Capitulo I: El Encuentro

Posted on 29 septiembre, 2009

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– ¿Quién esta ahí? – pregunte mirando la negrura de mi habitación. Escuche un ruido, un susurro que les podría jurar con la mano en una Biblia que sonaba como si una persona me musitara al oído “despierta”. Me levante de mi cama, mire el reloj.

Es media noche.

Nunca fui alguien supersticiosa, quizás alguien más se hubiera acobardado al escuchar un susurro de la nada en la “hora de los fantasmas” pero a mi esa idea me parece risible.

Me puse mi bata de seda y fui hasta el baño, que cómodamente estaba en el mismo cuarto, encendí la luz y me cepillé los dientes, cuando termine me mire al espejo.

Ahí estaba yo, alta y esbelta; de cabello largo, castaño claro y rizado y ojos del mismo color que resaltan mi piel blanca, no me considero una mujer de concurso de belleza pero tampoco para ser despreciada. A veces con la intención y otras muchas sin querer hago que los hombres se me quedan mirando por la calle.

Es ya muy de noche y mañana tengo que trabajar, pero se me ha ido todo el sueño, aunque se que mañana me arrepentiré por esto me decidí a continuar con mi trabajo. Soy reportera, pero es solo un escalón más en búsqueda de mi verdadera meta, convertirme en una escritora reconocida.

A pesar de estar abocándome a la rama literaria desde hace muy poco siempre supe que era lo que de verdad deseaba ser, pero una de las cosas de las que me enorgullezco es que soy realista. Solo muy contadas personas pueden vivir de los libros, por lo que primero me consagre al periodismo. Mi trabajo me realiza y al tener que mantenerme a mi sola (no tuve hermanos y mis padres viven lejos, además de que no tengo hijos y tampoco e conocido un hombre por el cual quisiera decir “Acepto”) me pude dar el lujo de comprar esta bella casa de dos plantas.

Camine hacia el escritorio al lado de mi cama, a pesar de tener habitaciones demás, las uso como cuarto de huéspedes cunado mis padres me visitan, además no se me antoja caminar de un lado a otro cuando estoy trabajando, encendí el computador y con un par de ideas frescas para mi novela espere a que se cargara el Word.

Apenas comencé a escribir sentí esa inspiración del escritor, cosa que solo puedo comparar con lo que debe de sentir un atleta o un apostador cuando juega un buen partido o tiene una buena racha.

El tiempo paso a estar de segundo plano, termine todo un capitulo en menos de una hora, guarde mis muy apreciados avances mientras me recline hacia atrás en mi silla, feliz…

¿¡Qué fue eso!?

Me voltee, otro extraño susurro recorrió mis oídos “ven a mí”, dijo esa espantosa y por algún motivo que no puedo explicar cautivante voz. Pero no debe ser nada, el sueño me pego de repente, solo eso. Apague la computadora y encendí las luces, mi cuarto es amplio y bien decorado, mi buen gusto para la decoración en su máxima expresión. Busque en mi mesita de noche mi libreta y un lapicero.

“Otro capitulo completo, faltan dos capítulos para el desenlace” escribí. Sé que es una tontería remarca algo que ya sé pero todos tenemos nuestras mañas y hábitos raros, ¿no?

Bostece con fuerza y volví a guardar la libreta y el bolígrafo. Apenas cerré la gaveta escuche un fuerte, lento y espeluznante chirrido a mis espaldas. Me voltee y mi la puerta de la habitación se abría por si sola, nada, ni una ligera brisa que abriera la puerta, no me puedo engañar, eso si que me asusto.

Puse los brazos sobre mi pecho, como una especie de escudo, no sé como me podría servir o proteger esa postura, pero lo que si sé es que camine hacia la puerta y salí de mi habitación. Mire a todos lados del oscuro pasillo de la segunda planta, vacío. Respire aliviada, pero no me duro mucho.

De repente sentí una ligera y fría brisa que recorrió por mi cuello, como si una persona hecha de hielo me respirara en la nuca. Gire sobre mis talones, pero no hay nada en absoluto.

Me estoy comenzando a asustar de verdad. Muy lentamente busque con la mirada, indague lo mejor que pude con la poca luz por cada parte del pasillo, todo lo que pude ver y que me sorprende es lo sombrías, podría decir incluso aterradoras que se ven las pinturas que colgué en las paredes de noche.

Me quedo parada, sola y aterrada, pensando en todo lo que puede estar pasando. Todo debe de ser mi imaginación, nada más, solo fue el viento que abrió la puerta y nada más. Esas voces son solo ruidos que mal intérprete.

Escuche algo en planta baja, como si alguien se sentara en uno de mis muebles.

– ¡Ladrones! – susurre asustada. Estoy segura de no ser por que yo fui quien hablo no hubiera escuchado esa palabra.

Volví a mi cuarto lo más rápido y silenciosamente posible. Busque algo para defender, cualquier cosa. De pronto las luces se apagaron. Todo quedo en la penumbra, otra dosis de terror para mi pobre corazón. Trate de encender las luces de nuevo pero no sirven.

– ¡Maldición! – dije en voz alta, llena de frustración. Rebusque en mi escritorio cualquier cosa que pueda arrojar y me decidí al final por una lámpara de mesa, de un jalón la desconecte y llevándola delante de mi con ambas manos salí de nuevo del cuarto.

Ya podía ver los encabezados de mañana, con dos posibilidades completamente distintas, pero igual de intimidantes. “Mujer valiente repele a intrusos de su casa” u “Homicidio perturba comunidad pacifica”. Aunque este último era más pesimista de lo que hubiera querido, para mi desgracia es una posibilidad escalofriante, me puedo jactar con decir que el último crimen violento que ha ocurrido en mi barrio fue hace más de diez años atrás; otra de las razones por las que me decidí mudar a esta casa, baje las escaleras despacio, al encuentro de la persona o personas que han venido a robarme.

Como reportera mi trabajo consiste en contar la historia, no crear una propia, ser la cronista de la que nadie sabe, y hago muy bien mi trabajo… hasta ahora.

Baje el último escalón de la escalera que ahora me deja en la sala, no se ve nada mas que una largas sombras producidas por la luz de los faros de la calle que pasan por mis cortinas entrecerradas, todas cerradas.

– Ya era hora que llegaras – dice una voz masculina profunda y despreocupada – tengo más de media hora esperándote.

– ¿Quién esta ahí? – pregunte extendiendo todo lo que pude la lámpara, mi única defensa contra el intruso que para rabia mía se rió entre dientes – ¿Te parece muy gracioso? – agregué sin poder contenerme, una persona… un desconocido, viene a mi casa sin permiso y de seguro con intenciones, si no ilegales, al menos poco éticas y de paso tiene el tupe de burlarse de mí. No puedo permitir ni soportar algo como eso.

– No, solo me parece cómico como pretendes defenderte con esa lámpara – me contesto el hombre de forma alegre, como si estuviéramos charlando amenamente sobre un partido de fútbol o algo así, pero no pude decir nada. ¿Cómo es posible que me vea sostener la lámpara si yo no puedo ver absolutamente nada? – si quieres saber quien soy, te sugiero que enciendas la luz… y suelta esa lámpara no te voy a hacer daño, ni tu a mi si intentas herirme al romper ese perchero.

No quiero admitirlo pero el tiene razón, es muy… por no decir totalmente posible que yo salga mal de esta si no uso mi cerebre. Estiro la mano y rebusco en la pared el interruptor, cuando por fin lo encuentro lo acciono. Allí estaba él.

¿Cómo puede ser… si lo pude sentir acercarse a mí?

Sentado en el sillón frente mió esta un hombre de unos veintitantos años, vestido con un muy elegante traje negro como su largo y laceo cabello peinado hacia atrás, una persona como cualquier otra pero… sus ojos… son rojo sangre, como dos pequeños incendios, mirándome fijamente, con expresión insondable.

– Ahora podrías bajar esa cosa, me pones nervioso – dijo él sin quitarme la vista de encima, con los dedos cruzados frente suyo. Hay algo en su mirada de fuego o en su rostro que me hace no solo obedecer todo lo que dice si, no también hace que me sienta segura pero cautelosa a la vez. No debe bajar la guardia, sin esos lentes de contacto rojos es solo otro hombre, no es particularmente atractivo, si me lo hubiera topado por la calle sin ese extraño tono de ojos… por supuesto, no lo hubiera considerado particularmente interesante.

– ¡Ese es el punto! – le dije de mala manera, apreté con fuerza la lámpara, haciéndome daño en las manos en el proceso – ahora dime ¿Quién demonios eres?

– Mi nombre William Knight – dijo el hombre – ahora por favor, Isabel, ¿podrías bajar esa cosa?

Sin miedo a sonar ridícula sus palabras me dejaron helada.

– Co… ¿Cómo sabes mi nombre? – pregunte tartamudeando, no pude hacer otra cosa que acceder a sus petición deje la lámpara en una mesa cercana. Es como si tuviera una especie de control sobre mí.

– Sé muchas cosas – dijo ese hombre que se hace llamar William de forma misteriosa – cosas que nadie más que yo debe saber, hasta ahora, y tú, mi querida señorita eres la elegida para compartir mis secretos. Ya puedes dejar de estar tan tensa. Como ya te lo dije, no pretendo hacerte daño.

– ¿Entonces que quieres de mi? – pregunte, él esbozo una sonrisa que me pareció chocante.

– Tus servicios de reportera – contesto dejándome perpleja – esta noche, usted me entrevistara, o mejor dicho le contare parte de mi historia; para que tengas tú y el resto del mundo una verdadera noción de que es lo que de verdad soy, como soy y principalmente para desmentir todas esas ideas erradas y que me parecen sencillamente ridículas e insultantes.

Mi instinto de periodista se despertó y dije por puro reflejo

– ¿Entonces qué eres?

– Un vampiro.

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