Capítulo XVIII: Lagrima Escarlata

Posted on 18 enero, 2010

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Parte I: William Knight Valerius

La tentación… la fuente del poder de mi especie es sin lugar a duda también nuestra debilidad: la sangre.

La sed me quema las entrañas y la tentación tan fuerte y bestial que no puedo evitar, sin tener el menor control de mi cuerpo, luchando en vano contra mi instinto de supervivencia me acerco la muñeca ensangrentada de Isabel y… y empiezo a beber.

Como mortal – y debo de decir que también ahora como inmortal – no he podido descifrar o encontrar, en ninguno de los idiomas que conozco, una palabra que me pueda describir en toda su envergadura la ola de emociones y sensaciones que me provoca el sabor de la sangre cada vez que consumo este acto tan atroz. Lo más cercano que puedo discernir para describir con palabras mortales es: “Es como pasar toda una eternidad agonizando de sed, pero sin morir… solo para luego probar la más embriagadora y exquisita de todas la bebidas”.

Nunca me deja de asombrar lo rápido que afecta el cuerpo de un vampiro. Me deslindo del mundo, del espacio y el tiempo… todo se vuelve oscuro y bebo con más fervor… cada gota de ese preciado líquido de vida me llena de vitalidad y poder; todo el mundo a mí alrededor se termina apagando, la única sensación que me queda es el absorbente y precioso sabor de la sangre que no deja de brotar…

“¡Detente, por favor, Will!” dice una voz, una voz femenina y muy familiar: es la voz de Isabel… pero esas palabras no vienen de los labios de ella… son mis pensamientos.

Entonces recordé a quien era a la que le estoy arrebatando la vida. De inmediato, y sin realizar un esfuerzo tan grande como el que yo supuse, logre despegar mis labios, observó con horror el pálido rostro de Isabel… todo esto es mi culpa y creación.

¿Por qué siento este ardor entre el pecho y la espalda?

¿Qué motivo me hace sentir tal empatía por esta humana, por sobre cualquiera de mis numerosas victimas?

Podría continuar con esta encrucijada en mi interior por toda la eternidad de no ser por un ruido… un sonido que en estos momentos de completa desesperanza, y a pesar de su tosquedad, me pareció la más hermosa y melodiosa obra del señor.
– Will… – no era más que no leve susurro de Isabel que mis poderoso oídos vampiricos escucharon en toda su gloria. Era mas que seguro que ella esta inconsciente… pero esta viva, y es mi deber mantenerla así.

Mis ojos, forzados por mis monstruoso instintos, s posaron por la mancha carmesí que crecía a cada segundo. Pronto moriría a no ser que yo logre detener la gran hemorragia.

Apenas pude mantener pensamientos concientes a arrodille junto a ella, me quite la chaqueta y con un fuerte tirón me arranque una manga que estaba veteada por una que otra mancha de sangre coagulada. Sin perder el tiempo utilice la manga como un vendaje con el cual logre envolver la herida de Isabel, ajustándolo con firmeza pero cuidando de no hacer mas daño del que estoy seguro podría causar.

Cuando por fin vi que Isabel ya no sangraba fue cuando me deje caer en el suelo a su lado y de repente un espantoso dolor ardor llego a mis brazos casi de la nada que comenzó de a poco a mermar… mas lento de lo que yo quisiera. Por instinto me acerque el brazo despojado de manga a los ojos.

Para mi completa sorpresa mi antebrazo esta trazado de (casi imperceptibles a esta luz) cicatrices de colmillos y dientes pertenecientes a los licántropos de los que por poco nos salvamos; esta es la primera vez que alguien me lastima de esta manera. Ni las armas de Blade, ni ninguna otra sensación que hubiera tenido, tanto como humano como vampiro, se puede siquiera comparar con este ardor que me lastima debajo de la piel, como si hubiera decenas de piezas de hierro ardiente a pocos incrustados fieramente en mis huesos.

Los aullidos a la lejanía me sacaron de la admiración y sorpresa que me había absorbido mientras mirada mi brazo lastimado… otro sonido, este mas alarmante y terrorífico como no tiene una idea me hizo girarme hacia donde esta desmayada Isabel.

Hacia como si se estuviera ahogando pero ese no era lo que me preocupa, su corazón… su corazón se detuvo. Los latidos que antes eran una tentación casi irresistible y a la vez una recompensa a la determinación de mi espíritu ahora habían cesado por completo.

De inmediato, y hacen la mejor memoria que pude de mis clases de resucitación que tome en el colegio me coloque sobre Isabel para masajear su pecho.

– ¡Vamos, Isabel quédate conmigo! – le grito una y otra vez; es difícil que en mi ansia de salvarla no termine por atravesar su pecho con mis manos – ¡se fuerte; quédate… quédate aquí, conmigo!

Una tras otra, caen gotas escarlatas caen sobre el pecho de Isabel y sobre mis manos que luego de lo que me pareció una eternidad su corazón volvió a la vida sonando tan débil pareo tan bello que…

… algo se desliza por mi rostro. Me enjugo las mejillas con las manos y veo que es sangre… mi propia sangre. Me acerco a la orilla de un riachuelo que esta a escasos dos metros. El agua mansa y cristalina me muestras por completo mi reflejo; otra gota roja cae en la superficie perturbándola pero yo ya había visto demasiado.

¿Qué tiene esta humana que me hace sentir tan nivel de desesperación por su bienestar?

¿Cómo hace ella para hacerme sentir tanto dolor como para llorar lagrimas de sangre?

¿Qué tiene esa mujer, a la que casi destruyo que me hace sentir tan… tan humano?

Mi mano se encierra firmemente en un puño con el cual destruí cuanta piedra se me atraviesa en una ola de furia que crece en mi interior como un terrible monstruo que por fin de desencadeno.

Parte II: Blade

Mi mente sigue enfocada en una sola tarea: capturar y destruir, lente y dolorosamente a William Knight… y a su nueva amiga, Isabel Mendoza.

Pero al parecer mis métodos no se apegan en su totalidad a los estándares que me exigen mis jefes… como si ellos mantuvieran el completo control de sus acciones cuando luchas por sobrevivir contra un ejército de muertos vivientes con poco más que un simple cuchillo como arma.

En lo particular la guarida que me suelen conseguir para mis misiones nunca me han parecido en lo más mínimo acogedoras… pero en el cuartel general, a pesar de las molestias que me suelen acompañar, puedo relajarme aunque sea un poco y reponer mis fuerzas antes de que me asignen otra carnicería por realizar. No puedo creer que a pesar de ser el más poderoso y hábil de todos los cazadores tenga, igual que todos los demás, que reportar una vez al año mis misiones completas y por concluirse desde mi último reporte… a pesar de que me moleste tener que darle razones de mis actos y un grupo de burócratas carcamales los comprendo, de alguna forma tienen que saber que demonios hago con su dinero.

Con mi mente pasando de mi misión y lo que debía decirles a los del consejo cuando me tocara hablar con ellos me estacione cerca de un muelle cuyo nombre no me moleste en aprender. ¿Para que hacerlo si en mi auto hay un sistema de GPS?

Salí de mi carro respirando hondamente la brisa salina, debo admitir que es uno de mis olores favoritos… cada vez que lo respiro me siento lleno de energías y optimismo, muy contadas veces me puedo sentir así. Levanto la capota del carro y saco mi equipaje todo compactado en un único morral parecido a los que usan en el ejército, cierro el porta equipaje y voy a la búsqueda de algo que de seguro nadie más buscaría.

Luego de pasar por un par de embarcaderos vacíos encontré lo que estaba buscando. Prácticamente el único barco en el muelle, y de seguro es las más llamativa embarcación que se pudieran toparse. Un inmenso y aparentemente desierto buque petrolero esta amarrado al muelle y encetado al mismo por una rampa de abordaje a la cual me acerco.

Dos hombres completamente vestidos de negro y con armas automáticas se aparecen desde las sombras apuntándome cada uno en el pecho y la cabeza. Luego de tantos años de toparme con los horrores que ningún hombre en la actualidad es capaz siquiera de imaginar para luego escupirle en la cara, dos guardias cualesquiera no me podrán intimidar.

– ¡Identifíquese! – grito un de ellos apuntando directo a mi oído.

– ¿Acaso no sabes quien soy? – dije con mi sobresaliente velocidad solté mi equipaje, sujete los cañones de sus armas y los proyecte varios metros por los aires haciendo que ambos cayeran en el suelo inconcientes… pero despertaran de una media hora a cuarenta y cinco minutos.

– ¿Por qué cada vez que tienes que dar tu reporte terminas aporreando a los guardias, cadetes o a unos muebles reliquias de mi abuela? – dijo una voz divertida, la de una mujer proveniente de la cubierta del barco petrolero; me aproximo a la rampa de abordaje.

– No es mi culpa que esos idiotas crean que solo por tener un arma puedan compararse conmigo – dije continuando mi asenso por la rampa, cuando estoy por la mitad agrego – ya sabes que cualquiera que se interponga en mi camino tendrá que hacerle frente a las consecuencias.

– Blade, no solo por que eres Blade no puedes… mejor dicho nadie puede acabar con todos los monstruos en esta tierra – dijo de nuevo esa mujer, a la que yo le reconocí la voz de inmediato – por eso se creo hace tantos años esta institución; todos necesitamos ayuda. No solo por que hallas derrotado al mal reencarnado y frustrado los planes de señor de abismo en su propio juego puedes sentirte o creerte diferente a cualquier otra persona… tarde o temprano necesitaras que alguien te apoye ¿sabes?

– Y tu Marina, sabes bien que a diferencia de la mayoría de los cazadores yo soy el único que no necesita, necesito o necesitara alguna vez ayuda. – dije cuando por fin llegue a la cubierta del buque; esta completamente desierto a excepción de por una mujer alta, de cabello oscuro que le llega hasta poco mas debajo del cuello y vestida con unos pantalones ajustados negros, una camisa roja debajo de una chaqueta de cuero negro; ella tiene las manos dentro de los bolsillos, de seguro refugiándolas del frió de la noche.

– Además que eres el más humilde de todos, no se te olvide – dijo ella mofándose, sus brillantes ojos escarlata me miran fijamente. Nos quedamos mirándonos fijamente el uno al otro, estoy esperando a ver con que me sale. Sin advertencia ella me envolvió en un fuerte abrazo por la cintura, no puedo decir que no pude evitarla pero decidí no hacerlo. – me alegro que hallas regresado… aunque sea por unos cuantos días.

Yo no le respondí, pero ella sabía exactamente que hacer; me dio la espalda dándome a entender que la siguiera.

– A mi también me alegra volver – logre decir sonando lo mas formal que puedo. Aunque no pude verlo estoy mas que seguro que ella sonrío por esas simples palabras.

– Llegas algo tarde ¿sabias? – dijo ella, su voz es acompañada por el ruido de nuestros pasos sobre el suelo de metal; somos las únicas almas aparentemente – hay cientos de nuevos soldados que se mueren por conocerte.

En ese momento se dio la vuelta y me tomo por la mano arrastrándome hacia una puerta que lleva al interior de la embarcación. Es más que claro que marina nunca tendrá la fuerza necesaria para poder arrastrarme pero estoy cansado y mi madre solía decir, “al mal paso darle prisa”.

Debo decir que, aunque ya me acostumbre, no puedo evitar quitarme el sombrero ante lo bien camuflado que esta nuestro centro de operaciones.

Aunque en el exterior no se puede ver nada más que un viejo buque petrolero que soltó amarras para descargar su carga o para reparar alguna avería menor, pero es muy diferente por dentro.

Las paredes de metal relucen en plata… algo casi futurista.

– Marina, sabes muy bien que odio que me presentes a los nuevos miembros – dije recalcando algo que ella ya sabe mas que de memoria. – además, tengo que hablar con “el consejo” sobre mis actividades mas resientes – la última frase la dije con un vejo de vergüenza – y como bien dijiste estoy algo retrasado.

– Parece que no tuviste suerte con alguna de tus presas – dijo¬ Marina dándose cuenta de mi tono de voz -, por suerte logre, luego de hacer un par de vueltas, ahorrarte algo de tiempo y creo que para hacer tu estancia en la nave sin duda mas pasable.

– Si mal no recuerdo, la última vez que dijiste eso termine perseguido por una parvada de gorilas zombis – dije molesto de tener que recordar ese evento entre todos los que tengo, pero ella se rió.

– ¡Sabes que te pedí perdón mas de un millón de veces por eso! – dijo ella inmediatamente y a la defensiva pero con una media sonrisa que le atraviesa el rostro. Doblamos en una esquina, es raro que los pasillos estén así de vacíos cuando llego al cuartel (por lo general hay hordas interminables de personas buscándome por una serie de razones tan variadas pero que nunca les presto atención), pero ahora están completamente desiertos; algo me da mala espina. – y en todo caso fuiste una buena carnada para los buitres mutantes que acabaron con los gorilas.

– No me lo tienes que recordar – dije revolviendo entre mis recuerdos con especial desagrado, cosa que parece le hace gracia a Marina. – yo fui el que estuvo a quince centímetros de quedarme sin un ojo y otras cuantas partes juntas al resto de mi cuerpo. Me da miedo preguntar ¿pero que hiciste para ahórrame tiempo?

En ese momento llegamos a la puerta cerrada de un ascensor que en un destello de menos de una fracción de segundo me recordó al elevador por el cual lograron escapar William y su compañera. Marina apretó el botón del mismo haciendo que las puertas metálicas y relucientes se abrieran, ambos entramos en el ascensor; ella acciono otro botón y la gran caja de metal comenzó a bajar.

– Como la mayoría de las personas que no han tenido el gusto y privilegio de enfrentarse contra un hambriento hombre pulpo albino suelen tenerte un irremediable miedo patológico – dijo Marina con el rostro serio mirando al frente – y, como es rutina los “viejos” quieren que les des un discurso, por lo que se me ocurrió…

Antes de que pudiera terminar la frase las puertas del elevador se abrieron y ella agrego al yo notar que fuera de la caja hay una densa oscuridad.

– Mejor te lo termino de decir afuera – y sin dejarme decir nada me tomo de la mano y me adentró en las sombras mientras que mi manos libre la introduje en mi gabardina.

Sin casi darme cuenta muchas cosas pasaron al mismo tiempo; en primer lugar la mano de Marina se deslizo en mis dedos, instantes después una blanca y brillante luz que lo envolvió todo me encegueció y en respuesta solté mi brazo y tome mi segunda arma y levantando ambos brazos apunte hacia la primera cosa que intente atacarme… pero al volver a oír la voz de Marina supe que no estaba en peligro… pero pronto ella si.

– Así que se me ocurrió que dieras tu reporte frente a toda la tripulación – mis ojos por fin se acostumbraron a la luz y de inmediato se enfocaron directamente hacia marina, quien esta parada, a pocos metros de mí y esta mirándome como diciendo “Perdóname, no me mates; quería hacerte un favor”.

Luego me encargare de ella.

Parte III: Isabel Mendoza

Todo esta oscuro, mis ojos son como placas de hierro soldadas sobre mis ojos… pero aún así puedo escuchar un sonido, una voz deshumanizada y animal a pesar de

– ¡Por que! – alguien grita; es un aullido fuerte, frío y se me desgarra el corazón al sentir parte del dolor que expresa aquel bestial sonido.

Luego escuche una extraña explosión que hizo que el suelo temblara por unos segundos, algo frío y duro salpica por todas partes. Trato de abrir los ojos para ver que sucede pero simplemente mis parpados no responden mis órdenes.

En ese momento el miedo y la fragilidad se apoderaron de mí ¿acaso volvieron los licántropos? ¿Acaso William los estaba manteniendo alejados de mí? ¿O abría sido vencido y ellos estaría terminando el trabajo antes de matarte? No, no puede ser. William me prometió que iba a defenderme… el iba… el va a mantenerme a salvo

¡¿Por qué mi cuerpo no reacciona?! Grito en mis pensamientos, al parecer es lo único que puedo controlar en estos momentos, momentos en los que estoy encerrada en mí propio cuerpo… que irónico que la herramienta principal para la libertad de las personas ahora sea mi prisión.

– ¿Qué me esta ocurriendo? – otra vez alguien grito lleno de dolor y angustia, y el estruendoso ruido de un árbol cayéndose acompañó al alarido esta vez.

Aunque me tomo más tiempo de que creí, con el paso de los segundo me di cuenta que los alaridos proviene de William. Apenas esa verdad llego a mí todo volvió al lugar donde pertenece, una extraña fuerza que antes estaba oculta me regreso el alma la cuerpo. Con un gran esfuerzo logre por fin abrir mis ojos abriéndose ante mí una infinita bóveda salpicada de estrellas.

Otro grito desgarra el aire y aunque mi cuerpo pareciera estar hecho de plomo puedo mover mi cabeza para ver mejor al vampiro que me salvo la vida y que por poco me mata.

William esta parado justamente sobre una nueva llovizna de polvo y minúsculos fragmentos de piedra que provienen de una enorme piedra de rio que ahora esta hecha añicos; sin una manga en su camisa dándome la espalda a varios metros de mí. Siento la uniforme masa de piedras y peñascos sobre la que estoy recostada y con el rabillo del ojo veo el cause de un pequeño riachuelo… y es cuando lo recuerdo todo.

La persecución, los licántropos y como ellos hicieron que se descarrilara mi carro y terminara estrellándose… pero lo que recuerdo con mas claridad es como, en un momento de desesperación, me corte la muñeca para darle a beber de mi sangre a William.

Bajo la mirada lo más que puedo hacia la muñeca que me corte, y en lugar de encontrar un corte feo y repleto de mi sangre me topo con un improvisado vendaje que evita que muera desangrada.

– Wi… Will – musite con voz tan suave que de no ser por que tengo las palabras en mi mente no las hubiera podido oír… pero al parecer fue suficiente para los sensibles oídos de William.

Como si mis palabras le hubieran provocado un espasmo muscular William se volteo a verme con la cara pálida y más asustada y llena de temor de lo que había visto jamás en persona alguna. William con timidez y tratando de mantener la compostura se acerca hacia a mi, solo mirando mis ojos; es como si no quisiera mirar la herida que yo me hice para salvarlo como el lo hizo cuando nos ataco el cazador por primera vez.

– Isabel ¿te encuentras bien? – pregunto con una expresión que francamente me desconsuela, trato de decir algo pero parece que mi garganta se congelo – no trates de decir nada, estas a salvo – agregó acariciando mi mejilla con su mano temblorosa y de repente su voz se alarmo – estas muy fría, debes calentarte.

Trate de sonreírle pero solo logre hacer una leve mueca. Will tomo su chaqueta que estaba tirada en el suelo a mi lado y me cubrió el pecho y los brazos con ella. …l me da la espalda y en menos tiempo del que yo pude contar el ya había preparado una fogata.

Sin hacer el menor esfuerzo William me tomo entre sus brazos y me levanto… como si fuéramos una pareja en nuestra luna de miel… ¿Qué diablos te ocurre Isabel? Estuve al borde de la muerte y aún esta el riesgo que vuelvan los hombres-lobo ¿Y en esto es lo único en que pienso?

William me coloco cerca del fuego con extremo cuidado para luego acercar sus brazos y pecho, tan cerca y por tanto tiempo que me sorprende que tanto su ropa y el no se hallan quemado. Luego se acerco a mí y con el mismo cuidado que tuvo para recostarme en el suelo se sentó a mi lado envolviendo mis hombros con su brazo sin manga.

Para mi sorpresa… él esta tibio.

– ¿Como? – logre decir cuando el calor combinado del cuerpo de William y de la fogata que danza y chispea por doquier me hacen sentir mejor.

– Soy lo que se conoce como “animal de sangre fría” – explica William mirando al fuego con el rostro serio e inescrutable mientras que yo me estrecho contra su tibio pecho para calentar mi rostro – y como no serlo, quiero decir técnicamente estoy muerto – y por primera vez me pude dar cuenta por que, su corazón… no lo puedo escuchar. Los latidos tan comunes en mí adolecen completamente en William… y por primera vez, y por una razón que no puedo comprender tengo lastima por él – lo que no significa otra cosa que la temperatura de mi cuerpo es influida en gran medida por la temperatura del ambiente… en pocas palabras, si hace frío yo me enfrió, pero si hace calor yo subo de temperatura.

No puedo decir que no me sorprende lo que me acaba de explicar; sin duda es algo muy, muy curioso. Pero para estas alturas, cuando ya he descubierto antas cosas sobre el mundo en el que vive William, no quiero preguntar más o mejor dicho, simplemente no me interesa… por ahora.

– Con razón estas tan tibio – dije cansadamente hundiendo aun más mi rostro sobre su pecho sin un corazón palpitante.

– Si… – dijo él, aunque no pudiera verlo de seguro ya se le ha pasado la conmoción y debe de tener una enorme sonrisa en el rostro… me alegra tener al William de siempre. – es como si fuera… no creo que la palabra “radiador humano” se aplique a mí… soy como una lagartija gigante.

No pude sonreír aunque me hizo gracia su comentario. Levante mi brazo para colocarlo contra el pecho de William, pero al ver el vendaje improvisado envuelto en mi muñeca supe que no debí haberlo hecho.

– Te pido que me perdones – dice William, sin dudas vio el vendaje – por culpa de estos estúpidos instintos animales…

– No tienes que decir nada – dije recuperando por fin mi voz – yo decidí acompañarte, yo decidí ayudarte a escapar de Blade y yo decidí cortarme la muñeca… con todas sus consecuencias y responsabilidades.

Por un momento pensé que el diría algo pero simplemente se quedo callado por un largo tiempo.

– Parece que te sientes mejor – dijo por fin recuperando su antiguo humor – bien, tenemos que irnos lo antes posible. Los licántropos no deben estar muy lejos, además el clima parece que empeorara muy pronto.

Y tenía razón, la luna y las estrellas que antes adornaban el cielo nocturno ahora están ocultas tras una cortina de nubes grises… de seguro en esta época del año deben traer nieve, en el mejor de los casos.

Con algo de ayuda de Will logre ponerme de pie, él me dio la espalda rodeando su cuello con mi brazo. Sin pensar en nada en particular coloque mi otro brazo alrededor de su cuello mientras que el me lenta por mis mulos.

Antes de que pudiera darme cuenta estaba recorriendo a toda velocidad por el bosque sobre la espalda de William.

Lo siguiente que recuerdo es que todo se hizo oscuro, y en lo que pareció un segundo para mí una luz blanca y la voz de William me dieron la bienvenida.

– Buenas tardes Isabel, bienvenida a Ruan.

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