, el futuro del mundo depende ahora de mí, será mejor darnos prisa.

Isabel asiente con determinación, se cuelga el bolso en el hombro y sigue a Aramis hacia una puerta trasera que los lleva a un callejón oscuro, una simple puerta trasera. Aramis guía a Isabel hacia una gran lona que cubre una cosa de gran tamaño al lado de unos contenedores de basura, el hombre quita de un jalón la lona develando un auto convertible.

– ¿Un Gto? – espeta Isabel acercándose al bello carro con su característico color rojo con franjas de carrera y frente cuadrado.

– Al parece saber mucho de autos, entonces nos vamos a llevar bien – dice Aramis con el pecho inflado por el orgullo que le produce su auto – le hice algunas modificaciones a este belleza… ahora puede dejar llorando a toda la Ferrari – agrega mirando con satisfacción a Isabel pasar la mano por el copote  y mirar el interior de cuero negro – bueno, ya es hora de irnos.

Aramis le abre la puerta del copiloto a Isabel, luego el se pone tras el volante y arranca. Lo primero que nota Isabel es el poderoso sonido que produce el motor, como si una bestia salvaje hubiera sido despertada y viviera debajo de sus asientos.

Las calles de Paris se hacen simples borrones de luces y edificios.

– ¿Conoces a muchos magos? – pregunta Isabel de repente, en todo el tiempo que llevan en el auto Isabel había mantenido un incomodo silencio hasta ahora.

– ¿A que viene esa pregunta? – responde Aramis con otra pregunta sin dejar de mirar el camino.

– No, sé… tu hablaste de ellos hace un rato – contesta Isabel mirando otra vez por la ventana del copiloto – ¿solo quería saber si eran reales o una tontería que William invento para hacerme dudar sobre…? olvídalo.

– Bueno… si, conozco a algunos, aunque son más escasos que vampiros o licántropos son mucho más accesibles para los Paladines Nocturnos, como era yo – dice Aramis – creo que es por que  no buscamos matarlos solo por ser lo que son, ellos suelen proveernos armas y otras cosas para cumplir nuestro trabajo… son muy buenos descubriendo el punto débil de un hambriento Cíclope antropófago…

– ¿Qué?

– Nada… como te decia, son buenos en lo que hacen y tienen ahora muchos problemas con los estereotipos que cierto tipo de libros le han producido en la última década – explica Aramis.

– ¿No se suponía que lo magos son perseguidos por herejes y todo eso? – pregunta a Isabel imaginando a Blade acorralando a un viejo con larga barba blanca que le llega a la cintura y armado con una ramita – no es su trabajo matar a todas esas cosas.

– Error… nuestro trabajo es eliminar a cualquier cosa que sea peligrosa para los humanos – responde Aramis mirando por primera vez a Isabel – los magos nunca fueron una verdadera amenaza para los mortales, eso lo supimos hace quinientos años… y lo mismo supimos de los licántropos hace diez, con ambos fuimos muy injustos… volviendo al tema, lo que ocurrió con los mago y brujas fue una injusticia, en especial en los tiempo de la inquisición… aunque fue algo inútil en todo caso.

– ¿Por qué? – pregunta Isabel extrañada.

– Solo piénsalo, ¿una persona que controla una de las fuerzas más poderosas de la creación seria fácil de atrapar? – pregunta Aramis sin esperar ninguna respuesta – ni el 10% de las personas que murieron en la inquisición eran verdaderas brujas o licántropos… eso no evito que se sintieran ultrajados por los humanos y muy tentados para tomar el control.

– ¿Entonces que pasó? – pregunta Isabel, el auto se detiene al llegar a un semáforo en rojo, lo que le permitió a Aramis mirar a la joven.

– La Hermandad de lo Paladines Nocturnos actuaron – respondió Aramis – a cambio de cesar la barbarie y poder vivir en paz lo magos desistieron de declararle la guerra al resto de la humanidad y los humanos ganaron a su vez todo el conocimiento que ellos poseían y que no necesitaba… digamos esa chispa sobrenatural. Como las propiedades de muchas hierbas medicinales y otras ciencias entre las que destaca la alquimia, lo que contribuyo mucho al Renacimiento.

– ¿Entonces como viven ahora? – pregunta Isabel; la luz cambia a verde, Aramis pone la vista en el camino y acelera el auto.

– En primer lugar les encanta la tecnología – responde este – deberías ver como juegan por horas y horas en el Xbox 360 o el Ps3, por otro lado son muy tradicionales en muchos aspectos y aman a la naturaleza como los Na’Vi en Avatar.

– ¿Avatar?

– Cierto… has estado huyendo por toda Europa desde hace varios meses – dice Aramis – cuando tengas tiempo debes ver esa película es demasiado buena.

– Seguro que si, perno me estabas hablando de los magos y todas esas cosas – exclama Isabel exaltada – ¿Qué papel llevan en esta guerra o Apocalipsis?

– Son neutrales, no están a favor ni en contra de los vampiros de lo Paladines Nocturnos – contesta Aramis – mientras que esta guerra no los salpique a ellos dejaran que nos matemos en paz… creo que ya llegamos.

Isabel mira hacia delante y se encuentra con la deprimente imagen del motel al que llego hace a penas unas pocas horas. Aramis es el primero en salir, Isabel aun se siente incomoda al estar en este lugar tan sombrío, pero no tiene de otra.

– Se nota que William te consiguió un palacio mejor que Versalles – dice Aramis con sarcasmo.

– Al menos tiene buena vista – dice Isabel defendiendo al vampiro.

– En eso tienes razón, no debe haber mejor lugar en Paris para ver como una cucaracha te trepa por la pierna – dice Aramis en broma, al parecer a Isabel no le hizo mucha gracia, por no decir otra cosa.

Al oír a Aramis la joven comenzó brincar de un lado a otro, intentando ver el insecto en la oscuridad para quitársela de encima, agita las piernas como si fueran de gelatina hasta que un Aramis muerto de risa le dice.

– Era sola broma – su voz es entrecortada por la risa, no sería una exageración decir que esta al borde de caer al suelo por la risa.

Mientras, Isabel lo mira con ojos de asesino y con las manos en la cadera. Cosa que ayudó a que se pusiera derecho y dejara de reírse… y por “ayudó” se entiende que nadie con uso total o parcial de sus facultades se puede reír con alguien mirándote así.

– ¿Qué…? – le pregunta Aramis a Isabel, quien aun lo mira con ganas de hacerle cosas muy malas – ¿No me dirás que no es graciosos que una persona que es amiga de vampiros y que ha escapado de locos con armas le tenga miedo a una inofensiva cucaracha?

– Solo… vayamos a buscar el equipaje, ¿quieres? – espeta Isabel conteniendo su enojo tras un corto e incomodo silencio.

Aramis la deja entrar primero a la habitación, la torre Efeil se sigue viendo bella y llena de luz desde la terraza, completamente apartada de esta bizarra aventura que Isabel ha tenido que vivir… a estas alturas todo esto no vale un best-seller, aunque le da muchas ideas para historias y libros en un futuro cercano… si es que sobrevive a William.

La joven toma sus dos únicas y ligeras maletas mientras que Aramis se lleva las de William, sin pronunciar palabra alguna ambos las colocan en el portaequipaje y vuelven a las iluminadas calles de la “Ciudad Luz”.

– Me… perdón por esa mala pasada – Aramis es quien rompe el silencio.

– No hay problema, no debí reaccionar así – contesta Isabel mirando por su ventana. El auto da un brusco giro a la derecha y acelera de repente en una calle vacía – ¿Qué ocurre?

– Míralo por ti misma – suelta Aramis, en ese momento las luces de la calle, el alumbrado público y los edificios alrededor se van apagando cuando el auto les pasa por el lado – nos persiguen, y te aseguro que no es algo humano. – agrega pisando el pedal a fondo, con cada bache e imperfección de la carretera que pasan el auto brinca con violencia.

Aramis saca del compartimiento bajo su asiento una pistola de bengalas. El auto frena a fondo y hace un fuerte giro a la derecha que lo deja de lado, Aramis dispara al aire.

Una fuerte luz púrpura azulada baña toda la oscura calle, ante los ojos asombrados de Isabel tres figuras de aspecto humano aparecen de la nada a toda velocidad solo para luego terminar hechos cenizas.

– Eran vampiros, puede que vengan más – dice Aramis en tono muy serio – hay que darnos prisa.

– ¿Qué fue eso? – pregunta Isabel, ¿acaso nunca pararan las sorpresas y cosas extrañas para ella?

– Una bengala ultravioleta, luego te explicare los detalles, el punto es que mata muchos vampiros en poco tiempo – explica Aramis recuperando el rumbo del auto, corriendo a todo lo que da el motor.

Aramis saca de su abrigo un extraño adorno que cuelga sobre el espejo retrovisor. Las luces se vuelven a apagar a ambos lados de la carretera, algo muy malo esta a punto de pasar.

– Esta cosa evitara que los vampiros entren – dice Aramis adelantándose a las preguntas de la joven que mira por los retrovisores en búsqueda de respuestas a quienes o si algo se acerca, pero solo distingue oscuridad y más oscuridad.

– ¿Entonces que pasara con William? – pregunta Isabel.

– En el mejor de los casos debe estar a punto de ser capturado o ya lo esta y lo están torturando como parte de sus rituales retorcidos para con los traidores o quizá solo para sacarle información – suelta Aramis intentando con una sola mano recargar la pistola de bengalas – ya no podemos esperar que este feliz y bien… tenemos que huir de esta cuidad, ha sido invadida por el mal encarnado.

El auto se detiene de golpe y Aramis mira con completa seriedad a Isabel.

– Esta carretera te llevara fuera de Paris, solo sigue derecho… – comienza a explicar Aramis desabrochando su cinturón de seguridad.

– No…

– Intenta viajar de noche – continua el hombre haciendo caso omiso de lo que dijo Isabel – así no creo que te puedan alcanzar pronto – no confíes en nadie…

– No, no quiero que…

– Intentare darte algo de tiempo – Aramis abre la puerta y luego de sacar su ametralladora cierra la misma – adiós Isabel, fue un placer – agrega mirando por su ventana antes de ir hacia lo que seguramente seria su muerte.

– … Te vayas – Isabel completa la frase en estado de shock. Lo siguiente que ve es la poderosa luz violeta de la bengala ultravioleta.

– ¡Vamos, corre! – grita el árabe mirando tras su hombro. Al mirar lo ojos decididos de Aramis Isabel supo lo que tenia que hacer – ¡rápido, no hay tiempo!

Sin perder más el tiempo se acomoda en el puesto del piloto y pone a andar el auto a todo lo que va. Mira la silueta de Aramis soltando la pistola de bengalas para reemplazarla con una pistola. Esa fue la última vez que ella vio Aramis en su vida. Los disparos de varias armas de fuego que en un principio fueron muy continuos, pero luego se extinguieron de pronto le dijeron la ineludible verdad.

– Idiota – dice ella en voz baja antes de romper a llorar, ha conducido por varias horas y ahora se encuentra muy lejos de Paris, parece por fin estar a salvo. El único consuelo que le queda ahora que Aramis ha muerto y que no sabe lo que ha sido de William es saber que el amanecer se acerca haciendo que la oscuridad se vaya… aunque solo sea por algunas horas agridulces.

Parte II: William Knight Valerius

El vampiro corre hacia su auto, lo pone en marcha y a toda velocidad busca de escapar de la casa de los horrores que es ahora la ciudad de Paris.

Un único y solitario pensamiento recorre una y otra vez la mente de William,  provocándole un tormento enorme que le devora el alma y le carcome el espíritu.

– Tengo que encontrar a Isabel, antes de… – piensa William, la imagen del espantoso poder de Asmodeo y el simplemente espeluznante Baphomet – ¿Cómo es posible que exista algo tan perverso en el mundo?

Entonces todas las luces de la ciudad se apagaron de repente se apagaron, todo cuanto quedó de la “Ciudad Luz” son los faroles de los muchos autos en la calle que se detienes para admirar este fenómeno, todos menos William que acelera. Si esta en lo correcto tiene que salir de lo más pronto posible, algo verdaderamente horripilante esta por ocurrir.

Como si fuera una explosión silenciosa una oscuridad sobrenatural se riega por la ciudad en un círculo casi perfecto hasta que no hay lugar donde las tinieblas no lo dominen todo. Del motor del auto de William comienza a salir humo, sabiendo que casi no le queda vida al auto William acelera a todo lo que da y gira hacia el refugio de Isabel, la tienda de Aramis.

Cuando llega a la calle donde esta la imagen de un incendio que carcome la tienda se apodera de toda su atención. Detiene el auto en mitad de la calle, la gente sale de sus casas para mirar el fuego y la repentina oscuridad. William corre hacia la tienda, el fuego lo consume todo, nadie podría sobrevivir a semejante infierno.

– Llegaste tarde “Vinculado” – dice una voz fría desde la nuca de William, los gritos y sollozos de una intensa agonía lo invaden todo. William se da la vuelta y mira a más de diez vampiros, la mitad de ellos drenando la vida de los desafortunados que no pudieron escapar mientras que los otros rodean a William que no se mueve, la rabia le carcome las entrañas – nadie podrá detener los planes de nuestro Rey del Terror.

– ¿Qué han hecho? – pregunta William con un hilo de voz.

– Solo lo indispensable para cumplir con nuestro destino – responde el que parece ser el líder de la pequeña tropa, el vampiro, que se ve muy confiado por su superioridad numérica se acerca un par de pasos a William – pronto los mortales se inclinaran ante nosotros, a era de los vampiros ha llegado.

Sin mediar palabra William se lanza contra el líder de los vampiros que se coloca en guardia, William hace lanaza un golpe contra la cara de su enemigo que lo atrapa sin problemas, pero en realidad fue una distracción.

– ¿Qué? – espeta el líder vampiro al intentar responder el golpe, William se ha desvanecido en una suave niebla que se evapora en el aire.

William se aparece al lado de uno de los vampiros que se alimentan, con un veloz golpe en la cara y una patada en el pecho lo envía con fuerza suprema hacia una pared que se agrieta, antes de la única victima vida que queda caiga al suelo William la trapa y se la lleva también entre la niebla, que hasta ahora ha resultado una habilidad que le ha sido en extremo útil.

– ¡Atrápenlo, el rey lo quiere vivo! – grita el líder de la incursión a sus soldados que sin tiempo que perder se lanzan en persecución de William.

– Aquí estarás a salvo… al menos eso espero – le dice William a la pobre mujer inconciente que acaba de salvar de morir en la fauces de uno de esos vampiros que todavía lo siguen. William oculta a la mujer desmayada en un diminuto cuarto de mantenimiento en la azotea de uno de los muchos edificios de la época victoriana que están en la zona histórica de Paris.

Apenas se da la vuelta un fuerte puñetazo que parece venir de la nada saca de balance a William que por poco se deja caer al suelo. Se coloca en guardia, justo para detener un puñetazo a pocos centímetros de impactar en la mera boca de su estomago, tomando el impulso de su enemigo William lo arroja contra una pared que se destroza como si estuviera hecha de papel.

Otros dos vampiros aparecen con una velocidad asombrosa, el primero de ellos le asesta una patada en la mandíbula de William y el otro una en las costillas, con la cual salio volando hacia el vació, más allá del edificio. El vampiro cae como una piedra contra el suelo adoquinado, el suelo se agrieta al caer el peso muerto del vampiro.

El dolor se esparce por cada parte del cuerpo de William, no se puede mover por más intentos que haga. Sus tres enemigos caen del techo con gracia y agilidad que obviamente supera lo humano.

– El rey Baphomet estará muy complacido con nuestro trabajo – la voz es la del vampiro que comanda a los demás desde la tienda de Aramis. El vampiro se aparece a varios metros, de seguro siguiéndolo de cerca.

Ahora, solo y al borde de la muerte William siente una impotencia que lo aflige más que todo el dolor físico que experimenta justo ahora… una única pluma negra azabache, una pluma de cuervo flota con pereza, dando vuelta y bamboleos en el cielo hasta que cae delicadamente en la frente de William.

El vampiro siente de repente nuevas fuerzas en el, logra no solo esquivar un pisotón contra su pecho si no que también contraatacar conectando una buena patada contra la cara de su atacante. William se levanta como si nada hubiera pasado, los otros vampiros se abalanzan sobre él, una serie de golpes más rápidos que los que suele dar logra acabar con sus dos atacantes que se vuelen cenizas a pocos centímetros de los pies de William.

– ¡Muere maldito! – grita el líder vampiro, esta de espaldas a William que no tiene tiempo de esquivar su ataque. Él solo cierra los ojos esperando el golpe.

– No sé que tienen en Paris estos días, pero todos quieren intentar ir más allá de mis designios… es algo que simplemente no puedo permitir, ¿no piensas así, William? – pregunta una voz familiar, William abre los ojos.

– ¿Alanegra? – espeta William, en efecto, el ángel de la muerte esta entre él y el líder del pequeño grupo de vampiros, completamente sometido debajo del pie de la parca en persona. Dos enormes alas de color negro azabache salen de la espalda de Alanegra, por sobre su sobretodo de cuero también negro, dando constancia de que en realidad es un ángel – nunca pensé que me alegra esta viendo a la muerte en persona.

– Siempre es un placer provocar algo más que gritos – suelta Alanegra mirando sobre su hombro – creo que tienes algo que preguntarle a tu nuevo amigo… si no me equivoco, claro esta – agrega, el ángel agarra por la camisa al líder vampiro y lo azota contra una pared con tanta violencia que esta tiembla.

– ¿Dónde esta Isabel? – pregunta William algo intimidado por la presencia de Alanegra.

– ¿Quién…? – pregunta con un hilo de voz el líder vampiro – no sé de que…

– ¡No digas estupideces! – grita un exaltado Alanegra, vuelve a azotar al pobre vampiro contra la pared que se agrieta aun más – lo que mi amigo quiso decir es que buscamos a su sensual y muy inteligente acompañante de viaje humana, sabes muy bien de quien estoy hablando… ¡verdad! – agrega la parca golpeando otra vez el vampiro contra el muro, dejándolo a punto de desmayarse y con el cuerpo increíblemente adolorido.

En este punto William es un espectador silencio, el poder y la brutalidad enmascarada con amabilidad de Alanegra es desconcertante y atemorizante para él.

– ¡Esta bien… esta bien! – grita el vampiro cabizbajo y entre susurros – ella… ella logro escapar, se fue de Paris… Aramis lo atrapamos y… lo convertimos – agrega el vampiro tomado para sí toda la atención de William que hasta entonces se negaba a ver el interrogatorio de Alanegra – ¡nos ordenaron hacerlo, no me lastimen!

– Por supuesto que no lo haremos, pero… – comienza a decir el ángel de la muerte como si nada, hace una pausa y una extraña niebla blanca brillante sale por los ojos, boca e incluso nariz y oídos del vampiro que Alanegra suelta – deberías saber que la muerte es engañosa – agrega por fin en un tono muy sombrío, entre su mano atrapa el aura y la inhala como si fuera simple aire – esta algo añejo, es de esperarse… debió morir hace doscientos años.

– ¿Qué… qué… qué hiciste? – tartamudea William mirando con asombro al ángel que se sacude de los zapatos las cenizas que alguna vez fue el líder vampiro.

– Coseche un alma, los detalles para otra ocasión – dice Alanegra como si nada, se voltea para mirar a un aterrado William – ¿ahora entiendes los que esta en juego a partir de ahora?

– Se juega la vida de Isabel, es lo único que sé – contesta William sacando valor de donde no lo tiene para encarar a Alanegra – ahora tengo que ir a buscarla, gracias por toda la ayuda y la advertencia pero…

– Al parecer no has entendido bien lo que he tratado de decirte… me haré a entender mejor – espeta Alanegra tomando a William por la camisa, lo azota contra la pares, a pocos centímetros del cráter que produjo los golpes del otro vampiro – en este momento… justo ahora, mientras que tú lloriqueas por tu querida novia esta perdida por ahí toda la creación esta pendiendo de un hilo… eso significa mucho trabajo para mi… en pocas palabras este no es momento de tonterías.

– ¿Entonces para que me salvaste de ellos? – pregunta William usando todas sus fuerzas en un inútil intento de soltarse del agarre del ángel que lo con tanta intensidad que pareciera que le lanzara lenguas de fuego.

– Por que…  nos guste o no necesitamos del otro – contesta Alanegra, la presión aplastante de la mano del ángel se libera, William cae al suelo jadeando y de rodillas – yo… como es de esperar no puedo tomar un papel muy activo en este plano y tu aunque no posees ni una fracción de mis poderes, encanto, físico y talento… modestia aparte claro esta… perdón, estoy divagando, el punto es que si puedes hacer lo que necesito para que la existencia misma no se resquebraje.

– Bien… como quieras, ¿entonces que tengo que hacer? – pregunta William apoyándose en la pared – ¿Qué es a lo que tengo que detener?… si es que puedo hacerlo.

– ¡No puedo decírtelo! – exclama Alanegra haciendo un gran esfuerzo por mantener la compostura – lo único que tienes que saber es que pase lo que pase no puedes permitir que Baphomet o alguno de sus seguidores obtengan la ultima pieza del legado de “Etteila”.

– ¿Pero…?

– No preguntas más, no te puedo responder – interrumpe Alanegra, se da la vuelta y camina hacia la calle principal, William lo sigue de cerca. Desde ese punto de vista las enormes alas del ángel se ven en extremo imponentes – soy la muerte mi querido muchacho… sé todo lo que pasara… o al menos todo hasta el próximo 13 de septiembre, a partir de ese punto todo se vuelve nebuloso.

– ¿Entonces que es lo que tengo que hacer? – pregunta William. El amanecer empieza a bañar con sus dorados rayos de luz todo el lugar, a medida que el cuerpo y las majestuosas alas del ángel de la muerte son tocados por el resplandor este se va desvaneciendo, como solo pudiera existir en las sombras más oscuras.

– No te dejes arrastra por la estela de desesperanza que esta por sumir al mundo más pronto de lo que todos quisiéramos – responde Alanegra, se da la vuelta, ya la mayor parte de sus piernas y costado. Los profundos ojos negros del ángel miran fijamente a William – ve a buscarla, ella es más importante de lo que todos creen… incluso Baphomet la subestima, que lastima que no tenga a un ángel para que se lo advierta – agrega, su rostro es la ultima parte de su cuerpo en evaporarse junto con sus hermosas alas.

Esta hora es segura, los vampiros no saldrán hasta el ocaso… pero cuando llegue la noche lo más seguro es que Paris se vuelva un infierno.

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