Capítulo X: La llegada del cazador

Posted on 26 octubre, 2009

19


– ¿Qué mierda haces aquí? – pregunte, la sorpresa y el miedo cambiaron a una rabia que me intoxica, no me moleste en moderar mi tono de voz, para mi desgracia solo estamos él y yo.

– Acaso no puedo hablar con una vieja amiga y socia de negocios – dijo William como si nada, no podría expresar lo mucho que me irrita esa forma de hablar suya – creo que me debes, o mejor dicho me merezco unos cuantos euros (los dólares han decaído) de regalías por ayudar a tu tremendo éxito de este libro – y levanto un tomo de mi novela – es cierto que van a hacer una película de tu libro, esa es ahora la moda.

– ¿De que hablas?

– Un filme de mi entrevista – contesto – ya sabes un largometraje, cuentan que Oliver Bloom representara mi personaje, déjame decirte que yo estoy mejor que él.

– ¡De eso no idiota! – le grite, esta encolerizada, casi histérica – ¡del dinero! Te digo de una vez que no te pienso dar nada y a fin de cuentas ¿Por qué te debería de dar algo?

– Por que a pesar de que tergiversaste de la manera mas comercial y pútrida mi historia, la que con todo gusto te conté – dijo, eso me dolió, ya nadie dice “pútrida” – esto es una biografía mía ¿no?

– Pues no te pienso pagar nada – le repetí, cruce los brazos y le quite la mirada de encima, parecía una niña berrinchuda – además ¿para que quiere dinero un vampiro? Tú no comes ni necesitas refugio.

– Lo que hago con mis finanzas es mi asunto, querida mía – me dijo con la mayor cortesía pero algo ofendido – ¿acaso crees que me regalan esta ropa de diseñador? – y en efecto, su chaqueta y su camisa se veían costosas, ni hablar de sus zapatos, debo de admitir que me impresiono su buen gusto para vestir – y para iluminar tu ignorancia, aunque no lo creas duermo, pero como vivo de viaje en viaje, por razones obvias – de seguro para no ser pillado alimentándose o como quiera que le diga a matar – lo que me causa muchos gastos y como ya sabrás una persona en mi condición (un muerto-en-vida) no tiene muchos puestos vacantes en la plancha laboral.

– Francamente a mi me de igual – le dije, y el se levanto en respuesta, su altura y ojos escarlatas le dan una apariencia imponente, aun mas, atemorizante, ahora me doy cuenta que esa imagen que tenia de William era completamente falsa, todo era una ilusión – lastima por ti – no podía apartar la vista a otro lado que no sean los profundos ojos sangrientos de ese vampiro – pero un muerto no necesita de dinero, es cosa de lógica. Además ahora no tengo tiempo para ti, estoy esperando a una amiga y no quiero que te vea.

– Pues ya no tienes que esperar mas – dijo, y pude sentir como se me helaba la sangre, mis manos y piernas me temblaban, estaba al borde de las lágrimas.

– ¿Qué hiciste…?

Me le lance encima, estaba fuera de mi, comencé a lanzarle golpes en el pecho y en cualquier otro lugar que pudiera atacar, sabia que no le haría el menor daño pero no me importaba, no podía contenerme. Con un veloz movimiento ese vampiro, ese monstruo me tomo de las muñecas inmovilizándome, más bien sosteniéndome solo con la fuerza necesaria para detenerme pero no como para lastimarme.

– No le hice nada – dijo, le creí, no podría describir con palabras lo aliviada que me sentí, era como remover el peso de un tanque de la espalda de una hormiga. De alguna extraña manera logro mover la silla hacia mi, justo a tiempo, mis piernas no pudieron resistir mas y dejaron caer mi peso, me desplome sobre la silla – solo le pedí con caballerosidad que por favor se fuera, esa amiga tuya es muy bonita ¿me la presentarías en una ocasión mas adecuada?

Le hice caso omiso a ese último comentario, estaba aturdida y confundida, logre de algún modo susurrar.

– Ca… Camila no haría algo así, ella me esperaría.

– Y ese fue el caso – dijo William, se hecho hacia atrás apoyándose en el escritorio de mi cubículo, lo veía descompuesta, puse los dedos en mi ojos que cerré, no podré aguantar mas sobresaltos así, nunca pensé que llegaría odiar a alguien a tal nivel, ¿Cómo es posible que sea tan cretino como para hacerme pasar por estos espantos? – ella dijo que te esperaría y que quería preguntarle si me estabas esperando, y algo sobre un charla sobre tu libro, en fin, la muchacha no me dejaba entrar, me encantan las mujeres con carácter.

– ¿Entonces que hiciste? – le pregunte por pura casualidad, no se de donde salieron esas palabras.

– Es en ese tipo de situaciones en que me legro de tener la capacidad de causar un estado hipnótico en las mujeres, creo que ya te conté eso ¿no? – pregunto William despreocupadamente. La rabia que sentía por ese hombre, o lo que sea, que me mira con sus ojos como rubíes me crecía en el pecho que me quema como un acido.

– Eres un verdadero maldito – le dije casi sin voz, pero eso no disminuye la aberrante furia con que impregne esas palabras.

– Sé eso desde hace mas de cinco años, Isabel –me dijo con una mezcla de despreocupación y oculto muy en el fondo un dolor, algo palpable pero tenue – ahora, volviendo a lo nuestro, te pido con toda la amabilidad que me puedo permitir que por favor me des una parte de parte de las ganancias de lo que vendiste mi biografía, no quiero robarte nada, solo lo que pienso que me pertenece.

– ¡No! – de golpe le grite, recupere mi voz.

– Esta es otra de esas ocasiones en que tener el “Encanto del Vampiro” su vuelve invaluable – dijo casi sin interés, dio un rápido parpadeo y de inmediato sentí el efecto de ese extraño poder con el que cuenta.

Mi corazón se normalizo, ahora late lenta y pausadamente, era el único sonido que podía percibir. Experimente lo que algunos llaman visión de túnel, mis ojos solo ven el rostro de William, en especial sus ojos carmesí, rojo como la sangre, era lo mas bello que había visto en mi vida, todo lo demás, el arte, la música, los colores, todo se volvió insulso y vació, todo el resto del mundo se hizo nebuloso.

– Ahora te lo volveré a pedir – la voz de William se me hacia dulce, como el canto de mil querubines, me tranquiliza y adormila – ¿Puedes acaso puedes darme una parte equitativa de tus ganancias por nuestro libro? – su petición era una orden del ser de los cielos para mi ¿Cómo rehusármele a alguien tan maravilloso, tan hermoso?

– Por supuesto, soy tu esclava y tu mi amo – no puedo creer que esas palabras hayan salido de mis labios, ese extraño poder que él tiene sobre mi es como estar inconsciente pero a la vez saber que loo que tu cuerpo hace apartada de tu propia voluntad, controlado como un títere. Estire el brazo hacia mi cartera. De pronto recupere el control de mi cuerpo, algo ha destruido el control de William sobre mi.

– ¡Maldición esta aquí! – grito la esplendorosa voz de William que de a poco se desencanta a tal nivel que regreso a ser solo otra voz entre la multitud en mi memoria, estoy recuperando mi libre albedrío.

William me tomo por los hombros, todo era borroso, solo le podía oír, todos mis demás sentidos eran inútiles.

– Escúchame bien, Isabel – aun en mi confusión y la nebulosa atmósfera que me rodea pude notar que se escuchaba preocupado, casi podría decir que asustado – quédate aquí, no te muevas, pase lo que pase no quiero que salgas de este lugar.

– Que…que…que – logra balbucear, aun no tenia el control total sobre mi cuerpo, mi entorno se hacia mas definido y mi cabeza deja de dar vueltas. Logre escuchar una nueva voz.

– Al fin te encontré vampiro – era una voz profunda y resonante y podía notar un aire de satisfacción en ella – debo de admitir que has sido la sanguijuela mas escurridiza que me ha tomado cazar.

– Gracias, y yo debo de admitir que esperaba tener esta reunión otro día o mejor que tal nunca – era la voz de William, se escucha seguro y desafiante, están muy cerca de mi – dime ¿Cuánto tiempo llevamos en este juego del gato y el ratón?

– Un año, vampiro – dijo el otro hombre – pero descuida, todo terminara esta noche – pude reconocer el ruido de un arma cargándose.

– ¿Por qué siempre tienes que llegar a la violencia? – pregunto William, de seguro intentando hacer tiempo – en vez de resolver tus problemas con agresiones inútiles por que no vamos a un bar cercano, te invito un trago o dos y resolvemos nuestro asuntos como caballeros medianamente civilizados.

Estoy recuperando la visión, mis extremidades dejan de convulsionar y se hacen mas fuertes y firmes, ya me puedo levantar. La cabeza aun me da vueltas pero puedo mantener una mínima coherencia en mis pensamientos y emociones. Me tambalee de la silla, me tuve que apoyar en mi escritorio para poder mantenerme en pie, la piernas me tiemblan.

– El problema esta en que no me gusta lo que tú bebes. – dijo el hombre sonando amenazador. Están del otro lado de la pared de mi cubículo.

– Y mi problema esta en que me molesta, y que creo que a cualquier otra persona, que cada vez que nos vemos lo primero que haces es apuntarme con una escopeta – dijo William, también buscando sonar atemorizante.

– Acostúmbrate – luego escuche una detonación que de una vez por todas me regreso el mando sobre todas mis facultades. Me agache por puro instinto, la adrenalina me regreso la fuerza en las piernas. Me lance hacia la salida, sin duda dar esos cuatro pasitos fueron el esfuerzo mas agotador que me ha tocado pasar. Me sostuve del arco de la salida de mi oficina, escuchaba forcejeos cerca de mí.

Apenas podía verlos, eran dos borrones. A medida que mi vista mejora pude darme cuenta de quienes eran. Uno de los combatientes era William, y el otro era un hombre, ambos increíblemente rápidos… pero pude reconocer que no era otro vampiro.

Sus ojos eran cafés, no se como me di cuenta de eso, pero eso lo descarta como vampiro. Es alto, de largo cabello oscuro y barba rala. Su atuendo lo podría distinguir entre el de un millón de personas.

Tiene una gabardina de cuero negro y un sombrero de vaquero que le hace juego, y en sus manos tiene una escopeta, de seguro esa fue el arma que detono, al estar tan cerca de William el hombre la usa ahora como garrote, para mantener a raya al vampiro contra el cual pelea.

Me quede paralizada, en parte por al debilidad de mis miembros pero también por que ambos se veían terriblemente feroces, a la escopeta se le salieron otros dos disparos, me deje caer y puse las manos sobre mi cabeza. Los dos seguían en el combata como si nada.

Los veía por el rabillo del ojos, por suerte no se han dado cuenta de mi presencia, o solo lo dan por alto, William logra esquivar un par de golpes y contesta un en la mandíbula del hombre que no se inmuta ni retrocede en lo mas mínimo y le da de lleno en el estomago a William con la culata de la escopeta. El vampiro retrocedió un par de pasos pero se lanzo de nuevo al ataque.

Me tambalee pero logre levantarme, me sostuve del arco de la entrada de mi cubículo. No quería seguir viendo tanto salvajismo, y mucho menos una muerta, de quien sea que pierda el combata ¿o no?

– ¡Alto! – grite a todo pulmón. William se volteo a mirarme, sus ojos se mostraban aterrados, aterrados por mí.

Era justo lo que su adversario esperaba. Con un rápido movimiento el hombre le apunto su arma a William, la recargo y disparo. William se desplomo y en poco tiempo en el suelo se formo un gran charco de sangre.

– Espero que te gusten mis nuevas municiones, vampiro – dijo el hombre con una sonrisa terrorífica, del cañón de su escopeta salía un fino humo gris – bala de plata hueca, rellana con agua bendita, especiales para ti, explotan cuando impactan causando daño máximo. Yo las llamo “Metralla matapulgas”.

– Que ingeniosos – dijo William, haciendo muecas de dolor, es sorprendente que aun en esta situación sea capaz de usar la ironía. La imagen del personaje débil e indefenso que conocí hace varios años volvió ha mi, con mas fuerza que nunca – si vas a matarme hazlo de una vez… no me lo tomes a mal pero dio cuando empiezas con esos estupidos monólogos.

– Como tú quieras, di tus plegarias monstruo – dijo el hombre con una sonrisa maquiavélica, le apunto la escopeta a William aun tirado sobre el creciente charco de su sangre y la recargo.

Mis piernas recuperaron sus antiguas fuerzas, por alguna razón fuera completamente de toda comprensión me lance hacia los dos hombres. Con la máxima velocidad que he tenido en toda mi vida me coloque entre William y el hombre sirviendo de barrera entre ambos.

– ¿Qué cara… – dijo el hombre sorprendido e irritado – señorita, háganos un favor a ambos y ¡quítese! – me ordeno, intentaba mantener un tono bajo pero lleno de autoridad auto impuesta.

– ¡NO!, no dejare que lo mates – no se de donde salio eso pero se sintió bien, como ser una heroína.

– ¿Acaso no sabes que monstruosidad es él? – me pregunto, podía sentir que estaba agotando su paciencia.

– Si – respondí, sudaba y temblaba, casi convulsiono pero me mantenía firme entre William y su muerte inminente.

– Sabes que esta cosa te matara si tiene la oportunidad – su tono había aumentado su volumen, intentaba razona conmigo… y aunque tratara de negarlo sabia que esta en lo cierto. Mi cabeza me dice que me haga un lado pero otra fuerza que no puedo identificar me mantiene parada en ese lugar, me ha clavado en el suelo.

– Lo se, lo se – balbucee con el rostro caído.

– ¡Entonces! ¿Qué haces protegiéndolo? – me pregunto, su paciencia se ha agotado.

– No… no… no lo se – arrugue el rostro, y una única lágrima cayo por mi mejilla.

Mire sobre mi hombro, aun estaba William tirado sobre el charco de su propia sangre. Me miraba de una manera extraña. Confundido y arrepentido, agradecido y triste y… y ¿Qué es eso que veo en sus ojos escarlata? Era como mirar a los ojos (o al menos eso creo) as un caballero de brillante armadura, como de los cuentos, apenado por haber sido salvado por su damisela en peligro. Podría quedarme toada la vida mirando esos ojos escarlata, no se por que.

El dolor de un guardián que ha fallado.

William cerró los ojos y aparto el rostro y con una mueca de dolor que iba mas allá de lo físico se desvaneció, transformado su cuerpo en niebla que se esfumo en un parpadeo.

¿Cómo me ha podido dejar sola junto a este loco cunado yo lo defendí?

– ¡Maldición! – grito el hombre con rabia, voltee hacia él, su rostro se desencajo y se puso rojo de rabia – ¡hiciste que se me escapara! – y en un arrebato me lanzo una bofetada con tanta fuerza que caí sobre la sangre de William, mis manos se llenaron de sangre al igual que buena parte de mi ropa y mi rostro me ardía. Estoy sola contra un psicópata que parece también tener fuerza sobrehumana.

Dio un par de pasos hacia mi, sus ojos lanzan chispas de odio y su cara esta en una sola mueca de odio horrenda.

– Acabas de costarme mi presa, perra – dijo, sus dientes rechinan creando un ruido espantoso, ha perdido el poco control que parece tener, introdujo un cartucho en su arma y con un lento movimiento me apunto el cañón de la escopeta: Este es mi fin.

El miedo me helo la sangre y cada uno de mis músculos que se acalambraron negándose a realizar el mas mínimo movimiento. Solo un milagro me podría salvar.

– Acaso tu madre no te enseño que no es de caballeros golpear a las mujeres – abrí los ojos lo mas que pude, de una densa nube blanca apareció William detrás del hombre que se volteo al oír su voz.

William le lanzo un tremendo golpe al hombre que lo lanzo contra una pared, la fuerza del puñetazo fue tal que hizo que el hombre volara por el aire y atraviese una pared.

– Te dejo sola por cinco minutos y mira en que problemas te metes – me dijo, ¿Cómo puede hacer bromas en esta situación? Lo odio tanto o más que el hombre que acaba de matar, no veo la manera en que alguien pueda sobrevivir a algo parecido.

– ¡Problemas en los que tu me metiste, desgraciado! – le grite, el me extendió la mano y yo la tomare para ayudarme a levantar. Con un fuerte tirón me obligo a correr a su lado.

– Te dije que te quedaras escondida ¿o no?

– Si, ¿y dejar que te mataran también?

– Te lo agrades… pero arriesgar tu vida de esa manera no me parece algo muy sensato… además creo que ya sabes que estoy muerto así que no me pueden matar. – aunque corría como una personal normal no podía seguirle el paso.

– ¡Espera, no puedo mas! – le grite y él me soltó.

– ¿Ahora que? – me apremio William, se escuchaba preocupado, debe ser por la policía o el amigo del occiso que se acercan.

– ¡Tenias que elegir aparecerte justo el día en que uso tacones! – le reproche, me quite los zapatos y los tome.

– ¿No los podrías dejar? – me pregunto.

– ¡Solo si me compras otros! – le grite.

– Te daré lo que tu quieras pero ¡vamonos! – dijo y me volvió a tomar la mano para forzarme a correr.

– ¿Por qué tanta prisa, acaso no mataste a ese tipo? – hasta a mi me sorprende haber dicho eso con tanta naturalidad.

Escuche a mis espaldas un disparo y un objeto de metal destrozarse.

– ¿Eso responde a tu pregunta? – pregunto William en voz alta tirando de mi brazo con mas fuerza y continuamos la carrera seguidos de cerca por los disparos.

Doblamos a la derecha y luego hacia la izquierda. Nunca antes se me hizo tan grande la sala de redacción, pero pude darme cuenta que no dirigíamos hacia el ascensor, William me proyectó a la esquina haciendo que lo adelantara, el elevador esta a poco metros en ese pasillo y los disparos se han detenido.

William me soltó y me dio la espalda.

– ¡Sigue, no te detengas! – me dijo mirando tras de su hombro – ¡yo tratare de hacer tiempo!

Pude notar que en el brazo en el que le dispararon se desliza un delgado hilo de sangre. Me di la vuelta y corrí hacia el ascensor, lo llame, la espera es insoportable.

El hombre se apareció en el mismo pasillo donde lo espera William, no pude ver si estaba lastimado, la única diferencia en él que pude notar fue que le falta su sombrero. Camina hacia William con su escopeta en las manos.

Le apunta su arma a William y la acciona, cerré los ojos pero no escuche la detonación, abrí los ojos.

El hombre tiro a un lado su escopeta y en su lugar saco de su abrigo un cuchillo de cazador. Tanto él como William se enfrascaron en un combate cuerpo a cuerpo.

William solo se limita a bloquear y esquivar la lluvia de ataques del cazador, yo por mi parte estaba… parada, como una inútil impotente esperando la llegada del elevador mientras intento mantenerme al marguen de la pelea.

De repente un sonido familiar me regreso a la realidad.

Una campanilla: El ascensor ha llegado.

Las puertas metálicas se abrieron y yo entre lo más rápido que pude, ya en la cabina presione el botón de planta baja como un millón de veces.

Mientras que William le logro dar un golpe en las costillas al cazador que salio volando por los aires de espaldas un par de metros. El vampiro llego a mi lado en menos tiempo del que lo haría cualquier humano, justos cuando se serraban las puertas del elevador.

De alguna forma el cazador se logro levantar, repuesto del golpe y con su cuchillo otra vez en la mano. Sus ojos lanzan lenguas de fuego cuando se posaron en mí. sin que pudiera darme cuenta o poder hacer nada el filo del cuchillo del hombre llego a pocos centímetros de mi, clavado el la pared de la cabina.

– ¡Te atrapare vampiro! – oí el rugido de furia del cazador, el ascensor esta bajando – ¡a ti y a tu perra!

Ir al Siguiente Capítulo

Anuncios