Capítulo XXIII: La Biblioteca Secreta

Posted on 19 febrero, 2010

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– “¿Qué puede salir mal?” – repite Isabel con incredulidad – todo puede salir mal – agrega en voz alta, lo que provoca un ligero eco en el interior de la iglesia vacía, a excepción de ella, William y el pobre párroco doblegado ante los poderes del vampiro.

La nave principal de la catedral esta a oscuras, pero las débiles luces de la calle que penetran por los vitrales le dan a ella un imagen más o menos nítida de las largas bancas de la iglesia y del altar varios metros de las mismas.

El padre manipulado a la perfección por William guía a una puerta del otro lado del salón y que se encuentra junto al altar.

– Oye, ahora que lo pienso, ¿Cómo es que aun conservas tus poderes? – pregunta Isabel caminando al lado del vampiro – ¿no se supone que estamos sobre tierra santa?

– Eso es cierto, en parte – dice William, el viejo padre solo se mantiene caminando hacia la puerta, fuera de esta conversación – veras, la tierra santa me quita mis habilidades, pero eso depende de que tan santa esta la tierra.

>> Falta por ver que otros poderes a demás de mi inmortalidad he perdido – agrega William mirando como el obispo abre la nueva puerta – sé que aun tengo mis encantos.

– Solo cuando hablas de trucos de magia – espeta Isabel – eso del encanto son puras fruslerías.

– Eso duele, ¿sabes? – dice William, el padre entra por la puerta, el vampiro deja pasar a Isabel primero que él quien mira el camino recorrido, no hay nadie a la vista, ¿entonces porque tiene ese mal presentimiento?

William cierra la puerta tras de sí, aunque esta completamente oscuro sus ojos de vampiro le dejan ver con completa nitidez que están en una escalera en espiral hecha de piedra. Isabel y el padre están a pocos escalones debajo de él, tanto la joven como el padre hipnotizado caminan a tientas por la oscurana.

El vampiro se acerca a Isabel que se estremece cuando él hace contacto con su espalda media.

– ¿Qué haces? – pregunta Isabel sobresaltada.

– Descuida, solo sigue mis pasos – dice William tomando la mano de la joven – siente mis pasos, eso evitara que te caigas como una tonta.

– Lo que sea mientras no me hagas convertir en niebla otra vez – dice Isabel tímidamente – eso ha sido lo peor que me has hecho pasar.

– En ese caso descuida.

– ¿Por qué? – pregunta Isabel.

– Al parecer en este lugar no me puedo transformar – dice William quedito en el oído de la joven, el frío aliento del vampiro hace que ella sienta unas para nada desagradables cosquillas en su nuca – tampoco soy tan veloz como de costumbre… esto va mal.

Luego de varios minutos llegan al final de la escalera de caracol, una vieja y rudimentaria puerta de madera, lleva años sin ser abierta además de que parece que no ha recibido mantenimiento alguno desde el día que se puso… y eso fue hace mucho tiempo, a juicio del vampiro.

– Tras esta puerta encontraran lo que buscan – dice fuera de si el padre, esta perdido y bajo el entero control de William. Cosa que aun le parece algo escalofriante a Isabel.

– Muchas gracias padre – dice William, sus palabras producen un efecto algo peculiar en el viejo sacerdote. Como si fuera un robot se da media vuelta y mira con ojos perdidos al vampiro – ahora háganos el favor de volver a su habitación, duérmase y descanse; le hace mucha falta.

Isabel debe reconocer que con el tono tan educado y servicial de William le seria muy difícil negarse a sus peticiones, eso sin contar el control que él tiene sobre el padre que obedece sin decir palabra alguna, sus pasos son tiesos, automáticos, de pronto a Isabel le llega la imagen de un puppet o cualquier otra marioneta al ver como se aleja el viejo con esfuerzo debió a la oscuridad.

– Ya terminamos con la “primera fase” de nuestro infalible plan de tres fases – dice William mientras se acerca a la puerta sin quitarle de encima la vista a Isabel, cuya visión mejora de a poco.

– Fuera de todas esas tonterías que dices, ¿ahora que sigue? – dice Isabel pasando sus dedos por su largo y rizado cabello castaño.

– Por el bien de nuestra relación en un futuro cercano omitiré el comentario previo – dice William, toma el asa oxidado de la puerta y agrega – y en respuesta a tu pregunta, ahora viene la “fase dos”, entramos y buscamos lo que vinimos a buscar. Y la “fase final”, antes de que preguntes es muy simple: largarnos sin que nadie nos vea.

– Si, todo eso me parece muy interesante…

– Pero… – dice William, luego de tanto tiempo en compañía de Isabel ya casi puede predecir sus reacciones.

– … Pero, ¿Qué vinimos a buscar con exactitud? – pregunta la joven.

– Un libro, ¿Qué más se puede buscar en una biblioteca?, pero este es un libro muy especial – sin más que decir William abre la puerta, la cual rechina espantosamente, se mueve lentamente a pesar que no pareciera que el vampiro hiciera un esfuerzo mayor – al parecer no perdí mi fuerza – agrega cuando se abre la puerta en su totalidad – creo que le falta ago de aceite a estas bisagras. Las damas primero.

Isabel entra sin chistar, William cierra la puerta tras de si… solo hay oscuridad.

– ¡Excelente!, ahora no puedo ver nada, ¿esto era parte de tú plan, genio? – pregunta Isabel irritada, a tientas consigue encontrar una pared en la cual apoyarse.

– A veces puedes ser muy gruñona – dice William fastidiado – todo lo tengo planeado, por suerte traje esto.

Tras un par de chasquidos William acciona un encendedor Zippo, la débil llama rojiza le da algo de luz a Isabel y la posición de William, el vampiro esta a un par de metros de ella, aun al lado de la puerta mientras que ella se fue hacia una pared.

– Antes de que digas algún comentario lleno de sarcasmo pásame el collar que esta entre las cosas que te di – dice William. Isabel se traga sus palabras y usando únicamente su tacto encuentra el lindo collar adorando con una piedra color sangre, sin preocuparse ella le lanza el collar.

– No me extraña – dice Isabel, a pesar de la muy poca luz pudo darse cuenta que William no hizo ni el menor esfuerzo para atrapar el collar – ¿acaso tienes que ser perfecto en todo lo que haces?

– Soy la persona menos perfecta en este cuarto… ahora cierra los ojos, esto será algo violento – dice William secamente. De repente un poderosa luz carmesí enceguece a una desprevenida Isabel que coloca las manos en su rostro para medio protegerse – lo que pasa es que algunos trucos de magia e ilusiones me ayudan a disimular que no lo soy – agrega el vampiro. La joven parpadea y se quita las manos de la cara.

– Imposible – espeta, la bella e hipnótica luz proviene de la extraña gema del collar que cuelga de la mano de William quien la usa como si fuera una lámpara – ¿Qué cosa es eso?

-Este relicario contiene sangre de grifo – dice William mirando a Isabel, ella no puede disimular su asombro, por lo que se acerca tímidamente hacia el vampiro y el collar que se mueve como un péndulo apaciblemente – es una sustancia increíblemente poderosa.

>> Puede aumentar y darle el control a una persona bien entrenada de los elementos. Uno a la vez por supuesto y aun así es muy probable que termines lastimado intentando usarla; esa es la razón por la que ya no se usa como arma.

– ¿Entonces para que sirve una cosa que manipula los elementos? – pregunta Isabel mirando de William al dije.

– Para experimentos y como forma de entretenimiento – dice Isabel – no sabes lo útil que puede servir una cosa de estas para algún genio loco en sus intentos para dominar al mundo… pero en nuestro caso es, como ya te habrás dado cuenta, es una herramienta indispensable.

>> Con un par de años de entrenamiento creo que podrás dominar a medias los poderes de esta cosita.

– Un momento… ¿no me dijiste que no existían ninguna de esas cosas? – dice Isabel confundida e irritada, ahora toda su atención se centra en el rostro sonriente de William.

– No, si recuerdas bien esa conversación te dije que no existen lo dragones – dice William a la defensiva – y en todo caso no estoy seguro de que no existan a ciencia cierta, solo te digo lo que he escuchado de los amigos de Gabriel…

>>… No estamos aquí para debatir que animales de Harry Potter existen y cuales no, ¿o me equivoco? – agrega el vampiro.

– Bien, te lo acepto por ahora – dice Isabel – pero cuando salgamos de este sitio tendremos una muy seria conversación.

– Bien, pero ahora busquemos como bajar de aquí – dice William alejándose de Isabel y dándole la espalda.

– ¿De que…? – pero al darse la vuelta todas sus preguntas se esfumaron.

Ella y William están en lo que parece ser una terraza que les permite ver que la biblioteca en si esta un piso debajo de la terraza, lo único que puede ver Isabel son cientos y cientos de libreros de madera hasta donde alcanza la vista y todos cubiertos de una generosa capa de polvo.

– No sé tú, pero en lo personal yo esperaba algo más… ¿Cuál seria la palabra?… moderno, creo que esa es – dice William a lo lejos, Isabel mira al vampiro que se ha topado con una escalinata de piedra que lo lleva hacia el nivel donde están los libreros – cuando vi “Ángeles y Demonios” me sorprendió de sobremanera que “El Archivo Vaticano” parece más de ciencia ficción que una biblioteca debajo de una catedral de quinientos años… ¿Qué esperas hay parada?, rápido, no tenemos mucho tiempo.

– En eso si tienes razón – dice Isabel, se acera al vampiro que le da la espalda para servir de guía manteniendo el dije en lo alto – pero creo que es comprensible, ¿para que gastar dinero en algo que se supone no existe?

Los libreros están cubiertos de polvo, polvo que también cubre los centenares de libros, algunos muy antiguos. A Isabel le da una vuelco el corazón al observa libros de novelistas de medioevo, que seguro fueron sus primeras ediciones; sin exagerar una decena de esos libros valdrán una fortuna. Las novelas son la parte más agradable de esta biblioteca.

Mientras más se adentran en el laberinto de estantes se topan con documentos y escritos en leguajes completamente desconocidos para la joven y que seguro contiene temas que van de lleno en lo oscuro y siniestro del mundo de lo oculto, también empiezan a aparecer muchos objetos tan o más extraños que los que hay en el bolso que le dio William, entre los artefactos se destacan un estante completo de frascos llenos de partes de cuerpos mutantes y atrofiados, pequeños animales y cualquier otro tipo de sustancias asquerosas flotando sobre líquidos de distintos colores y espesores.

 Isabel no pudo soportar estar mucho tiempo en ese lugar, por lo que obligo a William pasar por ese repugnante lugar lo más pronto posible.

– Esos sacerdotes eran unos degenerados – dice Isabel cuando por fin sale de los libreros con frasco llegando a otro de los muchos llenos únicamente con libros de diferentes tamaños y colores.

– Y eso que no has visto nada todavía – dice William sonando espeluznante – creo que este es el lugar, estamos buscando una caja de madera o un paquete de cuero con… un símbolo extraño.

– ¿Un símbolo extraño? – repite Isabel con incredulidad – que especifico.

– Con eso te servirá, y esta en rojo – dice William enfocando la luz del collar sobre uno de los estante – cuando lo veas sabrás de que te hablo.

Sin esperar otras instrucciones de parte del vampiro la joven, de muy mala gana, comienza a buscar en el otro librero, ¿Qué tan útil puede ser buscar algo que ni siquiera saber bien que es o como es?

En lo que parecieron horas William e Isabel buscaron entre los millares de tomos, escritos, documentos y obras guardadas y empolvadas. Tanto conocimiento, tantas ideas, tantas historias que ya nunca más se contaran; la triste verdad y belleza que encierran tantos fragmentos de la historia de la humanidad le vuelven chiquito el corazón a Isabel que no puede evitar la tentación de llevárselos todos consigo, sin importarle lo que diga William. La joven toma un libro grueso, forrado de cuero negro.

Lo primero que la sorprendió fue lo pesado que es.

– ¿Qué haces? – pregunta Isabel inmensamente molesta, William le ha quitado el libro de las manos con tanta velocidad que ella se dio cuenta cuando el vampiro lo esta examinando con meticulosa curiosidad.

– Este es el libro que estamos buscando – dice el vampiro mirando sorprendido a la joven que parece caer en la misma sorpresa – esta es “La Enciclopedia de lo Arcano”.

>> Escrito en latín. Esta es la primera obra escrita que habla con completa veracidad sobre Baphomet que se conserva… Baphomet es el rey vampiro – agrega al ver la cara de desconcierta de Isabel.

– ¿Y que encontraras en ese libro? – pregunta Isabel – además, ¿Cómo leerás ese libro?

– Este libro es una compilación de todas las criaturas y bestias… que podríamos llamar “mágicos” que existían en esa época, de los cuales muchos aun siguen rondado por las sombras – dice William mirando el libro con ojos encantados – por suerte Gabriel me enseño a Latín a la perfección.

– ¿Qué no te enseño Gabriel? – pregunta la joven con un leve resquemor que le recorre la espalda.

– Saber apreciar o medir el tiempo – dice William de inmediato – ya casi es media noche – agrega mirando el lindo reloj que tiene en la muñeca. Será mejor que guardes esto en un lugar seguro.

Isabel toma el pasado libro y, al no tener mejor lugar, lo pone en su bolso con algo de esfuerzo.

– ¿Ya nos podemos ir? – pregunta Isabel con un mal presentimiento que le para los pelitos en la nuca.

– Claro, ya encontramos lo que vinimos a buscar – dice el vampiro que de inmediato es silenciado por una fuerte explosión.

– ¡Yo también! – brama Blade, él esta parado en la terraza por la cual llegaron Isabel y William.

El vampiro gracias a su velocidad logra esquivar por poco el disparo de la escopeta del cazador que continua la ráfaga de disparos mientras que William lo esquiva con mucho trabajo. Papeles, hojas, libros vueltos añicos y mucho polvo vuelan por todas partes; confundiendo y asustando a Isabel que se queda parada, impotente por el terror.

– ¡Toma el collar y corre! – grita William lanzándole el dije  con sangre de grifo a la joven. Apenas el vampiro suelta el amuleto este se apaga, dejando toda la biblioteca en completa oscuridad. Isabel logro enganchar su dedo en la cadena del amuleto que guarda agarra con el resto de su mano.

La joven busca un lugar donde esconderse tratando de no hacer ruido mientras mira en la dirección de la única salida de esta sala enterrada bajo tierra, de repente esta biblioteca secreta se convirtió en una catacumba y prisión para ella y William.

Una luz llega de pronto, el cazador ha encendido una linterna. La luz traspasa la polvareda y sondea desde lo alto toda la zona, por poco alumbrando a Isabel. Por desgracia sus pisadas son audibles en el piso de piedras, pero aun guardan la esperanza de que Blade no los pueda escuchar, pero si lo hace.

– ¡Isabel! – grita de pronto William, el vampiro la derriba y arrastra por los aires; justo a tiempo para evitar que una certera ráfaga de disparos le diera a ella, despedazándose así otro librero.

– ¿Qué pasó? – pregunta Isabel confundida, hojas destrozadas caen por todos lados y ella esta en el suelo.

– ¡Pasa que casi te mueres, con un demonio! – grita William que esta sobre ella –  ¡Haznos el favor de mantenerte con vida!, ¿quieres?

William se levanta y se lleva consigo a Isabel, quien prácticamente arrastra adentrándose en el laberinto de estantes. La joven esta en shock, no puede pensar, ni hablar; sus pies se mueven gracias a que el vampiro la mueve, Isabel se perdió, o mejor dicho, se protegió en su subconsciente.

– Dime Blade, ¿Por qué quieres matarnos? – pregunta el vampiro tratando de distraer a atención de cazador.

– “Matarnos”, me parece que estas mal interpretando mis intenciones, vampiro – dice Blade, da un brinco desde la terraza cayendo de esa manera en el techo de uno de los muchos estantes. Aunque sus ojos no son tan precisos en la oscuridad como los de un vampiro aun cuenta con un as bajo la manga – el trabajo de un “Paladín Nocturno” es matar a todo monstruo o criatura que pueda hacer daño a los humanos. Al único que busco matar en este preciso momento es a ti vampiro.

El cazador saca el visor de espectros de su bolsillo, lo coloca sobre la terraza y este activa sus poderes. La luz rojiza que proviene de la gema lo abarca todo en la oscura biblioteca. En pocos segundos la imagen blancuzca y espectral del vampiro se hizo nítida, aun traspasando los libreros.

William se detiene detrás del librero lleno de frascos y se coloca de cuclillas, Isabel por su parte se queda parada tras del vampiro que a penas se da cuenta que ella puede ser un blanco fácil para el cazador la obliga a agacharse y a que lo mire de frente, sus rostros están a pocos centímetros.

– ¡Por favor Isabel, este no es momento para que decidas perderte en la luna! – exclama William airadamente, pero extrañamente sonando suplicante – ¡despierta, Isabel, despierta!

– ¡Ya te encontré, monstruo! – grita Blade seguido de tres detonaciones de la escopeta del cazador, quien se encuentra sobre un librero al frente de donde esta William. Los disparos atraviesan la madera y los frascos, moviéndose justo a tiempo el vampiro arroja ha Isabel de espalda mientras él se hecha contra el suelo, una fracción de segundo más lento y hubiera recibido los disparo que seguro lo hubieran matado.

El vampiro no se levanta, apoya ambas manos contra el librero de frascos que comienzan a derramar sus viscosos y extraños fluidos y empuja con toda su fuerza. El mueble de madera de varios cientos de kilos se empieza a bambolear, el cazador recarga su arma pero ya es muy tarde; como si fuera un enorme juego de dominós el primer libreo cae sobre el que esta a su lado provocándose una reacción en cadena que llega en pocos instantes a donde esta Blade.

Sin tiempo para hacer nada el cazador da media vuelta y trata de escapar de caer y ser aplastado por la ola de anaqueles que se acerca a él con gran velocidad. EL librero donde él esta parado se cae derribándolo en el acto. Salvándose por poco de ser aplasto Blade gira en el suelo terminando erecto, su escopeta se mantiene firme en sus manos y prosigue con mucho cuidado pasando por entre la inmensa nube de polvo y con cuidado de no hacer ruido al pisar la enorme cantidad de libros y otros objetos.

La nube de polvo que cubre toda la biblioteca no le permite ver nada a Isabel más allá de hasta donde alcanza su brazo. La joven tose sin control y se tapa la boca con el dorso de la mano mientras que usa la otra para palpar su camino por entre la caótica masa de libreros y su contenido que esta desparramado por todo el suelo.

Isabel puede sentir bajo sus pies un viscoso y pestilente líquido que corre por sus suelas, se agachara para averiguar y resulta ser el contenido de los frascos con partes de cuerpos de animal. La joven de inmediato se incorpora poniendo cara asco.

Escucha un ligero sonido metálico.

Se acerca el dorso de la mano al rostro y descubre que aun tiene la cadenita del dije enrollado en la muñeca, casi pareciera que se aferrara a ella con increíble decisión.

Pasos a la distancia.

Isabel corre pensando que se trata de William quien la esta buscando. Se adentra en el caos de estante y su contenido tirados por todos lados. Los pasos se hacen cada vez más fuertes, Isabel dobla en una esquina y se queda parada a pocos metros de la fuente del sonido, le polvo comienza a asentarse. Puede divisar una silueta que le da la espalda.

– ¿William…? – pero no pudo terminar la pregunta. El cazador quien fue tomado por sorpresa se da la vuelta y dispara repetidas veces.

La joven al borde del final coloca sus brazos frente a ella, un último esfuerzo por escudar su cuerpo. Una poderosa luz dorada enceguece tanto a Isabel como a Blade, de alguna forma se manifestó entre ella y el cazador protegiéndola de los disparos.

Ambos se quedan paralizados por el fenómeno, la luz se extingue e Isabel nota que la luz que le salvo la vida provino del amuleto con sangre de grifo.

Antes de que Blade pudiera reaccionar o hacer alguna otra cosa una veloz sombra captura a Isabel y la lleva por los aires. Es William que de un solo brinco llega a la terraza que lleva a la puerta.

– ¿Viste eso? – pregunta Isabel sorprendida todavía por su milagroso escape de la muerte.

– Si, pero también veo esto – dice William soltando a la muchacha que abre la puerta usando toda su fuerza. El vampiro toma un extraño medallón dorado decorado en forma de ojo y con un enorme rubí incrustado en el centro del mismo.

Más disparos provenientes del arma del cazador no se hacen esperar alertando al vampiro que aun esta en peligro.

Acompañado por Isabel William sube por la escalera de caracol que los lleva a la catedral. La joven corre con todas su fuerza hacia la salida y William se mantiene a varios paso tras de ella, por si Blade regresa para darle tiempo de huir.

Llegan hacia la calle, ni rastros del cazador.

– ¡Sígueme, esta un río cerca! – grita el vampiro tomando la delantera de la marcha. Los pulmones de Isabel le arden, pareciera que fuerana a estallar, pero ahora solo al oler el aire húmedo y fresco siente nuevas fuerzas. Falta poco para terminar con este tormento.

Isabel puede ver a los pocos metros un canal, están salvados, o al menos eso parecía.

El cazador parece haberlos alcanzado de la nada, se detiene y con precisión le apunta a William con su ballesta, dispara. El vampiro se da la vuelta pero ya es muy tarda, la flecha le da en el brazo. De no ser por Isabel, quien lo tomó por el brazo él se hubiera caído.

Y ante los ojos impotentes del cazador ambos desaparecen en una nube de niebla.

– ¡Maldición! – grita Blade con tanta fuerza que por unos segundo el eco repitió sus palabras.

Dos cuerpo caen pesadamente en el canal de Ruan, un marino que vio todo el evento podría jurar que aparecieron de la nada, pero con semejante oscuridad nada se sabe. Por suerte su barco llega al lugar con velocidad.

– ¡William, por favor resiste! – escucha el capitán gritar a una mujer, aunque no sabe mucho de español es evidente que son gritos desesperado.

Él y otro tres marinos que se acerca a ver cual es la causa del ajetreo ayudan a subir a la empapada mujer que sostiene a un hombre inconsciente y con una gran cicatriz en el brazo, cicatriz que se puede ver debido a que esa parte de su esta desgarrada.

Por un segundo la mente del capitan se fue hacia la idea de que esa herida es reciente… pero la desecho enseguida, ¿Cómo alguien se puede curar de una cortada de ese tamaño tan rápido?, eso es algo imposible… ¿o no?

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