Capítulo XII: El fin de una vida

Posted on 28 octubre, 2009

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Un joven pálido y de cabello negro junto con una mujer de pelo castaño claro y rizado se aparecieron de la nada entre una nube blanquecina en medio del estacionamiento de un edificio como tantos otros, el lugar esta desierto, ya todos los empleados se deben de haber ido a sus casas. Ambos están unidos por un apretado abrazo que dura poco, la mujer empuja al hombre separándose de él y dando tumbos ella termina cayendo con las rodillas y manos en el suelo de asfalto.

– Eso fue lo mas grotesco que me ha tocado pasar, William – se quejo ella con nauseas y con muecas de que va a vomitar.

– Que raro, esta es mi parte favorita de ser vampiro – dijo el muchacho que se quedo parado en el mismo lugar en el que se aparecieron – pero si me resulta extraño que apenas pude mantenernos en forma de niebla un fracción del tiempo que logro hacerlo yo solo, fascinante en efecto – agrego pensativamente pasándose los dedos por la barbilla en gesto de meditación – ven, tenemos que a tu casa para alistar todo, debemos salir de la ciudad antes de que amanezca, Isabel. – agrego extendiéndole la mano y abundándola a incorporarse.

– ¿Y como pretendes que hagamos eso? – pregunto Isabel algo mareada – no pienso seguir viajando de esa forma.

– No será necesario – dijo el vampiro con una sonrisa de oreja a oreja – la niebla es para cortas distancias, a mi como a todos los británicos me gusta viajar con estilo – metió a mano en su chaqueta y saco un pequeño rectángulo de plástico negro, oprimió un boto en el y en la esquina mas lejana del estacionamiento se encendieron unos faros.

– No puede ser – soltó Isabel. Ambos caminan hacia el auto que esta convenientemente oculto en las sombras pero eso no evito que ella lo identificara. William tiene un carro deportivo de un pulcro color plateado – ¿Cómo es posible que tengas un auto así cuando necesitas dinero con urgencia?

– Lo que yo haga con mi capital es asunto mió Isabel – dijo con dignidad, le abrió la puerta el copiloto a Isabel que entro sin mirarlo, William por su parte se sentó enfrente del volante para luego agregar – es liquidez o transporte, no puedo tenerlo todo sabes… además soy un hombre ¿Qué esperabas, un bati-movil?

– Para serte sincera, si – contesto ella con una leve sonrisa divertida.

– Lo lamento pero cuando fui a comprarlo ya estaban agotados – dijo William con sarcasmo, pone en marcha el motor y agrega – pero dentro de un par de meses venderán el avión invisible de la mujer maravilla. Espero que ese si sea un vehiculo de tu estilo.

A Isabel se le borro la sonrisa de la cara al ver como se abren las puertas metálicas del ascensor dejando salir a Blade que lleva lo que parece ser una pistola.

– ¡Agáchate! – grito William y ella obedeció. William dio un giro brusco al volante haciendo que el auto se derrape hacia la rampa que lleva a la calle.

Blade sin mayor miramiento disparo una y otra vez contra el auto destrozando el parabrisas trasero y un espejo retrovisor y cubriendo el capote con agujeros de bala. Cuando su pistola se descargo el cazador lleno de ira corre hacia el carro que se aleja de él, con su velocidad sobrehumana logro tomarse del parachoques  justo antes de que el auto suba por la rampa.

William giro nuevamente con violencia el volante al llegar a la calle logrando hacer que el cazador se suelte de la cola del auto.

– ¡No podrás escapar de mi vampiro! – grito Blade con tanta fuerza y de forma tan aterradora que a Isabel se le erizo los pelitos de la nuca – ¡Tu y tú amiguita están muertos!

La muchacha se coloco la cabeza entre las piernas, nerviosa, asustada, mareada y confundida como nunca en su vida.

– Ese maldito me debe un parabrisas y las reparaciones de mi carro – dijo William molesto. Al notar el estado de Isabel agrego – descuida, todo saldrá bien.

– ¡Por favor dime que todo esto es una pesadilla o una broma de muy mal gusto! – dijo ella desesperada y a punto de las lagrimas.

– De ser una broma seria la mas larga de la historia, llevaría mas de dos años y en estos momentos yo tampoco le veo la gracia – dijo William sin quitar la vista del camino. La noche esta desprovista de luna y de estrellas siendo la única fuente de luz la de los faroles a los flancos de la calle – haré todo lo posible por protegerte de todo.

– ¿Estas jugando conmigo cierto? – pregunto Isabel ahora molesta, se recostó en el espaldar de su asiento si miro de forma asesina a William – estoy prácticamente secuestrada por un vampiro que tiene que robar pero tiene un auto deportivo mientras que soy perseguida por un loco psicópata que tiene la fuerza de superman y mas armas que batman que lo único que quiere es matarme porque cometí la estupidez de evitar que te matara y dices que:

>> ¡Todo ira bien!

– Si – dijo William como si nada y sin quitarle de encima los ojos de la carretera.

– ¿Cómo es que puedes decir eso? – pregunta Isabel confundida y con el ceño fruncido – ¡Te están buscando para matarte!

– ¿Para que me serviría ser tan negativo como tú? – pregunto secamente el vampiro, Isabel por su parte se queda en silencio y suaviza su expresión – creo que la situación es ya lo bastante mala si la ayuda de tus nubes negras.

>> Ahora es que tenemos muchas cosas por hacer, tienes que dejar atrás muchas cosas, tu familia, tus amigos, inclusive la fama que lograste con mi vida; necesitaras toda la fuerza de voluntad y positivismo del que seas posible ¿me entiendes?

– Si – contesto ella – ¿ahora que tenemos que hacer?

– No, la pregunta es que harás tú – corrigió William mirándola por primeras vez, su semblante se le hizo a Isabel mas pálido y de apariencia mas débil del que recuerda haberlo visto nunca antes – yo me quedare en esta esquina también tengo asuntos pudientes – agrego en tono misterioso, el auto se detuvo orillándose en la calle, completamente desierta que termina en un callejón oscuro – espero que puedas conducir, por favor cuida la pintura que este bebé ya necesita reparaciones mayores. Nos veremos en tu casa, hasta pronto.

Abrió la puerta del coche y salio por ella dejando a Isabel sola en el vehiculo. Trató de buscarlo con la mirada pero se ha esfumado del lugar, lo más posible es que sea en el sentido más literal de la palabra.

Luego de un momento de meditación se acomodo en el asiento del piloto y se puso en marcha.

***

William se materializo en un callejón oscuro, el mimo que se odia ver desde el coche que acaba de dejar. Algo esta mal, solo pudo mantener su forma de niebla por pocos segundos pero con la noche como su abrigo predilecto puede caminar sin miedos ni penas por la callejuela, cosa que muy pocos que pueden hacer sin querer recibir un balazo en el pecho. El enfrentamiento de Blade y en especial la perdida de sangre lo dejo terriblemente débil. Para un vampiro como él eso no lo mataría pero aparentemente lo dejo sin muchos de sus poderes, la retribución para una vida maldita.

Otro efecto colateral y definitivamente no deseado es que su hambre aumento con increíble velocidad e intensidad. Es un milagro que no haya pasado frente a Isabel, si hubiera sido así quien sabe que hubiera pasado y lo mismo ocurrirá con cualquier otra alma desdichada que se encuentre con este vampiro en su etapa de “frenesí del cazador”.

Sus miembros se empezaron a dormir y a fallar. Se tambaleo en medio de una parte especialmente oscura para él, sus ojos de vampiros que lo pueden ver absolutamente todo le están fallando al igual que sus otros sentidos. Pero su terquedad y testarudez que trascendieron su transición de vampiro lo hicieron continuar varios pasos mas, ni el supo cuantos. Cuando de golpe todo su organismo pareció reiniciarse de golpe, eso puede solo significar una cosa.

– Oye hijo ¿te encuentras bien? – el vampiro escucho decir la voz rasposa de un hombre, busco entre las sombras la fuente de ese ruido y para su sorpresa no tuvo que buscar mucho.

Sentado en una pila de cartones y periódicos esta sentado un hombre con ropas harapientas enfrente de una pequeña hoguera, para William, una persona que desde hace ya un buen tiempo para acá se había acostumbrado a no tener nada oculto para sus ojos le pareció extrañamente fascinante no haberlo notado antes, pero ahora la sed que lo agobia invade su mente, desplazando todos sus demás pensamientos solo dejando la imagen de él desgarrando la garganta de aquel desdichado.

– Si, es solo un mareo, estaré bien – dijo William haciendo un esfuerzo realmente sobrehumano para mantener una voz clamada y no emitir una sarta de rugidos y bufidos dignos de una fiera y es en eso  en que esta a punto que convertirse – pero usted parece que tener frío.

– No es nada hijo, la típica noche en esta ciudad; helada – se disculpo el hombre pero los precisos sentidos de vampiro de William pueden vare, sentir e incluso oler sus leve tirite producto de una noche a la cual le falta poco para mostrar sus alientos, cosa que delataría el estado de William pero esa tonta preocupación se hizo mínima al notar que sus uñas están creciendo y oscureciéndose, pasan de uñas de humano a garras de vampiro.

William se saca la chaqueta y se la extiende al viejo que lo mira con recelo, de seguro la vida le ha dado una mala experiencia sobre la filantropía de los extraños. El señor termina por aceptar y cuando estira la mano para tomar la chaqueta es cuando por fin se percata del boquete en la camisa de William rodea por una asquerosamente grande mancha de sangre que ha tomado un horrible color oscuro mortecino. El viejo no aparta la mirada del hombro del vampiro que logra percatarse de eso, le termina de dar la chaqueta para decir.

– No se preocupe por eso es solo una vieja mancha que no ha querido irse, la uso solo para trabajar sabe, soy mecánico – dijo para despreocupar al viejo que lo mira de manera extraña y desconfiada – tenga, no me haga rogarle. Usted la necesitara más que yo.

Su parte de monstruo desquebraja la poca humanidad que le queda a William. Por una ínfima fracción de segundo la piel fría del vampiro rozo la sucia pero calida del viejo, el calor de la sangre. La sed le atacó con tanta fuerza que sus colmillos chasquearon ruidosamente perfilándose fuera de su boca, la parte mas indomable de su naturaleza de vampiro ha despertado y se ha vuelto indomable.

Cada músculo del cuerpo del vampiro, si ahora todo lo que queda de lo que alguna vez fue William se ha esfumado quedando únicamente un vampiro, el monstruo mas temido y aterrador de la historia. Su cuerpo se prepara instintivamente para lanzarse contra su presa que ni cuenta se ha dado que se encuentra a centímetros de las fauces del lobo, él viejo se limito a ponerse la chaqueta que lo abrigo lo suficiente para no sentir mas frío sobre sus demás ropas harapientas.

Aun una parte de la mente de William se rehúsa  ser parte de lo que inevitablemente esta por ocurrir. La tentación es tan fuerte y sus músculos se crispan y mueven tan fuera de control consiente que él se muerde el labio. Las pocas gotas de sangre que logran caer por su garganta antes de que la herida se cerrara fueron suficientes para acrecentar su hambre mil y una veces, ya es muy tarde para aquella triste victima del vampiro.

– Gracias hijo, que Dios te bendiga – dijo el viejo con el rostro iluminado, ni cuenta se dio como el vampiro se acerca con las garras extendidas y los colmillos preparados, se agazapa como un león a punto de atacar a su victima.

– No, gracias a usted, me ha salvado la vida. – dijo William con voz ronca y forzada, casi pareciendo un gruñido o algún otro ruido creado por un animal irritado o colérico.

– ¿Por qué? – pregunto el viejo confundido, fue lo ultimo que dijo en su vida.

Isabel llega a la calle al lado de su casa, todas las luces están apagadas. William de seguro aun no ha llegado. La muchacha se baja del auto de William con una pequeña bolsa en la mano. Llega a la puerta de su casa y tras pasar la llave por la cerradura entra, lo único en que ella puede pensar es en empacar lo más rápido posible y escapar por su cuenta. Si bien no sabe que quedarse en la ciudad es prácticamente un suicidio pero es uno peor escapar con un vampiro de verdad que admite que es un monstruo homicida. Solo le queda una opción racional y esa es huir por su cuenta, cambiarse el nombre e irse a vivir a Siberia o morir en el intento.

– ¿Cuándo fue que mi vida dio un vuelco tan drástico que ni cuenta me di? – pensó ella mientras camina hacia la oscura sala de su casa. Las luces se encienden como por arte de magia.

– ¿Por qué la tardanza? – pregunto casualmente sentado en el mismo lugar donde estuvo cunado fue entrevistado hace ya un año. Lo que causo que a Isabel el corazón le diera un salto al igual que el resto de su cuerpo.

– ¡Maldita seas! – grita Isabel mientras se repone del susto.

– Amen – dice William mirándola como se incorpora y endereza – ahora, apartándonos de la liturgia – agrega desinteresadamente. El vampiro se levanta, lleva un atuendo completamente nuevo y muestra toda su altura – ¿Por qué te tardaste tanto, no se si te has dado cuenta pero el tiempo es algo con lo que desgraciadamente no contamos?

– ¿Acaso crees que conseguir un banco abierto a estas horas es muy fácil? – pregunto ella lacónicamente, se cruzo de brazos y le lanzo una mirada asesina a William que ni se inmuto.

– Pero veo que tuviste éxito – dijo él mirando el sacos que lleva Isabel en las manos.

– Si, espero que estés contento. Acabo de retirar los ahorros de toda mi vida – dijo ella, le lanzo el saco que William tomo con elegancia y con aparente poco esfuerzo, lo que irrito mas de la cuenta a la muchacha. William sin darse, aparentemente, cuenta de estos miro en el interior del saco, con cara inescrutablemente sorprendido.

– No se porque se me paso por la cabeza que un sueldo de escritora seria… no se, un poco mas sustancial – comento él, un pensamiento en voz alta que Isabel consiguió oír. Lo que hizo, como era de esperar, que le hirviera la sangre. Pero con un poco de esfuerzo logro mantener esa marejada de emociones sin duda negativas que le llenan a cabeza cada vez que mira a esa persona de ojos carmesí.

– Ese es el tipo de comentarios que prefiero no responder ¿sabes? – contesto ella con la mayor dignidad posible, lo que por alguna razón incomprensible para ella causo que William perfilara media sonrisa. Volvió a cruzar los brazos y notó que tiene las manos rasposas, extendió las manos frente suyo y vio que sus palmas están ennegrecidas y costrosas, la sangre seca de William sobre la que cayó cuando el cazador la derribo.

– Te sugiero que te limpies o bañes, te ves horrible – dijo William con un gesto extraño.

– Vaya, tu si sabes como hacer sentir mejor a una chica – espeto Isabel con ironía.

– Lo se – contesto él – pero hablando enserio tenemos poco tiempo, no se cuanto tardara Blade en saber donde vives.

– Esta ¿luego de irnos de la ciudad adonde iremos? – pregunto Isabel.

– Por lo pronto debemos irnos de España – explico William con semblante más serio – viajaremos hacia Francia, precisamente a Ruan, en la catedral de la ciudad que tiene mas de 1000 años me contaron que esta una de las bibliotecas mas completas sobre la demonológica, lo sobrenatural y lo que los católicos llaman pagano.

– Una de ella ¿entonces cual es la mas completa? – preguntó Isabel picada de repente por el bichito de la curiosidad.

– La sección super-archi-recontrisimamente secreta oculta en el Vaticano – respondió William – por algún motivo las personas de las que menos creemos que se interesarían por algo así, son los que son más propensos a interesarse por la cos en cuestión.

– De acuerdo – dijo Isabel más preocupada por su futuro que por el comentario de William. Ella se dio media vuelta con la mente en las nubes pero la fría y firme mano de William la detiene.

– Antes de que continuemos con esta absurda aventura necesitaras de esto – dijo William seriamente. Con su mano desocupada le extendió a la muchacha un morral cruzad – pase lo que pase, hagas lo que hagas y te pida lo que te pida por nada del mundo viajes a ningún lado con esto ¿fui lo bastante claro?

Isabel tomó con recelo el bulto.

– ¿Qué contiene? – pregunta ella.

– Lo necesario para sobrevivir en mi mundo – dijo William provocándole a Isabel un leve tiriten en el cuello, algo le da muy mala espina – luego lo averiguaras, no tenemos mucho tiempo.

– OK.

Blade hecho un fiera ante el hecho que otra vez su presa se le ha escapado. Pero mantiene por muy poco margen la suficiente cordura como para darse cuenta que tiene muy poco tiempo antes de que llegue la policía. Subió al ascensor, hacia el piso en donde se peleó con el vampiro. Al salir del elevador, y a unos pocos metros de distancia se encuentra con su escopeta.

“Lastima que no pude usar mi nuevo juguete” pensó “pronto tendremos otra oportunidad.”

Entre unos escombros en el interior del laberinto de cubículos y oficinas de la sala de redacción del periódico halla su sombrero, se lo pone. Se dispone a irse cuando una cartera que se puede ver desde el pasillo en que se encuentra se apodera de toda su atención, esta puesta sobre el escritorio en la oficina que haciendo en memoria fue de donde salieron el vampiro y su nueva amiga. De seguro es de ella.

Registra su interior y entre maquillaje, peines y otro tipo de cosas que solo una mujer llevaría a su trabajo, se encuentra con una cartera. Al abrirla lo primero con que se encuentra es con una identificación.

La de la foto es una mujer muy atractiva, del ojos y cabello castaño claro y tez blanca. Es la mujer que se interpuso entre él y el vampiro.

– Te encontré muñequita – dijo con una sonrisa de oreja a oreja – y a través de ti llegare al la sanguijuela.

Sin perder mas tiempo tomo un teléfono cercano, puso el oído en el auricular y dijo apenas la persona a quien llamo le contesto.

– Alo, operadora. Me haría el favor de darme la dirección de la señorita Isabel Mendoza.

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