Capítulo XX: La Busqueda de la Verdad

Posted on 24 enero, 2010

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– No puedes decir que no fue una buena idea venir a este pintoresco pueblo francés. – le dice William a Isabel relajadamente, ambos están sentados en una de las mesas en la calle de un elegante café a mediados de la tarde en Ruan.

– Si, no te puedo contradecir en eso. – dice Isabel, ya no tenía nada en la muñeca que se corto, de hecho por alguna razón que ninguno de los dos pudo descifrar a Isabel no le quedo no la mas mínima cicatriz… “uno de los misterios de mi condición” dijo William al quitarle los vendajes improvidazos a Isabel para cambiarlos por unos nuevos, solo para notar que ya se había curado el corte.

– Será en lo primero en que no me cuestionas. – dice William mirando el casi idílico paisaje de las calles de Ruan en este comienzo de la primavera.

– Aunque…

– Hay vamos, ¿no te puedes simplemente quedar callada y disfrutar de estas casi-vacaciones? – pregunta William algo fastidiado. Ha pasado casi una semana desde que en una vorágine de caos y destrucción Isabel casi muere primero a manos de los licántropos de Vittorio y luego por William… era una escena que no quería recordar el vampiro, pero la imagen de Isabel cortándose la muñeca para salvarle a él la vida le venía a la mente cada vez que miraba a la joven que se recupero de sus heridas increíblemente pronto.

Tanto es así que al tercer día de estar en la ciudad ella ya se podía levantar y para ayer ya se sentía con fuerzas suficientes para dar un paseo con William por la ciudad que francamente le parece encantador a la joven que no puede dejar de preguntarse…

– ¿Qué vinimos a hacer en este lugar? – pregunto haciendo que el vampiro hiciera una mueca mientras que Isabel se limita a llevarse a la boca su tenedor rebosante de pasta.

– Por los momentos disfrutar de este merecido descanso – responde William probando un sorbo de la licorera de metal llena de sangre del cual Isabel acepto la explicación que él le dio sobre la procedencia de esa sangre “la robe de un banco de sangre”; cada vez que ella piensa en esa respuesta se le hace cada vez más sarcástica pero no tiene pruebas para demostrar lo contrario y para ser honestos no tiene ganas de buscarlas.

– Si, pero ya me siento mejor… ¿ahora que haremos? – dice Isabel.

– Sin ofender, eres algo molesta cuando te pones en ese plan de policía bueno, policía malo. – dice William mirando por primera vez a la joven de cabello castaño enrulado.

– Y tú cuando no contestas mis preguntas, lo digo sin ofender. – dice Isabel mirando los ojos de William que dejaron de ser rojos al estar en contacto con la luz del sol, y ahora que lo piensa Isabel, cuando el vampiro se permite estar en publico durante el día a ella se le hace un poco mas robusto… es una diferencia casi imperceptible pero Isabel se dio cuenta ahora que lo tiene al frente, lo más probables es que sea solo trabajo de su imaginación pero de todas formas tiene esa pequeña, minúscula duda.

– Te lo dije el día que salimos de tu casa, vinimos a esta ciudad de Francia con el único objetivo y razón de ir a visitar la segunda biblioteca sobre la demonología más grande del mundo… o al menos de la que conozco. – responde William con desden y haciéndole recordar esa, por sobre mas incomoda escena. – y como un bono extra este es la misma ciudad en la que murió quemada viva, esta de mas decir que de manera injusta la mujer que mas cambio la historia universal, Juana de Arco.

– Si, creo que si… ahora que lo pienso esta ciudad sale en un juego de estrategia en computadora. – dice Isabel distraídamente – ahora, siguiendo con el tema, ¿Qué debemos buscar en esa biblioteca?

– Un poco de esto, algo de aquello y mucho de nada – dice William de manera muy vaga y especulativa, cosa que se le hace muy molesta a Isabel que sigue comiendo su almuerzo – lo principal es buscar una explicación verosímil para lo que es Blade.

– ¿De lo que… de lo que es Blade? – pregunta Isabel atragantándose un poco con un bocado particularmente grande de pasta.

– No creerás que un humano que tiene la fuerza y velocidad de un vampiro es completamente normal ¿o si?, fuerza y velocidad que por lo general es la de cinco hombres – dice William mirando fijamente a Isabel que siente como si el vampiro estuviera viendo a través de ella.

– ¿Pero que te hace pensar que tiene algo que ver con la demonología… o lo que sea que buscaras en esa biblioteca? – pregunta Isabel interesada profundamente en el tema.

– Es por… es por un presentimiento – responde William con media sonrisa en el rostro – además, lo único que podemos perder es tiempo… quizá encuentres un libro que te quieras llevar, no dudo que tengan libros y códices invaluables en una catedral del medioevo.

– ¡No pienso robarle a nadie, mucho menos a una iglesia! – dijo Isabel contundentemente pero en voz moderada, para que nadie más que William le escuchara – ya es suficientemente malo estar huyendo de un loco gatillo alegre como para cargar el peso de robar en la casa de Dios.

– ¿Casa de Dios? – espetó el vampiro con completa incredulidad. Se acomodo en su silla y se mantuvo en silencio y con una sonrisa descarada en el rostro antes de agregar – creo que no comprendes el papel que ha tenido la iglesia católica en los mil setecientos años que lleva de existencia.

>> Es irónico sabes, los trescientos años que estuvieron los cristianos perseguidos y en completa clandestinidad fue cuando en realidad fue la “Casa de Dios”.

– ¿De que idioteces hablas? – preguntó Isabel irritada.

– Acaso la inquisición, la quema de brujas, las cruzadas… y esas son solo las que todos conocen… acaso piensas que alguna de esas ilustres acciones de la iglesia fueron designios de Dios; no, todas esas atrocidades fueron cometidas por hombres disfrazando sus propios y egoístas interés como designios de Dios, la corrupción con ropajes de santo sigue siendo corrupción – dice William secamente.

Isabel se queda en silencio por un instante antes de decir.

– Puede que sea así, pero si a final te arrepientes de tus pecado…

– ¡Eso es la mentira mas repugnante de esa gente! – grita de repente William alzando la voz y levantándose de su silla, para que la multitud que pasaba por el lugar de manera despreocupada le prestara de repente toda su atención – ahora escúchenme bien todos – agrega a la multitud de quince personas que se detuvieron para verle – ¡eso de que si te arrepientes de corazón iras al cielo es pura palabrería barata!

>> Solo por el hecho de considerar hermosa a esta mujer – dice señalando a Isabel que se tapa el rostro con la mano, oportunamente evitando que se viera como se sonrosan sus mejillas – y digna de un aprecio… digamos algo más comprometedor – esa frase hizo que algunos hombres de la multitud soltaran tímidas sonrisas – iré al infierno sin derecho a arrepentimiento alguno, bueno entonces que así sea.

Y sin más William se va por la calle con destino incierto, dejando a Isabel petrificada en su silla, silla en la que se quedo hasta mucho después que las demás personas que miraban la escena se hubieran ido.

Isabel paga la cuenta del restaurante y se va por la dirección opuesta que tomó William, ella va de camino al hotel en que ambos se registraron, en cuartos diferentes. Hay que reconocer que el vampiro tiene muy buen gusto.

El hotel en que se hospedaron es sin duda el más bello y elegante de la ciudad, cosa que le crea a la joven algo de sospechas… él no le pidió dinero para el hospedaje ni para nada en absoluto en lo que va de la fecha, y se supone que él fue a buscarla en primer lugar por dinero.

Aunque el resegcionista la saludo con un muy cortés buenas tardes Isabel no reparó en que el estaba… no le hubiera prestado la mínima atención a ninguna persona que pasara por su lado, ni siquiera si fuera el papa en persona.

Sin prisa pero sin pausa Isabel sube las escaleras hasta el tercer piso del hotel de corte de la “Ilustración”. Pasó su tarjeta por los nuevos cerrojos de alta tecnología y entró en su habitación. Dos camas, unos cuantos muebles por aquí y por allá, una terraza que da hacia la calle principal y un baño amplio y equipado para atender todas las necesidades de Isabel.

Pasa el resto de la tarde y la noche sin noticias de William. Luego ordenar su cena con servicio al cuarto y ver el noticiero de la noche (viejo hábito de periodista) fue al baño para cepillarse e irse luego a dormir.

Un par de minutos después, apenas piso afuera del baño se encontró con un hombre alto y con una chaqueta negra mirando a la calle con las manos en la baranda de la terraza, dándole la espalda a la joven que no sentía miedo alguno.

– ¿Qué te ocurrió esta tarde, William? – pregunta ella.

– Fue solo un sobresalto, perdón. – respondió William desabridamente, triste, como si una nueva persona lúgubre y deprimida hubiera tomado la forma del vampiro.

– Esa discusión en la tarde no fue lo que te puso así, por favor dime, ¿Qué tienes? – ruega Isabel acercándose un par de pasos a William.

– Es solo que… por favor olvídalo, no sé que me pasó – dice William cabizbajo, Isabel esta demasiado asustada e intimidada como para acercarse más a él – a pesar de estar condenado a vivir por siempre soy como cualquier otra persona, todos tenemos momentos de debilidad, nadie esta exento de tener una hora oscura.

>> Será mejor que me valla. – agrega mirando por detrás de su hombro a Isabel que corre hacia él.

– ¡No, espera! – grito ella, pero ya era demasiado tarde, el vampiro ya se había evaporado en una nube de niebla blanquecina que se disperso en pocos segundos.

El corazón le dio un brinco a Isabel, se recostó con velocidad sobre la baranda de la terraza, observa por todos lados en la calle, esta llena de gente… pero en un golpe de suerte encuentra el inconfundible cabello peinado hacia atrás del vampiro alejándose del hotel hacia un lugar incierto.

Por fortuna Isabel no se había quitado la ropa para ponerse el pijama. Con toda su velocidad baja las escalera, no tropezando con las mismas o con un par de conserjes y otros huéspedes por poco. Llega a la calle y sigue el mismo camino que vio tomar a William segundos antes; si bien ella nunca podría alcanzarlo con la gran velocidad que poses aún conserva la esperanza que la gran multitud lo persuada de pasar desapercibido. Cosa que no hace ella, dobla en una esquina intentando de seguirle el rastro a William tropezándose en el proceso con unos cuantos transeúntes, cosa que no la detuvo.

Mientras más corre por donde cree que fue el vampiro más se aleja de las calles principales y pobladas de Ruan.

-¡William! – grita a todo pulmón cuando las piernas no pueden dar un paso más. De alguna manera llego a una callejuela a media luz y completamente desierta. Mira de un lado a otro, no hay nadie. Su corazón que late a todo lo que puede es el único ruido junto con el sonido de su respiración algo forzada.

Todo se ve del siglo XIX y muy oscuro, esta anocheciendo y las luces de la vereda están apagadas. Isabel intenta buscar el camino de regreso, pero simplemente no recuerda el rumbo que uso desde el hotel hasta este lugar.

Ya recuperada en parte de la carrera que acaba de hacer Isabel recorre despacio la calzada en búsqueda de alguna tienda o lugar abierto para pedir instrucciones, pero todo parece haber sido abandonado desde hace años, como si estuviera en un pueblo fantasma.

La joven mira un vitral opaco que deja ver el interior de una sucia y desvalijada tienda de repente siente el aroma de incienso que le acaricia la nariz. Ella se voltea y justo del otro lado de la calle esta una puerta abierta de una de las tantas tiendas de la calle, puerta que se queda mirando un par de segundos con, por una parte cautela y por otra todo lo contrario a la cautela, imprudencia.

Algo en ese portal la llama.

En una acción casi involuntaria Isabel da un paso hacia la tienda abierta, seguido de otro y otro hasta que de movimientos torpes y pausados se convierte en una lenta caminata hacia la puerta. Cuando llega el olor del incienso es tan fuerte y denso que se podría cortar con un cuchillo. Desde la afuera la tienda no se ve muy diferente al resto, se ve abandonado y de épocas victorianas.

Isabel entró en el local. El lugar completamente oscuro esta lleno única y exclusivamente de estantes de madera; buscando un dueño o empleado de la tienda Isabel se adentra entre los estantes. Con la poca luz que hay en la habitación Isabel solo pudo descubrir lo que había en las alejas como frascos con contenidas extraños, libros muy viejos y uno que otro amuleto de apariencia esotérica.

Luego de lo que le pareció una eternidad Isabel llego al final de los estantes. Una mesa redonda, cubierta por un mantel morado y con dos sillas es lo que hay al final de la tienda al lado de una cortina de esterillas que lleva a otra habitación.

Con muchísima cautela la joven se acercó a la cortina, pero de repente y haciendo a Isabel dar un brinco nervioso la cortina hondote y se abre. Una mujer alta, con cabello rizado de color castaño claro y esbelta figura sale por la cortina. Lo que más sorprendió a Isabel fue el parecido de esa mujer con ella, lo único que las diferencia es que Isabel es menos esbelta y con un poco más de color.

– ¡Isabel, ya era hora de que llegaras! – dijo alegremente la joven al reparar en la presencia de Isabel – en lo particular detesto que la gente llegue tarde a sus citas… me has decepcionado.

– Disculpa, ¿yo te conozco? – pregunta Isabel al dejar atrás la sorpresa por la reacción de la mujer que camina hacia los estantes para tomar frascos de los mismo sin siquiera mirarlos.

– Mi nombre es Jane, ahora si me conoces, no tienes que presentarte o contarme de tú vida, ya se todo sobre ti… o al menos lo que tengo que saber – contesta la joven llamada Jane mirando a Isabel tras de su hombro mi toma un frasco lleno de un extraño y viscoso liquido verde moco – pero lo importante aquí no es quien soy yo, si no quien eres tú y que es lo que viniste a buscar en mi humilde recinto.

– ¿Y qué es lo que vine a buscar en este lugar? – pregunta Isabel incrédula. Jane sale de entre los escaparates con dos o tres frasquitos en las manos además del que parece lleno de mocos.

– Dímelo tú, para eso viniste. – respondió Jane luego de colocar con cuidado los envases en la mesa.

– De hecho vine a buscar a… a mi… novio. – dice Isabel rascándose la parte trasera de la cabeza algo sonrosada. Era lo primero que se lo ocurrió… y a pesar de lo extraño que se ve el lugar Jane debería de sorprenderse al escuchar “vine a buscar a un vampiro”.

– ¿Novio?, un sujeto como de mi estatura, cabello negro, algo pálido y de mirada profunda – dice Jane rodeando la mesa para luego sentarse en una de las dos únicas mesas disponibles – ah… si, un sujeto simpático… un vampiro, y déjame decirte que no suelo usar la palabra “simpático” junto con la palabra “vampiro” juntas muy a menudo.

Isabel abrió los ojos lo más que pudo y camino un par de pasos de la sorpresa por el comentario de la muchacha y la ligereza con que habló.

– Pe… perdón ¿Cómo dijiste? – pregunto Isabel intentando irse por las ramas.

– Que no hay muchos vampiros que sean buenos conversadores, eso si no te gustan los temas de destripamiento o de muertes espantosas en los que son, para mi desagrado, unos expertos – comenta Jane examinando de cerca los frascos uno por uno – pero William nunca ha sido así, debió ser gracias a Gabriel, ese si que era un gran hombre.

– ¿Conoces a William? – fue lo unció que pudo decir Isabel, su corazón late a mil por segundo, como si quesera escapar por ser descubierta la verdad ¿pero cómo?

– Y al parecer tú también – dice Jane concediéndole un vistazo particularmente largo al frasco de mocos – ahora por favor siéntate, me pones nerviosa – agrega señalando con su mano desocupada a la silla vacía frente a la joven.

Isabel obedece y se sienta al mismo tiempo que Jane deja a un lado el último frasco que le faltaba por revisar.

– ¿Entonces, qué deseas de mí? – pregunta Jane luego de un largo y molesto silencio.

– Al parecer ya conoces a William – dice Isabel tímidamente y sin mirar a la mujer que casi parece su hermana – hace una semana… nos ataco un tal Vittorio…

– Entonces tienes suerte de estar viva y completa – comenta Jane despreocupadamente – no muchas personas se imagina los sanguinarios que se vuelven las criaturas de la noche durante la luna llena… pero discúlpame, continua.

– … Si, bueno, Vittorio me contó antes de que pudiéramos escapar sobre algo llamado “La Guerra Nocturna” ¿sabes algo al respecto? – pregunta por fin Isabel mirando por primera vez a Jane a los ojos.

Jane se quedo un segundo o dos en silencio, pensativa, interrogándose si contestarle o no a una Isabel que cada vez se veía más ansiosa.

– Hace muchos años, más de los que te podrías imaginar existían solo los vampiros, los reyes del mundo entre el crepúsculo y el alba – dijo por fin Jane – y entre los clanes vampiros, podríamos decir su nobleza, había una particularmente poderoso, los “Licoys”.

>> Se dice que incluso el rey vampiro les reverenciaba y temía, pero ellos querían más poder, no les bastaba ser los segundos al mando entre lo oscuro, ellos querían reinar por sobre todas las cosas.

>> Al parecer en su búsqueda no encontraron más que la muerte a manos de su propia ambición desmedida. No se sabe bien lo que pasó pero todos los “Licoys”, el clan de vampiros más grande y poderoso que la tierra jamás existió o existirá desaparecieron. Quince vampiros fueron masacrados por cinco licántropos, los cinco primeros de toda su estirpe. Los fundadores de las cinco casas de hombres lobo, de las cuales Vittorio es líder de una de ellas y descendiente directo de uno de los licántropos originales.

>> Desde esa fecha hace mas o menos cinco milenios ambas razas han estado en guerra, el porque a nadie le importa ya. Solo saben que el bando ganador tendrá la corona del mundo nocturno hasta el final de los tiempos.

>> En eso no son muy diferentes a nosotros los humanos. Solo queremos el poder, sin importar cuanto tiempo nos tardemos o destrucción sembremos a nuestro paso.

– ¡Eso es mentira!, ¡No todos los humanos son así, hay mucha gente buena en el mundo! – protesta Isabel poniéndose de pie.

– Puede ser, pero hay muchas más personas malvadas; sin importar lo que ganan los buenos, siempre serán opacados por las obras de la mayoría de la humanidad – espetó Jane sin inmutarse en lo más mínimo.

– Un momento… dijiste que los licántropos fueron creados por los vampiros… eso significa que… eso explica por que los afectó el olor a flor silvestre – dijo Isabel más para si misma que para Jane.

– No te parece irónico, en eso tampoco se diferencian mucho los licántropos o vampiros a los humanos. – dijo Jane sonriendo por primera vez.

– ¿A qué te refieres? – pregunta Isabel sentándose de nuevo.

– Siempre odiamos a lo que más se parece a nosotros – dice Jane mirando fijamente a Isabel – mira por ejemplo el caso de la segunda guerra mundial. Hittler odió con vehemencia a los judíos, pero cuando el no era más que un simple vagabundo en Viena a el lo solían confundir con un judío. Lo mismo ocurre con los vampiros y hambres-lobo, ¿en que otras cosas se asemejaran los enemigos más celebres de la historia de lo oculto?

Ambas se quedaron en silencio por un largo rato antes de que Jane extendiera su mano sobre la mesa y dijera.

– Tu mano, Isabel.

La joven obedeció y coloco su mano sobre la de Jane de manera que su palma quede mirando hacia el techo.

– Muy interesante, al parecer tienes mucha convicción – dice Jane mirando la mano de Isabel y acariciándola con la punta de su dedo – también hay un gran corazón, dulce pero lleno de fortaleza. Al parecer nada de lo que quieras lograr te será imposible de conseguir.

>> Pero debo advertirte una cosa, esa voluntad de querer siempre estar en esa inútil “Búsqueda de la Verdad” es lo que te puede acarrear muchos problemas en un futuro no muy lejano.

– Y todo eso, ¿lo supiste únicamente leyendo mi mano? – pregunta Isabel algo cautelosa.

– ¡No digas absurdos!, las manos no se leen, son puras patrañas. – contesta Jane soltando la mano de Isabel.

– Entonces…

– Son tu ojos, no hay nada que nos pueda decir más de una persona que sus ojos – dice Jane acomodándose en su silla.

– ¿Entonces como supiste eso de la búsqueda de la verdad? – pregunto Isabel confundida.

– No hay muchas personas que quieran saber de la guerra entre licántropos y vampiros – dice Jane a la ligera – no es un tema muy popular por estos días… mejor dicho, nunca lo ha sido.

>> Si estas dispuesta a saber de eso de que no lo estarás.

– ¿Eso significa que no puedes ver el futuro? – pregunta Isabel con cuidado.

– No.

– ¿Por qué?

– Porque la Adivinación, aparte que nunca fue mi clase favorita, es un simple y mero fraude; y lo sé de muy buena fuente – dice Jane molesta solo de hablar sobre ese tema.

– Pero… si dices que ya conociste a William, ¿me podrías decir que le está ocurriendo? – preguntó Isabel.

– Si es cierto lo que he escuchado, los está persiguiendo un cazador – dice Jane ahora más seria y fría – y no cualquier cazador, es Blade, el único mortal que ha acabado con uno de los príncipes infernales.

>> Además, deberías saber que los vampiros son seres infrahumanos, no pueden mantener un juicio saludable cuando una fuente de alimente esta cerca, y el alimento eres tú. Así que no lo culpes por estar algo distante de vez en cuando, podría estar mucho peor, créeme.

Jane toma una de los frascos, el más pequeño de todos y se lo acerca a Isabel.

– Necesitaras uno de estos – dice Jane al tomar Isabel el frasquito – es más perfume de flor silvestre. Ahora si me disculpas tengo trabajo que hacer. – agrega levantándose de su silla.

– Una última cosita – dice Isabel también levantándose con el frasco en las manos – ¿para qué son los demás frascos?

– Buscó desarrollar un elixir para espantar los dragones. – contesta la mujer.

– ¿Existen dragones? – pregunta sorprendida.

– ¿Acaso pensabas que solo habían hombres-lobo y vampiros? – pregunta Jane tomando los demás frascos y entrando de nuevo a la habitación por la que llego la primera vez.

Isabel sale algo confundida y asustada de la tienda. Se dio media vuelta para dedicarle una última mirada a la misma… pero ha desaparecido, en su lugar solo hay una farmacia común y corriente. Antes de que llegara a la conclusión que estaba enloqueciendo sintió el frasco que Jane le dio entre sus dedos… eso significa que…

Sin poder encontrar una respuesta lógica a lo que le había ocurrido Isabel deambulo sin rumbo por las oscuras calles y antes de que se diera cuenta esta en el portal de su hotel.

Entró en su habitación y dejó el frasco en su mesita de noche y se fue a dormir. Apenas cerro los ojos escucho la voz de William.

– Creo que te debo una explicación – dice el vampiro, esta pardo de nuevo en la terraza.

– No, no me la debes – dice Isabel sin ganas de abrir los ojos – o al menos no esta noche, hablamos por la mañana.

– Buenas noches – dice William confundido.

– Buenas noches. – repitió Isabel, un segundo después ella se quedo profundamente dormida. Y aún en sus sueños ella busca una explicación para lo que pasó esta tarde.

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