Capítulo IX: Un efecto no deseado

Posted on 26 octubre, 2009

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Como era ya mi costumbre, levante, me cepille los dientes y luego de un tibio baño me vestí. Este era como cualquier otro día (y quiero poner énfasis en la palabra “era”) durante este ultimo año, y como cualquier otro día en este ultimo año yo estaba feliz, o mejor dicho conforme, como nunca antes lo había estado en mi vida. Bajé por las escaleras hasta la cocina y me hice mi típica taza de café matutina.

A la mayoría de las personas les suele aburrir la rutina, pero a mi no. Supongo que es por el hecho de que durante poco más de dos míseros días viví y descubrí cosas que cambiaron por completo mi forma de ver el mundo, cosas por las cuales cualquier otro estaría dispuesto a matar por conocer, pero eso es solo un pequeño grano de arena comparado con el verdadero motivo de mi estado. Mi vida en realidad no me aburre por que ahora tengo todo lo que siempre quise para mi, esta es la vida que me plantee el día que comencé la universidad o incluso antes.

¿Cómo alguien se puede aburrir de su vida si esta viviendo sus sueños? la respuesta es fácil: NUNCA.

Vertí una generosa cantidad de café recién hecho en mi taza, tome un gran sorbo de ella y fui hacia la puerta, la abrí. Como cualquier otro día ahí estaba el ejemplar del día del periódico ¡que cómodo es tener una suscripción en un diario!

Volví al mesón de la sala y leí la primera plana del diario. Como siempre, la noticia mas importante del día es la de algún político o trabajador publico que es atrapado con las manos en la masa o es acusado de corrupción o de malgastar los fondos públicos. Esto era tan común en estos días que no me sorprendía pero no evitaba sentirme indignada.

Abrí el periódico y en una de esos pequeños articulo (esos que están en la sección de farándula o chismes y curiosidades) me tope con algo que me hizo sacar una enorme sonrisa, una sonrisa típica de alguien que se sentía orgullosa, feliz, alegre o algo por el estilo, y así me sentía. Leí de forma lenta para saborear la noticia:

La Maldición de la Sangre rompe record de venta

>>La novela escrita por la nueva revelación del mundo de la literatura, Isabel Mendoza ha roto record de ventas en todos los países hispanohablantes en los que se ha publicado este nuevo y completamente inesperado best-seller. Convirtiéndose en la escritora venezolana mas vendida de la ultima década, y todo esto solo con un su primer obra.

>>Solo es superada por la británica JK Rowling.

>>Recordemos que la joven de tan solo 24 años se dio a conocer con este libro que debuto en las librerías hace aproximadamente 8 meses. Su obra “La Maldición de la Sangre” en la que mediante una historia fluida, sin pretensiones pero llena de sátiras nos narra las increíbles desventuras de un “vampiro poco común” que busca su propósito en la vida.

>>Esta obra ya se ha convertido en una historia de culto, le mercado adolescente se ha convertido en su mayor comprador. Ya se esperan para las próximas semanas la edición en ingles, francés e italiano. Para todos los lectores sedientos por leer esta nueva revolución de las letras.

>>Además, ya se ha confirmado que antes del fin de año se publicara otra novela de esta misma autora ¿acaso será una continuación de esta trama? Si es así, esto seria una buena noticia para los admiradores de esta nueva y sumamente prometedora escritora de la que estoy seguro tendremos no pocas noticias.

Doble el periódico mas feliz de cuando me desperté, si es que eso es posible. Me termine el café y me lance a la calle hacia mi trabajo. Aunque tenía auto propio en esta ciudad, como en todas las ciudades grandes hay un tráfico fatal, por lo que siempre me decido por el transporte publico. Cuando por fin un autobús se detuvo subí a el, por suerte un caballero me concedió su puesto (a veces es bueno dejar a la mayoría de los hombres sin habla solo al verme, si lo se, fue en exceso vanidoso, pero todos tenemos el derecho de ser así de vez en cuando ¿no?).

Aun con aquella satisfacción que me intoxica, y luego de salir de mí casa… la misma casa en la que tan solo un año atrás tuve mi primer encuentro con William…

¿Qué habrá sido de él?

No se por que me lo pregunto.

Es cierto, el es una de las personas a las que le debo mucho y posiblemente nunca podré pagarle. El me mostró una historia, una realidad, un mundo que yo jamás me hubiera siquiera imaginado. Pero también es cierto que el es un vampiro, una acosador y un homicida; una persona tan cruel y despiadada que mato a toda su familia sin la menor consideración…

Pero por alguna razón no lo puedo ver como tal, se que es la posiblemente la peor persona del mundo, hay algo en el que no me deja ver esa faceta oscura. Lo único que se me viene a la mente cuando pienso en el, es en aquel William que llora sangre cuando me narra lo que le paso a sus padres o el William que se enfrento a su propia monstruosidad y a otro vampiro para salvar a una completa desconocida, hasta se me hace mas fácil ver al William débil y confundido que es puesto bajo el ala de Gabriel.

No se por que pero así es como lo veo…

En menos tiempo del que me di cuenta llegue al edificio del periódico en el que aun trabajo. Por lo general todos me tratan igual luego de la publicación de mi entrevista con William, seamos sinceros, una historia de vampiros no es tan original como para crear celos o envidia entre escritores y periodistas, cuya mayoría admiro su trabajo y sueño con algún día tener esa calidad.

Entre en el edificio, los guardias de la entrada me saludaron, y yo les correspondí, al igual que con uno que otro compañero de trabajo. Mas por los años que llevo trabajando en el lugar, que no son pocos, que por mi repentino éxito.

Los únicos que si me molestan en el trabajo son los pasantes, antes me hacían una que otra pregunta sobre como se trabaja en la sala de redacción de un diario, pero ahora se la pasan a cada hora, siempre que pueden, preguntándome lo mismo una y otra, y otra, y otra vez.

Se que quieren aprender, pero uno les pierde el cariño rápidamente si no te dejan ni siquiera comer en paz, el colmo fue cuando una muchacha, recién llegada por cierto me espero en el baño para cuestionarme de la forma mas insoportable que he conocido. Luego de que me le logre escapar en menos de diez minutos Alex ya la había echado.

La única con la que tengo un trato preferencial es con Camila, ella ya no era una pasante y logro quedarse en el periódico, haciendo reportajes y escribiendo en la columna de chismes, cosa que según ella no es nada glamoroso. Por las noches, antes de terminar la jornada del día solemos tener pequeñas charlas, de todo un poco. Resulta que al parecer ella se quedo enamorada inevitablemente de del personaje de William.

No efecto no esperado y ahora que lo pienso bien tampoco deseado.

Subí por el ascensor, todo era como siempre, me baje en el piso cinco, la sala de redacción. Llegue hasta mi pequeño cubículo y para mi sorpresa me encontré con…

– Hola Isa – me dijo Alexander, sentado en mi si silla. Por suerte hace un par de meses me dejo de llamar Bella, pero ahora me dice Isa… al menos mi nuevo apodo es mejor que el anterior, o al menos eso creo.

El era otra de esas personas a las que les debo de agradecer toda la vida.

Aun recuerdo cuando le mostré el manuscrito de “La Maldición de la Sangre”.

Me había tomado unos dos meses pasar mi entrevista con William al papel.

Obviamente hice algunos cambios, no quería parecer una copiona de Anne Rice por lo que convertí el sobrio interrogatorio en una historia, una narrativa. Además que le puse un toque extra de acción y algo de romance ¿Por qué no? Lo cual me dijo con una novela de 365 páginas. También recuerdo que cambie el nombre del personaje principal de William a Marco.

Cuando Alex termino de leer, puso sus manos sobre su escritorio y dijo.

– ¿Eso es lo mejor que tienes? – se veía serio, incluso podría decir que molesto, su voz se escuchaba fría, como si yo fuera una desconocida para él. Empecé a sentir como el sudor se formaba en mi frente y como se formaba un vació en mi estomago, no podía aguantar otro fracaso.

– Si – dije con hilo de voz – ¿Qué te parece?

– ¿Qué me parece? – dijo, se levanto de su silla, viéndose extrañamente amenazador yo parecía una niña asustada que esperaba el regaño de su padre – ¡que será todo un éxito! – grito a todo pulmón y mas eufórico de lo que lo había visto nunca, rodeo su escritorio y me abrazo, mas bien me levanto del suelo. Como podrán entender yo estaba confundida y aun algo asustada – seremos ricos, me oíste ricos – me gritaba en el oído, me bajo y con paso veloz llego a la puerta llevándose el manuscrito.

– ¿Adonde vas? – logre preguntarle y el se detuvo de abrupto.

– ¿Acaso crees que los best-seller se publican solos? – pregunto con una enorme sonrisa en la cara, luego se fue y el resto es historia.

– ¿Qué pasa Alex? – le pregunte saliendo del reino de mis recuerdos, el se levanto de mi silla, se veía como siempre, alegre y confiado.

– Es que leí el diario y quería saber como vas con tu nuevo libro – dijo tanteando, buscando las palabras correctas para expresar su pensamiento de: Quiero ser el primero en leer tu libro Isa.

– Con que leyendo a la competencia, Alex – dije mofándome y el sonrió – lo podría esperar de todos menos de ti, sabes.

– Hay que conocer la estrategia del enemigo para poder ganar la guerra – dijo fingiendo seriedad – además, yo ya se de antemano lo que pondrán en este diario ¿para que leer lo que yo se que colocarán?

>>Pero no me cambies el tema ¿Cómo vas con tu otro libro?

– Bien, tú sabes que lo publicaran antes de Noviembre – dije, recordándole lo que de seguro ya sabía.

– Francamente no te entiendo – dijo – tienes ese libro listo desde hace un año y haces esperar a los pobres lectores que tienen hambre de Isabel Mendoza.

– Hay un dicho entre los sacerdotes: el ayuno purifica el alma – dije, puse mi cartera en la mesa dándole la espalda a Alex, para no mostrar mi sonrisa de satisfacción que de seguro tenia estampada en el cara – además, ellos no quisieron comprar mi libro cuando lo tuve listo, pues ahora tendrán que esperar, eso es lo justo.

– Como tu quieras – dijo, como si no quisiera discutir ese tema, el es mi agente literario por lo que no importa cuanto me demore el recibirá una parte de mis ganancias, salio de mi cubículo pero antes de irse se dio la vuelta y agrego – solo recuerda ¿para que guardar un as en la manga si tienes una buen racha?

– Para cuando tenga una mala mano – le respondí.

– Buena respuesta – me confeso – con razón siempre me va mal en los casino.

Con una mueca extraña se fue, dejándome una enorme sonrisa, eso pasa siempre que hablo con Alex. El resto del día fue como siempre, el trabajo aunque rutinario me resultaba entretenido, como no quería tener otro molesto debate con los pasantes en la hora del almuerzo fui a un restaurante cercano.

Antes de que se hiciera de noche ya había terminado el trabajo, los pasantes ya se habían ido y lo mas seguro era que dentro de poco Camila se apareciera para nuestra típica charla antes de terminar el día. Como ya no debería haber peligro Salí de mi pequeña oficina y fui al baño, desde el episodio con la pasante me abstengo de ir al baño sola.

Solo fui, me lave las manos y cuando volví sabia que algo estaba fuera de lugar, Camila no se había aparecido, camine por el laberinto de cubículos de la sala de redacción, ya era de noche, siempre era yo la ultima en irse, que puedo decir amo mi trabajo, y siempre era la que apagaba las luces al irme, era tan extraño estar callado en ese sitio cuando siempre… o al menos duran el día esta lleno de vida y voces familiares.

Llegue al pasillo en el que esta mi oficina, la única que tiene la luz prendida, camine lentamente y un extraño aroma me pego, olor a humedad.

– Sabes yo no recuerdo haber peleado con una horda de duendes – dijo una voz tremendamente familiar desde mi despacho, mi corazón comenzó a latir desproporcionadamente. No puede ser quien yo creo que es ¿o si?

– Tampoco el haber conocido una Vanshie – agrego aquella voz – esas cosas no existen.

Entre en mi cubículo y me encontré a William sentado apaciblemente en mi silla y con un tomo de mi libro en las manos. Me miro extrañado y lo mas seguro es que tuviera motivos para hacerlo, sentía el sudor frió en mi frente y mis mejillas prácticamente sin color.

– Espero que me des un buen porcentaje de tus ganancias por esto.

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