Capitulo IV: Los Origenes de William

Posted on 29 septiembre, 2009

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– Creo que será mejor que empecemos con esto de una vez ¿no te parece? – dije luego de un pequeño entremés hecho por William, debo de admitir que para ser un monstruo que vive solo de la sangre de sus victimas él sabe cocinar muy bien.

– Me parece bien – respondió él, a la luz del día y luego de mostrarme una faceta un poco mas… supongo que humana William se ve un poco menos amenazador. Pero no se engañen aun tengo los ojos muy abiertos, a la espera de algo que demuestre su vampirismo.

Entramos a la sala y el se sentó en el mueble en el que lo vi la primera vez mientras que yo subí rápidamente a mi cuarto. Ahora lo único que quería era terminar con este absurdo para poder seguir mi vida simple y sin monstruos a la vista. Entre en mi habitación y saque mi reproductor MP3. Baje lo mas rápido posible y me lo encontré aun en su asiento.

– ¿Me grabaras con eso? – Pregunto – ¿crees que alcanzara?

– Puede grabar mas de diez horas de audio – dije – deberías de estar agradecido, tuve que borrar todas mis canciones.

– Perdóname – dijo con sarcasmo – aquí estoy yo, un vampiro, un ser terriblemente poderoso y aterrador, que esta aquí no para hacer daño (cosa que no pueden decir muchas personas) si no para darte en bandeja de plata la historia que la mayoría de tus colegas matarían por tener.

– Mientras mas pronto comencemos, mas pronto te largaras y vida podrá volver a ser normal – le dije de mala manera, justo cuando me empezaba a caer bien… no es posible que haya dicho eso ¡Caerme bien un vampiro! ¿Qué locura? Lo mínimo que debería sentir por el es un miedo paralizante o una aversión que no me permitiera siquiera acercármele, pero no allí estaba hablando con la representación de todos lo miedos del hombre.

– Luego de este día tu vida nunca volverá a ser normal – dijo el acordándose en su asiento – solo espero que sea una vida… una vida de verdad. – esa ultima frase la dijo con un toque de tristeza que me hizo verlo frágil, humano ¿me estaré volviendo como la protagonista de esos libros que tanto odio?

– ¿De que hablas? – pregunte parada, no me podía mover.

– Que puedas vivir como mortal – dijo él – lo menos que deseo es que compartas la maldición que yo sufro a toda hora del día y se hace insoportable durante la noche, ese hechizo oscuro que al parecer a todos les parece un pequeño precio razonable por vivir por siempre, tener fuerza y belleza sobrehumana… puras mentiras, nada mas.

– ¿Podrías repetir eso? – le dije recuperando el sentido – espera a que encienda la grabadora.

– Por supuesto – contesto.

Así ambos repetimos la pequeña conversación que tuvimos. William repitió hasta la ultima silaba de su discurso, pero sin ese tono de sufrimiento y tristeza oculto tras un velo de preocupación, algo fuera de lugar, por mi ¿desde cuando un león se preocupa por una liebre?

Si todo lo que discutiéramos fuera así de bueno, le agradecería esta tortura de dos días. Me senté enfrente de el con la mesita de café en el que puse el MP3 como barrera entre nosotros, no me pueden culpar por tratar de hacerle mas difícil que me mate ¿o no?

– Empecemos por el comienzo – dije en voz clara y entendible, mas para un discurso que para un charla – ¿Cuál es tu nombre?

– William Knight Valerius – contesto automáticamente.

– ¿Para que me citaste para esta entrevista?

– Para remover el velo de ignorancia que cubre mi mundo, que ustedes, los humanos han interpretado como una utopía de personas bellas y seductoras…

– Cuando se refiere a su mundo y a “ustedes los humanos” ¿a que se refiere? – le interrumpí… para darle mas dramatismo.

– A que no soy humano y en mi mundo, el mundo de los vampiros y los monstruos de la noche – contesto – por algún motivo que no logro comprender los mortales piensan que el hecho de vivir por siempre en una bendición o algo por el estilo.

– ¿Y no lo es?

– Dime, si tuvieras que ver entre las sombras como todo lo que amas y estimas se marchita y muera mientras que tu sigues tan fresco y juvenil como hace, diez, veinte, cien años ¿tu lo considerarías una bendición? – Pregunto otra vez con ese dolor oculto entre sus palabras – ¿piensas que ver a toda tu familia perecer, padres, hermanos, incluso hijo morir es un regalo?

¿Por qué es capaz de hacer esas preguntas que siempre me dicen fuera de base? debió de ser un filósofo o tener al menos doscientos años.

– No… por supuesto que no. – Logre responder luego de un corto silencio – pero así se puede vivir un amor eterno, vivir aventuras por siempre, hacer cosas que nadie mas podría. No me dirás que ese es el atractivo de ser un vampiro.

William sonrió tímidamente y dijo.

– Esa es la mayor parte del engaño sobre mi especie. En primer lugar el amor eterno no viene de ser hermosos y jóvenes por toda la historia… viene de el querer lo mejor para alguien, vivir para ella y ella para ti, y cuando el tiempo pase por ellos y sus rostros se hayan arrugado vean lo mismo que los unió el día que se vieron por primera vez… eso es el amor eterno.

– ¿Cuánto tiempo te tomo saber todo eso? – Pregunte – para tener esa sabiduría tienes que haber vivido antes de la revolución francesa.

– Tres años – contesto el – soy el vampiro mas joven hasta los momentos, no llevo mas de cinco años bebiendo sangre.

– ¿Cómo tienes esos pensamientos tan profundos? – pregunte.

– Bueno, desde niño siempre me decían que era más perspicaz de lo que me convenía – dijo con lago de orgullo – pero todo lo que se desde que me hice vampiro lo aprendí de mi maestro, él ultimo vampiro que tubo lo que podríamos llamar con alma Gabriel Valerius. Me enseño a controlar y manejar en lo que me convertí, fue como un padre para mí y como un tributo me hice de su apellido.

– El te transformo en…

– No – me interrumpió para mi alivio, no se por que se me hizo tan difícil decir vampiro – o al menos no en parte. El no me forzó a ser un monstruo chupa sangre pero el si me convirtió en un vampiro, y como no solo soy guiado por mis instintos primitivos y animales… no solo en la sed.

– ¿Podrías hablarme mas de tus orígenes?

– Todo comenzó, o al menos la parte que debe de interesar el día de mi cumpleaños numero veinte – empezó a narrar – esa tarde tuve una pequeña fiesta con mi reducida familia. Mi padre y madre, y uno que otro primo y algunos amigos, yo era hijo único. Hicimos lo que hacen los humanos en ese tipo de eventos por lo que no te aburriré con esos detalles. Esa fue la última vez que vi a mi familia con ojos humanos.

>> Esa noche tome la peor idea de mi vida y la ultima. Fui con mis amigos a continuar la celebración en un club nocturno. Lo ultimo que recuerdo de ese día es que salimos todos ebrios luego de media noche. No se que paso luego pero desperté tres días después en la cama de un hospital con los ojos de un extraño color rojo y con una aparente hipotermia.

– ¿Sabes quien te convirtió?

– Quien me mato seria lo mas exacto – respondió – nuca lo supe y francamente a este punto no me interesa saberlo, aunque si algún día lo encuentro el mundo despertara con una sanguijuela menos.

– ¿Qué ocurrió después? – pregunte, no me equivoque este sin duda es el mejor material que haya tenido entre mis manos, William tenia razón.

– Desperté, era de noche – respondió volviendo a en sus recuerdos – confundido y sediento me escabullí no se como del hospital y dotado con una fuerza y velocidad increíble llegue a mi casa… ahí fue cuando se esfumo mi ultimo suspiro de humanidad…

Se detuvo de pronto, por su rostro corrió una lagrima, una lagrima de sangre.

– Perdón por eso – se disculpo con la voz rota, se limpio la lágrima y agrego – te debe de haber sorprendido ¿no? – pregunto con un tono normal – al no tener mas fluidos corporales que la sangre no extraño que lloremos o sudemos sangre, a veces los confunden con estigmas sabes, no todo el tiempo, pero si cuando un vampiro es lo bastante tonto para ser visto o cuando puede llorar.

– ¿De que hablas?

– A que estamos huecos, vacíos, no sentimos, pena, dolor, felicidad o regocijo; estamos hechos de piedra y la ultima parte de nuestro espíritu murió cuando ganan nuestras necesidades… digamos fisiológicas.

– Beber sangre – dije con miedo repentino.

…l se limito a asentir y continúo su relato de forma más triste, arrepentido, dolorido de lo que debió haber hecho.

– Ellos estaban en la casa, supongo que a bañarse o a esperar que despertase o simplemente no quisieron ir al hospital, los doctores debieron decirles que estaría bien… como podrían saberlo – se detuvo y sus mirada fue de verdadero arrepentimiento – los primeros con lo que me tope fue con mis padre, mi madre lloraba, me abrazo y… luego y sin que supiera lo que paso tanto ella como mi madre dieron su ultimo respiro, por mirando con cariño a su hijo que se había convertido en poco mas que un animal controlado por sus instintos primitivos.

>>En ese punto mi mente se retorcía de dolor pero mi cuerpo subía con velocidad abismal las escaleras, ese día se acabo la familia Knight, incluyéndome.

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