Capítulo XXII: A las puertas de la Catedral

Posted on 12 febrero, 2010

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Parte I: Blade

Un auto se estaciona en la calle del otro lado de la catedral de Ruan, en cuyo interior esta la segunda biblioteca demonológica más extensa del mundo. Blade baja del auto cargando consigo su confiable escopeta, pero no es ni por poco su única arma. Camina con sigilo y velocidad por la calle, pero sinsentido, las calles están desiertas; es casi como si los  civiles tuvieran un sexto sentido que les dice que pronto tendrá lugar una fiera batalla.

Sube por una escalinata de piedra que lo lleva a la entrada principal de la iglesia de épocas del medioevo. Algo le da mala espina al cazador, los portones están abiertos.

– Esta es la oportunidad perfecta para probar el “Visor de Espectros” de Aramis – dice el cazador sacando de su bolsillo el extraño medallón de oro, con el diseño de un ojo y la pupila de rubí. El cazador coloca con sumo cuidado el medallón en el mero centro de su mano desocupada y apunta el rubí al arco de la puerta. El efecto fue instantáneo.

Una brillante luz rojiza brota del rubí e inunda el portal de la catedral. Un espectro de forma humana se muestra a escaso metro y medio de Blade que ni parpadea, el espíritu que no parece darse cuenta de la presencia del cazador solo se queda parada de espaldas a “Paladín Nocturno” por varios segundos en los que pudo percibir varias voces ininteligibles.

Cuando Blade estaba por bajar el visor otro espectro apareció, este más nebuloso y difuso que el primero, el recién llegado ente se da la vuelta y guía al primer espectro hacia el interior de la iglesia, salen del alcance de la luz del visor y tal como vinieron desaparecieron.

– Al parecer ya llegaste vampiro – dice el cazador que guarda el “Visor de Espectros” y se enrumba al encuentro con presa.

Parte II: William e Isabel

– Conque Jane… pues déjame decirte que nunca había escuchado ese nombre en mi vida, a no ser que cuente una película animada de Disney – dice William cuando Isabel le contó sobre el encuentro que ella tuvo con la extraña mujer que le dio aquel frasco de perfume.

– ¿Cómo que no la conoces? – pregunta Isabel molesta y confundida – si ella me dijo que eras un vampiro, me hablo como si te conociera… y también conocía a Gabriel.

– Para mí, creo que exageras con todo esto; no me lo tomes a mal pero pienso que estas imaginándote todo esto – dice el vampiro minimizando las palabras de Isabel que lo mira con ojos de rabia, pero claro, a él no le importa.

– ¿Acaso piensas que estoy loca? – exclama Isabel al borde de un ataque que ambos lamentarían en un futuro no muy lejanos, en especial en el lugar donde están.

Es mediodía, el vampiro y la joven están sentados en un pintoresco café cuyas mesas están en un lado de la calle abierta, los alegres transeúntes caminan por las calles pensando en sus propios asuntos, lo último que les podría venir por la cabeza en momentos así sería en que un vampiro fuera bofeteado enfrente de ellos.

– ¡Claro que no! – dice William mirando de frente a Isabel, haciendo que cierre la boca – pero luego de lo que te ha pasado en lo que va de mes yo no estaría tan seguro de lo que ven mis ojos o lo que escuchan mis oídos… si fuera tú me fiaría de que yo sea real o un amigo imaginario o que estas hablando conmigo, puede que así sea.

>> Y en todo caso, mientras vivía con Gabriel no conocí muchas mujeres con las que pude tener una amena conversación… o que no terminaran… tú me comprendes. Solo conocí vampiresas en esos años.

– ¿Enserio? – pregunto Isabel imaginándose la imagen de mujeres voluptuosas, labios rojos y colmillos; increíblemente bellas y mortales. El típico esteriotipo de vampiresa – ¿y como son?

– Sexies, salvajes, sexies… ya dije sexies – dice William con una extraña sonrisa en el rostro, sonrisa que hizo que Isabel se pusiera de peor humor que antes – pero a veces se ponen muy volubles…y al parecer ellas relacionan el sexo con alimentarse… una combinación ganadora… para los vampiros hombre claro.

– Eso no es lo importante ahora, Jane también me contó sobre los dragones – dice Isabel empecinada en que William le de la razón.

– Recuerdo que una vez un par de vampiresas… ¿Dragones? – pregunta el vampiro que estuvo momentáneamente perdido en sus pensamientos – no creerás que realmente estén esas cosas, ¿o si?

>> Esas son el tipo de fantasías que invento el hombre hace muchísimo tiempo para explicar los fenómenos que ahora nos parecen de los más comunes. No creas en ese tipo de cuentos baratos.

– ¿Y qué me dices del perfume? – dice Isabel sacando el frasco de su abrigo para mostrárselo a William.

– Lo puedes conseguir en cualquier perfumería de al ciudad – dice el vampiro lentamente, como si intentara razonar con una niña que aún cree en el coco – y déjame decirte que parece estar muy de moda ese perfume por estos días, apenas puedo respirar tranquilo por las calles.

>> Espero que ya te hayas dado cuenta de lo tonta que son tus historias sobre Jenny o que sé yo…

El vampiro no pudo terminar la frase, Isabel, en un ataque de rabia le roció una buena cantidad de perfume en la cara. El vampiro se hecho hacia el respaldo de su silla, y por poco se cae de su silla; con violencia y velocidad William se limpia con las manos los rastros del perfume mientras Isabel se destornilla de risa, algunos transeúntes se le quedan mirando pero luego siguen con su camino.

– ¡No es gracioso!, algo de esa cosa me entro en la boca y los ojos – dice William frotándose los ojos con los nudillos. Tiene los ojos rojos, pero sus pupilas siguen siendo de color oscuro, de color humano – demonios, dame esas maldita cosa, el perfume no es un juguete.

– Nada de eso – dice Isabel échanos para atrás y alejando lo más posible el frasco de perfume de William, quien estiro la mano – que tal si luego que te lo doy te da quien sabe que y me matas. – agrega entre risas.

– Eso va a pasar más pronto de lo que crees si vuelves a hacer algo tan estúpido – dice William realmente enojado, con un ojo cerrado por el dolor se levanta de su silla y va camino hacia el hotel.

– ¡William! – exclama Isabel al ver la reacción de William. Deja el dinero para pagar su cuenta, guarda el perfume en su abrigo y va en búsqueda del vampiro, al quien encuentra a varios metros más adelante – William, espérame.

Él se detiene, ella lo alcanza y se enrosca en el brazo del vampiro de manera cariñosa; la escena parece de una melosa película como la de crepus…

– ¡No digas ese nombre!

Perdón…

– ¿Qué tienes William? – pregunta Isabel extrañada por la reacción del vampiro.

– No, no es nada… creí escuchar nada – dice William mientras guía a Isabel al hotel – en estos momentos no nos podemos distraer en cosas que no tiene que ver con nuestra misión en este lugar – agrega, dice sutilmente que Isabel olvide lo que pasó con Jane, ahora hay cosas más importantes que hacer – hoy debemos entrar en esas biblioteca y salir sin ser vistos por nadie. Hemos tenido suerte de ser seguidos únicamente por Blade.

Isabel tragó con esfuerzo, si el violento y sanguinario cazador es solo un problema menor que otras cosas pueden estar esperándola en la siguiente esquina u oculta entre las sombras.

– En… entonces ¿eso significa que tienes un plan? – pregunta la joven con una pizca de miedo a escuchar la respuesta.

– ¿Plan?, como se ve que no me conoces – dice William – yo, William Knight Valerius siempre, y escúchalo bien, siempre tiene un plan.

– ¿Enserio? – dice Isabel sorprendida – en ese caso ser, en una sola semana, atacado y casi asesinado por un loco con una escopeta y una jauría de hombres-lobo no fueron planes… digamos, valga la redundancia, muy bien planeados.

– De acuerdo, ¡tú ganas! – dice el vampiro sobreactuando molestia – tengo un plan el ochenta por ciento del tiempo, no pidas nada más bajo que eso.

– Si te pones así… – dice Isabel con cansina – entonces ¿Cuál es tú plan?

– Es muy simple en realidad, veras pienso que si… – mientras William habla pasa por su lado un ruidoso grupo de personas, todas vestidas con la misma camisa a rayas, con las caras pintadas y gritando consignas en francés – y así, tan fácil como entramos, salimos de la biblioteca, sin ser vistos por nadie – agrega cuando la horda se hubo alejado de ellos que siguen por su camino como si nada.

– ¿Quiénes eran esos? – pregunta Isabel mirando tras de hombro – parecen un grupo de locos alborotadores.

– Están cerca de serlo, son fanáticos de fútbol – dice William – me sorprende que luego de vivir tanto tiempo en España no sepas lo mucho que a los europeos, en especial los franceses, les gusta el fútbol.

– Tienes razón – dice Isabel volviendo a mirar la frente.

– Volviendo al tema, ¿Qué te pareció mi plan? – pregunta William doblando la esquina junto a Isabel, el hotel esta a una cuadras de distancia.

– No sé, me parece muy simple – dice Isabel entrando por la entrada principal del hotel en que han estado hasta el día de hoy.

– Eso es lo que lo hace tan efectivo – dice William mientras la pareja entra en el ascensor – la respuesta a la mayoría de las preguntas son las más simples. – agrega cuando salen de la cabina de metal que los dejo en su piso.

– Espero que estés en lo cierto – dice Isabel – por tú bien y el mió.

– ¡Que lindo!, te preocupas por mí – dice William con una sonrisa tonta.

– Hablo por que si algo sale mal me las vas a pagar – dice la joven en tono cortante, ella sigue por el mismo pasillo, pero William se queda atrás – así que si no tienes todo bien calculado te pateare el…

Isabel se da la vuelta y mira al vampiro como si nada, parado en una puerta idéntica a todas las demás en ese pasillo.

– … Trasero, ¿Qué pasa?

– Este es tu cuarto – dice el vampiro como si hablara del clima. La joven, apenada por su torpe descuido se devuelve hacia donde esta William – si no estuvieras tan ocupada amenazando algunas áreas de mi cuerpo te hubieras dado cuenta que vas directo a mi cuarto… pero si aún así quieres entrar, no me molestaría en lo absoluto.

– No fastidies – dice Isabel de mal humor mientras entra en su habitación.

– Nos veremos en la noche – dice William mientras la joven le cierra la puerta en la cara.

Isabel colocó su cabeza contra la puerta, se queda pensando en tonterías un par de segundos y luego se fue a acomodar su equipaje, este será su último día en el hotel. Mientras busca en el armario su ropa, toda nueva, y la coloca sobre su cama Isabel se da cuenta de algo en lo que no había pensado antes: de donde salieron toda esa ropa.

Todas sus pertenencias y toda su ropa fueron destruidas durante su encuentro con los licántropos junto con su querido y muy costoso Ferrari. Pero entontes, sabiendo también que todo su dinero esta intacto, ¿de conde sacó William el dinero para compara todas estas cosas nuevas y muy costosas?

No es que no fuera un lindo detalle por parte del vampiro, pero si William fue a buscarla porque se había quedado sin dinero, ¿Cómo se pudo costear todo esto?, desde que viajan juntos él no le ha pedido nada de dinero; ni para el hotel, ni para más nada.

Isabel se queda mirando a la nada mientras piensa en teorías raras y retorcidas sobre de donde William saca tanto dinero al tiempo que guarda con torpeza su ropa en unas maletas que el vampiro también compró. Tiene algo de dificultad para cerrar las maletas, pero usando todo el peso de su cuerpo lo logra.

Mira en su mesita de noche y se encuentra con un pequeño morral negro, el mismo morral que le dio William antes de que salieran de su casa hace ya dos o más semanas. La muchacha no ha visto el contenido del bolso desde su encuentro con Vittorio y ahora que lo piensa nunca ha visto en su totalidad el contenido del bolso, quizás esta sea su última oportunidad de hacerlo con calma por lo que la joven decide aprovechar este pequeño respiro.

Isabel se sienta sobre su cama y vierte sin cuidado el contenido del bolso. Lo primero que llama su atención es la enorme cruz de palta, una herramienta para ahuyentar a los vampiros, pero sin causarles un daño muy grave, si es que recuerda bien su primer encuentro con William.

Ve un par de cargadores para la pistola que se hizo añicos en la mandíbula de aquel hombre-lobo, lo siguiente que Isabel observo fue una extraña, fea y deforme mano dorada y llena de dibujos extraños de color negro que cubren toda la mano. La joven toma la mano con recelo e inspecciona con mórbida curiosidad los extraños dibujos y diseños en la mano que parece estar hecha de oro.

Mientras mira un de los dedos de la extraña mano, uno dedo especialmente feo y deforme Isabel siente un leve escalofrió que le atraviesa al espina. La muchacha suelta ese raro y particularmente feo artefacto, la mano termina cayendo al lado de un colar adornado por un amuleto que tiene incrustado un brillante y bello cristal rojizo. Isabel al instante que posa los ojos en el extraño collar se siente atraída hacia el. Lo toma con cuidado de no perturbar su apariencia delicada y majestuosa.

Se acerca ha pocos centímetros de la nariz el objeto, la piedrecilla roja a la luz de las lámparas parece como si estuviera hecho de un liquido extraño que fluye y mueve apaciblemente dentro del amuleto. Con la inmensa tentación de ponerse el collar Isabel decide abstenerse, si no sabe lo que hace será mejor mantenerlo alejado de su cuello.

La muchacha también se consigue con un ojo de cristal muy grande, el doble de uno normal y otras cuantas cosas que no describiría de otra forma como “basura inútil”, tales como un par de hojas viejas, rasgadas y amarillentas completamente en blanco y lo que parece ser un eslabón de una cadena de forma extraña.

Mientras guarda una por una las cosas que había en el bolso algo llama por completo su atención, algo que no había visto antes y que para ella es más interesante e importante que todas las demás cosas que acaba de observar.

La joven toma con reverencia y cariño su viejo libro de apuntes, el mismo libro en el que esta escrita su primera novela; mientras se acomoda mejor en la cama recuerda como guardo el diario en el bolso que le dio William para mantenerlo cerca de ella, y de no ser por ese detalle se hubiera quemado con todas sus demás pertenencias.

Isabel abre el libro en una página aleatoria y comienza a leer desde el principio de la hoja garabateada por tontos dibujos que ella hizo en los momentos en el que se le hizo difícil continuar con el relato, y no fueron pocas veces.

La parte de la historia en que comenzó a leer fue en más o menos la tercera o cuarta parte de la obra, cuando la trama empieza a adentrarse en la etapa más oscura antes del nudo argumental.

Isabel se mantiene inmóvil mientras se adentra en al historia que hizo hace tanto tiempo que ya ni se acuerda. Llega luego de varias hojas al pasaje que menos le costo en escribir, la escena se presentó de improvisto en un sueño y que apenas se levanto se apresuro a anotarlo antes de que se le olvidara, en esta parte las palabras fluyeron de su mente a su bolígrafo para después asentarse en el papel.

La escena se desarrolla cuando la protagonista femenina se pierde en una ciudad durante una fuerte lluvia. La joven que Isabel  llamó Valentina se refugia del agua en una parada del autobús, parada que a estaba ocupada por una mujer de apariencia extraña.

Mientras las dos mujeres esperan el autobús la desconocida comienza a contarle de su vida y de sus experiencias, que no fueron pocas mientras que la joven hace una comparación con lo que ella estaba pasando. Cuando la mujer termina de contar su historia Valentina le dice su propio drama a la señora que la escucha con toda cortesía.

Luego de intentar buscar la solución del predicamento de la joven la señora dice con suma sabiduría, Isabel debe de admitir que es una de sus frases favoritas y que ahora se la hace muy familiar por razones que no entiende del todo.

“El autobús llega de repente y cortando la atmósfera seria que habían creado las dos mujeres”. Lee Isabel con ansia de recordar tan bello pasaje “la desconocida se encamina hacia la puerta del vehiculo para la pregunta de Valentina la detiene.”

“- ¿Eso significa que existe lo extraordinario? – pregunta la muchacha con deseos de saber la verdad en eses preciso momento.”

“- ¿Acaso pensaste que solo hay oscuridad en este mundo, jovencita? – pregunta la joven antes de adentrarse en el autobús que segundos después continua su camino dejando a la joven confundida pero eufórica por descubrir que hay más allá de lo malo que pueda existir.”

La puerta suena y hace que Isabel se estremezca de la sorpresa, provocando que su querido libro salga disparado de sus dedos hacia el otro lado de habitación, chocando antes de caer contra la puerta del baño.

– ¿Quién es? – pregunta Isabel mientras guarda lo más rápido que puede los artefactos que le dio el vampiro, lo último que necesita es que alguien vea que tiene una horrenda mano de oro en su cuarto.

– Soy yo, William – dice el vampiro del otro lado de la puerta, en el pasillo – Isabel, no tenemos que ir, ya es hora – agrega tocando otra vez la puerta.

Isabel mira incrédula por la ventana y en efecto, es de noche. Isabel mira la hora en el reloj que tiene más cerca y ya son más de la diez de la noche. La joven se queda atónita por lo que revisa otra vez la hora mientras verifica que el reloj no este descompuesto.

“¿Cómo han pasado tantas horas?” se pregunta Isabel mentalmente, se cuelga el bolso en el hombro y se levanta de su cama mientras se sigue cuestionando como el tiempo pasó tan deprisa.

Antes de salir por últimas vez por la puerta de su habitación toma su cuaderno y lo guarda con un cuidado especial en su bolso. Camina hacia la puerta y abre.

– ¿Lista para la aventura? – pregunta William.

– No, pero a esta altura ya no tengo de otra, ¿o si? – dice Isabel.

– Me temo que no – responde el vampiro – bueno, ¿Qué estamos esperando?

– ¿Qué?, ¿Dejo mi equipaje aquí? – pregunta Isabel.

– Si, ya hice arreglos para que nos lo envíen a nuestro siguiente paradero – dice William haciéndose el interesante – pero mejor continuemos esta conversación en el ascensor.

Isabel abre la puerta en su totalidad y sale de su habitación acompañada por William.

– ¿Ahora si me puedes decir adonde iremos luego de saquear un iglesia? – pregunta Isabel mientras caminan hacia la puerta del elevador.

– No digas eso, no robaremos a la iglesia, si no a una biblioteca secreta y completamente desconocida al mundo – dice William mientras oprime el botón para llamar al ascensor – no es incorrecto si nadie sabe que existe.

– Como quisiera creer en esas palabras – dice Isabel mientras ambos entran en la cabina del elevador.

– Entonces solo hazlo, la gente cree solo en lo que quiere creer – dice William, la pareja sale del ascensor y continúan su camino hacia la calle, una de las tantas de Ruan.

Siguen por los callejones de la oscura ciudad, la única iluminación proviene de las luces de los faroles encima de ellas.

– William, ¿te puedo hacer una pregunta? – dice Isabel luego de soportar por una cuadra o más un silencio algo incomodo – ¿Por qué no te apareciste en mi cuarto como siempre lo haces?

– Bueno… no me esperaba esa para empezar – dice William mientras ambos doblan en una esquina. Todas las calles están desiertas, como si supieran que ahora un vampiro esta en su elemento – lo que ocurre es que quise darte un poco de privacidad, nunca hace falta. Además, podrías haber estado bañándote o algo parecido.

– ¿Y eso que tiene que ver? – pregunta Isabel algo sonrosada y temiendo escuchar la respuesta del vampiro.

– Y tiene que ver que si vas a estar desnuda en frente mío será bajo tú consentimiento y con el completo uso de tus facultades – contesta William con media sonrisa.

– ¡Eso nunca va a pasar! – grita Isabel colorada, se niega a mirar a William por lo que gira la cabeza hacia una pared mientras continua su camino.

– ¿Estas segura?, por que yo podría jurar…

– ¡Que eso NUNCA va a pasar! – repite Isabel al borde de darle un bofetada a William con todas sus fuerzas, pero ella se contiene, al fin de cuenta sabe que no le hará daño al vampiro, y eso es lo que le da más rabia.

– ¿Enserio?, es una lastima – dice William fingiendo estar abatido – ya llegamos –agrega provocando que la joven mire hacia delante.

Justo del otro lado de la calle esta una gran catedral de corte medieval, se ve austera e imponente, incluso un poco escalofriante con la baja luz que proporciona la noche, William cruza la calle sin mirar más que la monumental iglesia seguido de cerca por Isabel.

– Espero que tu plan funcione – dice la joven olvidando por un momento su rabia para con el vampiro.

– Descuida, funcionara – dice William subiendo por la escalinata de piedra que lleva a un enorme portal de de madera envuelta en tiras de hierro, la entrada principal de la catedral.

El vampiro toca con su puño cerrado la puerta, puerta que hace un poderoso estruendo que asusto a Isabel, quien se puso a mirar tras de su hombro para cerciorarse que nadie más hubiera escuchado el ruido o haberse percatado de su presencia.

– Menos mal que trajiste el bolso que te di, nos podría ser útil – dice William mientras posa su oído sobre la fría madera de la puerta.

– ¿De qué habla?, solo me diste pura basura – dice Isabel molesta pero hablando en voz baja.

– No creo que la pistola y el frasco de perfume que te salvaron la vida no sean “Basura” – dice el vampiro quitando la oreja de la puerta – solo son cosas que no parece útiles, pero son más valiosas de lo que piensas.

>>El cardenal ya se acerca, veremos si puedes recibir un par de lecciones sobre el ocultismo. Solo déjame hablar a mí, necesitare toda mi concentración, estoy algo oxidado para esta parte del plan.

– De acuerdo – espeta la joven de mala gana.

A los pocos segundo la puerta de la catedral se entre abre para mostrar a un hombre vestido con un simple camisón, es un hombre mayor, de rostro arrugado pero cordial y corta barba canosa como su cabello laceo.

– ¿Es qué puedo ayudarlos jóvenes? – pregunta el cardenal de forma amigable, es seguro que William lo acaba de despertar.

– Nos gustaría visitar la biblioteca demonológica que hay en su iglesia – dice William.

El viejo y el vampiro se quedan en silencio por varios segundos, el anciano cierra los ojos pesadamente y agita la cabeza por un breve instante antes de recuperar su endeble compostura.

– Será un placer ayudarlos jovencitos, solo les pido que cuiden los textos que hay se encuentran, algunos son muy delicados – dice el cardenal, distante, como si su mente estuviera perdida en otra realidad dejando a su cuerpo como un recipiente vacío – síganme, por favor.

– ¿Qué es eso? – pregunta Isabel en voz baja, antes de que el viejo se diera la vuelta ella pudo notar que alrededor de las pupilas de padre hay un extraño contorno rojizo.

– Te diste cuenta – dice el vampiro mientras entra en la iglesia siguiendo de cerca al monseñor que parece no escuchar lo que dicen – esa es la marca de las personas que están bajo la influencia de un vampiro, el “Encanto Vampiro”, si recuerdas nuestra entrevista.

Isabel espabila y trota un par de pasos para alcanzar a William y al viejo.

– Eso significa que…

– Correcto, él esta bajo mi completa y absoluta voluntad – William habla como si no fuera la violación del libre albedrío de un humano – pero descuida, luego de guiarnos a la biblioteca le ordenare que se vaya a su cuarto a dormir, y cuando se despierte no recordara nada de lo hoy ha ocurrido.

– Espero que funcione – dice Isabel sintiendo un mal presentimiento.

– Oye, ¿Qué podría salir mal? – pregunta William.

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