Capítulo Uno: Nací

Posted on 28 octubre, 2009

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Nota: Este es un adelanto de la segunda parte de “Crónicas Nocturnas”. Y como pronto se darán cuenta muy pronto en este libro hablo del opuesto innato de los vampiros… quien mas tiene ese papel que los hombres lobo. Como digo a veces, toda sugerencia es aceptada y bien recibida… pero por favor que me burle de crepúsculo no les perdona usar un lenguaje ofensivo.

Llámenme Héctor.

Una bestia hambrienta corre por los bosques, su tamaño es atroz, su fuerza es inconcebible y sus instintos lo controlan. Se ha convertido en una de las criaturas… mejor dicho uno de los monstruos legendarios de la historia, un hombre-lobo.

¿Pero como es posible? ¿Quién es este ser que aparece en la luna llena? y para quien no sepa que es un hombre-lobo ¿Qué es? bueno, hay dos respuestas: La complicada y la simple. La complicada tendré que dársela con el tiempo, es una parte vital de esta historia pero si les puedo dar la simple.

Es o al menos solía ser yo ¿como? ¿Cuando? ¿Donde?

Para responder esa incontable maraña de preguntas que se deben entretejer en sus mentes debo de regresar quince años en el pasado. Cuando era apenas un niño de diez, ese sin duda fue el comienzo de mi aventura tan diferente a la que me había imaginado. Antes de que el mundo de las bestias de la noche se abrieran ante mi.

Nací siendo licántropo (ese es el nombre oficial, y el que no ofende a los demás de mi especie aunque a mi me da igual) como lo fue mi padre y mi abuelo y de generación en generación hasta que las huellas de estas sangre maldita se vuelven nebulosas.

Volviendo a la historia central el día en que supe quien era fue el día de mi cumpleaños numero diez. Tuve una alegre fiesta, con mis amigos y familiares. Podría decir que ese fue el día en que se esfumo mi infancia pero eso seria una falacia, ese solo fue el primer paso en mi camino tan precoz para convertirme en hombre. La fecha, era el 15 de agosto, fue el día más feliz de mi vida… no se, eso si que suena cursi.

Solo diré que fue un día muy querido entre mis recuerdo, que estuvo tan cerca del mas triste, lo que sin duda aumento su brillo.

Esa noche mi padre levanto y me llevo a la sala, me puso un abrigo y salimos de la casa. En nuestro patio había una pequeña arboleda, donde vivían una que otra ardilla y una vez vi a un ciervo, un reducto de la naturaleza en medio de los suburbios. Recuerdo que hacia frió pero mi padre no llevaba mas ropa que uno pantalones cortos, sin zapatos ni otro abrigo, parecía no molestar y tenia demasiado sueño como para preguntar. El me cargaba por lo que no decía nada, cerré los ojos y antes de que nos adentráramos en la arboleda me quede dormido.

Ya llegamos hijo…

– Héctor, despierta – me dijo mi padre, me tomo entre los hombros y me agito suavemente despertándome un poco, lo suficiente para abrir los ojos – te tengo que contar al.

El frío me pellizcaba las mejillas, fue lo que me termino de despertar. Me senté, en algún momento en el que no me di cuenta mi padre me opuso sobre un tronco caído, me pase los nudillos por los ojos adoloridos.

– ¿Qué pasa? – pregunte. Estábamos en un claro en el bosque, él estaba parado delante mió a un par de metros de distancia, se veía demacrado, apenado, triste, aun a mi corta edad pude darme cuanta que algo le causaba un gran sufrimiento pero no me quise preguntar que, pero pronto lo sabría.

– Lo ultimo que hubiera querido para ti era que cargaras con mi misma suerte, con esta maldición – dijo el de manera lúgubre, me estaba asustando y se dio cuenta.

Nunca antes lo vi en ese estado de angustia – pero no es tan malo cuando te acostumbras – agrego en un tono mas normal pero aun me hacia sentir mal – como yo fuiste marcado, como lo fue Caín antes de nacer y lo mismo sufrirán tus hijos hasta el final de los tiempos.

– Papá, ¿Qué tienes? – le pregunte, estaba asustado y con frío, se me entumían toda parte de mi cuerpo que no estaban cubierta (rostro, manos y pies). Mi padre esbozo una débil media sonrisa, tan falsa que hasta un niño como era yo se dio cuenta.

Mi padre aspiro una gran bocanada de aire y dijo la revelación que cambio para siempre mi vida.

– Eres un hombre-lobo – en un primer momento y durante los siguientes días no pude comprender la magnitud de lo que había dicho. Pero en su cara de dolor y angustia supe, un poco luego de lo debido que mi estado no era un don, los años me ensañaron que es un peso con el que cargare hasta el día de mi muerte, una maldición.

Recuerdo claramente lo primero que pensé, fue “¡Increíble, soy un hombre-lobo!”, era un niñito inmaduro, por lo menos. Y tienen que entender que ese es el sueño de cualquier niño, tener superpoderes, algún talento sobrehumano que te distinga de los demás, y creo que convertirse en lobo entra en el estereotipo de un superpoder.

– ¡Genial! – grite entusiasmado, luego de unos segundos de silencio. Todo el sueño se había ido, no entraba en mí, podía hacer como en los programas de la tele, ser un lobo y pelear con monstruos para salvar al mundo, seré un héroe – ¿me convertiré en un lobo?

Mi padre asintió, estaba tan entusiasmado que no me percate de la cara de mártir de mi padre.

– ¿Cuando?

– En la próxima luna llena – contesto mi padre, fingiendo una cara de emoción, creo que él sabia que necesitaría todo mi entusiasmo, lo que vendría no seria fácil, tenia razón – será dentro de diez días, los primeros años no podrás controlar tus transformaciones, te sugiero que escribas un diario.

– ¿Para que? – pregunte, siempre inocente.
– Cuando entres en fase no podrás recordar nada – respondió – un libro de anotaciones fue mi mejor amigo durante gran parte de mi vida, es un apoyo que agradecerás tener.

– ¿También eres uno? – le pregunte extasiado, ese señor que estaba parado delante mió, que tanto se parecía a mi padre se veía tan frágil, tan, apenado, endeble no era mi principal protector y maestro. …l me dirigió una débil sonrisa y lo que ocurrió luego fue sin duda lo más fantástico que viví hasta entonces.

Su piel se oscureció y se comenzó a llenar de un espeso pelaje negro azabache por su cuerpo entero que comenzó a cambiar y a transformarse ante mis maravillados. Se apoyo en sus brazos que junto con sus piernas que comenzaron a estilizarse mientras que su cara se alargo y sus orejas se hicieron puntiagudas, y para terminar su transformación le apareció una cola. Mi padre se había convertido en un lobo.

Fue como ya dije lo más increíble que vi en mi vida. Me levante del tronco y con timidez me acerque al animal, aunque no sentía mis pies ellos me llevaban lentamente adonde estaba mi padre, que me miraba con sus enormes ojos, ojos de lobos que son extrañamente expresivos y de color ámbar, brillan en la oscuridad.

– Papá… eres tú – tartamudee, me quede parado a un metro o mas del lobo que era mas alto que yo, diría que si se parara en sus cuartos traseros alcanzaría tres metros de alto. Estire tímidamente mi mano y él lentamente se acerco.

Podía escuchar el latir de mi corazo, retrocedí un paso asustado por la enorme criatura, y él también de detuvo, luego lentamente se comenzó a acerca, su hocico acaricio mi mano y en fue en ese preciso momento cuando supe que el aun seguía siendo mi padre. Me le acerque sin miedos ni penas y empecé a acariciarle el fuerte y peludo cuello, era como tener una mascota nueva y era mas o menos eso, solo que esta mascota me podía castigar.

El se agacho, pidiéndome algo, hizo un ademán con la cabeza y supe a que se refería. Sin decir nada me subí a su lomo y el comenzó a correr hacia el bosque, el aire frío no me dejaba escuchar y me punzaba la cara, mis dedos entumidos se sujetaban precariamente, me podía caer en cualquier momento, pero estaba tan… tan feliz, alegre, extasiado que lo único que podía ver y sentir era los interminables borrones de los árboles cuando los pasábamos. Hay, en el lomo de mi padre, corriendo con completa libertad me sentí como nunca antes me había sentido.

¿Esto era en lo que me convertiría? en un lobo, ágil, fuerte, justo y valiente. Me pregunto que otros poderes tendré.

En menos tiempo del que me pude dar cuenta, y menos del que hubiera deseado regresamos de vuelta a nuestra casa. Mi padre se coloco pecho tierra y me baje de su espalda, corrí a la puerta, entre alegre y rápidamente a la casa. Mis pensamientos eran un revoltijo amalgamado cuya única cosa en común era que todos me hacían exageradamente hiperactivo, cosas de niños.

Entre en la sala sin mirar a ningún otro lado mientras que mi padre se mantenía a mis espaldas. Comencé a correr por todos lados y a brincar en los muebles, gritando y gimiendo, en retrospectiva se que mi reacción fue exagerada… bien fue una completa falta de juicio y consideración ¡feliz!

– ¡Héctor! – me susurro mi padre, alzo los brazos para detener mi barullo. Ya era otra vez humano y en algún momento se puso uno de los abrigos colgados en el perchero sobre su torso desnudo, y no se si deba decirlo, pero lo diré, mi padre parecía uno de esos modelos masculinos, alto y fornido, supongo que no suena tan mal viniendo de su hijo ¿no? – vas a despertar a Mina.

– Querrán decir que la despertaron – dijo mi madre, bajando por las escaleras con una pequeña de poco más de cinco meses, mi hermana Willhelmina, el nombre de mi abuela, pero todos le decimos Mina. Era la viva imagen de mi madre, de cabello rojizo y ojos azules, muy bellos por cierto, mientras que yo (y es por que todos lo dicen) soy idéntico a mi padre, de cabello negro y uno cautivantes ojos castaño claro, cuando les daba la luz del sol parecían de oro o ámbar, como los del lobo que acabo de ver.

Era una pequeña tan diferente a los demás bebes, casi nunca la veía llorar, era tan callada pero extrovertida, como si nada la molestara o al menos nada lo suficiente.
– Bueno Héctor es hora de irte a la cama- dijo mi padre, coloco su mano en mi hombro y agrego – y recuerda de lo que hoy hablamos.

Asentí, y sin protestar salí de la sala y subí por las escaleras pero antes de llegar a la puerta de mi cuarto pude escuchar a mi madre decir.

– ¿Ya le contaste? – se veía preocupada mientras mi hermana balbuceaba.

– Si, a partir de ahora a Héctor le tocara convertirse en hombre – contesto mi padre – esa será la parte más difícil de todo el proceso, tener que dejar tu infancia a un lado y tener que madurar tan pronto.

Y tenia razón.

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