Capítulo XVII: La Guerra Nocturna

Posted on 18 enero, 2010

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– ¡William!

– ¡¿William, dónde estas?! – grita Isabel una y otra vez. Corre por el bosque, mira hacia todas direcciones; esta perdida pero no lo importa… o más probablemente no se ha dado cuenta. A pesar de todo lo que ha pasado en estas últimas horas lo único que le importa es encontrar a William.

– ¡William, contéstame! – han pasado horas, la noche hace tiempo que absorbió en su oscuro manto los últimos rayos del sol. Tiene mucho frío y los pulmones y garganta le arden por tanto correr y gritar – … William, por favor.

La desesperación se apropia de ellos, las tinieblas son aplastantes. No se puede ver de donde vino ni ninguna salida de este bosque. La oscuridad es total.

Isabel se siente pequeña e indefensa. Se apoya contra el áspero tronco de uno de los muchos y lúgubres árboles, se deja caer y abraza sus piernas en posición fetal. Hay algo entre su pecho y sus piernas.

Con toda la agitación y el revuelo se le olvido que se trajo consigo el morral que le dio William hace unas semanas. Al haber muy poca luz Isabel se limita palpar el interior del morral. Saca la pistola y se da cuenta que esta descargada.

Hace memoria y recuerda… como fue que utilizo esa misma arma para mantener a raya a William, pero nunca estuvo en posición para defenderse ante un ataque del vampiro siente como se le erizan los bellos de la nuca. Vuelve a introducir la mano y tras palpar un par de veces más encuentra el cargador.

Aunque no tiene conocimiento alguno sobre armas de fuego, ni mucho menos, ha visto suficientes películas como para saber como se usa una pistola, o mejor dicho como las usan en “Terminaitor” o en “Duro de Matar”. Introduce el cargador dentro del arma y hecha hacia atrás la… la cosa esa que siempre echan hacia atrás. No pudo evitar sorprenderse lo duro era cargar el arma, los policías lo hacen parecer tan fácil.

Con el mayor esfuerzo que en su vida le dedico a sus ojos; Isabel busca, indaga, investiga la pistola y descubre el seguro, gira el pequeño interruptor y vuelve a cargar el arma, esta vez sin problema.

Es curioso como es que ahora, teniendo un arma mortífera entre las manos, Isabel se siente ahora más segura y protegida. Se levanta manteniendo la espalda apoyada en la corteza del árbol.

Camina poniendo el arma por delante, como si fuera su bastón y ella una ciega. La visión comienza a mejorarle, sus ojos se adaptan a la noche; sus pasos se vuelven más seguros y precisos. La oscuridad empieza a perder terreno ante la bella luz ceniza de la luna, Isabel mira entre las copas de los arboles; la luna esta llena y redonda.

A lo lejos se encuentra un claro, camina hacia el. La luz plateada que se refleja en el pasto parece que la estuviera llamando. A medida que se acerca puede percibir un leve ruido, algo parecido a un aullido pero… las únicas palabras con las que puedo

El sonido cuando parece hacerse más fuerte se extingue tal y como vino, de la nada, Isabel se detiene. Hay algunos extraños movimientos en el claro que esta a más o menos cien metros. Su corazón de un vuelco al ver que es una persona que se derrumba en el suelo.

Pensando en William Isabel corre hacia el cuerpo. Esta a pocos pasos de llegar al final de los árboles y entrar en el claro cuando siente un agarre de piedra en el hombro que la arrastra de vuelta al bosque. Trata de gritar pero otra fría y fuerte mano le tapa la boca.

– ¡Cállate, si no quieres que nos maten! – es la voz de William. Cuando Isabel por fin ve el vampiro este la suelta.

– ¿Qué te pasó? – pregunta Isabel dando un golpe con todas sus fuerzas al pecho de William, y como es de suponer no le hizo el menor daño – ¿además, quién es ese?

En ese mismo momento un sonoro, ronco y desgarrador grito mezclado con aullido rompe el tenso silencio que rodea el bosque, los pájaros que tratan de dormir en la copa de los árboles salen volando asustados. Isabel mira hacia el claro, el lugar de donde vienen los alaridos.

La joven se le escapa de las manos a William y corre hacia el pobre hombre que se retuerce de dolor. Se acerca lo suficiente como para ver su expresión. Con fuertes espasmos y movimientos violentos el hombre le dirige una mirada a Isabel.

Sus ojos están inyectados de sangre y su rostro esta desencajado y lleno de espasmos que le dan una apariencia aterradora. Isabel no puede evitar retroceder al ver el rostro del sujeto que se encorva por completo y entierra las manos y los pies en la tierra.

– ¡No te le acerques! – grita William tomando a la joven por el brazo libre de la pistola – ¡Es un hombre-lobo!

En ese momento la luna llena aparece tras de un cúmulo de nubes que la ocultaban, la plateada luz golpea de lleno al hombre que se retuerce aun con mas violencia. Sus ropas se desgarra y sus uñas cambian a garras. Sus dolorosos y gritos se transforman en aullidos y alaridos más salvajes, menos humanos.

Isabel siente como se le revuelve el estomago, el horror se apodera de ella y se desploma contra el pecho de William que no deja que vea la última parte de la transformación. La piel del hombre se oscurece y se llena de un espeso pelaje negro. Su rostro se hincha y cambia.

La nariz se le estrecha y se vuelve un hocico. Sus orejas se hacen puntiagudas y sus ojos se hacen brillantes, como el oro y brillantes como el sol; su cuerpo dejo de ser humano y se volvió el de un lobo.

La bestia se lanza contra la pareja perfilando sus enormes colmillos y garras. William arroja a un lado a Isabel, quedando detrás de él, y con velocidad atrapa el cuello del lobo en el aire. Con el mismo impulso lo arroja contra el tronco de un árbol que se desbarata con la fuerza del impacto.

– ¡Mantente detrás de mí! – grita William mirando detrás de su hombro a Isabel. De repente William se arrodilla y hace una mueca de dolor, la sed lo ha dejado muy débil.

– ¡William! – grita Isabel pero ya es muy tarde. El lobo apareció de entre los escombros del árbol y con una velocidad que sobrepasa lo sobrenatural embiste al vampiro.

Ambos caen al suelo retorciéndose en un tira y encoje. El licántropo intenta golpear con sus garras y colmillos mientras que el vampiro busca de detener las arremetidas de la bestia que termina ganando. Con toda la fuerza de sus mandíbulas sujeta el antebrazo de vampiro.

Con un movimiento de los poderosos músculos de su cuello el hombre-lobo arroja a William varios metros lejos. Isabel mira con ojos de terror como la criatura se acerca lentamente hacia William, quien se encuentra indefenso y herido. Busca por todos lados algo con que atacar a la bestia, ve un brillo a varios metros de ella; la pistola.

William entre abre los ojos, es lo único que le permite hacer el dolor de su brazo. El lobo se le acerca despacio, esta saboreando el miedo y el dolor que le propina a su presa; el hocico del monstruo esta lleno de saliva y sus ojos están repletos de odio. Con su fuerza bestial lanza sus mandíbulas contra el rostro del vampiro que logra retenerlo con la única mano que le sirve.

El hocico de la bestia esta tan cerca que William puede percibir su aliento. Trata de morder y soltarse del agarre del William pero este hace hasta lo imposible por evitar la mordida del licántropo.

Lo siguiente que escucho William fueron tres detonaciones. El lobo simplemente se derrumbo sobre él, esta muerto. Sin esfuerzo William se quita de encima el cadáver y se incorpora sintiendo como el brazo le palpita por el dolor.

En el pobre cadáver sufre otra metamorfosis. El cabello se le introduce de vuelta a la piel, sus facciones se normalizan y sus extremidades toman la forma que tenían antes. El enorme lobo se regresa a tomar forma humana.

Isabel deja caer la pistola, las manos le tiemblan. La muchacha se deja caer de rodillas con los ojos distantes y la mirada distante, abstraída en sus pensamientos y emociones; ella se hecha a llorar.

William se acerca a ella, también se pone de rodillas y simplemente la mira. Ella aun sollozando le dedica una mirada al vampiro este la envuelve con su único brazo útil en un suave abrazo. Isabel se estrecha con todas sus fuerzas a William llorando con todas sus fuerzas, consolándola con su silencio.

– Descuida, ya paso – le musita William al oído, pasa su mano sobre el cabello castaño de Isabel buscando que deje de llorar cuando de repente grita – ¡Corre!

Con la mayor velocidad posible William se levanto e hizo incorporarse a Isabel que toma la pistola. El vampiro empuja a la joven un par de metros pero no le hace daño.

Dos enormes lobos de pelaje grisáceo vuelan por los aires impactando contra el cuerpo de William que grita de dolor. Amabas criaturas le muerden en cada uno de sus brazos, inmovilizando al vampiro que es forzado a mantenerse en el suelo.

Isabel se levanta, observa a William sometido por los dos nuevos enemigos y sin perder tiempo levanta el arma.

– ¡Hazlo! – le apremia William reprimiendo una mueca de dolor y otro grito. Con la mano temblorosa Isabel intenta apuntarle al más cercano de los dos animales, y cuando por fin logra mantener la mano firme cierra los ojos y acciona el gatillo. De la nada aparece un tercer monstruo que brinca hacia la muchacha, con gran destreza toma el arma con la boca sin hacerle el mas mínimo daño a Isabel y haciendo a la vez que el disparo salga desviado. Isabel mira asombrada como la bestia tritura la pistola con el mero poder de su mandíbula.

La joven cambia la mirada de William que se mantiene atrapado por los dos lobos al tercer y recién llegado animal que se le acerca lentamente que le muestra sus enormes colmillos de manera amenazante. Isabel no puede hacer otra cosa más que retroceder al paso que se le acerca el lobo hasta que su espalda se encuentra con un árbol. No hay escapatoria.

William no puede reprimirse más y lanza un poderoso alarido por el dolor que le producen las mordidas de los dos lobos.

– ¡Por favor, déjenlo en paz! – grita Isabel desesperada. El tercer loo mueve las orejas y se detiene a pocos metros de Isabel dándole a esta la espalda.

Tres lobos más aparecen, el más grande de los tres es el que va al frente del grupo, casi pareciera que fuera escoltado por los otros dos. El líder de la jauría posa sus ojos brillantes y de un bello color dorado sobre Isabel. Por un instante la humana y el animal se miraron a los ojos, y fue justamente en ese momento cuando la joven encontró una gran humanidad detrás de esa piel de lobo.

En un abrir y cerrar de ojos los tres nuevos lobos se transformaron en humanos. Dos hombres y una mujer. El más grande de todos los lobos se hizo un hombre alto, de piel bronceada y fornida, su rostro aunque duro no parece un verdadero peligro… al menos no para Isabel. Sus dos escoltas mutaron a una hermosa mujer de cabello castaño y corto y a un joven y alto, aunque delgado tiene los músculos bien marcado. Los tres están vestidos con lo que parece ser piel de lobo.

– Eso es lo que nosotros también queremos – dice el jefe del grupo de licántropos – que nos dejen en paz, ustedes los vampiros no nos lo permiten – el sujeto se acerca a Isabel y el otro licántropo que destrozo la pistola se hace un lado mostrando sumisión al su líder – que tenemos aquí, dos sanguijuelas que mataron a un “demonio de la luna”.

– Vittorio, parece que lo mataron con balas de plata – dijo la joven licántropo luego de inspeccionar el cadáver del hombre muerto, al parecer así se llama el jefe del grupo de hombres-lobo – esos no parecen juguetes para uno de su especie, son tan mortales para ellos como nosotros.

– Si, lo sé, Mina – dice Vittorio escudriñando hasta el más mínimo detalle de Isabel con la mirada – ahora la pregunta es ¿Qué hace un vampiro con un arma con balas de plata?

– ¡Ella no es un vampiro! – grita William aún sometido por los dos lobos que oprimen sus doloridos brazos – ¡déjenla en paz, yo soy al que quieren!

– Vaya, vaya, vaya – dice Vittorio dándole la espalda a Isabel y mirando de reojo a William – parece que le arruinamos una comida a nuestro amigo – todos los licántropos humanos presentes se mofan, incluso en los tres aun en forma animal se puede distinguir una mueca parecida a una sonrisa – espero que nos agradezca por haberte salvado de ese monstruo. Te sugiero que no le cuentes lo que hoy viviste a nadie, porque nadie te creerá, es lo único que los mantiene a salvo de esta “Guerra Nocturna”.

Todos los licántropos le dan la espalda a Isabel. Los dos que sujetan a William comienzan a arrastrarlo y el tercer lobo agarra por el hocico al cadáver que comienza a arrastrar.

– ¡Esperen! – todos se voltean para ver a Isabel – antes de que se vayan quiero algunas respuestas.

– Como te… – Vittorio frena la arremetida de Mina.

– Como desees – dice Vittorio dándole la cara – ¿Qué quieres saber?

– ¿Por qué no hicieron nada, si yo… si yo mate a ese hombre? – pregunta Isabel a borde de las lagrimas al recordar lo ocurrido.

– Con que fuiste tú – dice Vittorio permitiéndose mirar a la joven por completo – déjame felicitarte niña, no todos los días un humano logra sobrevivir a un “demonio de la luna” mucho menos acabarlo. Esos monstruos no merecen ser llamados licántropos – agrega atajando la pregunta que estaba por salirle de los labios a Isabel – aunque provengan de nosotros. Si hubiéramos llegado diez segundos antes nosotros hubiéramos sido quienes mataran a esa cosa.

– ¿Por qué?

– Porque dejo de ser humano para convertirse en monstruo – dice Mina, se adelanta hasta donde esta Vittorio que la deja continuar – los “Demonios de la Luna” antes eran humanos, pero un licántropo lo mordió y lo dejo vivo. Durante todas las lunas llenas se transforma en un verdadero monstruo. Sin conciencia, sin identidad, sin nada más que sus instintos asesinos y sanguinarios que lo convierten en una verdadera amenaza para el anonimato de nuestro mundo, el mundo nocturno.

Esas fueron justamente las palabras que utilizo William cuando hablo del mundo de los vampiros y los demás monstruos que plagan la tierra. Pero si hay vampiros y hombres-lobo ¿Qué otros seres fantásticos o aterradores habrán ocultos entre las sombras?

– ¿Y que fue eso de “Guerra Nocturna”? – vuelve a preguntar Isabel.

– ¡Deja de hablar estupideces y vete, yo estaré bien! – exclama William desesperado y luchando que el terrible dolor que le provocan las mordidas de los dos lobos.

– La verdad que no lo creo, vampiro – dice Vittorio mirando tras su hombro a William que le retribuye con la mirada de furia mas expresiva que puede lograr – si quieres saber escucha con mucha atención, espero que así comprendas quien de los dos es el verdadero monstruo.

>> Desde que nuestras razas existen ambas nos encontramos en un conflicto tan antiguo como lo es el señor del abismo. Llevamos, nosotros los licántropos, más de 3500 años luchando por nuestra supervivencia contra los vampiros. Esos seres – y con el dedo apunta a William sin dejar de mirara a Isabel – durante todo ese tiempo han buscado exterminarnos, destruirnos, bórranos de la faz de la tierra y de los registro de la historia. Lo único que queremos es vivir en paz, ya ha habido demasiado derramamiento de sangre pero si ellos quieren pelear no solo le daremos una batalla si no toda una guerra.

Los demás licántropos, tanto humanos como lobos, lanzan un poderoso rugido al aire mostrando su apoyo a Vittorio. Isabel se queda en shock y sorprendida y lo único que puede hacer es mirar a William. El vampiro mira también a Isabel y sus ojo0s escarlata muestran una agonía y miedo… pero no miedo por lo que le pueda pasar a él, si no miedo, si se puede decir incluso terror, por lo que le hagan a Isabel.

– Ahora que sabes todo eso, me temo que no podemos dejarte ir – dice Mina y el tercer lobo que apareció suelta el cadáver y se acerca a Isabel preparándose para atacarla.

La joven introduce la mano en su morral y saca lo primero que se encuentra, el perfume.

– ¿Qué rayos pretendes hacer? – pregunta Vittorio mirando con recelo el frasco de perfume.

– No lo sé, solo espero que funcione – dice Isabel y sin pensarlo dos veces arroja con todas sus fuerzas el frasco contra el suelo, este se rompe y el efecto no se hizo esperar.

Todos los licántropos comienzan a asfixiarse, los tres humanos se dejan caer al suelo con las manos en la garganta mientras que los lobos estornudan y se acarician el hocico con las patas. William se libera tomando con las manos las enormes cabezas de los dos animales que lo aprisionaban y las estrella la una con la otra.

El vampiro se levanta y corre hacia Isabel con la manga tapándole la boca y nariz. Toma por la cintura a la joven y ambos corren hacia el bosque sin mucha resistencia.

– ¡Que no escapen! – grita Vittorio incorporándose e inmediatamente cambiando a forma de lobo seguido por los demás.

– ¿Estas bien? – pregunta Isabel aun corriendo por el bosque, la adrenalina le da nuevas fuerzas pero no las suficientes como para ir a la misma velocidad que William que parece muy agitado, se da la vuelta y mira a Isabel respirando aceleradamente.

– No los podremos perder de esta manera, vamos muy lento – dice William extendiéndole la mano a Isabel, quien comprende de inmediato. Toma la mano del vampiro y continúan la corriendo – ¿lista? UNO, DOS, ¡TRES! – Isabel toma una gran bocanada de aire justo antes de que William los transformara a ambos en niebla.

William en Isabel se materializan junto a su auto en el estacionamiento del hotel, por suerte esta a solas. Ambos golpean el flanco de Ferrari mientras respiran completamente cansados.

William abre la puerta del piloto e Isabel la del acompañante, el vampiro enciende el motor y un ruido le congela la sangre a ambos. Un escalofriante aullido seguido por otro y otro, no a más de cien metros de distancia. William tomando los aullidos como una señal de peligros más que inminente pone en marcha el auto a todo lo que puede dar.

La carretera esta a oscuras y completamente desierta, el Ferrari en pocos segundos supera los cien kilómetros por hora.

– Si de verdad valoras tu vida te sugiero que uses el cinturón de seguridad – dice William cambiando de velocidad, ahora van a 150 Km/h. mirando con preocupación la carretera Isabel obedece sin decir nada.

De repente es escucha otro aullido, este mucho más cerca seguido de un gruñido. Del lado de William del auto sale del bosque a la carretera uno de los licántropos, que asombrosamente le alcanza el paso al Ferrari. El monstruo golpea la puerta del vehiculo aún en movimiento haciendo que este ultimo se corra hacia la derecha y estremeciendo tanto a Isabel como a William.

– ¿Acaso esos maldito no tiene algún punto débil? – pregunta Isabel molesta y agarrándose de donde puede mientras William hace hasta lo imposible para mantenerse en la vía.

– Solo se me ocurre una forma de deshacernos de estos perros sarnosos, la manera antigua – y tras decir esto William lanza el auto contra el licántropo que cae al suelo y rueda por el asfalto – gracias de nuevo películas de acción. – agrega el vampiro con media sonrisa.

La sonrisa de William se borra pronto, otros dos lobos aparecen a cada lado del auto y empiezan a golpearlo. Uno de los licántropos, de seguro Vittorio por su descomunal tamaño golpea la puerta de Isabel con tal violencia que hace que el auto entero se salga del camino, el vehiculo comienza a bajar por una inclinada pendiente contando con la suerte de no tropezar con algún árbol pero si con muchas ramas.

William observa como van a estrellarse contra el lecho de un río, toma la mano de Isabel y haciendo un esfuerzo supremo los convierte a ambos en niebla. El auto se destroza contra el suelo y termina explotando con una bola de fuego que se levanta varios metros. Los tres lobos que mantenían la persecución miraron, con cierta expectativa, por unos segundos si alguien aparecía entre los escombros pero no había nadie, ni siquiera un vampiro podría sobrevivir a algo como eso. Se fueron dejando el auto en llamas.

Dos cuerpos caen a la graba del lecho del río, son Isabel y William. La muchacha se separa del vampiro que se mantiene tirado en el suelo, herido y con los brazos abiertos, llenos de heridas que están… están sangrando.

Isabel le da un par de palmadas el la mejilla a William pero este solo se limita a mirarla con ojos extraviados, dice con un hilo de voz.

– Corre, yo estaré bien.

Isabel se levanta y toma una afilado trozo de metal, se arrodilla donde se encuentra William y se corta con cuidado pero con determinación la muñeca que al instante comienza a sangrar. Isabel le extiende la muñeca ensangrentada a William que esta tan débil que solo puede negar muy quedamente con la cabeza.

– ¡William, te mueres! – grita Isabel con lagrimas en los ojos. William con las manos temblorosas toma la muñeca de la joven, se la acerca a la boca y comienza a beber. Al principio era algo tímido pero mientras más bebía más ímpetu y fuerza succionaba la sangre de Isabel que a los pocos segundos todos se le vuelve oscuro y cae al suelo.

“Conque así se siente la muerte”. Logra pensar antes de desmayarse sin que William, aparentemente, se diera cuenta del daño que le hacia.

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