Capítulo XXVI: El Rey del Terror

Posted on 13 marzo, 2010

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Primer Acto: Preludio de la Batalla

Isabel despierta. Esta confundida… y con un desagradable sabor metálico en la boca, eso es lo que termina de hacerla entrar en razón. Aunque tiene los ojos abiertos todo esta oscuro, ni una sola luz para saber donde es que esta.

La última cosa que la joven recuerda es estar sentada en su cama en la vieja casa de huéspedes organizándose mejor cuando de repente la puerta se abrió de golpe… después todo se hace nebuloso.

El único sentido que le sirve ahora a Isabel es el tacto, no hay nada para escuchar… mucho menos probar ni oler y no se ve absolutamente nada. Se levanta sin dificultad alguna, eso significa que no esta atada; con los dedos se palpa el rostro, no lleva puesta ningún tipo de vendaje, es la habitación en donde se encuentra en completa oscuridad. Con la palma de la mano siente el lugar en donde esta sentada, parece ser una simple y común cama, un poco más a la derecha se consigue con el borde de la misma. Procurando tener el mayor cuidado posible Isabel gira su cuerpo, saca los pies de la cama, con la punta de los dedos toca el suelo y se incorpora.

Le cuesta algo de trabajo mantenerse en pie, por suerte ella consigue sujetarse del respaldo de la cama.

Una delgada y horizontal línea de luz aparece varios metros a los pies de ella. Como abejas sobre la miel Isabel se camina hacia la puerta. Como abeja sobre la miel Isabel se camina hacia la puerta, pone la mano en el pomo, pero la discusión del otro lado de la misma hace que desista de querer abrirla por los momentos.

– ¿¡Dónde esta!? – grita una poderosa e iracunda voz. Se escucha un forcejeo y muchas cosas cayendo al suelo para después romperse. Isabel pone las manos sobre su boca, para que un grito repentino o cualquier otro sonido suyo la delatara.

– ¿De quien hablas? – pregunta calmadamente el otro hombre del otro lado de la puerta.

– ¡Tú sabes bien de quien hablo! – grita el primer hombre sonando más molesto y desesperado que la primera vez que hablo, otro fuerte alboroto se produce asustando más a Isabel; cientos de objetos golpean el suelo tales como porcelanas, pequeñas piezas de metal, vidrios y cualquier otro objeto rompible que se le pudo ocurrir a Isabel – ¿Dónde esta Isabel? – pregunta el hombre destellando rabia con cada palabra, pero esta vez si puede reconocer el dueño de esa voz.

Abre la puerta, la luz le nubla la vista unos instantes pero aun así ella continua. Se sujeta en una baranda y sin ver casi nada empieza a bajar por lo que parece ser una escalera, al llegar al tercer o cuarto escalón Isabel recupera la vista. Apenas entra al lugar donde están discutiendo los hombres descubre una tienda completamente destrozada, cada uno y todos los artículos parecen estar fuera de lugar. Sobre unos estantes volcados en el centro de la pequeña tienda de antigüedades esta desplomado un hombre moreno, de apariencia árabe y una corta barba negra.

– ¡Isabel! – grita William parado al lado del hombre, es más que evidente que ha sido el vampiro el responsable de todo este caos. En menos de lo que tarda un parpadeo William atrapa a Isabel en un férreo abrazo.

– Tendrás que pagar por todo lo que rompiste William – dice el hombre aun tirado sobre los escaparates. William se despega de inmediato de Isabel y se lanza de nuevo contra el hombre, el vampiro sujeta por el cuello a aquel hombre con un solo brazo alzándolo y haciendo que su espalda se golpee una pared despejada.

– Deberías callarte Aramis, eso si no quieres morir aquí y ahora mismo – vocifera William asfixiando al árabe quien por primera vez se quiebra.

– Espera, déjame explicarte… están en peligro, deben irse – dice Aramis intentando librarse del agarre de William con las manos, pero es inútil, el vampiro tiene demasiada fuerza – tienen que escapar.

– ¡Basta, suéltalo! – grita de repente Isabel corriendo al socorro de Aramis que empieza a tornarse azul, la joven toma la mano con la cual el vampiro sujeta al vendedor – ¡por favor no lo mates…! – agrega, al mirar los ojos carmesíes de William ella se queda paralizada, nunca antes había mirado a William o a nadie más destellar tanto odio de sus ojos, literalmente salen lenguas de fuego de los ojos del vampiro – por favor… suéltalo.

– ¡Bien! – espeta William con frustración, se aleja de Aramis y camina al lado opuesto de la habitación. El árabe cae de rodillas acariciando su adolorida garganta y respirando entrecortadamente.

– Gracias – dice Aramis a Isabel.

– No me des las gracias si no tienes nada bueno que decir – dice Isabel mostrando una faceta agresiva que sorprende tanto a William como a Aramis – ¿Por qué me secuestraste?

– Porque no podíamos perder el tiempo en explicaciones sin sentido – dice Aramis levantándose del suelo y mirando únicamente a Isabel, William se mantiene atento pero sin dignarse a mirar a la persona que casi le arrebata lo más preciado que posee – algo extraño esta pasando en Paris en este preciso momento y por alguna razón te están buscando a ti – agrega señalando al vampiro que se da la vuelta y responde la mirada de Aramis con pura confusión – los vampiros se enteraron que viniste y donde te quedarías, no me puedo ni imaginar lo que le hubiera pasado a ella si la hubieran encontrado en vez de a ti.

Un leve escalofrió recorre la espalda de William, cosa que disimulo a la perfección.

– ¿Cómo supiste donde encontrarnos? – pregunta Isabel evitando mirar a William, este se mantiene sin mirar la discusión entre ella y Aramis.

– Gracias a esto – dice Aramis sacando de su bolsillo un aparatito parecida a un televisor portátil o un celular antiguo – un rastreador con posicionamiento global – Aramis se acerca a Isabel, le pone el artefacto en las manos y acto seguido, y bajo la mirada precavida de William, Aramis acaricia el cabello de Isabel quien no se mueve, a los pocos segundos pellizca algo entre el rizado cabello de la joven y con un suave tirón lo retira para mostrarlo, un pequeño punto negro – por lo visto otra vez he subestimado la habilidad de es cazador, ponerte un aparato de rastreo en mitad del combate con un vampiro, según él te lo coloco en la biblioteca de Ruan.

– ¡Tú conoces a Blade! – grita William acercándose peligrosamente a Aramis quien no se perturba, pero logra contenerse a último minuto.

– Yo conozco a  muchas personas William, no solo a ti o a Gabriel, muchos de ellos son “Paladines Nocturnos” – dice Aramis – ahora me toca hacer a mi las preguntas, ¿Cómo supiste que era yo?

William saca el visor de espectros del interior de su chaqueta y se lo lanza a Aramis.

– Al parecer Blade no me lo devolverá – dice Aramis cerrando los ojos y guardando el medallón.

– ¡Entonces si conoces a ese hombre! – grita Isabel.

– ¿Conocer?, él es uno de mis amigos más cercanos – dice Aramis mirando a Isabel como si nada.

– ¿Cómo puedes estar de parte de alguien tan perverso? – pregunta Isabel recordando con rabia todas las malas pasadas que les ha hecho pasar el cazador.

– No creo que estés sopesando bien la situación en la que te metiste jovencita – dice Aramis con cierta jactancia – si no te has dado cuenta por más lindo y precioso que te parezca William la verdad es que él es un vampiro, un nosferatu, en pocas palabras un maldito asesino sobrenatural y nosotros somos su alimento. Los cazadores como Blade han dado sus vidas por casi un milenio para exterminar a todos los monstruos que ponen en peligro la existencia de la humanidad.

Isabel de inmediato se gira ara mirar a William.

– Esa es la verdad – dice este.

Aunque le cueste admitirlo Isabel siempre tuvo un presentimiento de que estaba juzgando mal a Blade, pero es que William es tan diferente al concepto de vampiros que ella tiene que no puede evitar defenderlo de personas de apariencia tan siniestra como Blade.

– ¿De que clase de peligro es que hablas? – pregunta William, cortando así el incomodo silencio que abarroto el lugar.

– No tengo mucha información al respecto, debemos esperara a que llegue Blade, esta a pocas horas de Paris – dice Aramis – si le explican bien las cosas puede que él sea la única posibilidad que tienen para escapar con vida esta noche.

– De acuerdo – responde de inmediato William.

– ¡No, nunca! – exclama Isabel, si bien puede que Aramis tenga razón pero ahora es el orgullo quien le habla, todavía le tiene rabia al cazador por la bofetada que le dio la noche en que se encontraron por primera vez.

– No tenemos más remedio – dice William poniendo la mano sobre el hombro de la joven – a mi no me agrada más que a ti depender de la ayuda que nos pueda dar Blade.

– ¡Bien! – dice Isabel de mala gana – más les vale que esto funcione – agrega dirigiéndose a ambos hombres.

– Será mejor que vayamos a la trastienda – dice Aramis guiando a William e Isabel a la parte trasera de su local al tiempo que apaga las luces, si tienen suerte los vampiros no pensaran en buscar en la tienda de un personaje neutral en esta batalla que esta por iniciar.

Segundo Acto: Redención

Una motocicleta corre a toda velocidad por la carretera norte que lleva hacia Paris, el conductor tiene la suerte que la autopista que normalmente esta repleta de vehículos en las horas picos a estas horas de la noche esta sin un alma, cosa que le permite acelerar a todo lo que da el motor.

La pregunta ahora es, ¿Quién es esta persona que tiene tanta prisa de llegar a su destino o la muerte?

Antes de poder responderles a esa pregunta un enorme lobo aparece de un costado de la autopista y enviste con asombrosa y sobrenatural velocidad al piloto de a moto que es arrojado contra el bosque por la cual pasa la autopista. El conductor rueda por el suelo y se quita el casco, por suerte no se ha roto nada… o no fue solo suerte.

– ¿¡Qué carajo!? – grita Blade mirando para todas partes. Por poco ese licántropo lo mata, de no ser por que se movió justo a tiempo para evitar sus garras y colmitos ese hubiera sido su fin.

El cazador corre hacia la carretera, a cien metros consigue su motocicleta. Al llegar a ella descubre para su agrado que no se ha dañado, solo se le ha arruinado el trabajo de pintura que antes era de un pulcro color negro.

Blade saca su siempre dispuesta escopeta y cuchillo de cazador, si bien tiene una prisa urgente por llegar a Paris pero un ataque de hombre lobo es muy poco frecuente y puede que no sea un hombre lobo en si. Los licántropos suelen mantener un perfil más bajo que los vampiros u otras criaturas que se consideran peligrosas para los humanos, son los infectados por licántropos los que en general agraden a los humanos y que atacan a cuanta cosa perciben con sus increíbles sentidos.

Blade se adentra en el bosque, cada paso que da no se hace sin mantener su arma alzada y apuntando por donde mira. Los altos y rectos árboles cuyas copas estas a diez o veinte metros de altura obstruyen la mayor parte de la débil luz plateada de la luna dándole a todo el lugar una apariencia espectral y aterradora, cosa que por supuesto no hace la menor mella en el cazador.

Un enorme licántropo se lanza contra la espalda del cazador que esta vez logra esquivarlo, el animal de dos metros de alto cae al suelo deslizándose  y arrancando con sus garras parte del suelo terminando por encarar al cazador que le apunta entre los ojos y dispara.

El monstruo esquiva sin esfuerzo alguno los tiros de Blade, quien es atacado de nuevo, el licántropo le arranca de las manos y con una fuerte mordida la despedaza.

Blade saca su cuchillo y el licántropo muestra sus dientes como puñales afianzando sus garras en el suelo, para poder saltar con más fuerza contra el enemigo que literalmente hace que eche espuma por la boca. El cazador se lanza contra el lobo que también se le hecha encima, por poco una de las garras del lobo impacta contra el cazador que salta por sobre la espalda de el lobo y lograr hacerle una buena herida en el lomo. El animal grita de inmediato.

El cazador corre por entre el bosque, debe encontrar un buen refugio y una estrategia o si no este puede ser su fin. Puede escuchar como el licántropo le sigue de cerca, mira tras de su hombro justo a tiempo para ver como e animal se lanza contra él con garras y dientes por delante. Blade no puede hace otra cosa que agacharse, con lo que logra salvarse del golpe directo, pero las garras de las patas traseras del lobo le desgarran la parte trasera de su abrigo y le lastima seriamente los hombros.

El dolor le quema la espalda terriblemente, apenas se da cuenta que la arremetida del lobo que con su pata golpea su pecho contra el suelo sacándole por completo el aire. Con sus monstruosas mandíbulas el lobo intenta arrancarle la cabeza al cazador, pero este logra atraparlas entre sus manos con mucho esfuerzo, la fuerza apenas le rinde para mantener a raya al licántropo que cada vez le imprime más potencia y frenesí a sus mordidas, el sonido de las poderosas mandíbulas cerrándose y castañeando hambrientas de la carne de Blade es un ruido insoportable.

El lobo hecha para atrás su boca para lanzarla con más fuerza contra Blade, quien ve que esta es su oportunidad. Con toda la fuerza de la que es capaz sus piernas golpea al licántropo haciendo que se mueva lo suficiente como para rodar lejos de el.

Con algo de esfuerzo a causa del dolor en el pecho se incorpora, su cuchillo tiembla entre su mano, esta debe ser la primera vez en muchos años que siente semejante temor. El lobo se da la vuelta y mira con sus brillantes e iracundos ojos color ámbar, ambos se miran con una fiereza atemorizante. Esperan quien será el que haga el primer movimiento.

Todos los músculos del lobo se tensan debajo de su grueso pelaje, el suelo donde el pisaba se desprende al impulsarse contra el cazador que busca escapar. Corre hacia el tronco de un árbol particularmente grueso e impulsándose con este brinca por sobre el lobo que instantes después lo destroza con el poder de sus zarpas, el lobo se golpea contra unos arbustos varios metros a lo lejos mientras que entre ellos se resquebraja el árbol.

Blade aprovecha esta oportunidad para correr en el lado opuesto de la maraña de ramas y hojas que son lo único que momentáneamente bloquea el ataque del licántropo. Los árboles son seguidos varios metros más lejos por densos arbustos que el cazador atraviesa sin ningún tipo de complejo. El cazador se detiene, esta atrapado en un claro en el bosque que termina en un precipicio que lleva a un río varios metros debajo.

El cazador busca por todos lados alguna ruta de escape, algún atajo o forma de cruzar el barranco sin terminar destrozado en las heladas aguas del río; su ansiedad se acrecienta al escuchar los pasos del lobo que se acerca con preocupante despacio, con cada paso del licántropo el corazón de Blade se acelera, cosa que le emociona y perturba a la vez; esta es la primera vez en muchos años que siente semejante ola de adrenalina durante una cacería, esta sensación es embriagadora en un sentido absurdo y retorcido.

El cazador alza la mirada recuperando la compostura y el valor, pase lo que pase él juro que no descansaría hasta encontrar el vampiro que le arrebato a su familia, ni el ni ninguna otra persona frustrara sus planes, aunque sea… al mirar al cielo nocturno completamente despejado se da cuenta de un hecho estremecedor.

– No hay luna llena – piensa en voz alta al mirar la luna medio oculta en el cielo estrellado y simplemente perfecto – eso significa…

– Que no soy una de esas aberraciones a las que llaman “Demonios de la Noche” – dice una voz fuerte, pausada pero destilando odio como no tienen una idea. De entre los arbustos sale un hombre alto, musculoso en una buena proporción, de corto cabello negro y ojos igual de brillantes y ambarcillos como cunado es un lobo, su única prenda de vestir son unos pantalones cortos hechos con lo que parece ser piel de lobo – lo que significa que nací siendo licántropo.

– Eso explica el taparrabo – dice Blade sosteniendo su cuchillo con firmeza, mientras no este transformado es más vulnerable – los nacidos licántropos…

– Saben que una piel de lobo cambia junto con ellos durante la metamorfosis, por eso la usan como prenda de vestir debajo de la ropa normal – interrumpe el licántropo, al parecer esta disfrutando tener a Blade acorralado y sin ninguna oportunidad de escape – ese tipo de cosas ya me las sabía, no tienes por que repetírmelas maldito.

– Entonces también debes saber que no soy tu enemigo – dice Blade extendiendo las manos, buscando por un lado ganar tiempo y por otro saber que le ha hecho atacarlo – tanto los licántropos como los “paladines nocturnos” estamos en contra de los vampiros, ustedes son pacíficos, no dañan a los humanos… no tenemos por que luchar.

– ¡En eso te equivocas Blade! – grita de repente el lobo provocando eco en todo el lugar – espero que no te hallas olvidado de Elías Salvattore, por que yo no lo he hecho en estos diez años, ni mucho menos de ti…

– Tu eres… déjame explicarte – tartamudea Blade abriendo sus ojos lo más que puede, ahora recuerda el rostro de un niño no mayor a los quince años y una pelea con un licántropo.

– ¡Ya no hay tiempo! – grita el hombre. El licántropo brinca hacia el cazador transformándose en el aire en el enorme lobo que abre por completo su mandíbula llena de colmillos, Blade se queda paralizado, no hace nada. El mundo parece ir en cámara lenta, todo se ha ralentizado.

Como si estuviera el tiempo paralizado el cazador pudo ver como se acercan los colmillos y garras del lobo, incluso logró percibir el brillo que produce la luna en estos. Por un segundo vacilo, esquivar su ataque o dejar que lo maten. Con un simple movimiento esquiva el ataque del lobo a la vez que con su cuchillo hace otro profundo corte en la espalda del mismo.

El licántropo cae por el precipicio chocando con las rocas y cayendo sobre el helado río.

Un poderoso grito invade el bosque a plenitud, una mezcla entre el aullido de ira del licántropo que perdió su oportunidad de redención y el alarido de remordimiento del cazador que se deja caer en el suelo y comienza a sollozar, el remordimiento por primera vez le gana.

– ¡No, no, no, yo soy el bueno! – repite una y otra vez mientras golpea con sus puños el suelo duro, sin importar el daño que le hace a sus manos, solo quiere desahogar el dolor que le ha quemado el pecho por diez largos años.

Tercer Acto: La Enciclopedia Arcana

– Ahora dime Aramis, ¿en que nos hemos metido? – pregunta William mirando de lado a lado el imponente arsenal de Aramis quien se recuesta mientras que Isabel se sienta sobre la única mesa del lugar.

– Bueno… ¿por dónde empezar? – se pregunta Aramis al tiempo que se acaricia la barba- en pocas palabras este puede que sea el Apocalipsis.

– Imposible – dice William recordando su extraño encuentro con el ángel de la muerte.

– ¡Que! – espeta Isabel sorprendida.

– La historia es la siguiente – dice Aramis, se acerca a la mesa luego de tomar unos cuantos papeles y pergaminos antiguos – hace miles de años, antes de la existencia de cualquier otra civilización conocida existía una nación, la primera que existió y sin duda la más sabia de la antigüedad.

– ¿No me digas que hablas de la Atlántida? – pregunta Isabel dando a conocer que semejante idea le parece risible y estúpida.

– Precisamente de esa habla – espeta William mirando de reojo a Isabel, la reacción de la joven se reduce a mantenerse en silencio y escuchar con detenimiento lo que ambos tienen que decir, ya tantas veces lo que creía real y fantasía ha sido modificado tantas veces que ya no puede dar nada por sentado – aunque no creo que se llamara así cuando se fundo ese país.

– En efecto William – dice Aramis retomando la palabra – Atlántida es una mezcla de dos palabras del griego antiguo.

>> Volviendo al tema principal, esta ciudad que existía en el estrecho de Gibraltar, los antiguos creían que ese era el fin del mundo poseía una sabiduría y un poder asombroso…

– Era el verdadero Edén bíblico – interrumpe William, Isabel mira fijamente al vampiro – por supuesto que el autor del “Antiguo Testamento” escuchó historias de ella y la acercó al publico al que se dirigía, en este caso el Medio Oriente.

– Si quieres cuentas toda la historia – dice Aramis molesto. Isabel se mantiene en completo silencio, ya no puede conyugar palabra alguna, tanta información y que hace tan solo cinco minutos parecían imposible le revuelve la conciencia toda.

– Claro, solo déjame buscar algo – responde el vampiro dejando a la joven completamente al marguen de la discusión. William se da la vuelta y camina hacia la puerta que lleva a destrozada tienda.

– ¡Esperen un momento los dos! – exclama Isabel entrando en razón, lo único que quiere ahora son respuestas – ¿esperan que me crea que la Atlántida y el Edén no solo existieron si no que son el mismo sitio?

– No veo por que no – responde William.

– Si te lo pones a pensar con calma incluso tiene cierta lógica retorcida – espeta Aramis como si estuviera esperando por esa pregunta desde que habló por primera vez – cada una y todas las historias, cuentos, relatos, épicas y crónicas que se han escrito y que nos cuentan de lugares fantásticos y que rebasan nuestra imaginación están basadas en la realidad… obviamente que tiene toques y características de sus escritores, pero en esencia son reales, toda esa magia y misterio es para la fortuna y desgracia de humanidad es autentica.

– ¿La Divina Comedia? – pregunta Isabel.

– Visiones provocadas por un demonio.

– ¿Harry Potter?

– No existe el Ministerio de Magia o esa escuela… además que los magos y brujas se amoldan mucho mejor a la sociedad de lo que aparece en el libro.

– ¿Rómulo y Remo?

– No fueron salvados por una loba, si no por una mujer licántropo.

– ¿Hércules? – pregunta la joven perdiendo las esperanza de encontrar una obra que no sea más que una enciclopedia sobre el mundo sobrenatural.

– Sobre eso… lo pensadores no están seguros si era un hibrido de hombre gigante o una persona que bebió sangre de vampiro.

>> Si bebes sangre de vampiro aumenta increíblemente la fuerza y velocidad, pero es adictiva además que te hace irritable y en extremo violento, eso puede explicar por que mato a toda su familia en un arranque de rabia.

– ¿La Iliada?

– Para empezar Aquiles no era más que un buen guerrero, no era invulnerable…

– Tampoco usaron un caballo de madera, si no un ariete para infiltrarse en Troya – interrumpe de repente la conversación entre Isabel y Aramis, cuando la joven mira al vampiro este tiene una mirada curiosa, como si acabara de descubrir algo que paso por alto – y lo más importante el que evito que supieran los planes de los griegos no fue un sirviente de Poseidón, fue el Príncipe Infernal conocido como Leviatán, como parte de un pacto entre los vampiros y los griegos donde los humanos ganan otra guerra mientras que los vampiros obtiene miles de victimas de las cuales alimentarse.

– ¿Leviatán? – pregunta Isabel confundida.

– Al parecer tu querido no vio vampiro no te ha contado todo sobre su mundo… me esperaba más de ti William, al parecer Gabriel se equivoco de hombre – dice Aramis mirando con cierto regocijo la cara de pocos amigos que hace el vampiro.

– Si quieres mantenerte vivo será mejor que no hagas esos comentarios Aramis – dice William entre dientes – explícale mientras busco algo que seguro te parecerá interesante.

Mientras que el vampiro sale de la habitación Aramis mira con curiosidad la cara de Isabel deseosa por saber todo este tejido de intriga y misterio.

– Leviatán es el nombre de un monstruo que aparece en la Biblia, también es el nombre por el cual se le conoce a uno de los Príncipes Infernales, el segundo nivel más alto de la jerarquía de los vampiros, después del de su rey, Baphomet – comienza a explicar Aramis – son los primeros vampiros transformados, se dice que todos los demás vampiros son descendientes de los príncipes infernales, al parecer Baphomet no ha dejado con vida a ningún otro humano que haya atacado.

– ¿Y son fuertes? – por alguna razón que ni ella comprende Isabel hizo esa pregunta.

– Ni te lo imaginas, tienen poderes que nadie que este con vida en este momento puede ni imaginar – dice Aramis – al tener miles de años de existencia sus habilidades son tan perfectas que ni todos los ejércitos humanos podría con ellos, tenemos suerte que no puedan caminar durante el día… ese sería el fin de la humanidad como se la conoce.

El lugar se sume en un incomodo silencio que Isabel simplemente no puede soportar, a pesar del terror que le producen estos seres semejantes a William.

– Y… ¿de dónde conoces a William? – pregunta ella mirando como mueve de adelante a atrás sus pies elevados en el aire.

– Conocí primero a Gabriel, puedo decirte que el fue el único vampiro con alma, todos los demás son simples monstruos que solo existen para parasitar a los humanos – dice Aramis haciendo cara de que algo cerca estuviera podrido – eso fue hasta que conocí a su hijo, William. Ellos son como yo, piezas neutrales en esta guerra sin fin. Gabriel era mi mejor contacto, el le vendía armas a los vampiros y licántropos que yo fabricaba.

– ¿Él le vendía las armas, para que se maten?

– ¿Qué más se puede hacer si en su mundo solo hay guerra?, esa era su única forma de ganarse la vida, si les das los que quieren te dejaran a en paz – dice Aramis de forma sombría – pronto sabrás que esa es la única forma de mantenerte lejos de esa guerra sin ser una posible victima de ellos. Si no les sirves te desecharan.

>> Por supuesto que siempre le reservo mi mejor material a los “Paladines Nocturnos”, orden que te mantiene a raya a los monstruos y a salvo a los humanos.

– Parece que juzgue muy mal a Blade – dice Isabel con algo de remordimiento.

– No te culpes por eso niña, él no muestra como es en realidad muy a menudo… en especial si estas en medio de su presa – dice Aramis levantado con delicadeza el mentón caído de la joven – quieres saber una cosa él se ha empecinado tanto en encontrar a William por ti.

– ¿Por mi?

– Aunque no lo creas – dice Aramis sentándose al lado de Isabel – según él tu estas secuestrada por William, te mantiene viva quizás para alimentarse de ti de a poco, no sabes cuantas veces ha ocurrido algo semejante. No apoyo muchas de las decisiones que ha tomado Blade pero si sé que en algún lugar en el fondo de su ser todo lo hace por el bien de todos nosotros, no he conocido a ninguna otra persona que tenga un sentido de la justicia y de auto sacrificio tan grande como el de ese idiota.

– Espero que me hayan extrañado – dice William irrumpiendo de repente en la sala con el bolso que le dio a Isabel – creo que lo que hay aquí dentro te parecerá un poco familiar.

– Veamos, al parecer habrá muchas de las que hablar para quitarle el velo de ignorancia que le has puesto a tu novia – dice Aramis levantándose de la mesa y tomando el bolso de Isabel.

– ¡Él no es mi novio! – grita Isabel molesta.

– Perdón reina, te confundí con alguien más…

– ¿Dime que te parecen mis juguetes? – interrumpe abruptamente William, algo están ocultando estos dos e Isabel se dio cuenta de eso.

– No se muchacho, primero tengo que ver lo que me tienes – dice Aramis desparramando el contenido del bolso en la mesa, haciendo que se levante Isabel y también vea que tiene que decir el hombre – cruz de plata, esencia de flor silvestre, bombas de ajo… típicas cosas para repeler vampiros, supongo que no tienes confianza en tu capacidad de resistir la tentación, no te culpo por eso – ese comentario se le hizo a Isabel un innecesario – ¿pero que tenemos aquí?, una manos de los misterios.

Aramis toma la extraña mano de oro repleta de símbolos, y la mira con detenimiento antes de decir.

– Por lo visto tienes el mismo gusto por las reliquias que Gabriel – dice el hombre – esta cosa es capaz de descifrar cualquier código… en pocas palabras revela los secretos y símbolos de cualquier especie, un traductor universal en todo el sentido de la palabra.

– ¿Cómo haces eso? – pregunta Isabel mirando la mano de oro incapaz de imaginar que esa cosa sea capaz de hacer lo que dice que hace Aramis.

– ¿Ves estos símbolos que empiezan desde la muñeca? – pregunta Aramis señalando los extraños jeroglíficos en la mano que envuelve la misma tres veces, no hace diseño igual al anterior – buenos, es como una caja fuerte – con el dedo hace cambiar la posición de una de las filas de dibujos – es difícil usar estas cosas, cuando quieras saber determinado código apuestas la mano al mensaje, algunos símbolos brillaran y tienes que alinearlos en orden y listo, el mensaje esta descifrado.

– Gracias, no tenia la menor idea de cómo usar esa cosa… ya la iba a tirar o vender – dice William tomando la mano de los misterios para mirarla con detenimiento… para no decir “jugar con ella”.

– ¿Estas jugando conmigo acaso?, ¿Cómo es posible que no sepas usar un objeto que cualquier persona que este en el negocio se quitaría un ojo con gusto por tenerlo? – pregunta Aramis mirando a William con un ligero tic en el ojos, cosa que le hizo mucha gracia a Isabel que apenas pudo contener sus risas.

– Solo tome lo primero que me encontré de entre las cosas de Gabriel, te recuerdo que tu amigo Blade me estaba persiguiendo – dice William dejando en la mesa la mano para tomar una esfera de metal parecida a in ojos del doble del tamaño de uno real.

– Es un “Oculus”, de fabricación y origen Helénico – dice Aramis tomando la esfera y apuntándola contra una pared cualquiera – es como un visor de espectros, pero más general y menos potente, puedes ver cualquier cosa oculta, invisible o imperceptible… pero solo el presente mientras que con el visor puedes ver el pasado y en ocasiones extraordinarias.

– Eso suena increíble – dice William entusiasmado, guarda la esfera en su bolsillo al tiempo que guarda silencio para dejar hablar a Aramis.

– ¿Qué es esto? – pregunta Aramis tomando un viejo cuaderno revestido de cuero negro, el hombre hojea el cuaderno, esta repleto de garabatos en tinta negra. En ese momento Isabel se distrajo – al parecer una simple diario – agrega Aramis, en ese momento Isabel se voltea y le arranca de las manos el libro y lo guarda de nuevo en el bolso.

– Eso es mío – dice la joven, ella podría jurar que había guardado su libro con su demás equipaje.

– ¿Qué pudiste leer sobre mi? – le pregunta William a Aramis en voz baja, pero que a la vez es suficientemente alto para que Isabel escuchara.

– Bien, no es que me van a contar una teoría de conspiración sobre como los ovnis construyeron las pirámides.

– Verdad que si, no sé por que divago con tanta frecuencia – dice William distaidamente

– Si, ¿William quieres continuar con el relato? – pregunta Aramis.

– Claro, por eso deje los mejor para el final – dice el vampiro sacando del interior de su chaqueta el libro que se robaron de la biblioteca de Ruan – esta es “La Enciclopedia de lo Arcano”.

>> Que suerte que Gabriel me enseño a leer Latín, Arameo y algo de Húngaro – agrega William abriendo el libro en las primeras paginas. Tanto Isabel como Aramis se acercan para ver la escritura y los grabados medievales – nos quedamos en que existía la Atlántida.

>> En pocas palabras en esa época había un nexo entre la ciencia y lo sobrenatural muy tangible…

– ¿Eso que significa? – pregunta Isabel.

– Que los ángeles vivían en la tierra… hasta que fueron desterrados por Samael.

– ¿Quién es Samael? – pregunta Isabel.

– La entidad que justo ahora es la representación misma de todo lo tenebroso, los humanos lo llaman Lucifer mientras que los vampiros se refieren a el como “El Señor del Abismo” – contesta el vampiro haciendo una pequeña pausa para que Isabel digiera mejor la noticia antes de continuar – al ver la monstruosidad que se había convertido su hijo predilecto Dios hizo un trato con el y su creciente numero de seguidores, entre los que había ángeles caídos… los primeros demonios y humanos.

>> Ambos bandos abandonarían la tierra para siempre y continuarían su guerra en otro plano para decidir quien se controlaría el destino de la humanidad… pero podrían mantener contacto con nuestro mundo, sucursales si quieres siempre y cuando sus ejércitos, fuerzas y presencias no fueran tangibles para nosotros.

>> Poco después que se fueron alguien encontró un vacío en el contrato.

– Déjame adivinar, el Diablo creo a los vampiros – dice Isabel con los brazos cruzados.

– Al contrario, fue Dios el que encontró esa falla… y también fue Dios quien creo a los Hominis Nocturna – contesta Aramis – según se tiene entendido maldijo a una persona, la desterró del paraíso que era la Atlántida y le hizo vagar por la tierra por siempre pasando hambre y sed sin importar cuanto comiera o bebiera…

– Es cuando “El Señor de Abismo” entra en el juego – interrumpe William – al ver que esta persona sentía semejante odio y rencor contra todos los que lo maldijeron que su alma pronto se convirtió en un pozo sin fondo no pudo resistir hacer un trato con el.

>> A cambio de ser su sirviente eterno el señor del abismo le concedió el poder y la capacidad para saciar su sed a costa de todas las personas que le dieron la espalda. Así fue como nació Baphomet, el primer vampiro verdadero.

>> En una noche de muerte y destrucción la Atlántida dejo de existir. Los humanos se esparcieron por la tierra tan aterrorizados por lo que vieron que fueron a la otra esquina del mapa con tal de intentar escapar… el resto de la historia real se mezcla con las leyendas y cuentos que vinieron después.

– Lo que es seguro es que ni Satanás ni Baphomet olvidan ese trato – dice Aramis en tono muy serio – desde hace siglos el rey de los vampiros busca la forma de abrir un portal o crear una brecha entre nuestra dimensión y la de los ángeles y demonios, para que los malditos habiten la tierra una vez más.

– No si logro evitarlo – dice de repente William cerrando con fuerza el libro – puedo ir al Aquelarre de Paris para intentar averiguar sus planes.

Cuarto Acto: El Rey del Terror

“¡No puedes ir a ese lugar!”. William recuerda las protestas de Aramis mientras conduce al centro de la ciudad, la hermosa imagen de la torre Efeil le da la espalda al vampiro. “En primer lugar por que es peligroso en extremos… además, no sabemos si alguien sabe algo sobre los planes de Baphomet ahí” agrega el antiguo cazador, quien es completamente ignorante del ataque de Blade.

“Octavio Brunuir, es un general”. Recuerda como le refuto a un Aramis que se veía sinceramente preocupado – los príncipes les da informes mensuales sobre los planes de Baphomet a los líderes de los aquelarres principales de cada país.

“Bien, imaginemos que logras llegar con Octavio sin que te maten, ¿Cómo piensas hacer que hable cuando él es mucho más poderoso que tú?

El auto dobla en una esquina oscura, se adentra en la sombras y finalmente se detiene.

“No tengo que hacer mucho, Octavio era gran amigo de Gabriel y yo también le agrado… solo tengo que pedirle algo de información por los negocios de Gabriel y si no quiere cooperar aquí hay muchas cosas que pueden hacerlo soltar la lengua.

“¡No puedes hacer eso!”. Grito de repente Isabel que hasta entonces se había mantenido en silencio. William coloca la cabeza sobre el volante, piensa en tantas cosas que lo abruman, a parte del hecho que no ha dormido bien desde hace unos cuantos días.

Recuerda como se acercó a Isabel, le hizo mirarla y ella dijo.

– No quiero perderte.

– Yo tampoco…

– ¿Quién esta hay? – pregunta una rasposa voz desde las afueras del auto, los nudillos de esa persona golpean la venta abierta.

– William Knight Valerius – responde el vampiro mirando tras de la ventana que se trata de un vampiro de apariencia intimidante con esta poca luz. El otro vampiro mira de arriba abajo a William que ni se inmuta.

“Sé que no podemos hacerte cambiar de razón, ¿Qué debemos hacer ahora?”. Le dice Aramis en su mente.

– ¡Salga del auto, ya! – grita el vampiro, William obedece.

“Tomen todo lo que les sea útil y salgan de Paris lo antes posible, nos veremos en el túnel que lleva al canal de la mancha en una semana”, recuerda las palabras que dijo William antes de salir en lo que podría ser su muerte.

Antes de que el vampiro pudiera darse cuenta William lo golpeo en la boca del estomago y lo hace tragar una capsula metálica que explotó en el interior del estomago del vampiro que un instante después murió dejando solo una pila de cenizas que ensuciaron los de William.

– Capsulas de ajo, nunca fallan – dice William sacudiendo un pie a la vez para quitarles parte del polvo que tienen.

“No pongas esa cara, nos veremos más pronto de lo que piensas”, recuerda como consoló a Isabel al tiempo que enjugaba una lagrima que cayó por mejilla.

William entra en el teatro abandonado que enmascara el lugar de reunión de los vampiros parisinos. El largo y angosto pasillo esta completamente a oscuras. La temperatura baja a niveles de congelación, por supuesto que no solo no le molesta si no que su cuerpo muerto se adapta al intenso frío.

Una luz se puede percibir por lo que parece ser el contorno de una puerta a varios metros de William, acelera la marcha y en pocos segundos llega a la puerta, estira la mano y apenas este toca la perilla esta se abre de golpe.

Lo siguiente de lo que se entera William es que una fuerza invisible lo arrastra hacia el arco de la puerta, lo lanza por los aires cayendo al final en un suelo de mármol, justo en el medio de la sala principal del aquelarre.

– ¿Qué tenemos aquí, al querido discípulo del difunto Gabriel? – dice una voz rasposa y espeluznante que parece venir de la nada. William se levanta con la guarda alta mirando para todos lados, listo para pelear o huir dependiendo de las circunstancias.

De entre las sombras sobrenaturalmente negras sale un hombre alto, delgado; de piel blanca, liza e imperturbable como el de una estatua de mármol; sus cabello rubio platinado contrasta con sus ojos rojos y vacíos; completamente carentes de cualquier emoción, pensamiento, característica o sentimiento que se parezca ni remotamente humanos. El hombre viste todo de negro, camina hacia William que lo mira con cautela y horror a la vez, nunca antes el vampiro había visto a una persona tan diabólica.

-¿Quién eres? – pregunta William metiendo con discreción la mano en su bolsillo, si ese sujeto intenta algún movimiento arriesgado William podrá lanzarle suficientes bombas de ajo para derribarlo lo suficiente para escapar.

Un fuerte golpe hace que el piso vibre, William mira tras de su hombro. Brinca dando una vuelta mortal de espalda, evitando por poco un puñetazo de un segundo vampiro vestido de un pulcro negro. William cae varios metros lejos de los dos vampiros que despiden un aura de perversidad que le provocan escalofrío.

– No muchos pueden escapar de uno de mis puñetazos caminando, tu lo esquivaste con facilidad… me sorprendes William, Gabriel hizo un buen trabajo contigo – dice el segundo vampiro. Este es de estatura media, moreno, de corto cabello crespo, lleva una barba corta que hace que su rostro se vea más cuadrado – pero eso no te perdonar referirte de esa manera del único Rey del Terror inmortal.

– Eso quiere decir… – dice William con la voz entre cortada, retrocede un par de pasos en estado de completo miedo – tu… eres Baphomet – agrega mirando al vampiro de cabello platinado que cruza la mirada con él, como si le hubiera taladrado el alma William siente un horror indescriptible, de alguna manera el señor de todos los vampiros ha entrado en la mente de William para mostrarle terribles visiones.

Un infierno sobre la tierra, carnicerías sin comparaciones y la caída final del telón del universo pasan por la vista horrorizada de William quien cierra los ojos en un desesperado intento de dejar de mirar esas horribles cosas, camina hacia atrás tropezando y cayendo al suelo con los ojos trovados. ¿Esa fue una visión del futuro o alguna especie de alucinación creada por Baphomet para doblegarlo?, sea lo que sea esta funcionando.

William se levanta, a pesar que todo su cuerpo se estremece ante las miradas imperturbables de los dos vampiros.

– Al parecer estas hecho de una masa más blanda de lo que pensaba… al parecer Gabriel no hizo un tan buen trabajo como pensaba – dice el vampiro moreno con sorna, da un par de pasos hacia William antes de agrega – déjame acabar con él, no me tomara ni diez segundo.

– No te extralimites Asmodeo, el no vale la pena – dice el rey del terror mirando con repulsión a William que analiza con detenimiento sus posibilidades, no son muchas por cierto.

– ¿Asmodeo? – pregunta William moviéndose con discreción  hacia la única salida que puede ver, la misma por la cual entró – entonces tu eres uno de los “Príncipes Infernales”.

– Al parecer no eres tan ignorante como parecías antes, eso no te salvara muchacho… ya nada puede – dice el vampiro llamado Asmodeo, sus ojos carmesí son como fuego que avasalla a William, él se mantiene parado sin mostrar el menor miedo, si saben que lo intimidan a semejante nivel tendría la batalla completamente perdida.

– No me mataran, al menos no ahora… sé que me necesitan, por eso me buscaron apenas llegue a Paris – dice William ganando tanto tiempo como puede mientras busca alguna forma de hacer que a uno de ellos se les suelte la lengua o se descuiden lo suficiente para que pueda escapar – así que… ¿para que me quieren?

– ¿Quién ha dicho que a ti es al que queremos? – pregunta Baphomet dándole la espalda a William mientras se encamina de regreso a la sobrenatural negrura por la que apareció – no creo que hayas entendido mis intenciones, es de esperarse para un insecto como tú – agrega entrando y desapareciendo en su totalidad en las sombras – a la que buscamos es a tu acompañante humana, queremos es a Isabel y gracias a tu estúpida impulsividad ahora solo esta ese ex-cazador protegiéndola… presa fácil.

La cara de William se desencajo por completo, sus ojos se abrieron a todo lo que pueden y Asmodeo comenzó a reír de manera maniaca antes de volverse por completo a William.

William por fin reacciona, saca de su bolsillo capsulas las bombas de ajo que tiene y se las lanza a Asmodeo, una gran nube de humo cubre al corpulento vampiro, eso debió si no inmovilizarlo por lo menos quitarle sus poderes.

De la nube sale a toda velocidad Asmodeo quedando a pocos centímetros del rostro de un William sacado por completo de base.

– Buen intento, ahora es mi turno – dice este dándole un puñetazo en el estomago a William seguido de otro en el mentón con tanta fuerza que lo elevó varios metros. Aun en el aire Asmodeo aparece al lado de William para darle una fuerte patada que lo lanzó contra una pared que se despedazo al contacto.

William aparece de entre la nube de escombros y polvo sujetando su costado, se le han fracturado varias costillas, por suerte sanaron a los pocos segundos. Con las piernas temblando camina un par de pasos hacia la salida, un último intento por escapar estando al borde del desmayo.

“No quiero perderte”, no puede terminar así, simplemente no puede.

– Al parecer tienes fuerza de voluntad hijo, lastima que eso no te ayudara a salvar a tu amiguita – dice Asmodeo disfrutando como no se tienen una idea del sufrimiento y la impotencia de William que ahora se arrastra como un bebé, un hilo de sangre se desliza por la comisura de sus labios; ya nada más que su determinación lo mueve ahora – ahora morirás de forma digna, mi “Nexo de Muerte” acabara con tu vida.

William mira por última vez a Asmodeo, el vampiro se queda paralizado al ver como de la mano del “Príncipe Infernal” aparece un martillo negro como la noche sin luna ni estrellas. Asmodeo golpea el suelo con todas sus fuerzas, una honda de impacto sobrenatural se dirige directo a donde esta William. Una poderosa explosión llena de polvo y escombros toda la habitación, luego suena una puerta cerrandose.

– Al parecer lo dejaste escapar, Asmodeo – dice Baphomet desde algún lugar entre la tormenta de polvo.

– Solo me descuide, es más hábil de lo que pensábamos – responde Asmodeo buscando con la mirada el lugar donde apareció el rey del terror.

– Era de esperarse, aun en la tumba Gabriel intenta frustrar mis planes – dice Baphomet apareciendo de repente de espaldas a Asmodeo que sobresalta al escuchar la frío y monstruosa voz sobre su nuca.

– Fácilmente pudiste atraparlo, su majestad – dice Asmodeo haciendo desaparecer su martillo dentro de su manos, como si el arma y el vampiro fueran uno mismo – ¿Por qué no lo hizo?

– Él nos llevara hacia la guarida oculta de Gabriel, llama a Leviatán, quiero que lo rastree y me lo traiga aun con vida – dice Baphomet – quiero que vea el fin de la creación que el mismo ayudo a crear.

Quinto Acto: Promesa de Venganza

– ¿Aramis? – pregunta el cazador entrando en la tienda de su viejo amigo. Esta oscuras en su totalidad, algo anda mal, lo puede sentir.

Enciende la luz, todo el lugar esta destruido. Blade carga su escopeta y avanza, Aramis puede vencer con mucha facilidad a cualquier cosa que intente atacarlo con el exagerado arsenal que tiene; una mujer no puede ser mucho problema.

– ¿Aramis? – pregunta de nuevo Blade pisando varios pedazos de porcelana rota que hacen un debí ruido que podría alertar a cualquier cosas que lo estuviera esperando.

Puede oír un suave y pausado rechinar de cadenas, no esta muy seguro pero puede decir que el ruido viene de la trastienda. Con la cautela y el cañón de su escopeta por delante Blade camina hacia la parte trasera de la tienda, una luz blanquecina no deja de titilar produciendo largas sombras desde la puerta entreabierta.

Blade entra y enseguida es atacado por un vampiro, pero este esta atado a la pared con una enorme cadena que lo sujeta por el cuello lleno de sangre.

– ¿Aramis? – pregunta Balde con los ojos horrorizados, el que alguna vez fue su amigo ahora es un vampiro. Su extrema palidez, largos colmillos y ojos rojo sangre lo demuestran.

El vampiro no hace otra cosa que retorcerse, hambriento y desesperado por librase de la cadena que lo aprisiona para atacar el cuello de Blade. El cazador tira su escopeta, sus dedos tiemblan sin parar.

– ¿Quién te ha hecho esto? – pregunta mirando como Aramis se convulsiona sin control mientras que estira los dedos que ahora parecen garras para aferrarse de la carne del cazador.

De pronto la violencia y los gritos sedientos se detuvieron, Aramis se hace un hobillos y comienza a llorar. Balde se acerca lo más posible para no estar al alcance de su amigo.

– Blade… mátame, Blade… ¡Mátame! – grita Aramis mirando de improviso a los ojos del cazador, sus ojos ahora son tal y como Blade los conoció hace ya tantos años – yo no quiero vivir así, no… así no.

– ¿Quién te hizo esto? – pregunta Blade.

– Tienes… tienes que encontrarla, esta en grave peligro – dice Aramis entrecortadamente, algo le produce un terrible dolor; esta es sin duda la última etapa de su transformación en vampiro – ella va… a Inglaterra… William… – agrega pero un alarido de agonía por parte suya invade todo el salón.

Blade se hecha hacia atrás, justo antes de que Aramis le lanzara un certero golpe con sus afiladas garras. Él ya dejó de ser humano para convertirse de manera irreversible en un vampiro sediento de sangre y muerte. El cazador toma su escopeta del suelo y la apunta directo a la cabeza de su amigo muerto, este parece solo enfocarse en atacar y buscar la forma de soltarse de sus ataduras.

– Adiós, Aramis – dice el cazador, un solo disparo y el vampiro murió – William… te voy a encontrar… ¡Pagaras por esto vampiro!

Con todas sus fuerzas golpea la pared una y otra vez hasta que esta comenzó a mancharse con su sangre, la firma de la promesa de venganza que acaba de hacer Blade para con el causante de todo esto, William Knight.

Apendice: Hoy estuve muy inspirado… por lo que decidi dividir este capi en 5 actos, como ya se abran dado cuenta, donde cada uno de ellos tiene una inmensa relevancia para la historia en un futuro de corto, media y largo plazo.

Por otro lado tengo que decir que me gustaria que dejaran sus sugerencias, pensamientos y opiniones en comentarios… por más egolatra que sea yo no puedo tener todo perfecto, ¿no les parece?

Para concluir les digo que los ultimos dos actos son mñas cortos de lo que hubiera querido por el hehco de que el capitulo en su conjunto hubiera sido ridiculamente largo y no tuve la fuerza para dividir el capi en varias partes… ya todo esta dicho y hecho, espero que hayan disfrutado el capi y los espero en los comentarios.

Siguiente Capítulo

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